PSICÓPATAS CRIMINALES

 

 

“Los asesinos del páramo” Ian Brady & Myra Hindley

De nuevo regresamos a Europa, esta vez nos trasladamos al noroeste de Inglaterra, en concreto al Condado de Lancashire en el Reino Unido.

Estamos en los años 60 , desgraciadamente en esos años una pareja se haría famosa por los terribles asesinatos cometidos.Se les conocerá como “Moors Murderers” o los “Asesinatos del Páramo”,debido a que gran parte de sus víctimas fueron enterradas en la Pradera de Saddleworth, cerca de Oldham en el condado de Lancashire.

Estos aseinos actuaron entre 1963 y 1965. El caso de esta pareja estremeció a toda Gran Bretaña cuando se supo que habían asesinado a 6 niños. Su modus operandi consistía en secuestrar los niños, llevarlos a un páramo, y ahí, Ian los golpeaba, y a veces, Myra abusaba de ellos sexualmente. Finalmente, fueron condenados a cadena perpetua en 1966.

Ian Brady nació en Glasgow y creció en la ciudad escocesa de Gorbals, junto a su madre Margaret (“Peggy”) Stewart. A Margaret se le hizo muy difícil criar a Ian desde muy pequeño, por lo que decidió darlo en adopción a la familia Sloane, quienes lo criaron como si fuera un hijo propio. El padre de Brady nunca fue identificado y según Margaret era un periodista que había muerto poco antes que su hijo naciera.

Desde pequeño sufría ataques de ira incontrolados y solía golpearse la cabeza contra la pared. Su verdadera madre le seguía visitando y llevándole regalos. Con el tiempo Ian se dio cuenta de que Margaret era su madre.Poco a poco se fue convirtiendo en un inadaptado social.

Dicen que era un muchacho realmente guapo y un estudiante brillante, aunque pronto comenzó a decaer en sus estudios , empezó a fumar y desarrolló una fascinación por la ideología y por los símbolos nazis. Cuando jugaba a la guerra con sus amigos, se haría llamar “el alemán”. Comienza a mostrar sus tendencias sádicas, torturando niñas de su escuela mucho más pequeñas a las que molestaba continuamente y también torturando de una manera brutal a animales.
Fue arrestado varias veces durante su adolescencia. En una de esas detenciones un juez decidió que debía salir de Glasgow y vivir con su madre, quien vivía en Manchester con su nuevo esposo irlandés, llamado Patrick Brady. Entonces se refugia en la lectura y en la música, sin salir casi de la habitación. Lee al Marqués de Sade y a Nietzsche. También tenía interés en libros sobre sadomasoquismo, dominación, servidumbre y otras parafilias.
En 1954, dos meses antes de cumplir 17 años, Brady se muda con su madre a Manchester donde adopta como propio el apellido del esposo de su madre.

Consigue un trabajo como ayudante de carnicero y se interesa por la mutilación. Empieza a beber y a jugar de una manera compulsiva.
Más tarde, Brady volvió a ser arrestado varias veces acusado de embriaguez pública y de otros cargos. Fue condenado a 2 años de reclusión en la prisión de Strangeways.

En 1961 conoce a Myra Hindley. Se va a convertir en su compañera sentimental y de fechorías.

Myra estaba fascinada por la belleza de Ian. Era una chica normal de Manchester, que trabajaba de niñera y que se había convertido al catolicismo, hasta que conoció a Ian.
Brady le daba charlas sobre sus obsesiones: Hitler, Marqués de Sade, etc. Y ella se tuvo que leer entre otros libros “Mein Kampf”, “Seis millones de muertos”, “Eichmann.
Sus relaciones sexuales contenían aspectos sadomasoquistas. Myra se tiñe el pelo de rubio y viste con botas de tacón alto. De niñera, pasa a odiar a los niños, la religión, el matrimonio y las reuniones sociales.

Los dos juntos inician su carrera criminal.

Myra pide ayuda a Pauline Ride (16 años) para buscar un guante en la pradera de Saddleworth. Allí, Brady la viola, mata y entierra. La siguiente víctima es un varón, Jaun Kibride (12 años). Brady le viola, intenta apuñalarlo, pero se le rompe el arma. Enfurecido le estrangula.
Vuelven a actuar en junio de 1964. Otro muchacho Keith Bennet (12 años). Siguen el mismo modus operandi: engaño, traslado al páramo, violación y asesinato.
Con Lesley Ann Downey (10 años) suben un peldaño en la crueldad. La secuestran en un parque de atracciones. Brady la fotografía desnuda y Myra graba los desesperados gritos de la niña rogando por su vida. Al día siguiente la entierran.
El 6 de octubre de 1965 cometen su último asesinato. Matan a Edward Evans (17 años) mientras el cuñado de Myra está de visita y lo contempla todo. Brady mata a Edward de un hachazo en la cabeza y pide al cuñado que le ayude a cargar con el cadáver. Este se va de la casa con la promesa de volver, pero en cuanto se ve libre acude a la policía. Lo único que quería era salir con vida de ahí.
Ian y Myra son detenidos y acusados de los asesinatos. Justo dos meses antes se había abolido la pena de muerte en el Reino Unido. La máxima pena era la perpetua y el 6 de mayo de 1966 son condenados a ella.
Las evidencias en el juicio fueron las grabaciones y las fotografías que hicieron a Lesley Ann, la niña de 10 años, el nombre de Jaun Kibride en un cuaderno y una foto de Myra ante el lugar donde estaba enterrado el muchacho.
Brady admitió el asesinato de Edward Evans, pero exculpó a Myra. Con la separación Myra se dio cuenta del lavado de cerebro al que le había sometido su novio y comenzó a echarle la culpa de todo. Ian, dolido por la traición narra con todo lujo de detalles la participación de ella en los crímenes, testimonio que la convirtió en la mujer más odiada de Gran Bretaña de todos los tiempos.
Tras pasar 19 años en la cárcel se le declara a Ina Brady mentalmente enfermo y fue trasladado al hospital psiquiátrico de Broadmoor (Liverpool). Intentó suicidarse un par de veces, incluso inició una huelga de hambre en 1999, pero el juez obligó que se le alimentará con una sonda gástrica. Hace un par de años se debatía entre la vida y la muerte en el “Hospital de Alta Seguridad de Ashworth, con numerosos problemas de salud que le llevaron a perder la cordura . Desconocemos si aún vive hoy en día, si es así acabará de cumplir 71 años de edad.
A Myra se le denegó la libertad condicional en 1998 ,murió de un ataque del corazón en el año 2002, a los 60 años de edad.
Al contrario de lo que sucede en US con los asesinos en serie y los psicóptas, nunca se estudió a fondo el personaje de Ian Brad, el cual posee una mentalidad sorprendente, digna de pasar a los libros de psiquiatría. Una mente pervertida y oscura capaz de cometer los peores asesinatos sobre las personas más inocentes que existen en este mundo: los niños.
El fotógrafo y director de videoclips, Rusell Young, utilizó las imagenes de Kate Moss y su ex Pete Doherty para encarnar a la asesina de niños, Myra Hindley y a su pareja Ian Brady. El fotógrafo quería combinar en su obra la “fama” de las celebridades y la “verguenza” de los criminales.

Mary Bell: “La Niña Asesina”

“Todo lo que importa es mentir bien”.
Mary Bell

Mary Flora Bell nació el 26 de mayo de 1957 en Newcastle, Inglaterra. Fue una niña maltratada desde su salida del vientre materno. Al nacer, Betty, su madre la alejo de sí con asco y repudio gritando: “alejen esa cosa de mí”; Betty tenía apenas dieciséis años. Nunca se supo quién fue el padre biológico de Mary; su padrastro era Billy Bell, un ladrón que insistía en que sus hijos lo llamaran “tío” para poder cobrar las pensiones del gobierno. La madre de Mary intentó matar a su hija varias veces, fingiendo que la niña sufría “accidentes”. Después se convirtió en prostituta y gustaba de utilizar a Mary para satisfacer los deseos de sus clientes.

Mary era una niña muy hermosa; parecía una muñeca, aunque siempre hubo algo andrógino en sus facciones. Desde los cinco años su madre la hacía participar en juegos sexuales con otros niños y a los ocho años la vendió a un cliente para que la desflorara. Luego la usaba para ofrecerla a cliente pedófilos. Mary declararía a la policía que su madre la sujetaba, desnuda, mientras los hombres que pagaban por ella le introducían el pene en la boca, hasta eyacular. Según su testimonio, siempre terminaba vomitando el semen. Así creció Mary, en medio de una familia enferma y disfuncional.

Durante ese tiempo, gozaba maltratando y torturando animales, como perros y gatos. El 25 de mayo de 1968, un día antes del cumpleaños número 11 de Mary, ocurrió una tragedia. Martin Brown, un pequeño niño que era vecino de las Bell, murió. Aunque la prensa dijo que se había caído mientras jugaba, lo cierto era que Martín había muerto estrangulado y que tenía varios golpes y una contusión sangrante en la cabeza.

Martin Brown

La autora había sido la niña. Mary lo había empujado y como todavía estaba consciente, decidió estrangularlo.

El hallazgo del cadáver

Después del asesinato, Mary y su amiga Norma irrumpieron en una guardería en Scotswood, destrozando el lugar y dejando una nota responsabilizándose del asesinato de Martin Brown. La Policía de Newcastle desestimó este incidente diciendo que era sólo una broma.

La nota dejada por Mary y Norma

El 31 de julio, un niño de tres años llamado Brian Howe desapareció. Al ver pasar a Pat, la hermana de diez años del chico, Mary le preguntó: “¿Estas buscando a Brian?” Ella respondió: “Sí, ya debería estar en casa”. Poco después, el niño fue hallado muerto y mutilado cerca de una construcción. Tenía una letra “M” dibujada en el abdomen con cortes de navaja. Con unas tijeras habían cortado mechones de su cabello y habían cercenado sus genitales. A juzgar por los cortes parecía que se trataba de un juego ritual, por lo que la policía pensó inmediatamente en un niño o un adolescente.

Brian Howe

La familia de Brian dijo que sospechaban de Mary Bell y su mejor amiga, Norma, pues las dos niñas los habían estado acosando preguntándoles si extrañaban a Brian, si lo querían, incluso en tono de burla. La policía arrestó a las niñas en agosto. Tras interrogarlas, supieron que Mary Bell había matado a Brian. Lo había estrangulado, lo había herido con unas tijeras para pasto y después le había impreso su marca. Primero dibujó una letra “N” (la inicial de Norma), pero después corrigió y la transformó en “M”.

Arrestada también, el relato de su amiga Norma concluyó que Mary había actuado sola y que después de matar al niño había llamado a Norma para mostrarle su obra. Norma fue absuelta de todos los cargos.

Mary declaraba haber disfrutado ambos asesinatos. Esto se mostró también cuando la policía encontró sus diarios, donde describía todo con lujo de detalles.

Una página de los diarios

Tras ser examinada por los psiquiatras, fue declarada psicópata, encerrada en prisión y condenada en diciembre de 1968 por el cargo de asesinato en segundo grado. Los periódicos la bautizaron como “La Niña Asesina”.

Los titulares

Desde el momento en que fue convicta, Mary fue el centro de atención de la prensa británica y de la revista alemana Stern. Su madre sigiuió explotándola: vendió en varias oportunidades historias acerca de ella y dio muchas entrevistas a la prensa sobre Mary, escribiendo relatos y diciendo que eran de la autoría de la niña.

Los jueces

Mary obtuvo otra vez los titulares cuando en septiembre de 1979 escapó brevemente de la custodia de la prisión.

Mary Bell tras ser reaprehendida

Mary Bell salió en libertad en 1980, doce años después de su condena, a los 23 años. Una vez fuera de la cárcel, se le dio una nueva identidad. Conoció a un joven que la dejó embarazada. Abortó a su primer hijo.

Mary en su nuevo hogar

Mary se convirtió en madre en 1984. Lo insólito fue que de infanticida, se transformó en una madre cariñosa y llena de atenciones hacia su bebe. Tiempo después, conoció a otro hombre con el que se casó y formó un hogar.


Sin embargo, y pese a la rehabilitación y nueva identidad de Mary Bell, la sociedad no olvidó su atroz historia y los periódicos siempre descubrían donde estaba. Nadie quería a Mary Bell cerca. Pasó su vida huyendo y escondiéndose, fingiendo ser otra persona hasta que alguien la identificaba y tenía que volver a marcharse. El estigma de sus crímenes la perseguiría siempre.

Mary Bell adulta, a los 35 años

El 21 de mayo de 2003, Mary Bell obtuvo la victoria en la Corte, para mantener su anonimato y el de su hija por el resto de sus vidas. Pero los investigadores privados, contratados por la familia de Martin Brown, siguieron rastreándola. Tuvo que vivir escondida con el temor de que, a donde fuera, alguien podría identificar en ella a la “Niña Asesina”.

La madre de Martin Brown

Sharon, la hermana de Martin Brown

BIBLIOGRAFÍA:

El Hombre del Hacha de Nueva Orleans

“Si tu destino es éste… ¡que te derribe y te deshaga el hacha!”
León Felipe

Nueva Orleans, la ciudad del jazz, se vio conmovida a principios del siglo XX por un feroz criminal. Atacó por primera vez la noche del 22 de mayo de 1918: sus víctimas fueron Catherine y Joseph Maggio, una pareja de almaceneros que dormía plácidamente en su cama. Ambos recibieron golpes de su hacha hasta morir; también les cortó la garganta con una navaja de barbero que dejó a los pies de la cama. Abandonó el hacha en la bañadera, junto a su propia ropa ensangrentada.

El crimen de Catherine y Joseph Maggio

Ese año, atacó por lo menos tres veces más: dejó tres muertos —dos de ellos mujeres— y tres heridos. Casi todas las víctimas eran inmigrantes italianos almaceneros. El asesino siempre atacaba de noche a personas dormidas y dejaba el hacha cerca: en la cocina, en el patio, cerca de la cama.

En agosto de 1918 pareció detenerse. Pero menos de un año después volvió con ferocidad redoblada: mató a hachazos a Charles Costimiglia y su hija de dos años; su esposa sobrevivió.

El crimen de la familia Costimiglia

La policía, los medios de comunicación y la gente lo bautizaron como “El Hombre del Hacha”. Su nombre se pronunciaba con temor y respeto.

Cómic sobre el Hombre del Hacha

Un día, mientras la cacería humana proseguía, el editor del periódico Times, el señor Hennesy, recibió una carta del asesino:

“Estimados Mortales:
“No me han atrapado y nunca lo harán. No pueden verme porque soy invisible, como el éter que rodea a la Tierra. No soy humano, sino un espíritu, un ángel caído del ardiente Infierno. Soy el que ustedes, habitantes de Nueva Orleans, y la policía, llaman ‘El Hombre del Hacha’. Cuando lo decida, saldré nuevamente a reclamar otras víctimas. Sólo necesito saber quiénes serán. No necesito ninguna otra cosa excepto mi hacha sangrienta, bañada con la sangre y los sesos de ustedes, para hacerme compañía. Si lo desean, puede pedirle a la policía que no me provoquen.
 
Hennesy, editor del Times

“Por supuesto, soy un espíritu razonable. No me ofende la forma en que ellos han dirigido su investigación en el pasado. De hecho, ellos han sido tan absolutamente estúpidos acerca de mí, pero eso le divierte a Su Satánica Majestad. Me permito decirles que tengan cuidado. No intenten descubrir lo que yo soy, no nacieron para incurrir en la ira del Hombre del Hacha.

Mapa de Nueva Orleans en 1918-1919 (click en la imagen para ampliar)

“Indudablemente, ustedes piensan en mí como en el asesino más terrible, pero yo podría ser peor si quisiera. Si lo deseara, podría hacer una visita a su ciudad todas las noches. A voluntad podría matar a miles de sus ciudadanos más buenos, porque tengo una relación íntima con el Ángel de la Muerte.

“Ahora, para ser exacto, a las 12:15 (en tiempo terrenal) de la próxima noche del martes, voy a visitar Nueva Orleans de nuevo. En mi misericordia infinita, voy a hacer una proposición a ustedes. Aquí está: yo mismo soy aficionado a la música de jazz, y juro por todos los diablos de las regiones inferiores que cada persona en cuya casa haya música de jazz, no será atacada. Si todos ponen música de jazz, entonces será un tanto para ustedes las personas. Una cosa es cierta y eso es que alguna de esas personas que no pongan jazz él el martes por la noche (cualquiera), conseguirá el hacha. Bien, como yo tengo frío y pido el calor de mi Tártaro nativo, cesaré mi discurso. Espero que publique esto, ya que soy y seré el peor espíritu que en la vida existió.
“El Hombre del Hacha”
 
Nueva Orleans en 1918


La carta fue publicada; la noche anunciada era el martes 19 de abril. Desde la tarde, la ciudad de Nueva Orleans se preparó para una gran fiesta: el jazz sonó en todas las casas, en todas las calles había bandas, también en los ares y en sitios públicos. Hubo música de jazz hasta bien entrada la madrugada y, cumpliendo su palabra, el Hombre del Hacha perdonó, como había prometido.

El Hombre del Hacha de Nueva Orleans atacó tres veces más ese año y mató a otras cuatro personas. Se detuvo el 27 de octubre de 1919, con el asesinato de Bruno Mike Pepitone. Nunca reapareció. El caso nunca fue aclarado.

La muerte de Bruno Mike Pepitone

Hasta la fecha, muchos de los habitantes del estado de Louisiana, específicamente de Nueva Orleáns, afirman que el Hombre del Hacha era realmente un espíritu vengativo. Para otros, era solamente un criminal a quien le fascinaba el jazz. Inspiró varias piezas musicales de este género (entre ellas, “El jazz del misterioso Hombre del Hacha”) y se convirtió en parte de las leyendas de una ciudad aterrorizada.

“El jazz del misterioso Hombre del Hacha”

BIBLIOGRAFÍA:



FILMOGRAFÍA:

 

 

 

Jeffrey Dahmer: “El Carnicero de Milwaukee

“Mis víctimas eran ligues de una noche.
Siempre me dejaban claro que tenían que volver al trabajo.
Y yo no quería que se fueran”
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Jeffrey Dahmer

Jeffrey Lionel Dahmer nació el 21 de mayo de 1960 en Milwaukee, en el estado estadounidense de Wisconsin.

“El Carnicero de Milwaukee” cuando era bebé


 

Jeffrey Lionel Dahmer nació el 21 de mayo de 1960 en Milwaukee, en el estado estadounidense de Wisconsin.

“El Carnicero de Milwaukee” cuando era bebé


 

 
 
 

 

A diferencia de la generalidad de los asesinos seriales, tuvo una infancia feliz cobijado por sus padres, Lionel Dahmer y Joyce Flint.





 
 
 

 

Tras reiteradas mudanzas, en 1967 la familia compró una casa en Bath, Ohio, donde Jeffrey pasó el resto de su infancia y adolescencia.



 

 
 
 

 

Años después, Jeffrey Dahmer contaría cómo, cuando iba de pesca con su padre, le gustaba abrir en canal a los peces y ver cómo morían.

 
 

 

 

A los diez años empezó a torturar a todo tipo de animales que cazaba en el bosque cercano a su casa. Una vez muertos, coleccionaba sus huesos. Tenía en formol varios tipos de insectos.
El niño Dahmer durante Halloween

 
 

 

 

Dahmer comenzó a ser cada vez más introvertido, aunque realizaba algunas actividades en la secundaria, como trabajar en el periódico y jugar al tenis.


 
 

 

 

Era considerado por sus compañeros como alguien “raro”, extravagante y que tenía problemas con el alcohol y la marihuana.

 
 

 

 

Cuando tenía diecisiete años, sus padres se divorciaron. Su padre volvió a casarse meses después.

 
 

 

 

En junio de 1978, cuando tenía veinte años, encontró a Steven Hicks haciendo autoestop, y lo llevó a su casa. Dahmer era homosexual y tenía la fantasía de recoger a un autoestopista y acostarse con él.

 
 

 

 

Una vez en su casa, se dio cuenta de que Hicks no era homosexual y cuando éste quiso irse, Dahmer no pudo soportarlo y lo golpeó en la cabeza para luego estrangularlo con una pesa.
 
 

 

 

Luego lo desmembró y lo puso en bolsas de plástico, y las metió en su coche con intención de tirarlas por un barranco.
Dahmer en una obra de teatro estudiantil
 
 

 

 

A medio camino, la policía lo detuvo por conducir demasiado a la izquierda. Le preguntaron por las bolsas que llevaba en el asiento trasero y Dahmer contestó que era basura. Le creyeron y como pasó el test del alcoholímetro, le pusieron una multa por conducir fuera de su carril y lo dejaron ir.
 
 

 

 

Volvió a su casa con los restos del cadáver y los escondió en una tubería de su casa, donde permanecieron por varios años.

 
 

 

 

Su padre y su madrastra lo convencieron para ir a la universidad, y en el otoño de 1978 ingresó en la Ohio State University. Pero sus problemas de alcohol hicieron que la abandonara en el siguiente semestre.
Jeffrey Dahmer graduándose del bachillerato, acompañado de su padre Lionel
 
 

 

 

En 1979, su padre lo convenció para entrar al ejército y fue enviado a Alemania, en donde permaneció unos años hasta ser dado de baja a causa de su alcoholismo.
Dahmer en Alemania, fingiendo estar muerto
 
 

 

 

Luego de vivir un tiempo en Florida, volvió a su casa en Ohio. Aprovechó para desenterrar los restos de su primera víctima, destruyó los huesos y los esparció en la maleza.
 
 

 

 

Tras su primer asesinato se sintió culpable y asustado. Intentó reprimir sus deseos sexuales y homicidas acudiendo a la iglesia, dejando el alcohol y manteniéndose en estado de celibato. Vivió así un tiempo, lo que explica que pasaran casi diez años hasta su siguiente crimen.
 
 

 

 

Con el tiempo pensó que podía intentar satisfacer algunos de sus deseos sin hacerle daño a nadie, volvió a beber y empezó a frecuentar lugares de ambiente gay.
 
 

 

 

Dahmer se fue a vivir a casa de su abuela; allí tenía un maniquí que guardaba en su closet. Tenía relaciones sexuales con el maniquí y fantaseaba con que era un cadáver.
La casa de la abuela de Jeffrey Dahmer
 
 

 

 

En 1986 fue detenido por exhibicionismo público; poco antes había querido desenterrar a un joven muerto recientemente, para disfrutar de su cuerpo, pero el suelo helado a causa de las nevadas se lo impidió.
 
 

 

 

En septiembre de 1987, conoció a Steven Toumi en un bar gay. Bebieron mucho y fueron a una habitación de hotel. Dahmer no recordaría cómo lo asesinó, sólo que cuando despertó a la mañana siguiente descubrió que el chico estaba muerto.
 
 

 

 

Para deshacerse del cadáver, compró una maleta, en la que lo metió y llevó al sótano de la casa de su abuela. Allí tuvo sexo con el cadáver, después lo desmembró y lo tiró a la basura. Se quedó con la cabeza, a la cual hirvió y blanqueo, para después exponerla como trofeo en su habitación. A quienes preguntaban, les decía que había comprado el cráneo a un estudiante de Medicina.
 
 

 

 

Algunos meses después conoció a su próxima víctima, Jamie Doxtator. Doxtator era un joven de catorce años que rondaba las puertas de los bares para homosexuales en busca de alguien con quien acostarse. De esta misma forma, Dahmer también conoció a Richard Guerrero en marzo de 1988.
El bar gay donde Dahmer conocía a sus víctimas
 
 

 

 

El 25 de septiembre de 1988 se mudó a un departamento en Milwaukee, donde su carrera criminal comenzaría realmente en serio.
 
 

 

 

Al otro día de instalarse en su nueva casa, le ofreció cincuenta dólares a un chico laosiano de trece años para posar para unas fotografías, pero lo drogó y abusó de él.
 
 

 

 

Los padres realizaron la denuncia y el 30 de enero de 1989 fue encontrado culpable, pero sólo permaneció en la cárcel diez meses antes de ser liberado.
 
 

 

 

Cuando Dahmer, en condición de régimen semiabierto, solicitó la libertad bajo palabra, incluso su padre, uno de sus más acérrimos defensores, escribió al juzgado oponiéndose a su excarcelación antes de que finalizara el programa de tratamiento, pero aun así fue puesto en libertad.
Ilustración de Rocko
 
 

 

 

Mientras era procesado por abuso de menores, Dahmer conoció a Anthony Sears en un bar. Le ofreció dinero para sacarle unas fotografías y lo llevó a la casa de su abuela donde lo estranguló, tuvo sexo con su cadáver y lo desmembró. Él quería que sus amantes se quedaran en la casa con él y ante la negativa de éstos, los mataba.
 
 

 

 

Luego de cumplir su condena por abuso y de mudarse a su departamento en Milwaukee, Dahmer asesinó a doce personas más, hasta julio de 1991. Su táctica era siempre similar: los invitaba a ver pornografía o a sacarse unas fotos, les ponía una droga en la bebida, los estrangulaba, tenía sexo con el cadáver y se masturbaba encima del cuerpo. Después tomaba fotografías de las víctimas y de cada etapa del desmembramiento.
 
