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EL SUPERAGENE DE SANTI

21 noviembre 2010 Deja un comentario

Destaco esta acción simple, que hacen diariamente muchísimos compañeros, porque las noticias de este tipo escasean en la prensa y más bien todo esta por anunciar lo mal que trabajamos. Que un ciudadano te agradezca tu dedicación es la mayor de las gratificaciones en esta profesión.

 

Nov 20, 2010 | El Periódico

El superagente de Santi

 

Santi Robert, de 7 años, tiene claro que quiere ser policía. A priori, nada raro. De hecho, junto a futbolista o bombero son algunas de las aspiraciones poco extraordinarias a esa edad. Este chaval que vive en una urbanización de Cabrils (Maresme) matiza, e insiste, que quiere ser policía «desde el principio». O sea, ¿desde que vino al mundo? Eso fue el 26 de junio del 2003, en la Clínica Sagrada Família, donde nació sano en parte gracias a la labor de una agente de la Unidad de Circulación de la Guardia Urbana de Barcelona, Sergio Fernández, que logró sacar de un embotellamiento de tráfico a sus padres y abrirles paso para llegar a tiempo al parto. Por eso, que tantas veces le han contado, Santi quiere ser como Sergio.

 

Información publicada en la página 35 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 21 de noviembre de 2010
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En la vida de esta familia ha estado muy presente la tenacidad y entrega de este agente motorizado con dos décadas de servicio a sus espaldas. «Pasaron los días, los meses y los años… No hubo un solo día en mi vida que no dedicase algún pensamiento a mi héroe de la Guardia Urbana», confiesa el padre de Santi, Javier Robert. «Fue un auténtico espectáculo de pasión, profesionalidad y humanidad que jamás he podido olvidar», prosigue. En el séptimo cumpleaños del niño, cuando volvieron a rememorar el día y el chaval dijo que quería conocerle, decidió no dejar pasar más tiempo sin darle las gracias.

 

Se puso en contacto con la policía municipal, escribió una carta contando cómo aquel 26 de junio se encontraron en el Nus de la Trinitat con un monumental atasco por un accidente mientras se dirigían a una cesárea programada, y cómo tras más de hora y media de bloqueo la madre de Santi empezó a sentir intensos dolores y se puso de parto.

 

«Llamé al 112, les expliqué nuestra situación y al cabo de pocos minutos apareció un agente de la Guardia Urbana que inició una lucha titánica para conseguir que nuestro vehículo avanzara lentamente entre el colapso», recuerda Javier. «Llegó a desmontar de su motocicleta gritando y gesticulando a los conductores que se apartaran. Nosotros observamos alucinados la entrega y el esfuerzo enconado del agente, pensando que parecía que el niño que iba a nacer fuera suyo», prosigue.

 

Llegados a la clínica, con los nervios y las prisas, el padre, cuenta, levantó levemente la mano, casi sin girar la cabeza, y se despidió del policía. «¡Qué ridículo y pobre me parece ahora ese gesto siendo consciente durante tanto tiempo de mi deuda con él!», valora. «El médico nos dijo que la situación había sido tan extrema que unos minutos más de demora hubieran podido desencadenar un trágico desenlace», dice aún con un nudo en la garganta el padre del pequeño.

 

Y lo cuenta, esta vez, delante de Sergio, que no puede contener la emoción cuando el niño le mira con orgullo y dice alto y claro:

«Me salvó la […]