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ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA POLICÍA DEL MUNICIPIO

 

HERMANDADES

 

 Las Hermandades, al parecer, tuvieron su origen hacia los años 736 a 741, cuando el emir cordobés Okabar‑ben‑El Hedjak, organizó el cuerpo de “kraschts” o “kaschefs” (descubridores), los cuales estaban dedicados a mantener el orden y perseguir a los delincuentes. Los “descubridores” fueron mercenarios reclutados en el norte de África, organizados y regidos por unos principios de actuación muy diferentes a los usuales en las Hermandades castellanas.  Las Hermandades castellanas, consideradas como organizaciones del pueblo al servicio del orden público, tuvieron un origen tan justificado como necesario: la defensa de villas y ciudades de las correrías y devastaciones de los malhechores y salteadores de caminos que alteraban la paz, robaban y mataban. Su nacimiento fue una reacción de protesta del pueblo y no una preocupación de reyes y magnates. Según esto, debemos considerarlas como las primeras fuerzas de seguridad del Estado, aunque también fueron empleadas en acciones de guerra con carácter de fuerzas permanentes, mucho antes de la creación de los ejércitos regulares en el siglo XVIII.

 Sabemos con exactitud cuando se extinguieron, el día 15 de enero de 1.835, no existiendo un criterio unificado sobre su nacimiento. Unos, como se ha comentado, lo sitúan en el emirato cordobés, otros a comienzo del siglo XII en el Principado de Asturias y, finalmente, otros en Navarra durante el siglo XI. si bien algunos aseveran que, durante este siglo, nacieron en virtud del Fuero de Salamanca.  Nuestra decisión es afirmar que las Hermandades, tal y como se concibieron a lo largo de su historia, presentan un esquema más fiable en la nacida en Toledo, después de su conquista por Alfonso VI en 1.085, Esta precisamente sería la que gozaría de más larga vida, ya que perduró hasta el siglo XIX.

 El pueblo buscó en la unión la fuerza para defenderse. naciendo de esta forma la “cofradía”, para defender su escasos bienes y mantener un determinado orden social. La reunión de todos los que tenían un lazo común se acogió, seguidamente, a la protección de un santo, al que comenzaron a rendir culto como patrono, costumbre ancestral que más tarde devino en los patronazgos de las armas y cuerpos militares y otras instituciones estatales. Las cofradías se ligaban entre sí, temporalmente, mediante algún compromiso o juramento de ayuda mutua. La unión de varias cofradías daba lugar a la Hermandad. Razones de proximidad geográfica, buena voluntad y similitud de funciones preceden la fusión de la Hermandad de Toledo y otras creadas posteriormente (Villa Real y Talavera), por expreso deseo de Alfonso X el Sabio, para formar la que fue conocida primero como Hermandad Vieja de Castilla. Sancho 1 el Bravo, además de dar gran impulso a esta Hermandad, solicitó del Papa Celestino V su reconocimiento, concedido por Bula expedida en 1.294, bajo el título de “Sancta Haec Sancta Vestra Fratenitas” . La concesión de fueros, única forma efectiva de mantener la Hermandad, fue el más eficaz recurso de los reyes para robustecer su autoridad y restar atribuciones tanto a las banderías nobiliarias como a las Ordenes Militares.

 Tanto en Galicia como en León, se habían organizado Hermandades emulando en rectitud y eficacia a la Santa Hermandad Vieja. Su denominación conjunta fue la de Hermandad de los Reinos de León y Galicia.  Hacia 1.366 la Santa Hermandad Vieja era una entidad de seguridad pública bastante respetada por no decir temida, y perduraba de uno a otro reinado por el hecho de que cada rey, a su coronación, reconocía las concesiones que al respecto había dispuesto su antecesor, dando, a su vez, durante su reinado, nuevos privilegios y otorgamientos. 