 

 

 

Solía utilizar ácidos para deshacer la carne y los huesos, pero solía conservar la cabeza y los genitales como trofeo. Llegó a comprar un barril que llenaba de ácido y tenía en un rincón de su casa.
Cartel homenaje a Jeffrey Dahmer
 
 

 

 

Otra de sus características era comer parte de sus víctimas, para alimentar la fantasía de que empezaban a formar parte de él. Practicó la necrofagia casi todo el tiempo y guardaba en su refrigerador varios trozos de carne envuelta en bolsas de plástico.
Mandil con la imagen de Dahmer
 
 

 

 

El 8 de julio de 1990, una de sus víctimas en potencia se puso a gritar con tal fuerza que Dahmer no tuvo más remedio que dejarla marchar; el incidente fue denunciado a la policía, con la descripción de un agresor llamado Jeff y la dirección de su apartamento, pero no se llevó a cabo ninguna investigación.
Juguete inspirado en “El Carnicero de Milwaukee”
 
 

 

 

La segunda oportunidad se dio a finales de mayo de 1991, cuando Dahmer secuestró en un centro comercial a otro muchacho laosiano que resultó ser el hermano pequeño del que tres años antes había conseguido escapar de él; se llamaba Konerak Sinthasomphone. En su departamento lo drogó y le realizó unas trepanaciones en el cráneo para inyectarle ácido en el cerebro; ya antes había tratado de crear un zombie con otra de sus víctimas, perforando la cabeza con un taladro y metiéndole agua hirviendo en el cerebro a través del orificio.
Figura de plastilina
 
 

 

 

El joven consiguió escapar cuando Dahmer salió a tomarse una cerveza a un bar. Dahmer lo había violado. El chico salió corriendo desnudo a la calle, donde se congregó una multitud que le prestó auxilio hasta la llegada de la policía. El muchacho no podía hablar porque estaba aturdido por el ácido que Dahmer le había inyectado en el cerebro.
El edificio de departamentos donde Jeffrey Dahmer vivía y mataba


 
 

 

 

Por increíble que parezca, los policías y los bomberos que acudieron a la llamada de urgencia se dejaron convencer por Dahmer, quien llegó cuando estaban atendiendo al chico: les aseguró que el muchacho era su amante y que estaba muy borracho. Los policías llegaron al extremo de acompañar al laosiano a casa de su agresor. Creyeron la historia del amante al ver las fotografías que Dahmer la había tomado al chico desnudo poco rato antes.
La puerta del apartamento 213
 
 

 

 

La policía depositó al moribundo joven en una silla. Ni siquiera registraron la casa, ni vieron el santuario macabro que tenía; de hecho, se fueron rápido ante el hedor que desprendía el interior y que Dahmer atribuía a las cañerías del edificio; unos minutos después, el muchacho era estrangulado. Si la policía hubiese revisado el apartamento, habría encontrado un cadáver en una de las habitaciones, además de docenas de pruebas de otros asesinatos.
El interior del departamento
 
 

 

 

Dahmer quería tener control sobre sus víctimas, y su intención al realizar las trepanaciones era convertirlos en una especie de zombies que lo obedecieran ciegamente. Dijo que se obsesionó con crear un zombie porque quería un amante silencioso, que hiciera todo lo que él le pedía y que se quedara haciéndole compañía.
Caricatura: Michael Jackson conoce a Jeffrey Dahmer
 
 

 

 

También mostró interés por las ciencias ocultas. Dahmer quería construir lo que él unas veces llamaba “Centro de Poder” y otras “Templo”, formado por una larga mesa en la que colocaría seis calaveras. Dos esqueletos completos la flanquearían, uno a cada extremo, suspendidos del techo. Una gran lámpara se erguiría en el centro de la mesa y extendería seis globos de luz sobre las calaveras. El propósito de Dahmer era crear un entorno desde donde conectar con otro nivel de percepción o del ser, a fin de conseguir el éxito en el amor y las finanzas. Estaba además inspirado por las películas de la saga La guerra de las Galaxias, de George Lucas.
Caricaturas sobre el multihomicida


 
 

 

 

Alguna vez que Dahmer abrió un armario y el administrador olió el contenido de un barril de plástico con capacidad para más de cien litros, lleno de la solución de ácido que utilizaba para disolver los huesos, el administrador a punto estuvo de desvanecerse. El le explicó que allí vertía el agua sucia de la pecera y el hombre se lo creyó. Poco después, tiró el barril con su contenido y adquirió un enorme bidón azul de petróleo, donde guardaba los torsos.
Las víctimas (click en la imagen para ampliar)
 
 

 

 

El 22 de julio de 1991, Tracy Edwards, su última víctima, consiguió escapar esposado. La policía lo vio y esta vez decidieron investigar. Fueron al apartamento del hombre que lo había raptado y al revisar la habitación descubrieron varias fotografías de cadáveres, restos humanos en el refrigerador y una cabeza en el congelador.
El refrigerador de Jeffrey Dahmer




 
 

 

 

También hallaron huesos, cadáveres a medio desmembrar, el barril lleno de ácido y las herramientas que Dahmer utilizaba para torturar y matar. Las paredes estaban llenas de sangre, había trozos de cuerpos mutilados, siete cráneos y muchos huesos.
Los cadáveres en el departamento




 
 

 

 

Curiosamente, Tracy Edwards, su víctima final, al salir a explicar su caso en televisión fue identificado como el acusado de una violación a una chica poco tiempo antes. Dahmer intentó huir, pero fue detenido.
El arresto
 
 

 

 

Días después, los vecinos de Dahmer dispararon a las puertas de su casa, ante el horror que causaron sus crímenes.
El departamento de Dahmer, sellado

 
 

 

 

Al principio Dahmer intentó negar sus crímenes, pero el cúmulo de pruebas encontradas (un barril lleno de restos humanos, cráneos puestos a secar y barnizados, el refrigerador con trozos de carne humana, centenares de fotos) le hizo cambiar de idea y facilitó una detallada descripción de los asesinatos.
Las investigaciones de la policía



 
 

 

 

No sólo confesó el asesinato de los jóvenes sino también una serie de prácticas que incluían copulación con los cadáveres, canibalismo y prolongadas torturas como preludio de los asesinatos.



 
 

 

 

El juicio comenzó el 27 de enero de 1992. Desde el principio quedó claro que le impulsaba un trastorno mental, a pesar de que él hacía todo lo posible por disimular su enfermedad.
La policía retira el bidón de los torsos y el refrigerador de Dahmer




 
 

 

 

Los medios hicieron del juicio un verdadero circo. Bautizaron a Jeffrey Dahmer como “El Carnicero de Milwaukee”. Una legión de fans comenzó a elaborar pinturas con su rostro, cómics, camisetas, caricaturas y hasta canciones dedicadas al asesino.




 
 

 

 

Revistas, periódicos y noticieros lo catapultaron al estrellato de los asesinos. Empezó a recibir cartas de fans y muchos seguidores lo convirtieron en su ídolo sangriento.




 
 

 

 

Los psiquiatras que lo atendieron en la prisión le dijeron que estaba enfermo, por lo que se declaró culpable con atenuante de enajenación mental, para ser condenado a una cárcel especial para enfermos mentales, pero el atenuante fue finalmente rechazado.
Dahmer fichado antes de su juicio
 
 

 

 

Dahmer se mostró tan sincero y cooperador como muchos otros asesinos en serie, sin embargo ni él mismo podía entender cómo había sido capaz de cometer todas aquellas atrocidades. Además, era acusado de tener motivos raciales en sus homicidios, algo que él desmentía.
Los familiares de las víctimas
 
 

 

 

Como testigo de la Defensa, fue citado Robert K. Ressler, el investigador que creó el concepto de “asesino serial”. Ressler, responsable de la elaboración de perfiles sobre criminales violentos y fundador de la Unidad de Ciencias del Comportamiento en el FBI, había colaborado en docenas de casos sobre multihomicidas y realizado entrevistas con todos ellos. Ressler se había bautizado a sí mismo como “El que lucha con monstruos”, aludiendo a una frase de Nietzsche: “El que lucha con monstruos debe procurar no convertirse en uno. Cuando miras al abismo, el abismo también mira dentro de ti”.
Robert K. Ressler: “El que lucha con monstruos”
 
 

 

 

Sobre el Caso Dahmer, Ressler escribió en uno de sus libros:
“En enero de 1991, unos meses después de mi retiro del FBI, la Universidad de Wisconsin me invitó a dar un curso de elaboración de perfiles criminales en Milwaukee. Era un encargo rutinario y no me detuve a pensar en las consecuencias hasta que por los titulares de la prensa me enteré de que el verano de aquel mismo año, habían detenido en Milwaukee a Jeffrey Dahmer.
 

 

 

 

“Dahmer estaba acusado de diecisiete asesinatos en aquella zona y en los alrededores de la casa donde había transcurrido su infancia, en Bath, Ohio. Para mí fue una grata sorpresa recibir una carta, el mes de agosto, de un investigador que había asistido al curso y que en aquel momento participaba en el esclarecimiento del caso Dahmer. ‘No se puede figurar hasta qué punto han sido útiles sus explicaciones para abordar los sucesos ocurridos recientemente en Milwaukee’, decía.
 
 

 

 

“Más tarde, mi intervención en el caso Dahmer fue más directa y personal. En otoño coincidieron en ponerse en contacto conmigo la Defensa y un policía que pasó mi historial profesional al Fiscal. Mi amigo (el abogado) Park Dietz iba a presentarse por la acusación, pero en aquella ocasión mi opinión difería de la suya y acepté asesorar a la Defensa. No es que creyera que Dahmer fuera inocente desde el punto de vista legal o médico, pero me parecía que existían circunstancias atenuantes que permitían plantear un caso de locura.
Otras caricaturas sobre Jeffrey Dahmer

 
 

 

 

“En mi opinión, Dahmer no respondía ni al perfil clásico del criminal organizado ni al del desorganizado: mientras que un asesino organizado sería legalmente cuerdo, y un asesino desorganizado sería para la ley claramente demente, Dahmer era ambas cosas y ninguna de las dos, una especie de criminal mixto, por lo que cabía la posibilidad de que un tribunal considerase que no estaba en su sano juicio cuando cometió algunos de sus últimos asesinatos. Si acepté, fue por la alegación que Gerry Boyle quería que Dahmer presentase.

 
 

 

 

“El 13 de enero de 1992, Boyle anunció a la prensa y al tribunal que Dahmer, que en un principio se había declarado ‘no culpable por enajenación mental’, ahora se declaraba ‘culpable pero enajenado’. La alegación ‘culpable pero enajenado’ está prevista por la ley de Wisconsin, aunque no por la de otros muchos estados. En virtud de ella, fuera cual fuera el resultado del juicio, Dahmer pasaría el resto de sus días recluido en una institución segura. Si la defensa ganaba el caso, la institución sería un hospital psiquiátrico; si perdía, sería la cárcel. ‘Éste es un caso sobre el estado mental de Dahmer’, anunció Boyle a la prensa”.
La celda de Dahmer
 
 

 

 

En una entrevista realizada con Jeffrey Dahmer en la prisión y publicada en su libro Dentro del monstruo en 1997, Robert Ressler intentó una aproximación a la psique de Dahmer. Este es un extracto de esa entrevista histórica, desarrollada mientras se efectuaba el juicio del “Carnicero de Milwaukee”:
“Imaginen, si así lo desean, una voz grave y sonora, aparentemente lacónica, reposada y fluida, pero con signos evidentes de una gran tensión y de esfuerzo por controlar lo que está diciendo. Hay que arrancarle las palabras. Para animarlo a seguir, yo murmuraba monosílabos de asentimiento después de cada frase, pero los he eliminado de la transcripción para facilitar la lectura. Dahmer quería dar la impresión de que colaboraba y de que recordaba lo que había hecho con cierta objetividad, como si el autor de los asesinatos hubiera sido otra persona muy distinta”.
Robert Ressler entrevistando a Jeffrey Dahmer en la biblioteca de la prisión
 

 

 

 

Robert Ressler: Retrocedamos a la época de Bath, cuando cometiste tu primer delito, y quitaste la vida a un ser humano. ¿Antes de eso…?
Jeffrey Dahmer: No hubo nada.
RR: ¿Ninguna agresión, ni nada parecido?
JD: No. Violencia contra mí, sí. Fue a mí a quien atacaron, sin motivo.
RR: ¿Puedes describir brevemente lo que ocurrió?
JD: Había ido a visitar a un amigo y volvía de noche a casa; vi que se me acercaban tres chicos del instituto, estudiantes de último año. Uno de ellos sacó una porra y me golpeó en la nuca. Así, sin motivo. Eché a correr.

 

 

 

 

RR: Hablemos un poco de la ruptura de tu familia. Es doloroso para mucha gente, para la gente que ha hecho lo mismo que tú, y puede convertirse en un elemento importante de su vida. Permíteme que te pregunte: ¿en algún momento sufriste alguna agresión sexual?
JD: No.
RR: Entonces, ésta no fue la causa. He oído de tu interés por diseccionar animales y cosas por el estilo. ¿Cuándo empezó?
JD: A los quince o dieciséis años. (En la clase de Biología) nos hicieron diseccionar un lechón.
RR: ¿Cómo describirías tu fascinación por, bueno, por la desmembración (Dahmer se ríe) de animales?
JD: Pues… uno fue un perro grande que encontré en la carretera. Iba a separar la carne, blanquear los huesos, reconstruirlos y venderlo. Pero no llegué a hacerlo. No sé cómo empecé a meterme en esto; es una afición un poco rara.
RR: Me parece recordar que pusiste la cabeza en un palo y lo dejaste detrás de tu casa.
JD: Fue una broma. Encontré al perro y lo rajé para ver cómo era por dentro. Después se me ocurrió que sería divertido clavar la cabeza en una estaca y dejarla en el bosque. Llevé a uno de mis amigos y le dije que me lo había encontrado entre los árboles. También le tomé una fotografía.

RR: ¿Qué edad tenías entonces?
JD: Creo que dieciséis.

La cabeza empalada de un perro muerto: broma juvenil de Dahmer

 

 

 

 

RR: Tenías unos dieciocho años cuando cometiste el primer asesinato, ¿no es cierto?
JD: Antes llevaba un par de años teniendo la fantasía de encontrar a un hombre guapo haciendo dedo y (pausa dramática)… gozar sexualmente de él (…) Ocurrió por casualidad una semana que no había nadie en casa. Mi madre estaba fuera con David, en un motel a unos ocho kilómetros; yo tenía el coche, eran más de las cinco de la mañana y regresaba a casa después de haber bebido. No buscaba a nadie, pero a un kilómetro de casa, lo vi. Hacía dedo. No llevaba camisa y era guapo. Me sentí atraído por él. Pasé por delante de él, frené y pensé: “¿Qué hago? ¿Lo hago subir o no?” Le pregunté si quería fumar un porro y él respondió: “¡Estupendo!” Fuimos a mi habitación, bebimos unas cervezas y en el rato que pasamos juntos vi que no era gay. No sabía cómo retenerlo, más que agarrando la barra de las pesas y golpeándolo en la cabeza. Luego lo estrangulé con la misma barra (…) Estaba muy asustado por lo que había hecho. Anduve un rato de un lado para otro por la casa. Al final me masturbé (…) Más tarde bajé el cadáver al sótano. Me quedo allí, pero no puedo dormir, vuelvo a subir a la casa. Al día siguiente tengo que pensar en una manera de deshacerme de las pruebas. Compro un cuchillo de caza. Por la noche vuelvo a bajar, le abro el vientre y me masturbo otra vez.
Historieta sobre el caníbal
 
 

 

 

RR: ¿Te excitó sólo el físico?
JD: Los órganos internos.
RR: ¿Los órganos internos? ¿La acción de destriparlo?
JD: Sí, luego le corto un brazo. Luego todo el cuerpo en pedazos. Meto cada trozo en una bolsa y después todo en tres bolsas grandes de plástico para la basura. Pongo las bolsas en la parte trasera del coche y me voy a tirar los restos a un barranco, a quince kilómetros. Son las tres de la madrugada. Voy por una carretera secundaria desierta y, a mitad de camino, me para un policía, por ir demasiado a la izquierda. El agente pide refuerzos. Son dos. Me hacen la prueba de alcoholemia. La paso. Iluminan el asiento trasero con la linterna, ven las bolsas y me preguntan qué es. Les digo que basura, porque cerca de mi casa no hay ningún vertedero. Me creen a pesar del olor. Me ponen una multa por circular demasiado a la izquierda… y vuelvo a casa (…) (Las bolsas) las volví a dejar en el sótano. Agarré la cabeza, la lavé, la puse en el suelo del cuarto de baño, me masturbé; luego volví a meter la cabeza con el resto de las bolsas, abajo. A la mañana siguiente… metí las bolsas en una tubería de desagüe enterrada que medía unos tres metros. Aplasté la entrada de la tubería hasta cerrarla y las dejé unos dos años y medio dentro.
RR: ¿Cuándo volviste a buscarlas?
JD: Después del ejército, después de trabajar un año en Miami. Abrí la tubería, agarré los huesos, los rompí en trozos pequeños y los esparcí por la maleza.
Receta de cocina humorística de Dahmer

 

 

 

 

RR: ¿Tienes idea de dónde te vino esta fantasía de tomar a alguien por la fuerza? ¿También imaginabas quitar la vida a alguien?
JD: Sí, sí. Todo… todo giraba alrededor de tener un dominio absoluto. Por qué, o de dónde me vino esto, no lo sé.
Noticiero con escenas originales sobre la captura y juicio de Dahmer
RR: ¿Te sentías fuera de lugar en tus relaciones con la gente?
JD: En el pueblo donde vivía, la homosexualidad era el máximo tabú. Nunca se hablaba de eso. Yo sentía deseos de estar con alguien, pero nunca conocí a nadie que fuera gay, por lo menos que yo supiera; sexualmente era muy frustrante.
RR: ¿Cómo te aficionaste a (las píldoras para dormir)?
JD: Llevaba un tiempo yendo al sauna y la mayoría de los que conocía allí quería sexo anal; a mí esto no me interesaba, prefería encontrar una manera de quedarme toda la noche con ellos sin necesidad de esto.

Parodia de un anuncio comercial incluyendo a Dahmer

 

 

 

 

RR: En aquella época, ¿tenías intenciones de llevarte a alguien a casa?
JD: No, en absoluto. Por eso empecé a utilizar el maniquí. ¿Sabía esto? Buscaba la manera de satisfacerme sin hacer daño a nadie.
RR: ¿Intentaste apartarte de todo esto?
JD: Sí. Durante dos años. Alrededor de 1983 empecé a frecuentar la iglesia con mi abuela. Quería enderezar mi vida. Iba a misa, leía la Biblia, intentaba apartar todo pensamiento relacionado con el sexo, y durante esos dos años salí adelante. Pero una noche, en la biblioteca local, leyendo un libro y pensando en mis cosas, se me acercó un chico, me tiró una nota en el regazo y se alejó apresuradamente. La nota decía: “Si bajas al lavabo de la planta baja, te la chupo”. Me lo tomé a broma y no le di más importancia. Pero unos dos meses después empecé otra vez, el impulso, la compulsión. Aumentó el deseo sexual. Volví a beber y a frecuentar los sex-shops. En aquel tiempo tenía controlado el deseo, pero quería encontrar la manera de saciarme sin hacer daño a nadie. Así que me hice socio del sauna, iba a bares gay e intentaba obtener satisfacción con el maniquí. Luego ocurrió el incidente del cementerio. Leí la esquela de un joven de dieciocho años y me presenté en el tanatorio. Vi el cadáver y era un hombre muy atractivo. Cuando lo hubieron enterrado, agarré una pala y una carretilla con la intención de llevarme el cadáver a casa. Alrededor de medianoche me dirigí al cementerio, pero el suelo estaba helado y tuve que abandonar mi propósito.
Historieta: Dahmer contra Cristo
 

 

 

 

RR: ¿Descubriste que en los bares era fácil conseguir que alguien se fuera contigo?
JD: Exacto. Era un muchacho muy guapo. Le invité a la habitación del hotel. Estuvimos bebiendo. Yo tomaba Coca Cola con ron de alta graduación. Le hice beber a él también y se quedó dormido. Yo seguí bebiendo y debí de quedarme en blanco, porque no recuerdo nada de lo que ocurrió hasta que me desperté por la mañana. El estaba tumbado de espaldas, con la cabeza colgando del borde de la cama; yo tenía los antebrazos llenos de contusiones y él algunas costillas rotas y otras lesiones. Al parecer, lo había golpeado hasta matarlo (…) No recuerdo haberlo hecho y no tenía ninguna intención de hacerlo (…) Estaba horrorizado. Pero tenía que hacer algo con el cadáver. Lo encerré en el armario, me fui al centro comercial y compré una valija grande con ruedas. Lo metí dentro. Reservé la habitación para otra noche. Me quedé ahí sentado, aterrorizado. La noche siguiente, a la una de la madrugada, abandoné el hotel, pedí al taxista que me ayudara a meter la valija en el portaequipajes, y me dirigí a casa de mi abuela. Escondí la valija en el sótano y lo dejé allí aproximadamente una semana.
RR: ¿Y no despedía ningún olor?
JD: No, porque hacía frío. Era la Fiesta de Acción de Gracias y no podía hacer nada porque iban a venir unos familiares de visita.
RR: ¿Por qué no dejaste el cadáver en la habitación?
JD: Porque estaba a mi nombre.
Primer arresto de Dahmer

 

 

 

 

RR: Sigamos. Tienes el cadáver escondido allí abajo una semana…
JD: Mi abuela sale un par de horas para ir a la iglesia, y yo bajo a buscarlo. Agarro un cuchillo, le rajo el estómago, me masturbo, luego separo la carne y la meto en bolsas, cubro el esqueleto con una colcha y lo hago pedazos con una maza. Lo envuelvo todo y el lunes por la mañana lo echo a la basura. Excepto el cráneo. El cráneo me lo guardé (una semana). Lo metí en lejía concentrada para blanquearlo. Quedó limpio, pero demasiado frágil y lo tiré.
Comercial humorístico de taladros
 
 

 

 

RR: Con el joven laosiano te salió el tiro por la culata. La policía te detuvo.
JD: Mmm-hmm. El agente y yo volvimos al apartamento. Registraron la casa. No encontraron el cráneo que tenía en una cómoda del vestíbulo (…) Estaba debajo de la ropa. En Ohio se les pasaron por alto las bolsas de basura y ahora no veían el cráneo.
RR: Si lo hubieran encontrado, las cosas habrían cambiado considerablemente, ¿verdad?
JD: Sí. Y salir del hotel como lo hice. No era nada normal. Cuestión de suerte.
Dahmer y su padre, Lionel, en una entrevista con los medios
 

 

 

 

RR: Según parece, habías elaborado un plan muy detallado para convencer a la gente de que fuera contigo. Estabas seguro de que siempre lo conseguirías.
JD: Sí. Pero algunas veces no funcionaba. Algunas veces, muy pocas, estaba muy borracho, y me llevaba a alguien que no era tan atractivo como había creído, y por la mañana tenía resaca y se iba. Otras veces no quise matarlos, porque no quería estar con ellos. Esto me ocurrió tres o cuatro veces. Otras noches no quería estar con nadie y volvía a casa a ver un video o leer.
RR: No tenías muchas cintas de video.
JD: A medida que pasaban los años, fui dejando de lado los videos y las revistas que no me atraían. Aparte de las películas porno, veía las del Jedi, la trilogía de La guerra de las galaxias. El personaje del Emperador, con su control absoluto, encajaba perfectamente en mis fantasías. Supongo que a mucha gente le gustaría tener el control total, es una fantasía muy común.
 

 

 

 

RR: Tuviste algo con las ciencias ocultas. ¿Era un intento de conseguir más poder?
JD: Sí, pero no fue nada serio. Hice algunos dibujos. Iba a librerías especializadas en ciencias ocultas y compraba material, pero nunca hice ningún ritual con las víctimas. Probablemente lo habría hecho seis meses más tarde, si no me hubieran detenido.
RR: Tengo una copia de un dibujo tuyo. Es toda una fantasía, ¿eh?
JD: Habría sido una realidad, con seis meses más.
RR: ¿Qué había detrás del hecho de que conservaras los esqueletos, los cráneos, el pelo, las partes del cuerpo?
JD: Conservar los cráneos era una manera de sentir que había sido un desperdicio total matarlos. Los esqueletos iba a utilizarlos para el Templo, pero ésta no fue la motivación para matarlos; se me ocurrió después.
RR: Parece que tolerabas mal que la gente se marchara.
JD: Mis víctimas eran ligues de una noche. Siempre me dejaban claro que tenían que volver al trabajo. Y yo no quería que se fueran.

 

 

 

 

RR: Con el primer muchacho, al que intentaste convertir en zombie, no te salió bien. ¿Volviste a intentarlo?
JD: Lo intenté otra vez, doblé la dosis y el resultado fue fatal. Esta vez no hubo estrangulamiento. Luego intenté inyectar agua hirviendo. Más tarde se despertó. Estaba muy aturdido. Le di más píldoras y volvió a dormirse. Esto fue la noche siguiente. De día lo dejaba allí.
 
 

 

 

RR: ¿Hasta dónde perforaste el cráneo con el taladro?
JD: Sólo hasta el hueso. Lo inyecté. Estaba dormido y salí a tomar una cerveza rápida al bar de enfrente antes de que cerrasen. Cuando volvía, le vi sentado en la acera y alguien había llamado a la policía. Tuve que pensar deprisa: les dije que era un amigo mío que se había emborrachado y me creyeron. En mitad de un callejón oscuro, a las dos de la madrugada, con la policía a un lado y los bomberos al otro. No podía ir a ninguna parte. Me pidieron el carnet de identidad y se los enseñé. Trataron de hablar con él y les respondió en su lengua. No había rastros de sangre; le examinaron y se creyeron que estaba completamente borracho. Me dijeron que me lo llevara adentro; él no quería entrar, pero entre dos agentes lo subieron al apartamento.
 
 

 

 

RR: ¿Lo examinaron?
JD: No. Lo tumbaron en el sofá y echaron un vistazo al apartamento. No entraron en mi dormitorio. Si lo hubieran hecho, habrían visto el cadáver (de una víctima anterior) que aún estaba allí. Vieron las dos fotos que le había sacado antes al muchacho, que estaban encima de la mesa del comedor. Un agente le dijo al otro: “¿Lo ves? Ha dicho la verdad”. Y se marcharon.
Segundo arresto de Dahmer
 
 

 

 

RR: ¿Cuánto esperaste para descuartizarlo y deshacerte del cadáver?
JD: Hasta el día siguiente.
RR: ¿Cuánto tardaste?
JD: Unas dos horas (…) Tenía mucha práctica. Es un trabajo sucio. Trabajaba deprisa. Siempre en la bañera.
RR: Y te deshiciste de él. ¿Arrojaste mucho por el inodoro? ¿No se atascaba?
JD: No, jamás se me atascó.
Titular durante el juicio

 

 

 

 

RR: ¿Cómo ocurrió que empezaras a comer cadáveres?
JD: Mientras desmembraba (a uno de ellos). Guardé el corazón. Y los bíceps. Los corté en pedazos pequeños, los lavé, los metí en bolsas de plástico herméticas y las guardé en el congelador; buscaba algo más, algo nuevo para satisfacerme. Después los cociné y me masturbé mirando la foto.
El refrigerador de Dahmer representado en un Museo de Cera
 
 

 

 

RR: ¿Nunca sentiste inclinación por los niños? ¿Cuáles eran tus preferencias?
JD: Los hombres hechos y derechos (…) Todo el mundo cree que era una cuestión racial, pero eran diferentes. El primero era blanco, el segundo era un indio norteamericano, el tercero era hispano y el cuarto era mulato. El único motivo de que levantara hombres negros era que en los bares gay eran mayoría (…) Recuerdo a uno; nos desnudamos. Estuvimos en la cama, acariciándonos. Nos masturbamos. Y lo encontré tan atractivo que quise conservarlo.
El Tribunal, poco antes del inicio del juicio



 
 

 

 

RR: ¿Qué había dentro del bidón azul?
JD: Los torsos sin cabeza (…) Era para el ácido. Para tratar los torsos.
El bidón para los torsos
 
 

 

 

RR: ¿Cuál era el propósito de las lámparas?
JD: Eran globos azules. Apagaba la luz de arriba y conseguía dar una atmósfera misteriosa y oscura al escenario. Efectos especiales. Como en las películas del Jedi.
Una sesión del juicio
 
 

 

 

RR: ¿Y lo de tus lentes de contacto amarillos?
JD: Los dos protagonistas de estas películas llevaban unas lentes en los ojos que emanaban poder. Formaba parte de mi fantasía.
Comienza el juicio de Dahmer, quien viste la camisa a rayas perteneciente a una de sus víctimas



 
 

 

 

RR: ¿Y por qué barnizar los cráneos?
JD: Para darles un aspecto más uniforme. Después de unas semanas, algunos no estaban tan blancos como los otros y tenían un aspecto artificial, como fabricados para un anuncio.

 
 

 

 

RR: ¿Qué pasó con aquel muchacho que golpeaste con un martillo?
JD: Se marchó furioso, diciendo que iba a llamar a la policía. Quince minutos más tarde, regresó. Llamó a la puerta y le dejé entrar. Dijo que necesitaba dinero para el teléfono, o el taxi, o no sé qué. Me pareció increíble que volviera. ¿Puede creérselo? (…) Tenía miedo de dejarlo ir otra vez; forcejeamos unos cinco minutos. Los dos estábamos agotados. Estuvimos en el dormitorio hasta las siete de la mañana. Lo calmé; me prometió que no llamaría a la policía. Fuimos a la esquina, paré un taxi y ésa fue la última vez que lo vi.

 
 

 

 

RR: ¿Qué tipo de persona habrías deseado como compañero sexual?
JD: Me habría gustado tener un hombre blanco bien desarrollado y complaciente. Habría preferido tenerlo vivo y que estuviera siempre a mi lado.
RR: ¿Que saliera a trabajar y que llevara una vida normal, o que sólo estuviera contigo?
JD: Que sólo estuviera conmigo.



 

 

 

 

RR: ¿Alguna vez pensaste que el otro había hecho algo mal y que tú tenías justificación para…?
JD: No. Esto es lo que creía Palermo, el psicólogo forense: que yo lo hacía para librar al mundo de malvados. Y no lo hacía por eso. Nada de psicologías profundas, ¿eh? No siempre funcionan.


 
 

 

 

“Nos reímos y dimos por terminadas las sesiones. Dahmer aceptó volver a recibirme después del juicio para que yo siguiera con las entrevistas. Le dije que se cuidara y que fumaba demasiado. Me respondió que si terminaba teniendo un cáncer y se moría, solucionaría el problema a todos los que no sabían qué hacer con él”.
 
 

 

 

Todos los presentes en el juicio pudieron darse cuenta de hasta qué punto sus compulsiones y fantasías se habían apoderado de su mente, empujándole a seguir asesinato tras asesinato.

 
 

 

 

Después del veredicto habló por primera vez al tribunal diciendo:
“Señor juez, todo ha terminado. Me siento muy mal por lo que hice a esas pobres familias y comprendo su merecido odio. Asumo toda la culpa por lo que hice. He hecho daño a mi madre, a mi padre y a mi madrastra, pero los quiero mucho”.
Los padres de Jeffrey Dahmer durante el juicio

 

 

 

 

Un jurado corroboró que una persona, para ser considerada enferma mental, debe comportarse como tal la mayor parte del tiempo. Por consiguiente, consideró que Dahmer estaba legalmente en su sano juicio al cometer los crímenes.


 
 

 

 

Una vez emitido este veredicto, el jurado tuvo que considerar a Dahmer culpable de quince asesinatos y fue condenado a quince cadenas perpetuas, lo que equivaldría a unos 936 años de cárcel. En Wisconsin no existe la pena de muerte.
La prisión

 
 

 

 

Fue enviado al Columbia Correctional Institute en Portage donde, para su seguridad, no tenía contacto con los presos comunes. Pero Dahmer pidió a las autoridades tener más contacto con los otros presos, por lo que comenzó a comer con ellos y a realizar algunas tareas de limpieza.
La madre de Dahmer
 
 

 

 

El 28 de noviembre de 1994 realizaba tareas de limpieza con Christopher Scarver, un esquizofrénico de raza negra, y Jesse Anderson, que había asesinado a su esposa y culpado a un hombre negro.
Christopher Scarver, el asesino de Dahmer
 
 

 

 

La combinación de presos era muy peligrosa. Los guardias encontraron a Dahmer agonizante a causa de una golpiza y a Anderson mortalmente herido. Christopher Scarver cumplía cadena perpetua y había sido condenado a pesar de haber afirmado que unas voces le decían que era el Hijo de Dios, y le advertían acerca de si podía o no confiar en una persona. Dahmer fue trasladado al hospital, pero murió poco después.
La llegada de Dahmer al hospital
 
 

 

 

Para muchos, la muerte violenta de Dahmer fue un final apropiado; hubo otros, sin embargo, entre ellos algunos columnistas, que se enfurecieron porque Scarver había privado a los ciudadanos del derecho de tener a Dahmer purgando durante muchos más años los crímenes cometidos.
La muerte de Dahmer en la revista People
 
 

 

 

Los médicos extrajeron el cerebro de Jeffrey Dahmer para estudiarlo. Meses después, los padres de Dahmer se pelearon por la posesión de su cerebro, llegando incluso a enfrentarse ante los tribunales.
El cerebro de Dahmer en un frasco
 
 

 

 

La madre deseaba venderlo a un hospital de investigación mental, mientras que el padre sólo deseaba enterrarlo lejos de todo el mundo.
Titular sobre el cerebro de Dahmer
 
 

 

 

Además de inspirar ensayos, poemas, pinturas, discos e imitadores, en 2002 se estrenó una deficiente película llamada Dahmer basada en su historia real, protagonizada por Jeremy Renner. En 2008 le tocó el turno a Raising Jeffrey Dahmer, con el punto de vista de su padre. También hubo un amplio número de documentales.
Traileres de la película Raising Jeffrey Dahmer
Trailer de la película Dahmer
Trailer de la cinta La vida secreta de Jeffrey Dahmer

Dahmer terminó siendo conocido no sólo por la cantidad de personas que asesinó, sino también por practicar la necrofilia y el canibalismo, y por su manía de efectuar perforaciones en el cráneo para inyectar a sus víctimas agua hirviendo o ácido en el cerebro. Su gusto por desmembrar el cuerpo de sus víctimas y conservar sobre todo los torsos (por los que sentía adoración) y las cabezas, lo catapultó al Salón de la Fama de los asesinos seriales.

Nota manuscrita de Jeffrey Dahmer

 

 

Colección de objetos sobre Dahmer

BIBLIOGRAFÍA:








































FILMOGRAFÍA:







DISCOGRA

 

Gregorio “Goyo” Cárde

“Y entonaba el pueblo:
‘Te he de ver trasplantada en el huerto de mi casa’”

Canción popular dedicada a Goyo Cárdenas
Gregorio Cárdenas Hernández nació en la Ciudad de México en 1915. Solamente quince días duró su carrera criminal, pero eso le bastó para entrar en los anales de la Historia como el asesino serial más popular de México. De niño, Goyo sostuvo una relación enfermiza con su madre, Vicenta Hernández, una mujer dominante que lo reprimió hasta su adolescencia. Pese a ello, el altísimo coeficiente intelectual de Goyo hizo que fuese un estudiante destacado. La encefalitis que de niño padeció causó, sin embargo, un daño neurológico irreversible; a raíz de su enfermedad, Goyo padeció de eneuresis y empezó a dar muestras de crueldad hacia los animales: se ensañaba torturando pollitos y conejos.

Video que muestra la casa en la calle Mar del Norte

A sus veintisiete años, Goyo estudiaba Ciencias Químicas; era un alumno tímido y esmirriado, que utilizaba gruesos lentes. Pero eso no le impidió obtener una beca de PEMEX, que le permitió continuar sus estudios. Independizado de la sombra de su progenitora, Goyo rentó una casa en la calle Mar del Norte nº 20, en Tacuba, cerca del Centro Histórico de la Ciudad de México. Allí vivía cuando la noche de 15 de agosto de 1942, a bordo de su automóvil Ford, recogió en la calle a una prostituta de dieciséis años llamada María de los Ángeles González, alias “Bertha”, a quien llevó a su domicilio. Hacia las 23:00 horas, y después de sostener relaciones sexuales con él, la joven fue a lavarse al baño de la casa de Goyo, instante que él aprovechó para estrangularla con un cordón. Una vez muerta, Goyo llevó el cadáver al patio y allí la enterró.

La pala con la que enterró a sus víctimas

Video que muestra la casa en la calle Mar del Norte

A sus veintisiete años, Goyo estudiaba Ciencias Químicas; era un alumno tímido y esmirriado, que utilizaba gruesos lentes. Pero eso no le impidió obtener una beca de PEMEX, que le permitió continuar sus estudios. Independizado de la sombra de su progenitora, Goyo rentó una casa en la calle Mar del Norte nº 20, en Tacuba, cerca del Centro Histórico de la Ciudad de México. Allí vivía cuando la noche de 15 de agosto de 1942, a bordo de su automóvil Ford, recogió en la calle a una prostituta de dieciséis años llamada María de los Ángeles González, alias “Bertha”, a quien llevó a su domicilio. Hacia las 23:00 horas, y después de sostener relaciones sexuales con él, la joven fue a lavarse al baño de la casa de Goyo, instante que él aprovechó para estrangularla con un cordón. Una vez muerta, Goyo llevó el cadáver al patio y allí la enterró.

La pala con la que enterró a sus víctimas

 
 
 

 

Ocho días después, la madrugada del 23 de agosto, Goyo salió de cacería otra vez. En esta ocasión, la prostituta elegida tenía catorce años y se llamaba Raquel Rodríguez León. A ella le sorprendió que su cliente tuviera una amplia biblioteca en su casa. De hecho, tras llevarse a cabo el acto sexual, Raquel se dedicó a mirar algunos de los libros de Goyo. En eso estaba cuando él la atacó con el mismo cordón. A las cinco de la mañana, Raquel ocupaba otro sitio en el patio de la casa de Mar del Norte.
 
 
 

 

Los lapsos se iban acortando. Goyo esperó solamente seis días antes de ir, la noche del 29 de agosto, a buscar una nueva compañía femenina. La encontró en Rosa Reyes Quiróz, otra menor de edad que no llegó a acostarse con él. Para entonces, Goyo había descuidado su entorno: su laboratorio estaba en desorden, los libros fuera de su lugar, había ropa sucia por todas partes y el polvo empezaba a acumularse en todos lados. Esto provocó cierta desconfianza en Rosa, quien se dirigió al laboratorio para curiosear sobre su cliente. Allí, mientras veía unos matraces y algunos tubos de ensayo, la atacó Goyo. Rosa presentó resistencia. La lucha fue violenta, pero Goyo triunfó. Sin embargo, la expresión de horror en el rostro de Rosa lo impresionó. Turbado, cavó de inmediato la fosa correspondiente. Se dio cuenta de que ya no quedaba mucho espacio en el patio, así que la amarró de pies y manos. A las cuatro de la mañana concluía su faena.
Mapa de los crímenes
 
 
 

 

El último crimen ocurrió cuatro días después, el 2 de septiembre. Goyo cortejaba constantemente a una chica llamada Graciela Arias Ávalos, estudiante del bachillerato de Ciencias Químicas de la UNAM, quien aceptaba su amistad. Graciela era una alumna modelo y su padre, un conocidísimo abogado penalista, Miguel Arias Córdoba. Ese día, Graciela esperó a Goyo afuera de la Escuela Nacional Preparatoria. Goyo pasó por ella en su auto, supuestamente para llevarla a su casa, ubicada en Tacubaya nº 63. Goyo así lo hizo; al llegar afuera de la casa de la chica, y aún dentro del auto, le habló de su amor por ella. Graciela lo rechazó, y entonces él intentó besarla a la fuerza. Ella le dio una bofetada y entonces Goyo, iracundo, arrancó de un tirón la manija del automóvil y comenzó a golpear a Graciela en la cabeza hasta que la mató. La sangre empapaba su larga cabellera. Goyo condujo hasta su propia casa. Bajó el cadáver, lo puso sobre el catre donde dormía, lo envolvió en una sábana y, ya en la madrugada del 3 de septiembre, lo enterró.
Los cadáveres en Mar del Norte
 
 
 

 

Para el siete de septiembre, a petición expresa de su hijo, la madre de Goyo lo internó en el Hospital Psiquiátrico del Dr. Oneto Barenque, ubicado en la calle Primavera, en Tacubaya. Adujo que él “había perdido completamente la razón”. Allí acudió, el 8 de septiembre, el subjefe del Servicio Secreto, Simón Estrada Iglesias, para interrogarlo sobre la desaparición de Graciela Arias. Como respuesta, Goyo le mostró unos pedazos de gis y le dijo que eran pastillas “para volverse invisible”. El investigador recrudeció su interrogatorio y finalmente Goyo se derrumbó: confesó que había matado a la chica y que la había enterrado en el patio de su casa.
Goyo tras su arresto
 
 
 

 

A las 3 de la tarde de ese día, la policía, acompañada de Goyo, entró a la casa de Mar del Norte; de inmediato vieron un pie podrido que sobresalía del suelo. Excavaron y hallaron los cuatro cadáveres. Goyo los iba guiando. En su carto de estudio, los investigadores hallaron un Diario, escrito de puño y letra de Goyo que decía:
“El 2 de septiembre se consumó la muerte de Gracielita. Yo tengo la culpa de ello, yo la maté, he tenido que echarme la responsabilidad que me corresponde, así como las de otras personas desconocidas para mí. Ocultaba los cadáveres de las víctimas porque en cada caso tenía la conciencia de haber cometido un delito”.

Ilustración de Rocko

 
 
 

 

Pidió entonces una máquina de escribir e hizo él mismo su declaración, la cual parecía una obra policíaca: describía en detalle los asesinatos, pero echaba mano de recursos novelescos y de la jerga periodística de nota roja.
Titular de un periódico de la época
 
 
 

 

Los medios de comunicación hicieron de él una estrella: todos los días había nuevas notas sobre él. Hubo, sin embargo, huecos en la investigación. Un detalle que se pasa siempre por alto y que consta en el expediente del caso es que, además de a Goyo, la policía detuvo a otro joven como sospechoso y cómplice, hijo de un prominente político de la época, quien terminó huyendo y de quien sólo se asentaron sus iniciales en las actas. Se ignoró además una segunda línea de investigación, que sostenía que Goyo mató a esas chicas para realizar experimentos bioquímicos, pues buscaba una fórmula para obtener la inmortalidad.
Goyo (sin sombrero) ante uno de los cuerpos desenterrados
 
 
 

 

El 13 de septiembre, se le dictó auto de formal prisión, y fue recluido en el Palacio Negro de Lecumberri, en el pabellón para enfermos mentales. Sin embargo, sus abogados consiguieron que Goyo fuera trasladado al Manicomio General de La Castañeda, supuestamente para recibir tratamiento. Allí le dieron electrochoques y le inyectaron pentotal sódico para determinar si realmente estaba loco o sólo fingía.
Video sobre Goyo Cárdenas en el Canal 22 de televisión
Inexplicablemente, de pronto Goyo obtuvo múltiples comodidades: empezó a asistir a las clases de Psiquiatría que ofrecía el director del manicomio, entraba a la biblioteca sin problemas, recibía visitas familiares e incluso se iba al cine con algunas amigas. El 25 de diciembre de 1947, cinco años después de entrar allí, Goyo se fugó con otro interno y partió rumbo a Oaxaca; veinte días después fue reaprehendido y alegó que no había escapado, sino que se había ido de vacaciones. El 5 de febrero de 1948, Goyo anotó en su Diario:
“¿No es criminal privar al hombre, que por tristes contingencias de falta de libertad se halla en una celda, de sus contactos con la esposa o la compañera? Como dice Dumas, yo no me preocupo jamás por mi prójimo y no trato de proteger a la sociedad que no se ocupa de mí más que para perjudicarme y, observando la más estricta neutralidad, son la sociedad y mi prójimo quienes me deben agradecimiento”.
El manicomio de La Castañeda

 

 

 

 

Al frente del caso quedó el célebre criminólogo Alfonso Quiroz Cuarón. Con el tiempo, Quiroz Cuarón escribiría un libro: El caso de un estrangulador, considerado una obra maestra de la criminalística. Determinó que la encefalitis causó el daño cerebral que convirtió a Goyo en multihomicida. En sus Memorias, dictadas a José Ramón Garmabella, Quiróz Cuarón recuerda cómo él y otros médicos torturaron a Goyo en Lecumberri:
“La primera entrevista profesional que tuvimos con Gregorio ocurrió en agosto de 1943. La actitud del paciente fue atenta y dócil, al paso que su lenguaje era lento y en voz baja. El doctor Gómez Robleda y yo pudimos efectuarle sinnúmero de exploraciones y en cada una de las sesiones encontramos colaboración amplia del sujeto. Su cara se movía con lentitud, dando la apariencia de que todo le era indiferente, aunque a veces, cuando se mostraba preocupado, el contraste surgía por medio de contracciones intensas de los músculos faciales, más pronunciadas del lado izquierdo. Su actitud general correspondía a movimientos lentos que sugerían tranquilidad y, además de los tics, se le notaba un temblor rápido, poco amplio, de los dedos de las manos. El 30 de septiembre de ese 1943, el abogado de Gregorio Cárdenas Hernández solicitó que su defendido se presentara en el juzgado y entonces observamos al homicida en actitud diferente: la mirada ahora era vaga y los rasgos faciales fijos, impasibles, con espasmos frecuentes en rostro y cuello. A nuestras preguntas respondía de modo incoherente y decía no reconocer a las personas. Se veía desorientado y se quejaba, además, de dolores de cabeza. Poco después, en el interior de Lecumberri, el doctor Gómez Robleda y yo lo observamos en una actitud estereotipada, cortés, con amaneramientos en los que a las cosas las llamaba por sus diminutivos. Su característica más notoria era la exhibición de una falsa modestia y sus respuestas a las preguntas pretendían ser sutiles. Respecto a los crímenes cometidos, afirmaba no experimentar remordimiento alguno porque no se sentía culpable de ellos. A pregunta expresa de Emilio Mira y López, colaborador nuestro, escribió: ‘La mayor injusticia que se ha cometido conmigo es que me tengan encerrado y alejado de mis familiares’. El abogado defensor de Gregorio, en su afán por librarlo de una larga condena carcelaria, con la cual pretendía impedir que se le sentenciara bajo la circunstancia de estar afectado de sus facultades mentales, promovió ante el juez que se dictaminara si Gregorio ameritaba atención en un establecimiento especializado. El doctor Gómez Robleda y yo, consultados por el licenciado Espeleta, observamos durante varios días en su celda de Lecumberri al llamado ‘Estrangulador de Tacuba’. Las nuevas observaciones nos permitieron verificar que el procesado dormía la mayor parte del día y se alimentaba escasamente, mientras que cuando se le obligaba a caminar lo hacía con mucha lentitud, en forma titubeante y arrastrando los pies en pequeños pasos; además, descuidaba totalmente su aseo personal. Los tics faciales y en el cuello eran casi permanentes y al mismo tiempo tenía una muy clara inestabilidad arterial, tanto máxima como mínima y el pulso era lento: de 64 por minuto. El diagnóstico que emitimos fue de síndrome confusional y, por consiguiente, sí procedía su traslado a un hospital psiquiátrico para llevar a cabo su observación y tratamiento. A esas alturas, finales de 1943, algo más de un año después de haber cometido los delitos, el sujeto era seguramente el hombre más estudiado de México (…) Fue así como el 10 de noviembre de ese año, Gregorio Cárdenas fue llevado al Manicomio General de la Castañeda, donde recibió un tratamiento de electrochoques que permitió desaparecer rápidamente el estado confusional que padecía (…) El interés mostrado hacia la psiquiatría me hizo intuir que Gregorio lo hacía no tanto para cultivarse, sino más bien con la idea de continuar confundiendo a los especialistas.
El criminólogo Alfonso Quiroz Cuarón
 
 

 

 

“La prueba más importante fue la denominada ‘El sueño profundo y la soga’. Lanzarme a la exploración que intentaba era sencillo porque dos peritos anteriores habían utilizado pentotal sódico, después de lo cual concluyeron que el procesado padecía amnesia lagunar respecto a los delitos cometidos, lo que, por cierto, no dejaba de extrañar porque el homicida había escrito libremente en el hospital psiquiátrico del doctor Oneto Barenque, donde había sido capturado por la policía, una relación pormenorizada en la cual enumeraba analíticamente los cuatro asesinatos (…)Éramos acompañados por técnicos, donde mientras unos filmaban la película, otros grababan los sonidos (…) El maestro Alfonso Millán practicó la exploración neurológica en el sueño profundo inducido por el pentotal sódico y todos los presentes pudimos percibir en Cárdenas Hernández un primer periodo de excitación (…) traducido en llanto, risas y mímica facial que denotaba un tipo neurológico personal corto-talámico en una persona que normalmente parecía inexpresiva (…) La exploración neurálgica permitió observar y filmar que los tics faciales del sujeto en el lado derecho desaparecían, al paso que en el lado izquierdo eran todavía más notorios. Ello permitió colegir que se eliminaba la simulación (…) Una vez resuelta la primera incógnita, faltaba el segundo aspecto por aclarar, esto es, la pretendida amnesia lagunar en relación con los delitos, para lo cual se estimuló a Gregorio con los objetos materiales de los homicidios, o sea, la soga que empleó para estrangular a las víctimas y la pala utilizada para cavar las tumbas en el jardín. Debo confesar que jamás asistí, antes o después, a una prueba más dramática. Se procedió primero a golpear con el canto de la pala el borde de la plancha de granito donde se había colocado a Gregorio Cárdenas mientras se le preguntaba si recordaba para qué había servido esa pala. Cárdenas Hernández, entre gritos y llanto, respondió que él la había utilizado para cavar las fosas donde sepultó a sus víctimas; sin embargo, lo más dramático ocurrió cuando se le pasó la soga por el cuello, pues el sujeto, gritando con mayor intensidad (sus gritos podían escucharse a varios metros de distancia del cuarto de exploración) y entre gesticulaciones verdaderamente impresionantes y llanto incontenible, imploraba una y otra vez: ‘Por favor, dejen de martirizarme con esa soga. ¿No ven que con ella estrangulé a las criaturas?’ La prueba permitió concluir que el hombre recordaba a la perfección los detalles de los delitos perpetrados y su pretendida amnesia acerca de ellos era buscada, querida, oportuna, defensiva y simulada”.
 
 
 

 

Las autoridades decidieron regresarlo a Lecumberri el 22 de diciembre de 1948. Una vez allí, Goyo memorizó el Código Penal, cursó la carrera de Derecho, se convirtió en litigante, realizaba historietas dibujadas por él mismo donde contaba crímenes famosos, e incluso escribió varios libros, entre ellos Celda 16, Pabellón de locos, Una mente turbulenta y Adiós a Lecumberri. Tocaba el piano que su madre le había regalado, escuchaba ópera, leía poesía, dirigió una revista y comenzó a pintar cuadros. En el penal se casó y tuvo hijos, a quienes mantenía con las ganancias de una tienda de abarrotes que puso dentro de la cárcel. Una vez declaró: “A mí me examinaron como 48 o 50 médicos… unos señalaron esquizofrenia, otros una psicopatía, otros diferentes tipos de epilepsias, otros debilidad mental a nivel profundo. Otros, paranoia. Sí, cómo no”.
Celda 16, uno de los libros escritos por Goyo
 
 
 

 

Hubo una película pornográfica que circulaba de manera clandestina y trataba sobre las supuestas orgías de Goyo. Aparecieron además varios copycats, que cometían crímenes similares y que nunca fueron atrapados.
Goyo llorando tras su declaración

 
 
 

 

En 1976, la familia de Goyo apeló al entonces Presidente de la República, Luis Echeverría Álvarez, quien, al determinar que Goyo era “una celebridad”, terminó por absolverlo. El 8 de septiembre de 1976, “El estrangulador de Tacuba” abandonó la cárcel. Poco tiempo después, mientras Mario Moya Palencia era Secretario de Gobernación, el Congreso de la Unión invitó a Goyo a asistir a la Cámara de Diputados, donde se le brindó un merecidísimo homenaje. Goyo hizo uso de la Tribuna para hablar sobre su vida. Los diputados priístas aplaudieron de pie al primer serial killer nacional, y en sus discursos lo calificaron como “un gran ejemplo” para los mexicanos y “un claro caso de rehabilitación”.
La cárcel de Lecumberri
 
 
 

 

En sus Memorias, Quiróz Cuarón recuerda sus posteriores encuentros con Goyo:
“Una vez entregado el dictamen, dejé de visitar metódicamente a Gregorio Cárdenas, si bien tuve la oportunidad de encontrarme con él durante algunas ocasiones que ahora relato. El primer encuentro sucedió cuando un juez decidió cambiar su sitio en el juzgado que presidía por la celda carcelaria al disponer de las fianzas que en efectivo depositaban los procesados. Fue por aquellos días cuando en la penitenciaría de Lecumberri se construyó un pabellón supuestamente para reclusos tuberculosos, cuando lo cierto es que la mayoría de sus huéspedes eran enfermos mentales. Cárdenas Hernández, por una de esas situaciones surrealistas que con frecuencia ocurren en México, fue nombrado encargado de esa zona del penal (…) Fue también por aquellos días (…) cuando Gregorio Cárdenas se fabricó gratuitamente la leyenda de que había estudiado derecho dentro de la penitenciaría, cuando la verdad fue que aquel juez infractor le enseñó la redacción de escritos para promociones, lo cual le permitió lograr la libertad para varios reclusos que esperaban sentencia y cuyos delitos ameritaban menor tiempo del que tenían encarcelados (…) El segundo encuentro ocurrió cuando pasado el tiempo, ya desaparecido el pabellón mencionado y la enfermería ascendida a hospital de concentración, fui invitado por el personal médico a sustentar una plática. Gregorio Cárdenas Hernández, quien se encontraba entre los pacientes del hospital, fue uno de los asistentes y, una vez concluido el acto, tuvo la gentileza de obsequiarme dos de sus libros y presentarme a uno de sus hijos que lo acompañaba ese día. La tercera vez que vi a Gregorio, ya en libertad, fue en la sala de ingreso del Reclusorio Norte. No obstante que trató de rehuirme cuando se percató de que yo caminaba hacia él, pude de todas maneras abordarlo y charlar brevemente. A pesar de que me ofrecí desinteresadamente a ayudarlo en lo que necesitara, me respondió de forma cortés que no podía serle útil en nada.
 
 

 

 

“Hubo un cuarto encuentro al que llamo afortunadamente fallido para mí y fue cuando dentro del mismo recinto nuestros nombres fueron mencionados: ello sucedió en la Cámara de Diputados durante la comparecencia que tuvo el licenciado Mario Moya Palencia, por esos días Secretario de Gobernación. A pesar de que recibí oportunamente la atenta invitación para asistir al acto, recuerdo que ese día tuve actividades en el Hospital Fray Bernardino Álvarez que se prolongaron más de lo previsto. Aun así, por medio de amigos que asistieron, pude enterarme de que hubo una honrosa mención sobre mis labores desempeñadas hasta ese momento y de que en un palco, entre el público, había estado Gregorio Cárdenas Hernández, quien al ser descubierto por algunos diputados recibió una gran ovación. He dicho que por fortuna no asistí a ese acto porque, de haberlo hecho, habría sin duda pasado muy mal rato quedando como el villano de la película cuando los diputados, puestos de pie, como si se tratara de un héroe, ovacionaron de esa manera a Cárdenas Hernández, al que yo había contribuido, mediante los exámenes realizados, a que permaneciera recluido por espacio de casi treinta años. Sin embargo, lo cierto, por una parte, es que él mismo, con una defensa errónea, provocó ese encierro tan prolongado. A Gregorio Cárdenas Hernández y a su abogado defensor se les olvidó que el Código Penal vigente en 1942 contemplaba que si a un procesado se le declaraba enfermo mental y, por lo tanto, inhabilitado para ser procesado, se le recluía de por vida en el pabellón psiquiátrico de Lecumberri. Si Gregorio, en vez de su empeño por hacerse pasar como afectado de sus facultades mentales y tratar de engañar a los especialistas, hubiera afrontado el proceso, habría con seguridad permanecido en la cárcel sólo veinte años, que era la pena máxima establecida por aquellos días”.
El Palacio Negro de Lecumberri
 
 
 

 

Después, Goyo inauguró una exposición de sus pinturas en una galería de la capital mexicana, y recibió favorables críticas, vendiendo todos sus cuadros a altísimos precios. Abrió además un despacho y se dedicó a litigar. Se hizo una radionovela sobre su vida, que tuvo altísimos niveles de audiencia. Incluso, llegó a hablarse en su momento de erigir una estatua con su efigie en la Ciudad de México.
Revista semanal publicada por Goyo
 
 
 

 

Cuando el escritor Víctor Hugo Rascón Banda montó la obra teatral El estrangulador de Tacuba, protagonizada por Sergio Bustamante, Goyo asistió a los ensayos y desde las butacas ayudó al director a corregir algunos detalles. Sin embargo, terminó distanciándose, molesto por el tratamiento dado al caso, y demandó al director de la SOGEM por plagio, alegando que los derechos sobre la historia de sus crímenes le pertenecían a él. Goyo registró ante Derechos de Autor la narración de su caso. Sin embargo, tras un peritaje de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, perdió la demanda. Años después, su vida se llevó al celuloide en el documental Goyo, un macabro tributo exhibido en la Muestra Internacional de Cine. Además, el caso de Goyo se estudia desde hace décadas en Criminología y en la carrera de Derecho, en la UNAM.
Texto publicado por Goyo Cárdenas, con un retrato suyo
 
 
 

 

Goyo Cárdenas murió el 2 de agosto de 1999 en Los Ángeles, California, y se convirtió de esa manera en el asesino serial más surrealista de la Historia. El pueblo le hizo canciones, hubo estampitas con su imagen, y fue idolatrado por la gente, que aún recuerda su nombre y obras. Ha sido además el único homicida que fue becado por una compañía petrolera, aguantó 34 años en prisión, estudió Química, Psiquiatría y Derecho, fue absuelto por el presidente de su país, hizo carrera de abogado al salir de la cárcel, protagonizó docenas de libros escritos por especialistas, se dedicó a la literatura y la pintura triunfando, colaboró en una obra teatral sobre sus crímenes, tuvo su propia radionovela y su película de culto en la Muestra de Cine, registró su caso para cobrar derechos, y además recibió un homenaje en la Cámara de su país, siendo señalado además como ejemplo para sus conciudadanos tras asesinar a cuatro jovencitas. Citando aquella canción de Alberto Cortez: “¡Qué maravilla, Goyo, qué maravilla!”. En ningún país del mundo ocurriría algo similar. Sólo Goyo, nuestro mexicanísimo Goyo, podía conseguirlo.
BIBLIOGRAFÍA:




FILMOGRAFÍA:

LOS INFANTICIDAS DE ESPAÑA

 

 

Como una forma de controlar a los hijos, los padres se han valido siempre de seres ficticios que encarnan a crueles castigadores si los infantes se portan mal. Personajes como el Coco, Don Marrubio, los Robachicos, los Tommyknockers, las Gitanas o Zíngaras, el Boogeyman, el Tío Saín y el Hombre del Saco que, en algunos casos, fueron personas reales que pasaron a convertirse en arquetipos del mal gracias a sus siniestros crímenes.
 