Los Reyes Católicos crearon la Santa Hermandad Nueva para el Reino de Castilla que, por su eficacia en el robustecimiento de la autoridad real y en el mantenimiento del orden público y de la justicia, estuvo llamada a ser, apenas nacida, el brazo armado más poderoso de Castilla, al margen de cuestiones políticas, del poder directo de los reyes y de influencias y presiones de otros estamentos en pugna. Su acción llegó hasta el último rincón del reino. La constitución de la Hermandad estuvo inspirada en un nuevo pensamiento. Sería una institución nacional y con carácter permanente, a diferencia de las anteriores, basadas en la temporalidad y disueltas pasados los peligros. Con la Santa Hermandad, los reyes lograron que, gracias al pueblo, el poder pasara íntegramente a sus manos.  Isabel la Católica falleció en 1.504, pero ya desde que finalizó La Reconquista, encontrándose pacificado interiormente el país y reducida, por no decir desaparecida, la delincuencia común a algún caso aislado y consolidado el principio de autoridad, abolido el famoso impuesto de 18.000 maravedís por cada cien vecinos para el mantenimiento de un hombre a caballo, suprimidas las capitanías, las juntas generales y provinciales, como asimismo los jueces ejecutores y los veedores o inspectores, es evidente que quedaba desmantelado todo el aparato burocrático y de dirección a nivel nacional y aun provincial. No habían de transcurrir muchos años para que las autoridades de la Santa Hermandad Nueva terminaran por sucumbir. En el resto de los reinos existieron otras Hermandades menos influyentes que las castellanas; entre otras, tenemos la Hermandad de Aragón, considerada como ente foráneo y aceptada forzosamente, y la de Navarra, dedicada al mantenimiento de la tranquilidad en los pueblos fronterizos y persecución del contrabando, siendo su vida muy efímera.

Antecedentes históricos

Guardia Municipal, Policía Municipal, Guardia Urbana, Policía Local  

En tiempos antiguos, los magistrados y militares eran los responsables de mantener la ley y el orden en las ciudades. El Imperio Romano hacía un uso razonable y efectivo de la aplicación de la ley hasta la caída del imperio, aunque nunca tuvieron una policía actual en la ciudad de Roma. En los principios del Siglo V, vigilar se convirtió en una función de los clanes de jefes de estado. Lords y nobles eran los responsables de mantener el orden en sus tierras, que a veces designaban a un alguacil, en algunos casos sin sueldo, para que se encargase de hacer cumplir la ley.

En 1476, se instituyó en Castilla, posiblemente, el primer cuerpo policial de Europa. Denominado la Santa Hermandad, era una especie de policía nacional castellana[1] , que duraría como tal hasta 1834. Aunque también cabe nombrar los siete siglos de historia de la Policía Municipal de Madrid que data de 1202.

En 1663, Londres contrató cuidadores para resguardar sus calles en las noches, aumentando la seguridad que ya brindaban los no remunerados alguaciles, en un comienzo haciendo uso de la fuerza. Ésta practica fue muy difundida por todo el Reino Unido. Por lo que, el día 30 de junio de 1800 las autoridades de Glasgow, Escocia consiguieron con éxito la petición al gobierno de pasar de la “acción policial de Glasgow” a la Policía de la Ciudad de Glasgow . Éste fue el primer servicio profesional de Policía en el país y diferente a las anteriores aplicaciones de la ley; lo que rápidamente fue copiado en otras ciudades. En 1829, la legislación de la Policía Metropolitana pasó a depender del parlamento, permitiendo a Sir Robert Peel, secretario de asuntos internos, fundar la Policía Metropolitana de Londres, reconocida por ser la primera policía organizada con fuerzas civiles en líneas modernas. Se convirtió en un modelo para las fuerzas policiales de otros países, incluidos los Estados Unidos. El primer servicio policial fuera del Reino Unido fue en Gibraltar, con la formación del Gibraltar Police en 1830.

 Ya desde la Edad Media, los pueblos de Cataluña organizaban su propia defensa, a partir de germanías conseguidas a través del “Sacramental” (s.XIII) y del sometent que, con intermitencia prolongada, llegó hasta el siglo XX. A mediados del Siglo XIX, fruto de una nueva concepción urbana y de una política de servicios derivadas de los cambios esenciales en los medios de producción, y respondiendo a la composición social que se produce a partir de las revoluciones europeas (1789) y de la década de los años 40 (1848 Revolución inglesa) aparecen las policías dependientes de los municipios en su forma moderna. En Barcelona la policía del municipio se instaura en 1843, mientras que en Gerona esto sucede en 1856. Aparecen como continuación y desarrollo de unos cuerpos de “serenos” ya preexistentes, el origen de los cuales hay que buscarlo tras el siglo XVIII, y en unos antecedentes más remotos (anteriores al siglo XVI) de cuerpos o personas que ya cumplían parte de las funciones de las actuales policías locales.

  

 

 

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