 
 
 
 

 

Europa se vio siempre atemorizada por los “Hombres Lobo”, licántropos que devoraban carne humana cuando se transformaban en monstruos por el influjo de la luna llena. En España, la figura de “El Sacamantecas”, un despiadado asesino que extrae la grasa de sus víctimas para luego venderla, se hizo muy popular en el siglo XIX. La llegada del ferrocarril a la península ibérica, aunada a unas extrañas desapariciones de niños, llevaron incluso a hacer pensar a la asustadiza y supersticiosa población que la grasa utilizada para el mantenimiento de aquellos monstruos de metal era la de los chicos desaparecidos. Otra era la de “El Hombre del Saco”, que raptaba a los niños que se portaban mal y los transportaba en un costal, llevándolos hacia un castigo ignoto, del que nadie se atrevía a hablar, y que por omisión causaba aún más terror entre los niños. Y, finalmente, “Las Vampiras”, mujeres que se dedicaban a raptar a niños para extraer su sangre, su grasa y el tuétano de sus huesos, además de usar sus cabellos para rellenar almohadas y hacer pelucas.
 
 
 
 
 

 

Sin embargo, cuatro casos conmovieron a la opinión pública cuando la ficción dio paso a una aterradora realidad. Cuatro crímenes mostraron que a veces las leyendas trascienden los límites de la imaginación y se enclavan en lo verdadero; todos ocurrieron en España, entre el siglo XIX y principios del siglo XX.
Manuel Blanco Romasanta: “El Hombre Lobo de Allariz”
Nació el 18 de noviembre de 1809, en la aldea ourensana de Regueiro. En un principio, su acta de nacimiento decía “Manuela”, ya que se pensó que era una niña.
 
 
 

 

Era sastre, pero su vida cambió radicalmente cuando quedó viudo. A partir de entonces se dedicó a la venta ambulante. Los primeros años se movió por la zona y más tarde abarcó todo el Reino de Galicia. Todos los lugareños le señalaban como vendedor de unto o grasa humana. Por su fama asesina, llegó a ser acusado del asesinato de un alguacil. Juzgado y condenado, se escapó a un refugio en un pequeño pueblo abandonado llamado Ermida.
 
 
 
 
 

 

En vista de que estaba prófugo, comenzó una serie de asesinatos utilizando todo tipo de estrategias. Fue capturado en Nombela (Toledo) y juzgado en Allariz. Su proceso judicial todavia se conserva en el archivo historico del Reino de Galicia: “Causa 1788, del Hombre Lobo”. Reconoció que había matado a nueve personas a sangre fría. Según dicen los expedientes judiciales de la época, “usaba sus manos y sus dientes para asesinar a sus víctimas, comiéndose los restos”.
 
 
 
 
 

 

A causa del tipo de heridas sufridas por las víctimas, se consideró que padecía licantropía, es decir, era un hombre que se transformaba en lobo, ya que las heridas eran como dentadas de los colmillos de uno de estos cánidos.
 
 
 
 
 

 

Él mismo aseguró que había sido víctima de una maldición cuando era adolescente, y que tuvo alucinaciones en las que se veía rodeado de lobos después de sus asesinatos. Segun sus propias palabras:
“Por culpa de la maldición de uno de mis parientes, tal vez mis padres, me convertía en lobo, desnudándome primero y revolcándome después por el suelo hasta tomar dicha forma… pero la maldición terminará el día de San Pedro, cuando se hayan cumplido trece años desde mi primera metamorfosis…”
Fue condenado a muerte, aunque la reina rebajó su pena a cadena perpetua para poder investigarle a fondo y descubrir la veracidad de sus palabras. Ingresó en prisión en 1854. Sin embargo, cuando los investigadores llegaron a la celda de Romasanta, la encontraron vacía. Después nada se supo de él, pero dio origen a una leyenda negra.
 
 
 

 

Juan Díaz de Garayo: “El Sacamantecas”
El segundo caso fue el de Juan Díaz de Garayo y Argandoña, quien terminó siendo conocido como “El Sacamantecas”. Era un campesino, un labrador que se convirtió en el asesino en serie más importante de España en el siglo XIX.
 
 
 
 

 

Díaz de Garayo vivió en la provincia de Álava durante la segunda mitad del siglo XIX y cometió seis crímenes entre 1870 y 1879, todos ellos contra mujeres. Descrito como un ser amorfo y desproporcionado, con un enorme cráneo y una nariz aguileña, Garayo se convirtió en la pesadilla de toda una región tras sus primeros asesinatos. Nadie dormía tranquilo pensando en los ataques de un personaje que, según cuentan las crónicas, aparecía y desaparecía entre las sombras con una pasmosa facilidad.
 
 
 
 
 

 

La primera víctima, prostituta de profesión, murió asfixiada entre las garras del asesino; fue violada post mortem y destripada. La segunda, habiendo pasado más de un año, sufrió de espantosas torturas antes de ser asesinada. La tercera desafortunada fue una niña de trece años, a la que Garayo condujo hasta un bosque para darle muerte y posteriormente violar su cadáver, tras lo cual le extrajo la grasa del cuerpo. La cuarta fue otra prostituta a la que clavó un punzón repetidas veces en el pecho para, posteriormente, hacerla correr la misma suerte que a sus otras victimas.
 
 
 
 
 

 

El quinto y el sexto asesinato llegarían casi juntos, siendo los más brutales. Basados en la escena del crimen, los policías aseguraban que el mismo asesino huyó asqueado por lo que había hecho: Garayo extrajo otra vez la grasa de dos niñas para utilizarlo como combustible y como ingrediente de cocina. De inmediato, la gente aseguró que se trataba del criminal utilizado para asustar a los niños; fue así como se le empezó a conocer como “El Sacamantecas”. Por cierto, en los expedientes del caso se conservan numerosos testimonios de mujeres y niñas asaltadas que pudieron zafarse en el último instante.
El Garrote Vil donde Garayo fue ajusticiado
 
 
 
 
 

 

Un hecho insólito fue el que permitió dar fin a semejante carnicería. Garayo se derrumbó ante una niña que, sin haberle visto jamás y horrorizada ante su aspecto, exclamó que bien podría ser “El Sacamantecas”. Cuando confesó sus crímenes, se mostró horrorizado ante todos ellos y alegó haber actuado a instancias del mismo Diablo, quien, aseguraba, se le había aparecido en su cuarto poco antes del primer crimen. Juan Díaz de Garayo fue declarado responsable de sus actos y ajusticiado en el garrote vil; pero su siniestra sombra se alarga hasta la fecha, cuando aún las madres españolas siguen haciendo uso de “El Sacamantecas” para asustar a sus hijos.
 
 
 
 
 

 

Francisco Leona: “El Hombre del Saco”
El tercer caso dio lugar a uno de los mayores mitos de España. Ocurrió en Gádor, Almería, a principios del siglo XX. El infanticidio estaba íntimamente relacionado con las prácticas del curanderismo, mismo que propiciaba el vampirismo y la utilización de sangre joven como método seguro para recuperar la salud y el vigor, perdidos por la enfermedad o la vejez. Esta vez, el asesino fue Francisco Leona, a quien se conoció como “El Hombre del Saco”.
 
 
 
 

 

En esos tiempos, Francisco Ortega “El Moruno”, un agricultor de 55 años, estaba afectado por la tuberculosis; era un hombre inculto, primitivo e hipocondríaco. Cuando se sintió enfermo acudió a la curandera Agustina Rodríguez, de 56 años.
Francisco Ortega, el enfermo de tuberculosis
 
 
 
 
 

 

Ante la incapacidad de Agustina para mejorar su salud, ésta le puso en contacto con Francisco Leona, y a él se le ocurrió asesinar a un niño, porque estimó que cuanto más difícil, complejo y monstruoso fuese el remedio, más dinero estaría dispuesto a pagar el enfermo. Así que se reunieron Francisco Leona, el tuberculoso Francisco Ortega y la curandera Agustina. Tras asegurarle a Ortega que su enfermedad era mortal, le comunicó que él tenía el remedio:
“Es necesario que te bebas la sangre de un niño robusto y sano; pero la sangre tiene que estar caliente, según vaya brotando… y luego tendrás que ponerte sus mantecas en el pecho como una cataplasma.”
 
 
 
 

 

El 28 de junio de 1910, los padres de Bernardo González Parra, un niño de siete años, notaron su ausencia e inmediatamente comenzaron a buscarlo; recorrieron los alrededores preguntando a los labradores que regresaban del campo, pero no encontraron nada. Siguieron la búsqueda hasta bien entrada la madrugada, cuando los padres, ante el resultado negativo de la búsqueda, decidieron dar conocimiento del hecho a la Guardia Civil.
 
 
 
 
 

 

Al chico lo raptó Julio Hernández “El Tonto”, quien era hijo de la curandera. Metió al niño en un saco para transportarlo, asustándolo mientras le decía que él era “El Hombre del Saco” legendario, que se había portado mal y él iba a castigarlo llevándoselo. El chico se aterrorizó ante la llegada del monstruo con el cual lo asustaban sus padres y no opuso resistencia.
 
 
 
 
 

 

Una vez raptado el niño, se lo llevaron a Agustina. Un hijo de la curandera, José, fue a avisar al enfermo. Elena Amate, la mujer de José, preparaba la cena tranquilamente.
La curandera Agustina Rodríguez
 
 
 
 
 

 

Estando ya todo el mundo en la casa, Julio “El Tonto”, el secuestrador, sacó al niño del saco. Agustina le sostenía los brazos, levantándole el derecho para que Leona pudiera realizarle un corte en la axila que serviría para desangrarse. La sangre comenzó a caer abundantemente en un vaso que la curandera sostenía; luego le añadió dos cucharadas de azúcar y se la dio de beber al enfermo Francisco Ortega, quien se la bebía repitiendo entre trago y trago: “mi vida es antes que Dios”.
 
 
 
 
 

 

Tras esto, Francisco Leona vendó el brazo del niño para detener la hemorragia y acompañado por Julio Hernández “El Tonto”, otra vez introdujeron en el saco al pequeño, quien aún estaba vivo, y lo llevaron a Las Pocicas, un solitario lugar donde le machacaron la cabeza con una piedra. El niño tardó mucho en morir. Una vez muerto, le abrieron el vientre extrayéndole la grasa y el epiplón, envolviéndolo en un pañuelo. Luego metieron el cuerpo en una grieta en la tierra y lo taparon con hierbajos y piedras.
El sitio del crimen

 
 
 
 
 

 

El cadáver de Bernardo fue hallado en un barranco, a unos cinco kilómetros de Gádor, en el paraje de Las Pocicas. Estaba boca abajo, ensangrentado, aún cubierto con piedras y matorrales arrancados de los alrededores. Cerca estaba el saco donde habían trasladado al niño. La autopsia reveló lo siguiente:
“En el vientre existía una herida de bordes limpios debida a arma cortante, que empezando más arriba de la boca del estómago, terminaba en el pubis. Los intestinos aparecían al exterior y estaban cortados por el duodeno, como a tres centímetros de su salida del estómago, y por el recto. Todo el colón ascendente, transversal y descendente, apareció en absoluto desprovisto de epiplón y grasa. Falta todo el peritoneo, del cual no aparecen ni vestigios. El hígado está íntegro, así como el diafragma y todas las vísceras de la cavidad pectoral, razón por la que se deduce que el niño murió a consecuencia de las lesiones causadas en la cabeza, y que después de su muerte le fue abierto el vientre”.
Los titulares sobre el caso de “El Hombre del Saco”
 
 
 
 

 

La muerte fue producida por los golpes en la cabeza pero, ¿para qué se le había extraído la sangre y la grasa del vientre? La gente se horrorizó: la sombra de “El Sacamantecas” aparecía de nuevo y, para colmo, esta vez acompañado de “El Hombre del Saco”. Era una historia deliciosa, así que los medios se hicieron eco de ella.
El hallazgo del cadáver

 
 
 
 
 

 

La Guardia Civil detuvo a Francisco Leona y a Julio Hernández “El Tonto” como sospechosos por el crimen. Fueron conducidos a la cárcel de Almería y sometidos a interrogatorios tras los cuales, Francisco Leona confesó ser culpable y Julio Hernández “El Tonto” aceptó ser el cómplice del asesinato de Bernardo. La reconstrucción del crimen no resultó fácil, pero al final de varias sesiones se pudo saber toda la verdad. Tras la reconstrucción del asesinato, se descubrió que al niño le extrajeron la sangre para que Ortega la bebiera aún caliente, y la grasa le sirvió de emplasto con el fin de combatir sus males.
La mano de Francisco Leona, “El Hombre del Saco”
 
 
 
 
 

 

Francisco Leona fue condenado a la pena máxima por garrote vil, pero murió en la cárcel antes de que ésta fuera ejecutada. Francisco Ortega (el enfermo), Agustina Rodríguez (la curandera) y su hijo Julio Hernández “El Tonto”, fueron condenados también al garrote vil. José, el otro hijo de Agustina, fue condenado a diecisiete años de cárcel y su mujer Elena Amate fue absuelta.
Elena Amate
 
 
 
 
 

 

Gracias a los informes psiquiátricos, Julio Hernández “El Tonto”, quien puso a la Guardia Civil tras la pista de Leona por su resentimiento debido a que no le pagaron las cincuenta pesetas que le prometieron por participar en el asesinato, fue indultado.
Periódico de la época hablando sobre “El crimen de Gador”
 
 
 
 
 

 

Enriqueta Martí: “La Vampira de Barcelona”
El cuarto y último caso es, quizás, el más aterrador. Fue obra de una mujer: su nombre era Enriqueta Martí y sembró de horror la Barcelona de 1912. Secuestraba, prostituía y asesinaba a niños para extraerles la sangre, la grasa y el tuétano de los huesos, y elaborar pócimas que sus clientes consideraban mágicas.
 
 
 
 

 

Tras el nombre de Enriqueta Martí se esconde una de las personalidades criminales más feroces de la historia negra de España. Secuestradora, prostituta, alcahueta, falsificadora, corruptora de menores, pederasta, supuesta bruja y asesina, son algunas de las actividades que ejerció durante su vida esa mujer, a la que la opinión pública y los medios de comunicación bautizaron como “La Vampira de Barcelona”.
Video sobre Enriqueta Martí, “La Vampira de Barcelona” (en español)
El 10 de febrero de 1912, desapareció en Barcelona una niña de cinco años llamada Teresita Guitart. Ya era casi de noche cuando Ana, la madre de Teresita, se había detenido en la puerta de su domicilio a charlar con una vecina y le soltó la mano a su hija pensando que subiría sola hasta el piso. Pero no fue así. Cuando el marido vio llegar a su esposa sin Teresita, preguntó extrañado: “¿Y la nena?”. La buena mujer lanzó un grito y bajó corriendo a la calle, pero ya era demasiado tarde, no había rastro de la niña. Lo que había ocurrido era que Teresita, en lugar de subir a su casa, se alejó un poco y de repente sintió que una mano cogía la suya y que una mujer extraña le decía con acento mimoso: “Ven, bonita, ven, que tengo dulces para ti”. La pequeña se dejó llevar un trecho, pero al ver que se alejaba demasiado de donde estaba su madre, se soltó y trató de regresar. Pero la desconocida desplegó un trapo negro con el que cubrió por completo a la niña, la agarró en brazos para ahogar sus gritos y se perdió con su presa.
Los titulares sobre el secuestro
 
 
 

 

La prensa tomó el caso y le dio amplia cobertura. El gobernador civil trataba de convencer a todos de que era “completamente falso el rumor que se está extendiendo por Barcelona acerca de la desaparición, durante los últimos meses, de niños y niñas de corta edad que, según las habladurías populacheras, habrían sido secuestrados”. Pero el rumor era cierto. Todos los esfuerzos policiales resultaron nulos, pero una vecina descubrió el paradero de la niña desaparecida. Su nombre era Claudina Elías, y un buen día se fijó en la cara de una niña que la miraba a través de los sucios cristales de una ventana. Le pareció que su expresión era implorante. Allí vivía una mujer con un niño y una niña, pero el rostro de aquella criatura de cabeza rapada no le resultaba familiar. Se lo comentó a un colchonero y éste se lo hizo saber al policía municipal José Asens, quien se lo comunicó a su jefe, el brigada Ribot. Así que a primera hora de la mañana del 27 de febrero de 1912, Ribot se presentó en el entresuelo 1ª del número 29 de la calle de Ponent. Con la falsa excusa de que iba a inspeccionar una denuncia sobre la pertenencia de “gallinas” en aquel domicilio, Ribot entró y se topó con dos niñas de corta edad.
La prensa se hizo eco del caso
 
 
 
 
 

 

La secuestradora fue identificada como Enriqueta Martí Ripollés, de 43 años y con antecedentes por corrupción de menores. Ella misma se prostituía antes de cumplir 20 años, desde el día en que se dio cuenta de que siendo criada no llegaría a ninguna parte. Un día se casó con un pintor fracasado, Juan Pujaló, un tipo que se alimentaba de alpiste como los pájaros, porque lo había aprendido en un manual de naturismo. Diez años duró la relación, aunque hasta seis veces se separaron en este periodo. La última y definitiva había sido cinco años antes. Había sido detenida en 1909, cuando descubrieron que tenía un prostíbulo integrado por menores de ambos sexos, cuyas edades iban desde los 5 hasta los 16 años. Librada de ese asunto por la intercesión de alguien muy poderoso, Enriqueta Martí, a pesar de que no tenía problemas económicos, solía mendigar y acudía todas las mañanas a centros de acogida, conventos, parroquias y asilos, pidiendo limosna y comida. A media tarde salía de su casa elegantemente vestida con sedas y terciopelos, y tocada la cabeza con pelucas y sombreros.
 
 
 
 
 

 

La declaración de una de las niñas, Angelita, fue sobrecogedora. Ella conoció a Pepito, un niño rubio de su misma edad con el que solía jugar hasta que un día presenció un hecho sobrecogedor:
“Mamá no se dio cuenta de que yo la vi cómo cogía a Pepito, lo ponía sobre la mesa del comedor y lo mataba con un cuchillo. Yo me fui a mi cama y me hice la dormida”.
Pepito, una de las víctimas de Enriqueta Martí
 
 
 
 

 

Tanto impresionaron al pueblo de Barcelona las declaraciones de las dos pequeñas que se abrieron suscripciones populares para abrirles una libreta de la Caja de Ahorros y hasta fueron presentadas en público. En el Teatro Tívoli, por ejemplo, se celebró una función en su honor y en los carteles se decía: “Teresita y Angelita asistirán a la representación desde un palco”.
Niña asesinada por Enriqueta Martí
 
 
 
 
 

 

Cuando el juez ordenó el registro de la casa de Enriqueta Martí, inició la pesadilla. Los del juzgado se quedaron atónitos cuando entre aquellas habitaciones sórdidas y malolientes descubrieron un suntuoso salón amueblado con gusto exquisito. El mobiliario, las lámparas, el cortinaje, las butacas y los sofás costaban una fortuna. En un armario colgaban dos trajecitos de niño y otros dos de niña; había medias de seda y zapatitos a juego con los trajes. También fueron encontrados las pelucas rizadas y los finos trajes de confección que Enriqueta vestía en sus misteriosas salidas.
Otra de las víctimas
 
 
 
 
 

 

Un paquete de cartas llamó la atención de los funcionarios. La mayoría estaban escritas en lenguaje cifrado, y abundaban en ellas las contraseñas y las firmas con iniciales. Apareció también una lista, una relación de nombres, que daría mucho de que hablar a la opinión pública. En la cocina encontraron un saco del que habían hablado las dos niñas: contenía un trajecito de niño y un cuchillo ensangrentados.
 
 
 
 
 

 

En otra habitación descubrieron un saco de lona, aparentemente lleno de ropa sucia y vieja, pero en cuyo fondo había huesos de niños. Se contaron costillas, clavículas, rótulas, que los expertos identificaron como pertenecientes a treinta niños diferentes. Todos tenían señales de haber sido expuestos al fuego, lo que, según los médicos, hacía suponer que los niños habían sido sacrificados para extraer grasa de sus cuerpos.
 
 
 
 
 

 

Tras un armario descubrieron la cabellera rubia de una niña de unos tres años, aún con el cuero cabelludo, trozos de carne y sangre seca. La macabra expedición concluyó en una habitación cuya cerradura tuvieron que forzar y en la que aparecieron medio centenar de frascos, rellenos unos de sangre coagulada, otros de grasa humana, y el resto con sustancias que fueron enviadas a un laboratorio para su análisis. Junto a las pócimas había un libro antiquísimo con tapas de pergamino, que contenía fórmulas extrañas y misteriosas. Y también un cuaderno grande lleno de recetas de curandero para toda clase de enfermedades, escritas a mano, en catalán y con letra refinada.
 
 
 
 
 

 

Ante las abrumadoras pruebas, Enriqueta reconoció que era curandera y que vendía filtros y ungüentos. “Confecciono remedios utilizando determinadas partes del cuerpo humano”. Y, de forma repentina, vociferó: “¡Que registren el piso! ¡Que piquen bien las paredes y encontrarán algo! Como sé que me subirán al patíbulo, quiero que conmigo suban los demás culpables”.
Retrato de Enriqueta Martí con la cabellera de una niña muerta en su mano
 
 
 
 
 

 

A nadie escapaba que tras los crímenes de Enriqueta Martí tenía que haber personas con suficientes recursos económicos para satisfacer sus perversiones. En la famosa lista de nombres hallada en la calle de Poniente, una lista de la que todo el mundo hablaba pero nadie conocía, había una relación de nombres y domicilios en la que, se rumoreaba, figuraban médicos, abogados, comerciantes, algún escritor, políticos y otras personalidades.
 
 
 
 
 

 

Fueron registrados también los otros domicilios que Enriqueta Martí poseía. El resultado fue aterrador: en un piso de la calle de Picalqués se halló un falso tabique que ocultaba un hueco en el que aparecieron más huesos, entre ellos varias manos de niño. Una crónica de la época afirma que “con los huesos fue encontrado un calcetín de niño que debió de pertenecer a un hijo de familia muy humilde, porque está zurcido y añadido desde su mitad con hilo de otro color”. En una casa de la calle de Tallers hallaron huesos y dos cabelleras rubias de niñas de corta edad.
 
 
 
 
 

 

En una torre de Sant Feliu de Llobregat aparecieron libros de recetas y nuevos frascos con sustancias desconocidas. Y finalmente, en el patio de una casa de la calle de los Jocs Florals de Sants, descubrieron el cráneo de un niño de unos tres años, que todavía presentaba adheridos a la piel algunos cabellos y una serie de huesos que los forenses reconocieron como pertenecientes a tres niños de tres, seis y ocho años.
La colección de niños muertos de “La Vampira de Barcelona”
 
 
 
 
 

 

Docenas fueron las criaturas identificadas como víctimas de Enriqueta Martí que se incluyeron en el sumario. Los periódicos escribieron frases como: “Esos huesos hablan de crímenes bárbaros, y esos emplastos y esas curas, de supercherías medioevales”. Y Millán Astray, jefe superior de policía, definió a la Martí como “una neurótica que se creía curandera, un caso de bruja antigua que hubiera sido quemada viva en la hoguera”.
 
 
 
 
 

 

Durante los meses siguientes, las noticias sobre el caso aparecieron diariamente en los periódicos. Enriqueta Martí había sido encarcelada y la vigilancia sobre ella era constante, ya que había intentado suicidarse contándose las venas en su celda.
 
 
 
 
 

 

Meses después se supo que Enriqueta Martí había fallecido en el patio de la cárcel linchada por sus compañeras presas. Se especuló que antes de ser golpeada ya estaba muerta, envenenada por encargo de alguien interesado en su desaparición. Nada se pudo probar. Lo único cierto es que nunca llegó a celebrarse el juicio, que los nombres de las personas que figuraban en sus lista nunca fueron publicados y que Enriqueta Martí se convirtió en un mito.
 
 
 
 
 

 

Todos estos casos reforzaron la leyenda de los monstruosos seres: “El Sacamantecas” y “El Hombre del Saco”, y alimentaron la imaginación febril de cientos de niños asustadizos.

BIBLIOGRAFÍA:


FILMOG

José Luis Calva Zepeda: “El Caníbal de la Guerrero”

“Algún día, todos tendrán que seguir al caminante”
Poema de José Luis Calva Zepeda
José Luis Calva Zepeda nació en la Ciudad de México el 20 de junio de 1969, hijo de Esteban Calva Téllez y Elia Zepeda Camarena. A los dos años, su padre murió en circunstancias trágicas. Desde entonces, José Luis fue maltratado psicológicamente por su madre.
En 1976, un episodio de abuso sexual lo marcó. Al poco tiempo escapó de su casa y vivió mucho tiempo en la calle, entre los niños que utilizaban drogas y se prostituían por unas cuántas monedas. Calva Zepeda aprendió muy pronto a odiar y despreciar a las mujeres. Con el advenimiento de la adolescencia y el descubrimiento de su bisexualidad, la mezcla entre atracción y desprecio hizo crisis en su psique.
José Luis Calva Zepeda de niño
 
 
 
 
 

 

Calva Zepeda consiguió estudiar hasta la educación media superior. Cuando finalmente se casó, procreó a dos hijas. Su matrimonio duró siete años, al término de los cuáles el divorcio se hizo necesario. Solo de nuevo, Calva Zepeda se refugió en la escritura: realizaba poemas y cuentos que reflejaban sus estados anímicos y en los que comunicaba su retorcida visión del mundo.
 
 
 
 
 
 
 

 

En 1993, fue arrestado por portar un arma blanca; duró preso poco tiempo. Al conocer a Juan Carlos Monroy Pérez, inició una relación amorosa que pervivió bastante tiempo. La pasión homosexual no apagó su atracción por las mujeres: vivía ambos mundos con desenfado y placer. Empezó entonces a dedicarse a la actuación.
Calva Zepeda en una obra de teatro (imagen tomada del blog Nota Roja: Trauma y Tragedia, de Arturo Sánchez)
 
 
 
 
 
 
 

 

También publicó por su cuenta algunos de sus libros; de esta etapa surgieron los títulos Instintos caníbales; Prostituyendo mi alma; Réquiem por un alma perdida; Krish, el aprendiz de mago; Antigua; Caminando ando y La noche anterior. Escribía además historias de terror para cine y teatro. Sus poemas los firmaba con el pseudónimo de “El caminante”: “Algún día todos tendrán que seguir al caminante”, dice un fragmento de una de sus obras.
La portada de su libro Instintos caníbales
 
 
 
 
 
 
 

 

Escribió diez novelas, ocho obras de teatro y más de ochocientos poemas. Al inicio de uno de sus volúmenes una línea indicaba: “Dedico estas palabras a la creación más grande del universo (que soy yo)”.
La hoja con uno de sus poemas
 
 
 
 
 
 
 

 

Otro de sus textos dice:
“Soy José Zepeda, nací en el 69, tengo pulmones enfermizos, corazón grande, huesos frágiles, nariz profunda hacia fuera al igual que mis recuerdos, boca amplia que alberga diez mil palabras y un clamor, manos marcadas en la fragua de la desesperación y el dolor, endurecido de los pies, imberbe de la piel y ágil de dedos; fumador del tabaco fuerte, bebedor del mezcal sin gusano, gastrónomo de afición, no de degustación sino de elaboración, privativo del frijol, el picante, los tamales y la tortilla de maíz, adicto al café más por necesidad que por gusto al mismo. Estoy viendo en el ojo de una tormenta, me ahogan las niñas de mis ojos mientras lloran. Me arrebata la ira; me dominan mis celos, me desangro, me desgarro, me acorralo. La diferencia entre la vida y la muerte es blanca, se evapora en un instante y pesa solo un gramo. Ahí estaba yo sentado frente a mi única opción. Ahora dime, mi querido lector, ¿tú, estás en la bienaventuranza o en la tribulación? Y… si estás seguro del lugar en donde te encuentras… ¿Estás con el diablo o estás con Dios?”
Calva Zepeda vendía sus poemas en hojas sueltas o en cuadernillos, que ofrecía en las calles y en los cafés de los Colonias Roma y Condesa, en la Ciudad de México, así como en el Tianguis del Chopo.
Otro de sus textos sueltos
 
 
 
 
 

 

En 2004, conoció a Verónica Consuelo Martínez Casarrubia, una chica con la cual sostuvo una relación amorosa.
José Luis Calva Zepeda con su novia, Verónica Consuelo Martínez Casarrubia

 
 
 
 
 
 
 

 

Pero las cosas no fueron bien. La madre de Verónica Consuelo se oponía a la relación, le decía a su hija que ese hombre “no le convenía”. Pero ella nunca prestó oídos a los consejos maternos.
Verónica Consuelo Martínez Casarrubia
 
 
 
 
 
 
 

 

Sin embargo, los problemas destruyeron a la pareja y, ese mismo año, Calva Zepeda inició su carrera criminal: asesinó a Verónica Consuelo y después la descuartizó. Abandonó el cadáver desmembrado en Chimalhuacán, en el Estado de México. Allí lo encontró la policía el 30 de abril del mismo año. Su madre, Judith Casarrubia, interpuso una denuncia y Calva Zepeda fue desde entonces un prófugo de la justicia.
El cadáver de Verónica Consuelo



 
 
 
 
 
 
 

 

Cuando se mudó al departamento 17 de la calle Mosqueta nº 198, en la Colonia Guerrero, convirtió su casa en un escenario peliculesco: conservaba extraños cuchillos, libros de brujería, veladoras y textos de terror, muchos de ellos escritos de su puño y letra. Calva Zepeda practicaba brujería, consumía cocaína y se había vuelto un alcohólico y fumador empedernido. En su ropero guardaba un traje de mallón con un sujetador que, a la altura del pecho, simulaba dos pechos en aluminio; también poseía antifaces multicolores, adecuados para las fiestas de Carnaval. Varios de sus poemas hablaban sobre su obsesión con convertirse en madre y en un cuarto conservaba una cuna con la ropita para bebé que su madre le obsequió, en 1997, para una de sus nietas.
La cuna en uno de los cuartos de su departamento
 
 
 
 
 
 
 

 

Según algunas versiones no oficiales, en 2007 Calva Martínez mató y descuartizó a una prostituta conocida como “La Jarocha” o “La Costeña”. Esta vez, dejó el cadáver en Tlatelolco; el cuerpo fue encontrado el 9 de abril. Sin embargo, ese crimen atribuido a Calva Zepeda aún no está comprobado.
El cadáver de “La Jarocha”

 
 
 
 
 
 
 

 

Sus vecinos aseguraban que era tranquilo, callado, elegante y hasta “galán”. De su departamento siempre salía con diferentes mujeres. El conserje de su edificio llegó a afirmar: “nunca se comportó de forma extraña; es más, sabíamos que le gustaba cantar en un karaoke”.
Video con un recorrido por la casa de Calva Zepeda
Los colonos informaron que Calva Zepeda llevaba a su departamento mujeres de diversas edades que contactaba en el cybercafé donde trabajaba, sobre la Avenida Guerrero.
El departamento del asesino
 
 
 
 
 

 

Su relación con Alejandra Galeana Garavito duró varias semanas. La chica de treinta años, madre soltera, estaba enamorada del hombre que le escribía poemas y le juraba amor, sin sospechar que se trata de un psicópata. Se trataba de una joven seria, que no socializaba mucho. Alejandra trabajaba en la Farmacia de Genéricos ubicada en la esquina de Guerrero con Orozco y Berra. Al salir, caminaba cuatro cuadras sobre el Eje 1 Poniente y Calva Zepeda la acompañaba. Pegada en la computadora, Alejandra Galeana tenía la fotografía de él. Guardaba en su recámara las cartas y los poemas que su novio le escribió para enamorarla. Uno de esos escritos afirma:

“Es la ausencia de tu cuerpo que me falta junto a mí.
El deseo de atraparte entre mi almohada y sus sueños.
Es tu mirada que se clava en mí como lanza de cazador”.
Dedicatoria manuscrita de Calva Zepeda en un ejemplar de su poemario; incluye su teléfono y correo electrónico (cortesía de Arturo Sánchez)
 
 
 
 
 
 
 

 

En su poema “Semilla germinal”, dice:

“Gracias por dejarte ser parte de este universo,
el tuyo, el mío, el de nosotros dos.
Tuyo, desde el origen hasta la evolución”.
Un tercero afirma:

“Me cediste todas tus partes.
Tu aliento, tus uñas y tus ansias.
Me vestiste de ti y fui tu ave.
Canté tu canto que nunca calla”.
Dos portadas y contraportadas distintas del libro Caminando ando (imágenes tomadas del blog Nota Roja: Trauma y Tragedia, cortesía de Arturo Sánchez)

 
 
 
 
 
 
 

 

El 5 de octubre, Alejandra Galeana se fue de su casa para no regresar; dejó de responder las llamadas que le hacía su madre, quien tampoco estaba de acuerdo con su relación con Calva Zepeda.
La madre de Alejandra Galeana
 
 
 
 
 
 
 

 

Esa misma noche, Calva Zepeda asesinó a su novia. Pero esta vez fue más allá. Tras el homicidio, Calva Zepeda procedió a descuartizarla como a Verónica Consuelo, utilizando para ello la tina del baño. Pero, no conforme con ello, decidió guardar el cadáver en su departamento. Destazó la pierna y el brazo derecho, le quitó la piel y la carne, y después las guardó en el refrigerador. Puso algunos huesos en una caja de cereal. El tronco del cadáver de su novia lo guardó en el ropero.
El cadáver de Alejandra Galeana
 
 
 
 
 
 
 

 

El lunes 8 de octubre, Calva Zepeda se puso a cocinar: los ingredientes principales eran la mano y trozos de la carne del brazo de Alejandra. Hirvió los restos en agua un buen rato; preparó un caldo muy espeso y una vez que la carne estaba cocida, les añadió limón como condimento. Se sirvió los trozos de carne en la mesa de su desayunador, con más limón cortado en un platito.
Pero no contaba con que sus vecinos habían percibido el hedor del cuerpo descompuesto que procedía de su departamento. Llamaron a la policía, que acudió a averiguar qué ocurría.
Cuando los oficiales tocaron a su puerta, Calva Zepeda supo que estaba perdido. Los dejó entrar, pero luego trató de huir saltando desde el balcón de su departamento; pese a la caída aún pudo echar a correr, pero un taxi lo atropelló. La policía lo detuvo y luego revisaron su casa: lo que encontraron los llenó de horror y se convirtió en la noticia sensacionalista del año en México.
Video sobre la captura de Calva Zepeda en el programa Primer Impacto
Los paramédicos acudieron a curarlo, pero su estado ameritaba que lo trasladaran a una clínica. Lo llevaron al Hospital de Xoco, donde permaneció bajo custodia. Mientras estaba internado allí, le dijo a una criminóloga: “De alguna forma agradezco que haya ido la policía, ya que así no me causo daño ni causo daño. Ya quería que terminara este infierno”.
Calva Zepeda, atendido por los paramédicos tras su arresto
 
 
 

 

Al escuchar por la radio la noticia de la detención, Judith Casarrubia acudió de inmediato ante las autoridades para advertirles que se trataba del presunto asesino de su hija, Verónica Consuelo.
Judith Casarrubia, madre de Verónica Consuelo, muestra una de las cartas del homicida
 
 
 
 
 
 
 

 

Noticiero informando sobre el caso de Calva Zepeda
Los medios lo bautizaron como “El Caníbal de la Guerrero”, en alusión a la colonia donde vivía y en la cual cometió sus crímenes. Otros lo llamaban “El Poeta Caníbal”. Se declaró “admirador de Hannibal Lecter”, el personaje de las novelas de Thomas Harris que luego se convirtieron en películas. En una de las paredes de su departamento, tenía una foto de Anthony Hopkins en el papel del famoso asesino en la película El silencio de los inocentes. Pese a todo, él siempre negó la necrofagia, hasta el final siempre dijo que no había comido del cuerpo de su novia, aunque, ¿qué sentido tendría entonces haber cocinado partes del cadáver?
Los titulares

 
 
 
 
 
 

 

El 22 de octubre, la policía detuvo a su amante y presunto cómplice, Juan Carlos Monroy Pérez. El 24 de octubre, Calva Zepeda fue trasladado al Reclusorio Oriente.
El Reclusorio Oriente
 
 
 
 
 
 
 

 

Al ser cuestionado al otro día por el Juez 21 de lo Penal, Juan Jesús Chavarría Sánchez, sobre si rendiría su declaración preparatoria sobre los hechos de los que se le acusaba, “El Caníbal” contestó: “sí quisiera hablar, pero no coordino bien mis ideas”.
“El Caníbal de la Guerrero” en la cárcel

 
 
 
 
 
 
 

 

Video de Calva Zepeda tras las rejas
Ante el juez afirmó ser católico, escritor y ganar hasta 400 pesos diarios por la venta de sus textos. “No soy el monstruo que se ha dibujado, soy una persona que cometió un error, que está arrepentida y que tiene el deseo de seguir viviendo, no importa si me voy a quedar cincuenta años aquí encerrado”, concluyó. Su abogado fue Humberto Guerrero Plata, quien alegó que Calva Zepeda “estaba enfermo de sus facultades mentales”. Bajo estos términos, Calva Zepeda se negó a declarar.

 
 
 
 
 
 

 

Además de acusarlo por los asesinatos de tres mujeres, se le levantaron cargos por profanación de cadáveres y delito contra la paz de los muertos. Igualmente, las autoridades buscaron relacionarlo con los feminicidios cometidos en el área limítrofe entre el Estado de México y el Distrito Federal, donde aparecieron decenas de mujeres mutiladas, parte de cuyos cuerpos, como piernas, brazos y torsos, nunca fueron localizadas.
 
 
 
 
 
 
 

 

En la cárcel, Calva Zepeda inició la escritura de una nueva obra: Caníbal, el Poeta Seductor, la cual quedó inconclusa. Uno de sus fragmentos rezaba: “Tienes frente a ti sólo dos opciones: vivir o morir. Morir es sencillo y no es necesario dejar de respirar para hacerlo. Sin embargo, para vivir es necesario morir”.
 
 
 
 
 
 
 

 

En esta novela manuscrita, Calva Zepeda narra la historia de un bebé recién nacido que es abandonado por su madre y rescatado por una perra callejera. Posteriormente, el personaje es criado por un bibliotecario, quien le pone el nombre de Dante y lo enseña a leer y escribir, inculcándole el gusto por la poesía. A partir de entonces, Dante comete su primer crimen, dejando en sus víctimas (todas mujeres) un poema escrito sobre su piel. Al final de las hojas aparece una línea que dice: “Nota: No reproducir estas hojas, protegidas por derechos de autor”.
Caricatura sobre Calva Zepeda
 
 
 
 
 
 
 

 

En el hospital y en la cárcel lo visitaba una joven, Dolores Mendoza (a quien otras versiones identifican como “Juana”), su nueva novia, quien afirmó ante los medios de comunicación: “Yo nunca conocí a ese caníbal del que hablan; sólo a un hombre bueno”.
Verónica, su ex novia
 
 
 
 
 
 
 

 

Entrevista con Verónica, ex novia de Calva Zepeda
Video de la entrevista con la hermana de Calva Zepeda
Pero la historia del homicida tuvo un final extraño. Tras varios días de decirle a su familia que los otros presos “querían asesinarlo y le pedían dinero”, el 11 de diciembre Calva Zepeda aparentemente se suicidó. Apareció ahorcado con un cinturón en su celda. Su muerte ocurrió entre las 6:00 y 6:30 horas. Lo encontraron a las 7:00, cuando se hacía el pase de lista. Esto, pese a que había órdenes de vigilarlo las 24 horas del día.
Videos sobre la muerte de Calva Zepeda
Su hermana, Claudia Calva Zepeda, declaró tras su muerte: “Ahora yo quiero justicia para el caníbal, para ese caníbal al que tanto se acusó, porque él no se mató… él tenía mucho ánimo y sabía que se iba a quedar cincuenta años aquí (en la cárcel), pero no lo dejaron, lo amenazaron y le cumplieron la amenaza”.
Claudia Calva Zepeda tras recibir la noticia del suicidio de su hermano
 
 
 

 

Calva Zepeda dejó dos notas póstumas. Las líneas escritas para su madre decían: “No sé qué paso por mi vida, pero me perdí, perdí todo lo que tuve y lo que tendría. Deje ir tus palabras de amor y aún más, tus noches en vela por cuidar de mi ser. Mientras llorabas yo, indolente, callaba sin más. Tu consejo no servía ya para mí, era invencible. Sin darme cuenta me rodeé de gente extraña que sólo vino a dañarme más de lo que estaba. Hoy aquí, tras estas rejas que me aprisionan, junto al silencio de estos fríos y largos pasillos, te digo con el corazón entre mis manos: no me dejes de ti y, sobre todo, perdóname, mamá”. Su segunda nota afirmaba: “Estoy resuelto a irme, no soporto más el peso de mi desgracia, intenté perderme en el falso camino y sólo conseguí hundirme más, sólo pido que se conserven mis letras, ya que es lo único bueno que he hecho en la vida, no puedo escribir más, me voy y perdón por el dolor tan grande que les causo”.
Los días finales (click en la imagen para ampliar)
 
 
 
 
 
 
 

 

Al funeral llegaron los familiares de las víctimas, exigiendo ver el cadáver en el ataúd para cerciorarse de que estaba muerto. “Queremos ver que está muerto y cerciorarnos de que no le hará más daño a nadie”, espetaron. Su hermana, Claudia, se arrodilló ante ellos y les pidió perdón por los crímenes de su hermano.
José Luis Calva Zepeda, “El Caníbal de la Guerrero”, fue sepultado en la Ciudad de México el 12 de diciembre de 2007, día de la Virgen de Guadalupe, en el panteón San Nicolás Tolentino, en Iztapalapa, a las 14:30 horas. Al sepelio asistió su hermana Claudia, pero no su madre; tampoco fue ningún sacerdote. Sobre la tumba, cubierta de flores, destacaba una corona que la familia colocó y que ostentaba una banda que decía: “Poeta seductor”.
El sepelio del Caníbal


 
 
 
 
 
 

 

Con su entierro terminó la historia de uno de los asesinos más extraños de la historia mexicana. Su legado literario, considerado deficiente por muchos y genial por otros, incluye una frase que podría servir como su epitafio: “Adentrémonos en el fascinante mundo de la conducta humana y busquemos ese toque extraño dentro de cada uno de nosotros. Sólo así llegaremos al conocimiento de nosotros mismos”.
Video musical “El Caníbal de la Guerrero”, interpretada por David Weber
BIBLIOGRAFÍA:
 
 
 
 
 
 

 

Bruno Kepler ” El Bruto “

 

Terminaba el mes de enero de 1943 cuando unos niños que jugaban al escondite en un bosque del distrito berlinés de Köpenich se encontraron de golpe con el cadáver de una mujer. Los muchachos corrieron a avisar a la policía. El aparato policiaco de los nazis se encontraba en su mejor momento y funcionaba como una máquina de relojería. Nada se le escapaba, así que cuando se estimó que la victima, una mujer de unos cincuenta años, había sido estrangulada y luego violada reinó el mayor de los desconciertos ¿Quién podía atreverse a realizar semejante asesinato?.

Un crimen sexual no era común es esa época. El distrito fue investigado palmo a palmo y sus vecinos entrevistados en una amplia labor policial. Algunas personas declararon que por aquellos lugares merodeaba un sujeto con ropas de obrero industrial, que parecía algo atrasado mentalmente.

No tardó en ser localizado. Se trataba de Bruno Lüdke, apodado el “tonto” Los vecinos lo conocían muy bien. Lo tenían por un gigante bonachón al que ayudaban con ropa y comida. Reconocían que tenía la mente de un niño, era asustadizo, tímido e incluso los chavales del barrio solían burlarse de él, lo que le había creado miedo a los niños.

Su figura en la zona era tan común que durante las entrevistas muchos habitantes ni lo habían nombrado. Cuando se le encontró un policía vio algo extraño en su ropa: se trataba de sangre. Al preguntarle sobre su origen dijo que se trataba de sangre de pollo. Sin pensar que era el asesino fue llevado a comisaría para aclarar las cosas ¿Cómo iba a ser Bruno si se asustaba hasta de los niños?.
Mientras hablaban con él un policía encontró plumas de pollo cerca de la mujer asesinada. Pensando que Bruno podría haber visto al asesino se le preguntó sobre el origen de la sangre:  

- Yo había agarrado el pollo, lo reconozco. La vieja estaba sentada en el tronco de un árbol y yo me acerqué.

- ¿Y tú que le dijiste? –preguntó el comisario.

- Pues, eso, que si quería… Pera ella me dijo que no.

- ¿Y tú que hiciste?.

- La agarré por el cuello.

Aunque sorprendidos los policías dieron el caso por resuelto, pero Bruno aún no había terminado de hablar. Como un “inocente niño” empezó a contar que había hecho lo mismo en 1928 y 1940 en Hamburgo, como también en 1938 en Munich. Desde 1923 había sentido el placer y la necesidad de atacar a mujeres solitarias, estrangularlas y violar sus cadáveres. Los investigadores no podían creer aquello. Sin embargo, al revisar sus archivos descubrieron que en las fechas y los lugares descritos por Bruno se habían dado casos de asesinatos que se parecían como gotas de agua.

Bruno Lüdke nació cerca de Berlín, en 1908. En su infancia sufrió un fuerte golpe en la cabeza, que le trajo graves secuelas para toda la vida. No pudo volver a la escuela. Luego permaneció durante un tiempo atado a una silla, sin poder moverse. Todos le consideraban un débil mental. Sus maestros le habían tenido por un retrasado. Así creció hasta que su constitución fue la de un verdadero gigante, que se movía con la rapidez de un mono. Corría inclinado hacia delante, dejando que los brazos, enormemente largos, se balanceasen a lo largo del cuerpo durante su rápida marcha. Su frente era estrecha y huidiza. La cabeza aparecía cubierta por una capucha de pelos. En su juventud comenzó realizando algunos pequeños robos. En una ocasión fue sorprendido y se le sometió a juicio. La sentencia resultó favorable al acusado, en virtud del artículo 51 sobre atenuantes de la responsabilidad de los débiles mentales.

De todos modos aquellos antecedentes no eran los de un asesino sistemático. La policía descubrió 60 casos que se acoplaban a los descritos por Bruno. Cuando se le preguntó por el número de sus víctimas Bruno “el tonto” elevó la cifra a 85 crímenes sexuales.

La policía criminal se encontraba supeditada al Departamento para la Seguridad del Estado; es decir a los S S. El informe del caso llegó a manos de Himmler, su jefe superior, que consideró imposible que semejante asesino hubiera actuado impunemente durante la época del Tercer Reich. Himmler ordenó que el asunto fuera investigado a fondo y se descubriera si Bruno no estaba fantaseando o atribuyéndose crímenes para llamar la atención.

Fue trasladado en coche al lugar del asesinato por el que había sido detenido. Mientras se adentraban en el bosque de Nöpenich Bruno dijo de repente “que los señores se han pasado de sitio”. El conductor hizo marcha atrás. Se le quitaron las esposas y se le dejo que indicara el lugar donde habían ocurrido los hechos. Sin titubear se adentró entre los árboles hasta que señaló: “Aquí la encontré, aquí la golpeé, aquí la estrangulé y aquí la violé”.

No existía ya dudas sobre su culpabilidad. De nuevo en comisaría fue interrogado minuciosamente, dando detalles sobre los otros crímenes imposibles de ser conocidos por el público. Bruno “el tonto” pasó a ser Bruno “el bruto” Los asesinatos sexuales no procedían de las fantasías de un pobre loco pervertido, sino de los crímenes de un pervertido.

Aquel placer que mostraba en sus declaraciones… Su manía enfermiza de vanagloriarse de sus acciones… Los nazis estaban estupefactos ante semejante criatura. No es extraño que el propio Joseph Goebbels, ministro de propaganda, quisiera tomar cartas en el asunto. Por escrito, y con el indicativo de “Cuestiones secretas del Reich”, Goebbels exigió a Himmler que “el bestial asesino y violador de mujeres no fuese sometido a una pena de muerte normal”:

-Le propongo –añadía Goebbels- que se le pegue fuego hasta convertirlo en una antorcha humana o que se le descuartice.

Himmler no admitió las propuestas de Goebbels. A la jefatura de la policía alemana les interesaba saber cómo se podía explicar, desde el punto de vista científico y criminológico, la actuación de un asesino de semejante dimensión. Se investigó las particularidades de su familia. Cada uno de los crímenes fue reconstruido meticulosamente, aunque con graves dificultades, pues apenas quedaban testigos con vida y casi todos los escenarios de los asesinatos habían sido destruidos por los bombardeos aliados.

Bruno fue remitido a Viena, donde en un instituto criminológico continuó las investigaciones. A lo largo de varias semanas fue sometido a varias clases de experimentos. Los resultados finales coincidieron con las teorías que necesitaba la ideología nacionalsocialista: Bruno Lüdke era el prototipo de “infrahombre”, un verdadero peligro social, un individuo que demostraba palpablemente la necesidad de la depuración de la raza.

No se sabe exactamente que ocurrió con Bruno “el bruto” aunque es de sospechar que fue ajusticiado. Su “record” de 85 asesinatos permaneció siendo el primero durante bastantes años.  

Ted Bundy, el verdadero psicópata americano saludando a los reporteros en la corte
Ted Bundy, el verdadero psicópata americano saludando a los reporteros en la corte

‘…Nosotros los asesinos seriales somos sus hijos, somos sus esposos, estamos en todas partes.
Y habrá más de sus niños muertos mañana.’

Ted Bundy

Theodore Robert Cowell nació el 24 de Noviembre de 1946 su madre fue Louise Cowell y su padre un veterano de la fuerza aérea cuya identidad permaneció desconocida para Bundy durante toda su vida. Tras el nacimiento de Ted, Louise se va a vivir con sus papas y al paso del tiempo se le hace creer al niño que sus abuelos son sus padres y que su madre biológica es su hermana mayor, esto con el objetivo de proteger a la joven mujer de las acidas criticas de la sociedad en contra de las madres solteras. Esto a la postre resultó negativo para Bundy, ya que en algún momento de su vida se iba a enterar del engaño. A la edad de 4 años Bundy y su madre se mueven a Tacoma Washington a vivir con otros parientes y ahí la madre se enamora de un cocinero de la ciudad llamado Johnnie Culpepper Bundy y en Mayo de 1951 la pareja finalmente se casa. De ese modo Ted asume el apellido Bundy que conservaría toda la vida. El nuevo matrimonio fructificó con 4 hermanos mas para Bundy y a pesar de que Johnnie trataba de formar un lazo afectivo de padre a hijo con Ted incluyéndolo en todas las actividades familiares, este no se pudo solidificar nunca. Conforme pasaba el tiempo Ted se sentía más incómodo de la situación. Cada vez se fue haciendo más solitario y los expertos opinan que la incapacidad de Bundy para socializar y edificar lazos afectivos con las personas viene de estos primeros episodios familiares. Sin embargo esta condición psicológica es perfectamente típica de los asesinos seriales.

Supuesta fotografia de Bundy cuando niño
Supuesta fotografía de Bundy cuando niño

De acuerdo a los autores Michaud & Aynesworth la infancia de Bundy fue caracterizada por ser ‘diferente’ cosa que entre la niñez no es bien vista, teniendo que soportar toda clase de bromas de los mas pesados compañeros de su escuela, la Woodrow Wilson High School donde si bien no era el mas brillante alumno, pudo sacar muy bien sus calificaciones. En el libro ‘Ted Bundy: Conversations with a Killer’ establecen que el joven Bundy era incapaz de relacionarse satisfactoriamente con los demás. Que no entendía la necesidad de la gente por hacerse de amigos, de dejarse estimar. En realidad por alguna barrera psicológica ya infranqueable, no le interesaba formar lazos de amistad con otras personas. Actuaba como el resto, pero en el fondo dudaba.

En la educación media superior Bundy se convirtió en un sujeto dinámico y popular. Sus calificaciones eran buenas y todo marchaba mas o menos bien, aunque no salía mucho con mujeres se le consideraba un sujeto atractivo y de excelentes maneras. Sus intereses giraban completamente en las actividades extracurriculares, como el esquiar y la política, que le provocaba apasionamientos y alguna vez en su vida estuvo involucrado en ella. De esta época se insiste que comenzó su carrera criminal empezando por lo pequeño: robos aquí y allá en tiendas, estafas de poca importancia, voyeurismo, etc. Pero para un criminal serial, por algo se empieza. Al paso del tiempo la personalidad de Bundy iría de ser tímido y reservado a ser un sujeto mas dueño de si mismo y dominante. A la par de esta evolución en su trato, irían in crescendo las manifestaciones sociópatas como el robo a casa habitación y el allanamiento de morada. Sabemos que un criminal serial es por definición manipulador y mentiroso. La gente de su círculo cercano jamás tuvo oportunidad de interpretar todas las señales que emitía Bundy.

Bundy se sentia el mas cool abogado
Bundy se sentía el mas cool abogado

Fue a clases a la universidad de Washington y a la Puget Sound y era aplicado en sus estudios y grados. En el plano laboral, tomaba empleos de bajo nivel pero no perduraba mucho en ellos. Y sus empleadores lo recuerdan como alguien poco confiable. Cosa que es usual de los criminales seriales: el mantener escaso control y disciplina en sus empleos. Es en la primavera de 1967 que entabla la relación amorosa con una chica que cambiaría su vida entera. La muchacha, californiana ella era el sueño hecho realidad que Bundy había imaginado toda su vida; inteligente, hermosa, sofisticada y de buena familia ¿qué mas podía pedir? Sin embargo aunque la muchacha lo amaba, no era este amor de la misma magnitud que el de él hacia ella. En 1969 año que se gradúa la muchacha decide terminar la relación con Bundy puesto que veía enormes huecos en su personalidad, principalmente la falta de dirección y objetivos claros en su vida. Al cabo una mujer práctica e inteligente desechó a este pretendiente de su lista de prospectos. Ted nunca se recuperaría del cortón, aquella muchacha se convirtió en toda una obsesión e intentaría seguir en contacto con ella escribiéndole cartas, aunque ella no cambiaba de decisión, por el momento…

Sonriente y de barba Ted Bundy, tenia cientos de fanáticas que le enviaban cartas de admiración
Sonriente y de barba Ted Bundy, tenía cientos de fanáticas que le enviaban cartas de admiración

Por la ruptura anterior Bundy había dejado los estudios, pero de alguna manera rehizo sus asuntos y se reinscribió en la universidad de Washington esta vez en la carrera de psicología. En dicha materia era brillante y tenido en buena estima por sus profesores. En esta época inicia un romance con (seudónimo) Elizabeth Kendall que duraría aproximadamente 5 años. Ella venía de un reciente divorcio y tenía una pequeña hija y veía a Ted como un excelente partido. A pesar de que conocía que él no la amaba tanto y de que ante la idea del matrimonio el externo su negativa -pues aún tenía muchas cosas por lograr antes de casarse- y aparte de todo que sospechaba que mantenía relaciones con otras mujeres, guardaba la esperanza de que cambiaría para bien y que finalmente sentaría cabeza al lado de ella y su hija. Pero nada de esto iba a ocurrir, Elizabeth Kendall desconocía de la pasada relación de Bundy con la californiana y que aún mantenían comunicación entre ellos. Del 69 al 72 todo iba en la dirección deseada, Bundy enviaba solicitudes de admisión a varias escuelas de derecho y estaba involucrado en actividades comunitarias y hasta obtuvo una condecoración de la policía de Seattle por salvar a un pequeño de 3 años de morir ahogado. Estaba involucrado con figuras importantes del partido republicano y es en un viaje de trabajo a California en 1973 que se reencuentra con su antigua novia. Al verlo queda impresionada por el enorme cambio experimentado por Bundy, y el tema del matrimonio salio a flote en varias de los encuentros amorosos que ambos sostuvieron en el verano e invierno. Ante estos cortejos la chica cayó de nuevo enamorada de Ted Bundy pero repentinamente este dio el cortón. Para Febrero de 1974 se consuma la venganza no devolviéndole ninguna llamada mas a la muchacha. De hecho ella jamás volvió a saber nada de Bundy, y comienza el killing spree de la infamia: la mayoría de las víctimas de Bundy serían en lo sucesivo mujeres atractivas, blancas, de cabello negro lacio y peinado por la mitad.

Algunas de las víctimas de Ted Bundy
Denise Naslund
Denise Naslund
Janice Ott
Janice Ott
Kimberly Leach
Kimberly Leach
Laura Aime
Laura Aime
Lisa Levy
Lisa Levy
Lynda Anne Healy
Lynda Anne Healy
Margaret Bowman
Margaret Bowman
Melissa Smith
Melissa Smith
Caryn Campbell
Caryn Campbell
Donna Mason
Donna Mason
Susan Rancourt
Susan Rancourt
Roberta Parks
Roberta Parks
Brenda Ball
Brenda Ball
Georgann Hawkins
Georgann Hawkins
Debby Kent
Debby Kent
Katherine Devine
Katherine Devine
   

A pesar de que varios expertos piensan que Ted Bundy debió comenzar a asesinar desde la adolescencia, pues se especula que la desaparición en Tacoma Washington de Ann Marie Burr (8 años) pudo estar relacionada con Bundy que en ese entonces tenía 15 años, se consideran sus primeros crímenes confirmados aquellos desde el año de 1974 ya de 27 años en adelante.

El 4 de Enero de 1974 entra Bundy al cuarto de Joni Lenz de 18 años estudiante de universidad y la golpea con una palanca metálica inclusive remueve una pieza de la cama de la víctima y la agrede sexualmente con la misma. Al día siguiente la mujer es encontrada en un charco de su propia sangre. Sobrevive pero con daño cerebral permanente. La siguiente fue Lynda Ann Healy 21 años, estudiante de psicología en la Universidad de Washington. El 31 de Enero de 1974 Bundy logró colarse a su dormitorio y la golpeo dejándola inconciente. La vistió con unos jeans y una playera para luego envolverla en una sabana. Sus restos decapitados fueron hallados un año después en las montañas cercanas. La noche de su desaparición sus vecinos de cuarto nada pudieron escuchar así que nadie notó la ausencia de la muchacha hasta el día siguiente que sonó el despertador y el teléfono. Finalmente los padres se preocuparon ante la ausencia de Lynda pero la policía no fue capaz de establecer que algún grave crimen hubiera sido cometido así que no se tomaron mayores muestras ni estudios del escenario del crimen.

Durante la primavera y verano de ese año, bajo similares circunstancias seguían desapareciendo jovencitas universitarias todas ellas mujeres hermosas, de cabello a los hombros lacio y de color oscuro. Igualmente su desaparición era descubierta por las mañanas cuando se ausentaban de sus labores ordinarias. Al menos 8 víctimas se contabilizaron hasta que Bundy atacó a plena luz del día. Mientras tanto la policía comenzó la investigación y los testimonios apuntaban hacia un hombre a quien se identificaba por ‘Ted’ que solicitaba la ayuda de jovencitas que veía pasar. Se le veía en apuros cargando libros pues traía un brazo enyesado o con un cabestrillo. Otras veces también se le vio en problemas para echar a andar su viejo VW. En otras ocasiones fue visto merodear el sitio donde habían desaparecido dos muchachas, así que la policía ya tenía varias pistas de quien podría ser el responsable de los crímenes.

En Agosto de 1974 en el parque del lago Sammamish, fueron hallados los restos de dos muchachas desaparecidas en Julio pasado. Fue notable el hecho de que fueran identificadas las victimas por la escasez de pistas: mechones de cabello de diferentes colores, una quijada, dos cráneos y cinco huesos de pierna fue todo lo rescatado del parque. Se concluyó que dichos restos pertenecieron a Janice Ott y Denise Naslund, ambas desaparecidas a plena luz del día el 14 de Julio. Los últimos en ver con vida a Janice Ott fue una pareja que vieron a un hombre platicar con la muchacha, de lo cual escucharon que el sujeto, por cierto bien parecido, necesitaba ayuda para cargar su bote al carro pues tenía un brazo enyesado a lo cual la mujer accedió sin ningún problema. Denise Naslund pasaba el día con su novio y amistades cuando fue al baño del parque para no regresar jamás. Igual se apareció un hombre solicitando ayuda a un par de mujeres para cargar su bote al auto, pero estas dijeron que no podían ayudarlo, caso contrario a Naslund que no podía negarse a ayudar a un hombre con un brazo enyesado. Fue este gesto de amabilidad el que le costó la vida a la muchacha.

Bundy contaba con una ventaja sobre la policía y era que su aspecto podía cambiar enormemente con solo ajustar el estilo de peinado y por dejarse o rasurarse la barba. Sus rasgos físicos lo hacían un hombre bien parecido pero que no llamaba demasiado la atención por lo que era muy difícil seguirle la pista. Así fue que cambió de residencia para seguir matando y se fue al estado de Utah, en ese lugar se despachó a la hija del sheriff local, Melissa Smith el 18 de Octubre de 1974 y días después a Laura Aimee cuyo cuerpo fue localizado en las montañas Wasatch. El cuerpo mostraba huellas de haber sido golpeado en la cabeza con la clásica cuña de metal, había sido violado y sodomizado. La policía estableció que había sido asesinada en otra parte puesto que no había señales de sangre de la víctima en lugar del hallazgo. La policía del estado comenzó una frenética búsqueda del asesino, pero la similitud en el modus operandi los hizo contactar a los oficiales de Washington con quienes conjuntamente acumularon evidencias hasta publicar un sketch con la probable apariencia del asesino.

Retrato hablado de Ted Bundy
Retrato hablado de Ted Bundy

Gracias al retrato hablado sobre el asesino, una amiga cercana de Elizabeth Kendall identifica al probable asesino como Ted Bundy de quien tenía muy mala impresión, pero dejando de lado eso simplemente el parecido era innegable y así se lo hizo saber a su amiga, que irónicamente estaba al tanto de los crímenes y escribía regularmente reportes acerca del asunto. De hecho Kendall se llegó a convencer de que su novio podía ser el asesino pues muchas claves apuntaban directamente hacia el. El parecido de Ted con el sketch de la policía, el hecho de que manejaba un VW sedan como el asesino y que había visto en su departamento muletas a pesar de que el no se había lastimado nunca. Dada la situación, llamó de manera anónima a la policía sugiriendo que su actual novio pudiera tener algo que ver en las muertes y a pesar de que facilitó fotos recientes de Bundy a la policía, los testigos fallaron al tratar de hacer la correspondiente identificación. La policía desechó esa pista para enfocarse en otros reportes. Y la atención hacia Ted Bundy se disipó hasta algunos años después. Mientras tanto el asesino se confiaba mas y mas en su estrategia de pasarse de un estado a otro para evitar que la policía descubriera alguno de sus patrones y así sus intentos y avances eran cada vez mas burdos y arriesgados al grado de que las victimas no caían ya tan fácil, convirtiéndose algunas de ellas en útiles testigos que mas tarde harían posible la captura de Bundy.

Carol DaRonch testigo clave en la detención de Bundy
Carol DaRonch testigo clave en la detención de Bundy

El 8 de Noviembre de 1974 el caso dio un giro de 180 grados cuando Bundy deja escapar con vida a Carol DaRonch. Los hechos fueron así: merodeando una tienda de libros, Bundy elige como víctima a la chica de 18 años y con engaños se hace pasar por un oficial de la policía de apellido Roseland y le avienta el rollo de que alguien trató de robarse el automóvil de la chica. A fuerza de insistir logra hacerla que suba a su carro y al poco de conducir -en la dirección opuesta a la estación de policía- comienza el forcejeo entre ambos. Bundy la amenaza con una pistola y la cuña de metal. Al tratar de esposarla, falla y ella lucha por su vida. Sale del carro y a pesar de que este continúa con el ataque, ella se defiende logrando golpearlo en los genitales. De esta manera gana preciosos instantes para escapar. Afortunadamente una pareja que manejaba por el lugar alcanza a darse cuenta de la situación y la chica logra entrar al carro de ellos. Inmediatamente la llevan a la estación de la policía. La chica esta en plena crisis nerviosa. Pero ese no fue el único intento que Bundy efectuaría ese día, aventándose otro mas en una escuela del lugar, donde molestó constantemente a la directora del mismo, lo bueno que la mujer nunca prestó atención al sujeto por estar sumamente ocupada en sus asuntos, pero le pareció muy extraño verlo merodeando el lugar. De todos modos Debby Kent halló la muerte a manos de Ted Bundy esa noche, la muchacha había quedado de pasar por su hermano al boliche y regresar por sus papas al auditorio de la escuela, pero ni siquiera llegó al carro que permaneció en el estacionamiento sin cambio alguno. La única pista encontrada fue una pequeña llave de esposas que concordó a la perfección con las esposas usadas en el intento de secuestro de la señorita DaRonch. El círculo sobre Bundy se cerraba cada vez más. El 16 de Agosto de 1975 el VW sedán de Bundy es identificado con el implicado en el secuestro de DaRonch. Tras una semana de juicio por secuestro, Ted Bundy es sentenciado a una pena de 15 años el 1 de Marzo de 1976 en la prisión estatal de Utah Colorado. Las autoridades investigan el resto de los crímenes del indiciado.

Bundy fichado tras su primera detención
Bundy fichado tras su primera detención

Las pruebas contra Bundy eran ya inobjetables; se le detuvo debido a que los oficiales de camino en cada condado son conocedores de todos los vecinos y ponen mucha atención en los carros que no conocen. Como existía el antecedente de un VW sedan implicado en un secuestro, fue cuestión de no mucho tiempo para que se le detuviera. En las primeras inspecciones fueron hallados la palanca de metal (arma predilecta del Bundy), esposas, cinta y otros objetos que hicieron sospechar inmediatamente del detenido. La evidencia hallada fue ligada paulatinamente a la desaparición de otras mujeres (Melissa Smith, Laura Aime y Debby Kent) y gracias a la colaboración de la directora del ‘play’ de la escuela que merodeaba Bundy y de Carol DaRonch la identificación de Bundy fue corroborada policialmente. La policía supo que tenía en su poder al sujeto indicado y comenzó la investigación a gran escala del hombre que ahora sabían era Theodore Robert Bundy.

El VW sedan de Bundy, precisamente el auto preferido de los criminales seriales antes que fueran de moda las camionetas Van
El VW sedan de Bundy, precisamente el auto preferido de los
criminales seriales antes que fueran de moda las camionetas Van

El otoño de 1975 la policía profundiza en la vida de Bundy mediante las declaraciones de Elizabeth Kendall, quien acude a los interrogatorios afectada y nerviosa pero aporta valiosos datos que van componiendo el rompecabezas de la existencia de su peculiar novio. Relata que los días de los asesinatos no podía determinar donde había estado su novio, no con ella por lo menos. De hecho Bundy tenía por costumbre dormir mas durante el día y las noches aprovechaba para salir. Otro dato revelador es que hacía un año este había hecho un viaje al lago Sammamish para esquiar, justo por los días en que habían desaparecido las señoritas Ott y Naslund. En cuanto a la vida sexual de la pareja, Kendall narra que Bundy era afecto al sadomasoquismo y cuando ella decidió no participar mas de ello, se había puesto triste y había perdido mucho del interés hacia ella. En las siguientes sesiones le contó a la policía que notó desde los primeros días de su noviazgo que Bundy guardaba en su habitación yeso y vendas y que hasta lo que recordaba nunca se había roto ningún hueso del cuerpo. Igualmente Bundy pasaba tiempo en las montañas Taylor lugar donde varios cuerpos habían sido hallados. Una vez descubrió debajo del asiento del carro un hacha y así por el estilo detalles que se convertían en evidencia crítica. El siguiente paso fue conocer de la anterior relación de Bundy con la muchacha californiana a quien contactaron para enterarse de cómo Ted había roto relaciones de la manera más abrupta y fría. Para colmo Bundy había cargado combustible empleando tarjetas de crédito por lo que el rastreo de sitios donde había pasado lo incriminaba mas y mas.

El 23 de Febrero de 1976 comienza el juicio contra Ted Bundy por secuestro agravado. El acusado llega a la sala confiado y dueño de si mismo pensando que no había suficiente evidencia en contra suya. No previó el impacto que tuvo la declaración de Carol DaRonch a quien el fiscal pide identificar al hombre que la atacó. Sin dudarlo un segundo señala directamente a Bundy a la vez que estalla en llanto. El jurado al voltear para ver la reacción de Bundy lo miran clavando una helada e impasible mirada a la testigo. En su defensa diría que ni siquiera conocía a la chica, pero tampoco tenía alguna coartada del día de los hechos. Al juez le tomó el fin de semana revisar a fondo el caso y el acusado fue sentenciado el 30 de Junio a una cadena de 15 años con posibilidad de libertad condicional. En la prisión se le efectuaron las pruebas psicológicas que el juez había ordenado y los doctores determinaron que Bundy ni estaba psicótico, sexualmente desviado, ni dependiente de drogas y alcohol o que sufriera de algún daño cerebral. Pero si tenía una fuerte dependencia a las mujeres y tenía un gran temor de ’ser humillado en sus relaciones con ellas’… Estando preso en Utah, se preparaban mas procesos contra Bundy, sus problemas legales apenas comenzaban.

Las pruebas periciales al VW sedan de Bundy habían tomado un poco de tiempo pero las muestras de cabello tomadas coincidían con las de Melissa Smith y de Caryn Campbell y exámenes posteriores revelaron que las marcas de las lesiones craneales podían haber sido causadas por la palanca hallada un año antes en el carro de Bundy. Entonces la policía de Colorado levanta el cargo de asesinato el 22 de Octubre de 1976. En Abril de 1977 Bundy es trasladado a la cárcel del condado Garfield para encarar este nuevo proceso. Durante los preparativos del juicio Bundy decide defenderse asimismo ante la supuesta incapacidad de sus abogados a quienes despide. Con tanto trabajo ante si, se le permite visitar la biblioteca de la corte de Aspen. Nadie imaginaba que la verdadera estrategia era intentar escapar.

Bundy antes de que se escapara de la biblioteca de la corte en Aspen
Bundy antes de que se escapara de la biblioteca de la corte en Aspen

Aprovechando el hecho de que no entraba a la biblioteca esposado o encadenado en una de las frecuentes visitas al lugar, Bundy logra escapar por una ventana pero al caer se lastima un tobillo, situación por la cual no puede escapar tan lejos como pretendía. La policía estableció un rápido cerco en la ciudad y se emprendió una búsqueda masiva inclusive empleando perros olfateadores. Mientras tanto el fugitivo vivía de robar aquí y allá la comida que necesitaba y pasaba el tiempo en los campamentos durmiendo inclusive en los campers abandonados. Con el mayor de los sigilos se movía pero no podía permanecer en Aspen así que cuando halla un VW con las llaves puestas lo roba, pero es capturado de nuevo cuando la policía lo identifica. Fueron varios días los que logró eludir a la policía.

Buscado por el FBIBundy Recapturado
Buscado por el FBI y luego la foto cuando fue recapturado

De ahí en adelante para visitar la biblioteca de la corte se le impone ir encadenado y esposado pero para alguien como Bundy, tan cínico y hedonista, esta forma de ser tratado no era la justa ni la merecida y siete meses después intenta escapar con gran éxito esta vez. El 30 de Diciembre trepa al techo de una de las secciones de la cárcel de ahí lograr acceder a otra parte del techo que desembocaba en el closet de un departamento vacío del penal. Espero hasta saber que nadie estaba y salio por la puerta delantera de uno de los departamentos de los custodios. Nadie se dio cuenta de la ausencia de Bundy hasta la mañana siguiente, 15 horas después de los hechos. Para ese momento ya iba camino a Chicago con destino a Florida. Para Enero de 1978 ya estaba instalado en un departamento de Tallahassee, lugar cercano a la Universidad Estatal de Florida. Disfrutando de nuevo la libertad y sabiéndose joven, inteligente y poderoso, Bundy desarrolló esa vena por robar que tan bien le iba. Empleaba su tiempo entre sus diarios paseos al campus, donde inclusive entraba a algunas clases como si fuera un alumno mas y veía la televisión que había robado de algún otro lado. De hecho todo su mobiliario era producto de los robos, igual que la comida que compraba usando tarjetas de crédito robadas. Todo marchaba de maravilla excepto por el hecho de que deseaba compañía y claro, saciar sus impulsos homicidas.

Nita Neary testigo de las fechorias de Bundy en Florida
Nita Neary testigo de las fechorías de Bundy en Florida

El 14 de Enero el edificio de la fraternidad Chi Omega estaba semivacío pues la mayoría de las ocupantes estaban de fiesta o en salones de baile aprovechando que esa noche no había toque de queda. No era extraño que las muchachas llegaran incluso a temprana hora de la mañana siguiente. A las 3 a.m. el novio de Nita Neary la dejaba a la puerta de la fraternidad y la chica nota que la puerta esta abierta, siendo que ellas tenían cuidado de siempre dejar cerrada la entrada. Tan pronto entró al edificio escuchó actividad y pasos de alguien corriendo en el piso de arriba, inmediatamente el sonido se acercaba a las escaleras. Alcanza a esconderse y observa bajar y salir del edificio a un hombre que lleva una gorra tejida color azul, y en el brazo lo que parecía una carpeta envuelta en un trapo. Atinó a pensar que alguien había asaltado la fraternidad así que buscó a su compañera de habitación Nancy y sin saber que hacer fueron en busca de la encargada del edificio, pero no tardaron en toparse otra compañera llamada Karen quien tambaleaba por el pasillo herida y cubierta de sangre en la cabeza. Pronto descubrieron otra muchacha mas, gravemente herida. Aquella noche Bundy efectuó uno de sus ataques más terribles por la saña y número de víctimas: la policía encontró el cadáver de Lisa Levy a quien golpeó en la cabeza, violó y que casi de una mordida le desprende un pezón del pecho. A la postre el ataque a Lisa Levy resultaría de crucial importancia en el destino de Bundy. Además insertó en su vagina una lata de spray para pelo. Margaret Bowman falleció en por estrangulamiento, igualmente atacada mientras dormía. Los análisis forenses indicaron que no fue atacada sexualmente como Lisa Levy. Pero los golpes a su cabeza fueron tan brutales que parte de la masa encefálica estaba expuesta cuando fue hallado el cuerpo. Ninguna de las dos mujeres pudieron pelear por su vida, el ataque fue veloz y contundente. Las demás victimas no pudieron aportar ningún dato sobre el atacante, únicamente la señorita Neary fue capaz de proporcionar los mayores datos. Bundy no había terminado aún su noche, no lejos de la fraternidad atacaría a una chica mas, afortunadamente los vecinos escucharon ruidos extraños y telefonearon al departamento de la mujer; esta acción heroica le pudo salvar la vida a la chica que inmediatamente fue asistida por la policía quienes la encontraron sentada en su cama, semiinconciente tras la golpiza recibida. A pesar de que la policía pudo recabar bastante evidencia de este último ataque como fueron cabellos de una mascara que Bundy soltó en el lugar, semen y muestras de sangre la realidad era que el criminal les era desconocido. En el estado de Florida no sabían nada de Ted Bundy.

La última víctima de Ted Bundy fue la adolescente Kimberly Leach que fue secuestrada el 9 de Febrero de 1978 en Lake City. El único testigo del acontecimiento fue una amiga suya de nombre Priscila quien la vio subirse a la camioneta de un señor, pero no pudo aportar mayores datos del color o tipo de camioneta. El cuerpo de la niña fue hallado 8 semanas mas tarde en Florida, dado el avanzado estado de descomposición del mismo no dio ninguna pista significativa sobre el atacante. Días antes del secuestro de Kimberly Leach un extraño en una camioneta van color blanco se acercó a una estudiante de 14 años, la chica estaba en el camino en espera de su hermano que había quedado de pasar por ella. La chica, advertida por su padre -un oficial detective- de que no debía hablar con extraños se sintió incomoda ante las preguntas y avances de Bundy. Afortunadamente el hermano llegó y ordenó a su hermana abordar el carro. Extrañado por el sujeto, el joven apunta las placas de la van y se las muestra a su padre. Una vez escuchada la historia del hombre y la van blanca, el detective James Parmenter del departamento de policía de Jacksonville decide investigar. Las placas correspondían a un hombre llamado Randall Ragen a quien Parmenter decide visitar. El señor Ragen relata que las placas de que le preguntan habían sido robadas de su vehiculo y que ya había tramitado unas nuevas. Posteriormente el detective se entera de que la van que le comentan sus hijos haber visto era robada. Entonces intuye una sospecha y hace que sus hijos vean unas cuantas fotografías en la estación de policía, para su sorpresa, el sujeto que identifican es Ted Bundy.

Tiempo después de haber desechado la camioneta van, Bundy roba un automóvil que si le acomoda bien, otro VW sedán. Pero le vuelve a suceder lo mismo, los oficiales localistas de la región sospechan ante la presencia de un vehículo que no les es conocido. El oficial David Lee lo ubica el 15 de Febrero a eso de las 10 p.m. Reporta las placas a la central y descubre que el carro es robado así que decide actuar. Igual que en Utah, Bundy decide huir hasta que de repente para. Para sorpresa del oficial, este se resiste a la detención y logra escapar. El oficial dispara y Bundy se deja caer, simulando haber sido herido, solamente para atacar de nuevo al oficial cuando este se acerca de nuevo. Finalmente tras una un breve forcejeo es sometido y esposado. Una vez en manos de la policía la evidencia y las pistas se acumulan velozmente contra Bundy. Inmediatamente se le carga el asesinato de la joven Leach y también se le liga a los crímenes de la fraternidad Chi Omega y es sentenciado a muerte.

Dos fueron los juicios que por asesinato enfrentaría Theodore Robert Bundy, el primero comenzó el 25 de Junio de 1979 en Miami Florida en este caso la corte se centró en los crímenes contra la fraternidad Chi Omega. El segundo juicio se realizó en Orlando Florida en Enero de 1980 y fue por el homicidio de la joven Leach. Pero sería el juicio de la fraternidad el que sellaría el destino fatal de Bundy. Estos juicios eran los juicios de la década, provocaron una marejada de publicidad y expectación en toda la unión americana. Bundy era visto como la real encarnación del mal, casi el demonio en persona. Miles de pesadillas giraban en torno a la imagen de este despiadado asesino.

A pesar de que las mataba, hay que reconocer que Bundy nunca perdia el estilo con las mujeres
A pesar de que las mataba, hay que reconocer que Bundy nunca perdía el estilo con las mujeres

A pesar de tener al planeta entero en su contra y con todo el peso de la evidencia encima suyo, Bundy actuó como su propio abogado y siempre confió en poder hacer que el juicio fuera lo más justo posible. El jurado estaba compuesto por una mayoría de afroamericanos. La intención era que no se cargara de prejuicios dicho jurado, pero las evidencias fueron determinantes, sobre todo en el caso de la hermandad Chi Omega, primero fue el testimonio de Nita Neary señalando a Bundy como el sujeto que alcanzó a ver salir corriendo por la puerta. El otro testimonio contundente fue aportado por un odontólogo, el Dr. Souviron mostró una serie de fotografías de la mordida en la nalga de la señorita Levy y como las marcas de la dentadura correspondían a la perfección con los dientes de Bundy. De ese modo unas fotografías ligaron a Bundy con los asesinatos de la fraternidad.

La evidencia forense sepultó a Ted Bundy
La evidencia forense sepultó a Ted Bundy

El 23 de Julio tras 7 horas de deliberación, el jurado decidió que Ted Bundy era culpable. Este escuchó el veredicto sin mostrar emoción alguna. En el estado de Florida se tiene una costumbre de efectuar un juicio aparte para la sentencia, el de Bundy ocurrió el 30 de Julio, una semana después del anterior. Esta ocasión testificó e imploró por la vida de su hijo la madre de Bundy y él mismo tuvo la oportunidad de dar una buena razón para que no se le sentenciara a muerte. Entre otras cosas se dijo víctima de una farsa, de un juicio injusto y abusivo. Y que no tenía ni siquiera porque pedir clemencia por algo que no había cometido. El juez Cowart al finalizar Bundy su declaración recomendó la pena de muerte en la silla eléctrica por la muerte de Lisa Levy y Margert Bowman

La reacción de Bundy al escuchar el veredicto del jurado
La reacción de Bundy al escuchar el veredicto del jurado

El 7 de Enero de 1980 comienza el juicio por la muerte de la niña Kimberly Leach, en Orlando Florida. Esta vez Bundy decide no defenderse asimismo y quedan como sus representantes los abogados Julius Africano y Lynn Thompson. La estrategia a seguir fue apelar por causa de incapacidad mental, es decir por locura. Una ruta muy arriesgada, pero casi la única opción para un asesino como Bundy. El jurado no tuvo problemas para darle la vuelta a esta débil estrategia y de hecho Bundy perdía cada vez mas el control, gastando ya sus energías simplemente en no explotar contra todo mundo. Ya no le servía de nada aparentar calma y dominio de la situación sabiendo de antemano que su destino estaba ya decidido. Y durante el juicio sorprendió a todo mundo cuando anuncio su matrimonio con Carole Ann Boone, antigua compañera suya de trabajo. Gracias a una argucia legal del estado de Florida era posible sellar un matrimonio en el estrado y estando en juramento declarando ante el juez. Así que al testificar la señorita Boone, ambos aprovechan para legalmente quedar en matrimonio. Bundy pasa su luna de miel en el paredón de condenados a muerte de la cárcel Raiford.

Bundy en un dia en la corteCharlando con algunos abogados
Bundy en un día en la corte y charlando con los abogados de su causa.
¡Y como olvidar esos suéteres setenteros!

Pero no se iba a dar por vencido fácilmente y en 1982 contrató nuevos abogados para fabricar una apelación contra la sentencia de los homicidios de la fraternidad Chi Omega, pero la maniobra fue desechada por la corte. Luego en 1985 contrató nuevo abogado ahora para apelar la sentencia por el homicidio de Kimberly Leach pero de nuevo fue negada la moción. La lucha continuaría hasta 1986 en que pelearía de nuevo la pena de muerte que pesaba sobre si sin mejor éxito que las anteriores apelaciones. La ejecución de Ted Bundy fue programada para el 4 de Marzo de 1986 pero gracias a las diligencias de su abogada Polly Nelson, el día fatal fue posponiéndose hasta que finalmente la suprema corte de justicia de los Estados Unidos denegó la última prórroga el 17 de Enero de 1989.

Dr. Bob Keppel
Dr. Bob Keppel

Echada la suerte de Bundy, cuando ya no podía cambiar su situación jurídica, adopta la decisión de confesar mas crímenes al Dr. Bob Keppel jefe de investigadores del departamento de justicia del estado de Washington. Keppel y Bundy habían ya trabajado conjuntamente cuando este último se ofreció para ayudar en la investigación acerca del asesino serial llamado en este entonces ‘The Green River killer’ criminal que tuvo en jaque a la policía por mas de 20 años. Keppel asiste a las sesiones con Bundy armado únicamente de una grabadora para conservar los testimonios del asesino. Así el mundo se enteraría que Bundy conservaba por algún tiempo en su casa y en algunos casos, las cabezas de las victimas como trofeos y de que también practicaba necrofilia. La conducta de Bundy fue catalogada como de extrema perversión y compulsión necrofílica. Los analistas estiman que el número de víctimas podría fácilmente rondar las 100 mujeres, muy lejos de los conteos oficiales de alrededor de 36.

Manifestaciones contra Bundy
Manifestaciones contra Bundy

El 24 de Enero de 1989 a las 7 AM con 4 minutos Theodore Robert Bundy es ejecutado en la silla eléctrica. Según se reporta, tuvieron que sacar a Bundy de su celda por la fuerza. Afuera de la cárcel numerosas personas esperaban la noticia y cuando el vocero de la institución declara la muerte de Bundy se escuchan vítores y aplausos incluso hasta fuegos artificiales son lanzados. Momentos después sale una carroza funeraria camino al crematorio. Al pasar la multitud aplaude, la horrible pesadilla había finalizado.

Oldsparky la silla eléctrica destino final de Bundy
Oldsparky la silla eléctrica destino final de Bundy

A pesar de todo, todavía se le cargaría a la cuenta de Bundy un crimen mas que tomo 28 años para esclarecerse. Katherine Devine fue vista por última vez el 25 de Noviembre de 1973 pidiendo aventón, para ser descubierto su cadáver el 6 de Diciembre de ese mismo año por una pareja en el parque McKenny del estado de Washington. Los forenses dicen que poco después de ser vista por última vez, Kathy Devine encuentra a la muerte, estrangulada, sodomizada y con la garganta rebanada. La mayoría de los enterados del crimen creía que Bundy había sido responsable pero en ese tiempo las autoridades culparon a un sujeto de nombre William E. Cosden Jr. quien actualmente purga condena por violación a 48 años. Felizmente el caso nunca fue cerrado y en el año 2001 gracias a exhaustivas pruebas de ADN el caso queda resuelto.

Lista de víctimas confirmadas:Seattle, Washington:

  • 25 Noviembre 1973: Katherine Merry Devine, 15
  • 31 Enero 1974: Lynda Healy, 21
  • 12 Marzo 1974: Donna Manson, 19
  • 17 Abril 1974: Susan Rancourt, 18
  • 6 Mayo 1974: Roberta Parks, 22
  • 1 Junio 1974: Brenda Ball, 22
  • 11 Junio 1974: Georgann Hawkins, 18
  • 14 Julio 1974: Janice Ott, 23
  • 14 Julio 1974: Denise Naslund, 19

Salt Lake City, Utah:

  • 2 Octubre 1974: Nancy Wilcox, 16
  • 18 Octubre 1974: Melissa Smith, 17
  • 31 Octubre 1974: Laura Aime, 17
  • 8 Noviembre 1974: Debbie Kent, 17

Aspen, Colorado:

  • 12 Enero 1975: Caryn Campbell, 23

Tallahassee, Florida:

  • 15 Enero 1978: Margaret Bowman, 21 y Lisa Levy, 20
  • 9 Febrero 1978: Kim Leach, 12
Víctimas no plenamente confirmadas:

  • 9 Agosto 1961: Anne Marie Burr, 9 u 8
  • 23 Junio 1966: Lonnie Trumbell
  • 19 Julio 1971: Rita Curran, 24
  • Junio 1973: Rita Lorraine Jolly, 17
  • Agosto 1973: Vicki Lynn Hollar, 24
  • 25 Mayo 1974: Brenda Baker, 15
  • Octubre 1974: Nancy Wilcox, 16
  • 15 Marzo 1975: Julie Cunningham, 26
  • 6 Abril 1975: Denise Oliverson, 25
  • 15 Abril 1975: Melanie Cooley, 18
  • 28 Junio 1975: Sue Curtis, 15
  • 1 Julio 1975: Shelly Robertson, 24
  • Julio 1975: Nancy Baird, 23
  • Febrero 1976: Debbie Smith, 17

Nota: A pesar de que Ted Bundy confesó varios crímenes mas, la imposibilidad de ligar los hallazgos por métodos forenses, impide confirmarlos y también se debe tener en cuenta que para posponer la fecha de su ejecución adoptó la estrategia de confesar poco a poco sus asesinatos. Pidiendo más tiempo, pero no pudo postergar su muerte. Algunos especialistas especulan que las victimas de Bundy pudieran llegar a las 100 y lo más probable es que nunca se sepa la verdad. De varias chicas aquí listadas, se sospecha pudieron morir a manos de Bundy pero repito, falta la confirmación.

Cadáver de Ted Bundy
Cadáver de Ted Bundy

 

 

 

 

 

 

 

 

LA DALIA NEGRA

“La Dalia Negra era una figura envidiable. La sensual presencia de la víctima, la sordidez de sus relaciones, el color de sus bragas, la grisura de su realidad y el sadismo de su ejecución provocaron una fascinación que aún persiste”.
Rafael Aviña

Elizabeth “Beth” Short nació en Massachussets el 29 de julio de 1924. Cuando era niña, su madre desapareció. La relación de Elizabeth con su padre fue siempre tirante. Estuvo comprometida en dos ocasiones con militares, los cuáles murieron trágicamente. Todo ello la deprimió.

A los diecinueve años se marchó de su casa y se dirigió, haciendo autostop, a Santa Bárbara (California). La policía la arrestó cuando se encontraba alcoholizada en un bar, en compañía de varios marineros, y la regresó a casa de su padre.

El arresto de Elizabeth Short

Pero Beth Short estaba decidida a irse de nuevo, esta vez con rumbo a Hollywood, para convertirse en una estrella.

Su maduración fue muy rápida; Elizabeth era una mujer muy hermosa. Blanquísima, tenía un cuerpo escultural, unos enormes ojos verdes y un cabello ensortijado de color azabache. Su cabello, así como su costumbre de usar siempre vestidos negros y provocativa ropa interior oscura, le valieron el sobrenombre con el cual pasaría a la historia: la Dalia Negra (The Black Dahlia), haciéndose eco de una película famosa por entonces, La Dalia Azul. Y, sin saberlo, su muerte la convertiría en un apasionante personaje en los anales del crimen.

Su llegada a la Meca del Cine no fue como ella esperaba. Incapaz de conseguir algún papel, terminó relacionándose con varios personajes sórdidos. Encontró en el alcohol un refugio y pronto comenzó a prostituirse.

Se reunía además con varias lesbianas, ya que era bisexual. Así la conoció Robert “Red” Manley, un joven pelirrojo recién casado que se convirtió en su confidente, amigo y amante.

Robert “Red” Manley

Fue Manley quien la llevó de Pacific Beach a Los Ángeles la noche del 8 de enero de 1947. La Dalia Negra se dedicó a recorrer algunos bares angelinos.

“Red” Manley y la Dalia Negra

Fue vista con vida por última vez la madrugada del 9 de enero en el Hotel Biltmore, donde estaba hospedada. Al salir, dijo que “iba a conocer a un caballero”. Se fue del hotel para nunca regresar.

Sus últimos días de vida constituyen un misterio reconstruido fragmentariamente. El asesino la capturó, la llevó a algún lugar apartado y allí comenzó a torturarla. Primero la amordazó y desnudó completamente; luego la amarró de las muñecas y los tobillos con una cuerda, y la colgó de cabeza, suspendida del techo. Así colgada, la golpeó a puñetazos en repetidas ocasiones en todo el cuerpo. Después le quitó la mordaza y procedió a cortarle con un cuchillo los músculos risorios del rostro, para mantenerla sonriendo grotescamente mientras duraba el brutal martirio.

El asesino se dedicó entonces a aplicarle cigarrillos encendidos en los pechos, tras lo cual seccionó un pezón. Le hizo además incisiones con una navaja en varias partes del cuerpo. Con el mismo instrumento, grabó en uno de sus muslos las letras mayúsculas “BD”, iniciales de “Black Dahlia”.

Le arrancó pedazos del muslo y se los introdujo en el ano y la vagina. El examen de su estómago indicaba que la obligó a comer excremento. Finalmente, la partió en dos con una sierra, a nivel de la cintura. Su tormento duró varios días y todo el tiempo estuvo consciente.

Su cadáver fue hallado el 15 de enero en el distrito de Crenshaw, al lado de la carretera, por un niño y su madre. Mucha gente había visto el cuerpo pero, dado su estado, supusieron que se trataba de un maniquí. Impactaba la macabra sonrisa dibujada a cuchillo de oreja a oreja. El escándalo fue mayúsculo; la saña con que aquella chica de veintidós años había sido atormentada y asesinada era un reflejo de la sociedad estadounidense de posguerra.

El hallazgo del cadáver





Los periódicos se hicieron eco y durante semanas llenaron sus planas con nuevas informaciones del caso. El primer arrestado fue Robert “Red” Manley, su amigo y amante, quien el 21 de enero sorteó el detector de mentiras y sólo admitió haber pasado la noche con ella.

La prensa se hizo eco del caso




Mientras era interrogado, una voz suave, de sexo indeterminado, llamó a la redacción del periódico Los Angeles Examiner y dio algunos detalles del crimen, que sólo el asesino podía saber. Prometió enviar algunas pruebas para comprobar su identidad.

Mapa del crimen

El 23 de enero, se encontraron el bolso y los zapatos negros de la joven. El 24, un sobre con letras recortadas de distintos periódicos llegó a la redacción del Examiner con las pruebas prometidas: el acta de nacimiento de Elizabeth Short, su tarjeta de seguridad social, una identificación, varias fotografías personales, y notas recortadas de un periódico sobre la muerte del Mayor Gordon, uno de sus prometidos. También se incluía una agenda de direcciones con una hoja arrancada; la policía especuló que en esa hoja debía estar el nombre del asesino, a quien probablemente la Dalia Negra conocía muy bien.

El sobre misterioso

Llegaron dos cartas más: una donde daba más detalles del crimen y firmaba como “El Vengador de la Dalia Negra”, y otra donde decía: “el asesinato de la Dalia Negra está justificado”. Fue la última comunicación.

La carta del asesino

A partir de ese momento, la policía empezó a recibir llamadas: más de cincuenta personas diferentes, entre borrachos y dementes, confesaron ser los asesinos de la Dalia Negra. Entre las falsas confesiones estaban la de Joseph Dumais, un soldado veterano que golpeaba a las mujeres cuando bebía y que terminó internado en un manicomio por su obsesión con el caso. La de Daniel S. Vorhees, un mesero que llamó a la policía diciendo “Yo la maté”, y a quien poco después le fue diagnosticado un trastorno psiquiátrico. También John N. Andry, un médico experto en seccionar cuerpos que primero insistió en ser el asesino y luego se echó para atrás. Y una mujer que llamó a la policía para decirles: “Elizabeth Short me quitó a mi hombre, así que la maté y la corté a la mitad”, y que poco después, admitió haber inventado la historia para darse notoriedad.

La correspondencia

Una amiga de la víctima incluso señaló a Orson Welles, el célebre cineasta, como posible asesino. Había violado a varias chicas que trabajaron para él o aspiraban a hacerlo, eran legendarios sus arrebatos de violencia, y padecía personalidad difásica: canalizaba la frustración creativa en agresión. Los decorados de su película La dama de Shanghai, anterior al crimen, presentan similitudes espeluznantes con el cadáver de la Dalia Negra: figuras femeninas mutiladas del mismo modo, ligaduras, un maniquí al que habían desgarrado la boca de oreja a oreja…

La Dama de Shanghai, de Orson Welles

Con el tiempo, el mito creció. Los rumores decían muchas cosas: que era amiga de Marilyn Monroe; que tuvo un romance con George Knowlton, el padre de la escritora Janice Knowlton, quien escribiría, décadas después, el libro Mi papá fue el asesino de la Dalia Negra. La policía siguió varias líneas de investigación, de las cuáles ninguna prosperó.

La reacción pública

Una de las tesis más difundidas señalaba que el asesino era una mujer, quizás alguna ex amante o una esposa celosa. Sin embargo, el caso nunca fue resuelto.

ALEXANDER PICHUSHKI

Alexander Pichushkin, “el asesino del ajedrez“, ASESINO a  49 personas. Este psicópata intentaba llegar a las 64 victimas, una por cada casillero de tablero, hecho que impidió la policía rusa tras detenerlo en junio del 2006 tras encontrar una nota con sus datos que había dejado una de las víctimas a su hijo. Alexander, que afirma haber asesinado a 62 personas, buscaba competir con el mayor asesino en serie ruso, Andrei Chikatilo. El ucraniano Anatoly Onoprienko se declaró culpable del asesinato de 52 personas, pero su crueldad no llegaba a los límites de Chikatilo.

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Andrei Chikatilo, conocido como “el carnicero de Rostov” nació en un pueblo soviético en territorio de lo que hoy es Ucrania en 1936. Su infancia y adolescencia estuvo salpicada de hechos y clichés propios de la mayoría de los psicópatas.

De niño, en tiempos de falta de alimento, fue acobardado por su madre, la cual le contaba a él y a su hermana cómo un hermano mayor había sido raptado y devorado. Este hecho le marcaría para ser un niño muy introvertido en la escuela, lo que junto a su miopía no aceptada y a que se orinó en la cama hasta los doce años le hizo ser una víctima de la burla de sus compañeros y ser duramente reprimido por su madre. 

Su primera experiencia sexual se desarrolla en la adolescencia cuando tras abalanzarse sobre una amiga de su hermana, esta consigue zafarse de Andrei tras un forcejeo, lo que le produce una eyaculación. Aquí empezó a asociar la violencia con el placer sexual de eyacular. Durante el servicio militar fracasó en el intento de tener sexo con una novia, la cual se burló de él y comento el hecho al resto de los compañeros. Andrei era impotente y no conseguía mantener una erección. Frustrado, no podía dejar de pensar en destripar a esta chica.

A pesar de su impotencia, se casó en 1963 por medio de un arreglo de su hermana y llegó a tener un hijo y una hija introduciendo su semen con la mano. Su relación matrimonial era un calco de la que tenía con su madre, lo que hacía aumentar la parte enferma de su cabeza y seguir fantaseando en su propio mundo.

En su empleo como maestro no hacía valer su autoridad y era objeto de burlas de los alumnos. Tuvo varios reportes de acoso a niñas a los que la autoridad no hizo caso y fue objeto de una paliza a manos de un grupo de alumnos cuando fue sorprendido en los baños intentando hacer una felación a un niño.

Su primera víctima fue en 1978. La niña de nueve años Yelena Zakotnova fue llevada a un cuarto en una calle apartada tras ganarse su confianza, y tras intentar sin éxito penetrarla, terminó haciéndolo con un afilado cuchillo y la estranguló. Después arrancaba los ojos creyendo que se quedaba en ellos la imagen del asesino.

Sus víctimas eran niñas y niños, prostitutas y vagabundos que encontraba en las estaciones de autobús y tren de Rostov y a los que se ganaba con promesas de pago, invitaciones a vodka y engaños. Chikatilo mutilaba a sus víctimas como única manera de alcanzar la satisfacción sexual al verlos sangrar. Mutilaba ojos y lengua, arrancaba a mordiscos pezones, masticaba testículos, úteros y perfeccionaba su técnica para evitar salpicaduras de sangre sospechosas.

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En 1984 fue detenido pero una curiosidad científica se alió con él. Por los restos de semen hallados en las víctimas, la policía buscaba un hombre con grupo sanguineo AB. Chikatilo tenía grupo A. Esto ocurre en un porcentaje ínfimo de personas que tienen diferentes grupos en sus fluídos. A pesar de esto pasó tres meses encerrado por conducta sexual inapropiada, pero tras salir de la cárcel, incrementó su número de muertos hasta noviembre de 1990 cuando fue detenido tras regresar del bosque con manchas de sangre en cara y camisa. La cuenta se quedó en 53 personas, 31 mujeres y 22 hombres.

En abril de 1992 fue llevado a un juicio esperpéntico encerrado en una jaula. Mientras los familiares gritaban y lo insultaban, Chikatilo pasaba el tiempo leyendo revistas porno, enseñando su pene a las familias de los damnificados o simulando ataques de locura cuando babeaba y ponía los ojos en blanco.

Condenado a muerte, “el carnicero de Rostov” se declaró víctima del sistema soviético y el 14 de febrero de 1994 fue ejecutado de un disparo en la nuca en un cuarto cerrado.

El film “Ciudadano X” ganador de varios premios, entre ellos de mejor película, director y actor en el Festival de Sitges de 1994 está basado en la investigación del caso y el cerco policial al que fue sometido Chikatilo. También el libro “Russian Wolves” de James R. Musgrave está basado en la vida y hechos del ”carnicero de Rostov“. 

 

En el caso de los niños, los atacaba nada más hallarse a solas con ellos en el bosque: un golpe para aturdirlos con las manos atadas y unos golpes de cuchillo, poco profundos, para establecer su dominio sobre ellos. Posteriormente los mutilaba a mordiscos, les cortaba los genitales o solamente extirpaba los testículos, que guardaba a modo de trofeo. También arrancaba los ojos de todas sus víctimas, para evitar encontrarse con sus miradas. En ninguno de los casos se encontraron las partes del cuerpo seccionadas en las cercanías de la escena del crimen. Todos estos actos los realizaba mientras aún estaban vivos: disfrutaba con el control y la dominación ejercida por medio de la tortura. Chikatilo practicaba además el canibalismo; en sus declaraciones confesó que le gustaba tragarse las partes del cuerpo más blandas.
El cuerpo de una de sus víctimas
 
 
 
 
 

 

Cuando apareció el cadáver número treinta, los periódicos empezaron a dar noticias del posible asesino en serie. Todos creían que se trataba de un retrasado mental, a pesar que la policía no estaba de acuerdo, pues la amplia dispersión del asesino indicaba que éste disponía de un vehículo, factor que en la URSS era eliminativo. Era obvio que los crímenes eran obra de un asesino serial, pero el gobierno se negaba a reconocerlo: afirmaban que los asesinos seriales eran un producto del capitalismo estadounidense y en la URSS no podían surgir.
Fotografías policiales de los cadáveres
 
 
 
 
 

 

Pese a ello, el Instituto Serbsky de Moscú diseñó el perfil de un hombre ostensiblemente normal, probablemente casado, con un trabajo regular. Por el semen hallado en los cuerpos de sus víctimas, se supuso que su tipo de sangre era del grupo AB. El 14 de septiembre de 1984 detuvieron a Chikatilo en el mercado de Rostov, pues en líneas generales encajaba con la descripción del asesino, pero no pudieron demostrar nada más. Chikatilo parecía un hombre respetable y tras hacerle un análisis de sangre, ésta resultó ser de grupo A. Enseguida fue puesto en libertad sin cargos.
Retrato robot del sospechoso
 
 
 
 
 

 

Para esas alturas, los archivos de la policía contenían datos de unos 26,500 sospechosos. Posteriormente Chikatilo fue acusado de haber robado un rollo de linóleo de su oficina. Siete meses después, con ese caso aún pendiente, fue arrestado por comportamiento impropio en la estación de autobuses de Rostov y sentenciado a quince días en prisión. Sentenciado a un año de cárcel por el robo del linóleo, el juez simpatizó con él y lo liberó antes.
El primer arresto de Chikatilo
 
 
 
 
 

 

El 17 de octubre de 1990, Chikatilo volvió a matar en un bosque cercano a la estación de Donlesjoz. Este crimen absorbió a toda la policía local y a una fuerza antidisturbios de cien hombres. Pero dos semanas después, el criminal volvió a actuar, y ésta vez fueron seiscientos detectives los encargados de investigar a lo largo de la línea de los bosques, en dónde montaban guardia tres o cuatro oficiales en las terminales más aisladas. El 6 de noviembre de 1990, uno de estos detectives, el sargento Igor Rybakov, vio surgir del bosque a un hombre con traje y corbata. Mientras observaba cómo éste se lavaba las manos en la fuente, advirtió que tenía un dedo vendado y una mejilla manchada de sangre. Le pidió sus documentos y levantó un informe de rutina. Cinco días después encontraban un nuevo cadáver en ese mismo lugar, el cual estimaron que llevaba muerto más o menos una semana. El homicida tenía que haber pasado por la estación, y el culpable no podía ser otro que el sospechoso del informe de Rybakov.
 
 
 
 
 

 

El fiscal general de la provincia de Rostov emitió una orden de detención contra Chikatilo, efectiva a partir del 20 de noviembre de 1990. Y ese mismo día, en efecto, fue retenido por la KGB, sospechoso de haber asesinado a 36 víctimas, todos ellos mujeres y niños. Por alguna extraña razón, su esperma, aunque no su sangre, sí daba el tipo AB. Chikatilo, con paso lento, se quejaba: “¿Cómo pueden hacerle esto a una persona de mi edad?”. En los interrogatorios afirmó que simplemente era un ciudadano normal, que no había cometido ningún tipo de delito, y que era objeto de una persecución absurda por parte de la policía.
El nuevo arresto de Chikatilo


 
 
 
 
 

 

El 27 de noviembre prometió que estaba dispuesto a aportar pruebas de sus crímenes, si no continuaban atosigándole con los interrogatorios que le recordaban los detalles, y dos días después se derrumbó ante un psicólogo a quién acabó confesando 53 asesinatos. Posteriormente guió a los investigadores a los distintos lugares con la esperanza de que el número de muertes lo convirtiera en un “espécimen de estudio científico”.
 
 
 
 
 

 

Escribió una declaración firmada para el Fiscal General, que decía:
“Me detuvieron el 20 de noviembre de 1990 y ha permanecido bajo custodia desde entonces. Quiero exponer mis sentimientos con sinceridad. Me hallo en un estado de profunda depresión y reconozco que tengo impulsos sexuales perturbados, por eso he cometido ciertos actos. Anteriormente busqué ayuda psiquiátrica por mis dolores de cabeza, por la pérdida de memoria, el insomnio y los trastornos sexuales. Pero los tratamientos que me aplicaron o que yo puse en práctica no dieron resultado.
Mapa de Rostov (click en la imagen para ampliar)
 
 
 
 

 

“Tengo esposa y dos hijos y sufro una debilidad sexual: impotencia. La gente se reía de mí porque no podía recordar nada. No me daba cuenta de que me tocaba los genitales a menudo y sólo me lo dijeron más tarde. Me siento humillado. La gente se burla de mí en el trabajo y en otras situaciones. Me he sentido degradado desde la infancia y siempre he sufrido. En mi época escolar estaba hinchado a causa del hambre e iba vestido con harapos. Todo el mundo se metía conmigo.
Los cuchillos utilizados por el infanticida
 
 
 
 
 

 

“En la escuela estudiaba con tanta intensidad que a veces perdía la consciencia y me desmayaba. Soy un graduado universitario. Quería demostrar mi valía en el trabajo y me entregué a él por completo. La gente me valoraba, pero se aprovechaba de mi carácter débil. Ahora que soy mayor, el aspecto sexual no tiene tanta importancia para mí, mis problemas son todos mentales.
La reconstrucción de hechos


 
 
 
 
 

 

“En los actos sexuales perversos experimentaba siempre una especie de furor, una sensación de no tener freno. No podía controlar mis actos. Desde la niñez me he sentido insuficiente como hombre y como persona. Lo que hice no fue por el placer sexual, sino porque me proporcionaba cierta paz mental y espiritual durante largos periodos. Sobre todo después de contemplar todo tipo de películas sexuales. Lo que hice, lo hice después de mirar los vídeos de actos sexuales perversos, crueldades y horrores”.
Chikatilo sale custodiado rumbo al Tribunal
 
 
 
 
 

 

Lo que la policía dedujo de esta declaración, es que el asesino trataba de buscarse una posible salida alegando enfermedad mental. Chikatilo mostraba una obsesión por recibir tratamiento psiquiátrico.
 
 
 
 
 

 

Los psiquiatras del Instituto Serbsky, no obstante, lo veían como un sádico que no sufría ningún trastorno que pudiera impedirle saber que sus actos estaban mal; sus acciones eran premeditadas. Por esa razón, en octubre de 1991, dieron a conocer sus conclusiones, diagnosticando que el asesino estaba “legalmente cuerdo”.

 
 
 
 
 

 

El juicio se inició en abril de 1992 y duró hasta octubre de ese mismo año. Chikatilo, afeitado y con la cabeza completamente rasurada, presenció su juicio desde una jaula de metal, como si fuera un animal salvaje. Siempre vistió su camisa favorita: blanca, roja y negra, estampada con los cinco aros olímpicos.
Chikatilo encerrado en una jaula



 
 
 
 
 

 

El primer día deleitó a los fotógrafos esgrimiendo una revista porno, pero más tarde, abatido, se quitó la ropa y meneó su pene fláccido gritando: “Fíjense qué inutilidad. ¿Qué pensaban que podía hacer con esto?”


El juicio fue un circo mediático. Los familiares de las víctimas gritaban y lloraban en el tribunal. Los jueces no dudaron en anunciar el veredicto que habían nominado: el 15 de octubre de 1992 fue sentenciado a la pena capital. Chikatilo fue ejecutado en la prisión de Moscú entre el 14 y el 16 de febrero de 1994, con un disparo en la nuca.
 
 
 
 

 

 

ANATOLY ONOPRIENKO

 

 

  • Anatoly Onoprienko, apodado el monstruo de Zhitómir, cumple cadena perpetua.
  • Está acusado de 52 homicidios, cometidos desde 1989.
  • Un periódico ucraniano asegura que pretende recuperar su libertad.
  • Dice que mata porque se lo piden “fuerzas intergalácticas” y “voces de arriba”.
  • Minuteca todo sobre:

    El mayor asesino en serie de la historia de Ucrania, Anatoli Onoprienko, confesó a los guardias de la prisión en la que cumple cadena perpetua que una “voz desde arriba” le ha dicho que vuelva a las andadas y mate a 250 personas, reveló hoy el rotativo “Segodnia”.

    Es mejor que me maten, porque cuando salga seguiré matando gente

    Onoprienko, acusado de al menos 52 asesinatos y entre cuyas víctimas se encuentran diez niños, no renuncia a la idea de volver a recuperar la libertad y regresar a su terrible actividad, señaló Nikolái Iltiáy, vicepresidente primero del departamento penal estatal.

    El asesino fue sentenciado a muerte en 1999 por el tribunal de la ciudad de Zhitómir, a 200 kilómetros al oeste de Kiev, pero la condena le fue conmutada por cadena perpetua.

    El propio condenado declaró entonces en una entrevista: “Es mejor que me maten, porque cuando salga seguiré matando gente”.

    En prisión, Onoprienko es poco sociable y rechaza entrevistarse con periodistas.

    Los presos lo temen

    Los otros presos evitan coincidir con él por las impredecibles consecuencias.

    Permanece recluido en una celda aislada, que abandona únicamente para su paseo diario de una hora bajo extremas medidas de seguridad.

    Rechaza escribir sus memorias acerca de los siniestros crímenes cometidos, por las que en su momento había recibido suculentas ofertas, y contestar las cartas que le remiten.

    Según Iltiáy, Onoprienko en ningún caso cuenta con ningún tipo de privilegio, como habían insinuado algunos rotativos, sino que vive en las condiciones propias de un centro penitenciario de esas características.

    Onoprienko hizo referencia en más de una ocasión a “voces desde arriba” o “fuerzas intergalácticas”
    El funcionario no explicó las razones por las cuales Onoprienko espera recuperar la libertad en un futuro y sólo aseguró que la administración del centro penitenciario garantiza que es imposible escapar de la prisión.

    Durante la investigación, Onoprienko hizo referencia en más de una ocasión a “voces desde arriba” o “fuerzas intergalácticas”.

    A lo largo del proceso contra el “monstruo de Zhitómir”, que duró más de tres meses, comparecieron 150 personas que sobrevivieron a los asaltos que Onoprienko cometía contra hombres, mujeres y niños, de los que abusaba sexualmente y descuartizaba con saña después de muertos.

    Además comparecieron más de 300 testigos y familiares de las víctimas, criminalistas y expertos en psiquiatría, quienes certificaron que el asesino no padece ninguna enfermedad mental.

    Onoprienko fue detenido por la policía en 1996 y confesó que desde de 1989 cometió al menos 52 homicidios, por separado o múltiples.

    La policía calificó a Onoprineko de delincuente muy peligroso, con antecedentes penales en Ucrania, Alemania, Austria, Suecia y Dinamarca, donde cometió varios robos y atracos.

     Issei Sagawa: “El Caníbal de Japón”

    “Un amigo mío era japonés. Él tenía una novia en París. Durante seis meses intentó salir con ella y de pronto ella aceptó. La llevó a su apartamento, le cortó la cabeza. Puso el resto de su cuerpo en el refrigerador, se la comió a pedazos. La puso en el refrigerador, la puso en el congelador. Y cuando se la comió, tomó sus huesos y los dejó en el Bosque de Boulogne, pero un taxista, por casualidad, lo descubrió enterrando los huesos. ¿No me creen? La verdad es más extraña que la ficción. Al parecer siempre nos dirigimos hacia ella. A lo extraño de la realidad”.
    Rolling Stones. “Too much blood”
     
     
     
     

     

    Issei Sagawa era un estudiante japonés muy inteligente, obsesionado con las mujeres altas de rasgos occidentales. De baja estatura, medía 1.50 metros. Poseía manos y pies pequeños, cojeaba al caminar e incluso su voz era delgada. En algunas entrevistas posteriores, mencionó que era el tipo de hombre que la mayoría de las mujeres no encontraría atractivo.
     
     
     
     

     

    Pese a su extrema timidez, estaba obsesionado con tener a su lado a “la mujer perfecta”. Su fantasía se hizo realidad mientras estudiaba Literatura Inglesa en la Universidad de Wako en Tokio. Ahí se relacionó con una mujer que daba clases de idiomas. Un día de verano se metió a través de la ventana a su apartamento e intentó matarla. Para su deleite, ella estaba dormida y tenía ropa interior muy pequeña que cubría parte de su cuerpo. Buscó algo para apuñalarla o golpearla y descubrió un paraguas. Sin embargo, antes de que pudiera hacer algo, la mujer despertó y al descubrirlo gritó desesperada, provocando la huida del intruso. Issei no olvidaría esa experiencia. Había sido muy fácil estar cerca de una mujer atractiva y si era más cuidadoso con el ataque, podría hacer realidad su fantasía. Empezó a investigar y vigilar a sus potenciales víctimas para planear sus ataques y que no pudieran escapar.
     
     
     
     

     

    Su fantasía se volvió a hacer realidad cuando viajó a París y halló a una chica que ya nunca pudo sacar de su mente. Su piel blanca, la forma carnosa de sus nalgas y sus pechos correspondían al estereotipo que buscaba. Se llamaba Renee Hartevelt. Era holandesa, tenía 25 años, hablaba cuatro idiomas (holandés, alemán, francés e inglés) y poseía un futuro prominente. Había viajado por varias partes del mundo, estudiando y relacionándose con personas de diferentes culturas. Su objetivo era un Doctorado en Filosofía o en Literatura Francesa. Issei le pidió que le enseñara alemán; el padre de Issei por ser multimillonario podría pagarle cualquier sueldo. Ella aceptó. Le gustó su inteligencia, su conocimiento de la pintura y literatura europeas.
    La holandesa Renee Hartevelt
     
     
     
     

     

    Renee salía a menudo con él y con frecuencia lo invitaba a su apartamento a tomar el té. Sus continuas salidas a bailes le dieron a Issei un sentido más real de sus macabras fantasías. Al llegar a París, Issei había comprado un rifle calibre 22 para su protección. La noche del 11 de junio de 1981, hizo sentar en el suelo a Renee al estilo japonés para beber el té. Con la bebida mezcló un poco de whisky. Hablaron durante varias horas. Issei le declaró su amor, pero Renee lo rechazó y le explicó que sólo quería ser su amiga. Issei se levantó desconcertado. Después tomó su rifle y le disparó en el cuello. Ella cayó de la silla; él le continuó hablando, pero ella no respondió. Pero el asesinato fue sólo el principio de la historia que estremeció al mundo.
     
     
     
     

     

    Sagawa llevaba un diario; basado en esas anotaciones, años después publicó un libro titulado In the fog (En la niebla) donde describe, entre otras cosas y de manera detallada, lo que hizo con el cuerpo de Renee después de muerta. Fragmentos de ese diario narran los sucesos ocurridos entre mayo y junio de 1981, en particular los días posteriores al crimen:
    “París, Francia, mayo de 1981. Soy en mi estilo horrible. Tengo manos y pies pequeños, una voz filosa como la de un eunuco y una cabeza desproporcionada por la cual circula un único pensamiento. Mido un metro cuarenta y cojeo al caminar. Ella en cambio es alta. Su nombre: Renée Hartevelt. Holandesa, rubia. Por sobretodo rubia.
     
     
     

     

     

    “Se ha inscrito a mitad de año en nuestro curso de Literatura Comparada. Desde el primer día me siento a su lado sin dejar de pensar ni por un momento en la blancura de su brazo. Le he pedido que me enseñe holandés o alemán. He aquí la interesante verdad. Reducida. Infinitamente limitada al dominio de las palabras. Ella acepta. Sin duda le divierte el hecho ser la única a quien le hablo. No oculta su asombro frente a mi inteligencia. No finge ni simula como el resto.
    Autorretrato de Issei Sagawa
     
     
     
     

     

    “Es mayo. Caminamos juntos sin parar de hablar bordeando un bosque. Tan rico, tan arrebatador como lo es ella misma. La cuestión de la realidad de ahora en adelante se diluye. Apenas una partícula de coherencia para sostener la historia. Me animo por fin a invitarla a mi departamento. Hemos tenido una conversación agradable, pero algo agotadora acerca de Shiki Masaoka y el mito de su belleza. Antes de irse, le pido que lea por última vez ‘Iglesia Muerta’ de Trakl. Mientras su boca gesticula, la mía se deforma. Cuando se marcha, me dedico a oler y lamer cada sitio donde ella ha estado sentada.
     
     
     
     

     

    “No necesito tomar prestado ningún motivo. Poco importa. Simplemente, el germen creció tanto que un día todo pareció diminuto. Renée colaboró a transplantarlo. Vuelvo a invitarla. Se ha mostrado complacida con la idea de grabar la lectura de aquel poema que tanto disfruto. Le he dicho que mi intención es hacer oír luego la cinta a un profesor. Cenaremos sukiyaky; trozar, secar y servir. Todo muy sencillo. Prestando atención en no mezclar jamás los olores”.
    La última fotografía en vida de Renee Hartevelt, durante una fiesta
     
     
     
     

     

    “11 al 14 de junio de 1981. Renee repite algunas frases mientras yo preparo la grabadora. A la señal acordada comienza. Siento cómo su voz me traspasa: ‘Lo mira fijo desde muchos ojos en el vacío. Y una voz semejante a todas las otras solloza mientras el espanto crece en el espacio’. De pronto una luz, un fuerte sonido y luego, su cuerpo cayendo de la silla al piso. Sus ojos, su nariz, su boca, la sangre sale por un orificio en su frente. Insisto en hablarle, pero no responde. Trato de limpiarla pero no puedo detener el fluido de su cabeza. Todo está muy callado. Sólo el silencio de la muerte persiste.
    El departamento de Sagawa en París
     
     
     
     

     

    “No había previsto la dificultad que implica desnudar a un muerto. Finalmente lo consigo. Su cuerpo es blanco, casi transparente. La toco, es lisa. Completamente luminosa. Entonces me pregunto dónde debería morder primero. Me decido por una de sus nalgas. Tomo fotografías de todo el suceso. Mi nariz se cubre con su piel fría. Intento continuar pero no puedo. Un repentino dolor de cabeza me distrae. Voy por un cuchillo y lo clavo profundamente en ella. Mucha grasa exuda del corte. Es extraño cómo miles de secretos sutiles y grotescos van poco a poco apareciendo. Tras un montón de capas amarillas asoma algo de carne roja. Corto un trozo y la pongo en mi boca. No presenta olor alguno. Se derrite en mi lengua cual perfecto bocado de pescado crudo. Rebano su cuerpo y levanto la carne repetidas veces. Tomo una fotografía de su cadáver opacado solo por la profundidad de las heridas.
    El cadáver de Renee Hartevelt
     
     
     
     

     

    “Ya desnudo, me tiendo sobre ella y penetro su cuerpo aún tibio. Cuando la abrazo emite una especie de suspiro. Me asusto. La beso y le digo que la amo. Es increíble que aún muerta siga siendo tan reservada. Tiene una nariz pequeña y labios delgados. Mientras vivía ansié morderlos. Ahora puedo satisfacer cuantas veces quiera ese deseo. Mastico el cartílago hasta oír cómo se rompe. Utilizo un pequeño cuchillo para cortarlo aún más. Es duro y desabrido.
     
     
     
     

     

    “Arrastro su cuerpo hasta el cuarto de baño. Estoy exhausto, sin embargo consigo cortar su cadera. Apuñalo el estómago. Al abrirlo sobresalen gruesos y largos tubos que se enrollan sobre sí mismos. En uno de sus extremos encuentro una bolsa gris. Debe ser su vejiga. Un intenso olor se desprende tan pronto como la levanto. Introduzco mi mano en la cavidad. Agarro otra bolsa. Creo que es su matriz. El hallazgo me paraliza por un momento. Si ella hubiera vivido, habría tenido un bebé en esta matriz. Ese pensamiento me deprime. Saco los tubos. Siento que la piel me arde. El líquido me quema los dedos. Avanzo con el cuchillo eléctrico más arriba, a través de músculos y órganos. Al llegar a la columna vertebral el aparato se detiene y debo recurrir a una pequeña sierra.
     
     
     
     

     

    “Pongo la carne en una cacerola. Después que todo está listo, acerco la mesa y uso su ropa interior como mantel y servilletas. Retrocedo la cinta con la bella lectura que ha hecho del poema. Noto que falta todavía algo de sabor. Añado sal y mostaza. Su carne es de una calidad espléndida, muy alta.
     
     
     
     

     

    “Voy de nuevo al cuarto de baño y corto parte de su pecho, que deposito en el horno. Me agacho para observar cómo se hincha mientras se cocina. Lo sirvo tal cual lo he trozado. No es tan bueno como esperaba. Demasiado grasoso. Intento probar en otra parte. Empiezo a comer al azar. Muerdo un dedo del pie. Aceptable.
     
     
     
     

     

    “Debo extraer la carne antes de amputar los miembros. Toco el cuerpo frío otra vez. Agarro su rodilla y la rasgo con mis dientes. Sus muslos son muy blandos. Mastico lentamente. Cuando miro en el espejo apenas reconozco mi cara, está entera cubierta de grasa. No resisto el sueño. Me recuesto a su lado”.
     
     
     
     

     

    Exhausto, Sagawa tomó lo que quedaba del cadáver, lo llevó a su cama y durmió con él. A la mañana siguiente pensó librarse de la evidencia, pero al levantarse descubrió que el cuerpo no olía mal aún y continuó comiendo. Al día siguiente del crimen, escribió en su diario:
    “El zumbido de tres enormes moscas me despierta. Son tan grandes que parecen un enjambre oscureciendo su rostro. Al moverme se despegan. Intento seguirlas, pero escapan. Lo sé. Son la señal de que ya la he perdido, que la he roto para siempre. Como un niño rompe su juguete predilecto.
     
     
     

     

     

    “Nada en ella huele mal pese al tiempo transcurrido. Continúo comiendo, en particular sus brazos, que es una de sus partes más sabrosas. Recorto el ano y lo meto en mi boca, pero su olor es muy fuerte y me obliga a escupirlo. Al freírlo no ha disminuido su olor, por lo cual lo he dejado al interior del abdomen. Al poco rato, anhelo su lengua. Como no puedo abrir su mandíbula, planeo un modo de alcanzarla a través de sus dientes. Finalmente sale, la hago estallar en mi boca y me miro masticándola en el espejo. Luego voy por los ojos”.
     
     
     
     

     

    “Es necesario terminar con todo esto. Desprender su cabeza es la cosa más difícil que he tenido que hacer. Corto el cuello hasta que puedo ver el hueso, después corto otra vez. Todavía lleva su collar. Intento utilizar el cuchillo eléctrico, pero no funciona. Uso otra vez la sierra. Imagino la guillotina. Es asombrosamente fácil decapitar si se tiene un instrumento eficaz a mano.
    “Con la cabeza despegada de su tallo, ahora es solamente carne. Jalo el pelo y veo como cuelga. Siento ganas de comer sus ojos. Aunque es la parte más fácil de su cara, es terrible insertar el cuchillo en ellos. Puedo ver cómo se deslizan hacia el lado izquierdo de su rostro. Ahora es casi un cráneo. Dejo la cabeza en una bolsa de plástico.
     
     
     

     

     

    “Pulso varias veces. Requiere de gran esfuerzo cercenar las piernas. Su cuerpo salta. Finalmente se separan. Entonces corto los brazos, que resultan incluso más duros que éstas. El cuchillo eléctrico da resultado esta vez. En su mano izquierda todavía luce el anillo y la pulsera que le regalé hace unos días”.
     
     
     
     

     

    Días más tarde, la Luna de Miel había terminado. Con un hacha la cortó en pedazos más pequeños para meterla en una maleta que había comprado para este fin. Mientras la desmembraba se excitó y con la mano del cadáver procedió a masturbarse. Cortó su nariz y sus labios, y los guardó para sus fantasías sexuales posteriores.
    A la medianoche del segundo día guardó todos los pedazos bajo llave en su maleta, llamó un taxi y pidió lo llevara al Bosque de Boulogne. Una vez allí trató de botarla al lago, pero dada su complexión física le resultó muy pesada. Cuando descubrió que varias personas lo miraban se asustó, la tiró rápidamente y huyó. Una pareja que paseaba por el lugar vio una mano de mujer llena de sangre y llamó a la policía.
    Cartas manuscritas de Issei Sagawa
     
     
     

     

     

    Mientras tanto, Issei regresó a su apartamento a disfrutar de los filetes de Renee que conservaba en el refrigerador. Cada día que estuvo en libertad comió pedazos del cadáver.
     
     
     
     

     

    Dice en su diario:
    “Ordeno cuidadosamente los platos. Abro el refrigerador. La huelo y miro desnuda ahí adentro. Reconozco cada uno de los segmentos de carne. Esto es parte de su cadera y esto de su muslo. Los frío.
     
     
     

     

     

    “Su ropa permanece sobre la mesa de cristal. Finalmente corto sus partes íntimas. Cuando toco el vello del pubis, me percato de que tiene un mal olor. Muerdo su clítoris, pero no se desprende, sólo se estira.
     
     
     
     

     

    “Lo pongo en la sartén y después en mi boca. Lo mastico cuidadosamente y lo trago. Es muy dulce. Sin embargo, cuando está en la boca se hace difícil conectar un trozo de carne con un cuerpo. No guardan semejanza alguna. Pero continuaré comiendo hasta que ellos vengan. Cada día la carne llega a ser más blanda, cada día el gusto más exacto. Más dulce”.
     
     
     
     

     

    Cuando la policía francesa finalmente llegó a su apartamento con una orden de captura, Issei los dejó entrar sin problemas. Abrieron el refrigerador y encontraron pedazos de un cuerpo de mujer, incluso los labios.
    El arresto

     
     
     
     

     

    Issei confesó lo que había hecho y agregó que tenía una historia médica con una enfermedad mental. De hecho, sus descripciones fueron tan detalladas que el juez decidió que él no era competente para juzgarlo.
     
     
     
     

     

    Sagawa fue condenado a un período indefinido de prisión en el asilo Paul Guiraud. Los tres psiquiatras que lo evaluaron dijeron que nunca se curaría. Su multimillonario padre, Akira Sagawa, presidente de Kurita Water Industries en Tokio, hizo un trato para que en 1984 su hijo fuera transferido al hospital psiquiátrico Matsuzawa en Japón. El fiscal creyó que allí estaría preso de por vida, pero solamente permaneció internado quince meses y quedó libre en agosto de 1985, gracias a su padre.
    Issei Sagawa regresa a Japón
     
     
     
     

     

    Video sobre Sagawa y el lugar del crimen
    Jûrô Kara, escritor japonés, mantuvo correspondencia con Sagawa cuando estaba en la cárcel en París y publicó, en 1983, La carta de Sagawa, obra que fue galardonada con el Premio Akutagawa, la más alta distinción literaria japonesa.
     
     
     

     

     

    En una carta que Kara envió a Sagawa se puede leer:
    “Sé lo que es ser mirado por encima del hombro por ciertas mujeres extranjeras. Pero la única que puede conmoverle es la mujer blanca, hasta el punto de que para sus ojos sólo existe ella. En realidad se trata de la ‘Fantasía del Blanco’ para los japoneses. De la búsqueda de la raíz de la atracción por la mujer extranjera, por la piel blanca, a través de las generaciones anteriores, desde los tiempos de Shirô Amakusa hasta la época en que Perry desembarcó en el Japón, más o menos desde 1637 hasta 1853. Cada cultura tiene sus fantasías”.
     
     
     

     

     

    No podemos saber con exactitud hasta dónde la ‘Fantasía del Blanco’ orilló a Sagawa a comerse a Renée. Lo cierto es que Sagawa no probó todas las partes del cuerpo de ella. No comió vísceras, por ejemplo. A diferencia de sus partes íntimas. Algo que destaca Jean-Luc Hennig en su libro Breve historia del culo es que Sagawa comenzó a comérsela por el glúteo derecho. En el libro In the fog puede verse que sus partes íntimas fueron las que probó al último.
     
     
     
     

     

    En Japón, Sagawa llegó a convertirse en una celebridad. Escribió varios libros y colaboró en un periódico. Frecuentemente apareció en televisión y llegó a mostrar en videos cómo había matado, cortado y comido a Renee.
    Sagawa convertido en estrella de la televisión

     
     
     
     

     

    Luego dio entrevistas para una revista de cocina y protagonizó una película pornográfica acerca del asesinato, donde aparece mordiendo las nalgas de una actriz porno y se ve a una chica metida en un refrigerador.
    Escenas de la cinta pornográfica donde Sagawa actúa su crimen

     
     
     
     

     

    También comenzó a pintar. Expuso en Japón y en Europa. Sus pinturas se vendieron en altos precios.
    Las pinturas de Sagawa

     
     
     
     

     

    En 1983, en el álbum Undercover, los Rolling Stones incluyeron una canción titulada “Too much blood” (“Demasiada sangre”), escrita por Mick Jagger y Keith Richards, inspirada en Issei Sagawa, como una forma de rendirle homenaje al único caníbal de la historia que podía asistir a los espectáculos de televisión y a los talk shows para hablar sobre su hazaña.
     
     
     
     

     

    Considerado un artista, Sagawa confesó con cierto esnobismo que la única forma de reivindicarse por el asesinato de la chica holandesa sería ser comido por una mujer occidental joven. Declaró que le gustaría que sucediera. Sagawa afirmaba, con una sonrisa en el rostro: “el público me ha hecho el Padrino del Canibalismo y estoy contento, feliz con eso”.

    El

     Caníbal de Rothenburg” 

    “Al rojo de la tarde se eleva una silueta;
    murmura una tonada: la llave está en la puerta…”

    Real de Catorce

    Armin Meiwes nació en Alemania. Era un chico normal en la escuela, aunque algo retraído y apartado de sus compañeros, que lo molestaban frecuentemente. En su familia vivió las sucesivas separaciones de su madre y al final de su pubertad vivía sólo con ella, sometido a una estricta disciplina. Su madre lo chantajeaba emocionalmente para que permaneciera siempre a su lado; esto duraría hasta su edad adulta.

    En su juventud, Meiwes presenció escenas de matanzas de animales en las que él participaba, para luego continuar con un gran banquete; esto pudo influir en su estado mental posterior.

    A la edad de dieciocho años, Meiwes se muda con su madre a la enorme mansión que la familia poseía en las afueras de Rothenburg. El lugar tenía cuarenta y cuatro habitaciones, y los amigos de Meiwes la llamaban “La Casa de los Espíritus”. Aquellos cuarenta y cuatro sitios oprimían con su inmensidad el espíritu adolescente de Meiwes y le provocaban una avasalladora sensación de soledad. Se refugiaba con amigos imaginarios y en el retorcido amor de su madre, que lo tuvo atado a él fingiendo todo tipo de enfermedades.

    Meiwes ingresó en el ejército, donde destacó por su disciplina. Apoyaba a los subalternos y se llevaba bien con ellos. Se llevaba a su madre con las excursiones de su brigada y pasaba la noche con ella, aunque en habitaciones separadas.

    Tras su servicio en el ejército, Meiwes trabajó como técnico de computadoras en un centro informático de Kassel. En su trabajo también se le consideraba diligente y eficiente.

    Entre sus aficiones estaban la lectura de libros sobre caníbales, muertes violentas y biografías de asesinos en serie. Además, coleccionaba partes de los cuerpos de varias muñecas, mismos que guardaba en un cofre para ocultarlas de su progenitora. Con ellas construía extraños y grotescos seres. Una amiga de la familia le regaló a los catorce años una muñeca y Meiwes se la comió.

    La madre de Meiwes falleció en 1999 en la mansión de Rothenburg: un accidente en el sótano mientras su hijo estaba en el trabajo puso fin a sus días. Tras su muerte, Meiwes se quedó solo en el mundo: los únicos lazos familiares y sentimentales que mantenía desaparecieron de su vida. Una amiga le dijo que era el momento de que dejara atrás al niño y se convirtiera en hombre. Pero Meiwes no estaba de acuerdo. Se sentía solo y desprotegido.

    A partir de este punto, inició su carrera como obsesivo navegante de Internet. Miles de fotografías de crímenes, accidentes, cuerpos desmembrados y torturas componían el archivo fotográfico de su computadora. Foros como “Gourmet” o “Caníbal Café” le proporcionan la plataforma ideal para contar y compartir sus fantasías más profundas.

    Una de las páginas de Internet

    Así comenzaron sus primeros contactos. Meiwes puso un anuncio donde especificaba: “Se busca un hombre joven, entre 21 y 40 años, que quiera ser devorado”.

    Primero un cocinero se ofreció a sí mismo, así como a dos de sus ayudantes para ser degustados. Meiwes tuvo la oportunidad de matarlo y devorarlo. Sin embargo, ante las dudas de la víctima en el momento preciso, lo dejó marchar. El banquete sólo tenía sentido si la víctima también estaba de acuerdo. Esto molestó un poco a Meiwes, quien había pedido que sólo acudieran a su llamado hombres serios.

    En el chat, conoció a Bernd Jürgen Brandes, un ingeniero de Berlín. Brandes había tenido una vida atormentada. Su madre se suicidó cuando él era un niño tras padecer profundas depresiones. Su padre lo dormía leyéndole cuentos de hadas aterrorizantes; Brandes recordaba sobre todo la fascinación que en él ejercía la historia de Hansel y Gretel, engordados por una bruja para ser devorados. Se declaraba bisexual, y violencia y tortura formaban parte de sus rituales sexuales cotidianos: frecuentaba prostitutos que conocía en los bares, a los cuáles les solicitaba que mordieran su pene y se lo arrancaran, cosa que ninguno quiso hacer. Brandes tenía una pareja estable, a quien dejó todas sus pertenencias antes de lanzarse en pos de Meiwes para ser asesinado y comido. Había en él la sensación de un destino manifiesto, de que era el rol que debía cumplir en el mundo. Sentía culpa por el suicidio de su madre y pensaba que, al morir y ser devorado, pagaría un poco de ese precio.

    Bernd Jürgen Brandes, el platillo principal

    Brandes se citó con Meiwes el 10 de marzo de 2001 para un fin de semana, donde ambos pusieron a prueba sus instintos caníbales. Se dice que cuando se encontraron en el andén, Brandes le extendió la mano y le dijo: “Yo soy tu carne”, a lo que Meiwes respondió: “Yo soy Armin”. En cuanto a los motivos que llevaron a la víctima a ofrecerse, Meiwes manifestó posteriormente que no entendía el sentimiento de felicidad que Brandes experimentaba. Tras la despedida en la estación, Brandes lo pensó mejor y llamó a Meiwes para que lo recogiese. Quería probar otra vez. Meiwes grabó todo con una cámara de video. Después de varias horas de conversación y de ingerir veinte pastillas para dormir, dos botellas de jarabe para la tos y media botella de whisky, Brandes quiso que Meiwes le amputase el pene. Meiwes lo mordió y trató de arrancarlo con la boca, entre los gritos de dolor de Brandes, pero al final no pudo; el pene quedó solamente desgarrado. “Córtalo de una vez”, dijo la víctima. Así que Meiwes tomó el cuchillo y terminó su labor.

    La mesa donde Meiwes cortó el pene de Brandes

    Por fin Brandes pudo cumplir un sueño: comerse sus propios genitales. Meiwes partió el pene en dos trozos y los puso en la sartén, aderezándolos con pimienta, sal y ajo. Estaba contento mientras cocinaba y conversaba con Brandes, quien pese a que estaba muy drogado y alcoholizado, hablaba sobre lo bien que olía el guisado hecho con su pene. Al comerlo, notaron que su tamaño se había reducido a causa de la cocción. Brandes lo morió, trató de masticarlo, pero al final lo dejó sobre el plato y le reprochó a Meiwes: “Está muy duro. No puedo comerlo. Dijiste que todo sería perfecto…”

    El interior de la casa de Armin Meiwes


    Tras cenar, Meiwes cargó a Brandes hasta depositarlo en la bañera. Se quedó allí diez horas, tras lo cual perdió el conocimiento. Cuando despertó, ambos acordaron que Brandes debía ser sacrificado. Meiwes lo cargó de nuevo, lo puso sobre una mesa y le enterró un cuchillo. Cuando éste agonizaba, lo remató. “Movía la cabeza de un lado a otro. Se puede ver un movimiento bucal”, dijo un forense presente en la proyección del vídeo durante el juicio.

    La bañera

    Luego lo destripó, lo descuartizó y enterró algunos trozos en el jardín, mientras otros los congeló y se los comió en días posteriores. Meiwes vio por fin cumplido su deseo de comer carne humana. Según las declaraciones a la policía, la carne de Brandes tenía un sabor muy parecido a la carne de cerdo. “A él también le dio placer, había soñado con ser comido”, declararía a la policía. Devoró veinte kilos de carne humana, siempre acompañados por vino tinto chileno. “El momento de descuartizarlo y destriparlo lo contemplé a menudo”, aseguró en su testimonio.

    Meiwes había satisfecho su fantasía, pero esto no era suficiente. Los meses siguientes los pasó buscando nuevas víctimas. Necesitaba carne joven y fresca. “Se me está acabando la carne”, afirmó en un foro. Esta actitud fue la que condujo a la policía a desenmascararlo.

    Un estudiante de Innsbruck denunció a Meiwes, quien aseguraba en los foros haber probado la carne humana. En el recuento de respuestas, se registraron varios centenares de víctimas, todas dispuestas a dejarse devorar por el caníbal.

    “La Casa de los Espíritus”: el lugar del crimen


    La policía lo arrestó un año después del asesinato. El veredicto de los psicólogos y psiquiatras mostró que Meiwes no presentaba ninguna enfermedad mental cuando cometió el crimen, pero consideraron que su víctima no podía pensar racionalmente.

    La fiscalía quiso juzgarlo por asesinato con motivos sexuales e imponerle cadena perpetua. El problema era que la víctima dio su consentimiento al asesino y la defensa usó ese argumento para que se conside