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El detenido por la muerte del policía nacional ya había agredido a otro agente en marzo

Debía haber sido un servicio rutinario. La detención de un indigente, Stefan R., alemán, de 36 años, que solía moverse por la calle Frigiliana, donde vivía como okupa en un local abandonado. Un hombre «bastante violento», como reza en su ficha, colgada en los tablones de comisaría, que termina con una frase que ahora parece una trágica premonición: «Extremar precauciones».

El mendigo, un tipo «peligroso» que tenía atemorizado al barrio, estaba reclamado por un juzgado, y había que detenerlo. Un servicio rutinario. Pero nada salió como debía. Según las primeras investigaciones, Stefan R. sacó un cuchillo jamonero y, «sin mediar palabra», apuñaló en el pecho a Francisco Díaz Jiménez, un policía nacional de 33 años. Paco, como lo conocían sus compañeros, no llevaba chaleco. Murió poco después.

Eran exactamente las siete de la tarde de ayer. El agente, adscrito a la Unidad de Prevención y Reacción, cayó al suelo sobre la acera. Su compañero desenfundó el arma reglamentaria y gritó: ‘¡Alto, policía!. Un vecino de la zona que fue testigo de lo ocurrido relata la escena: «Parecía que iba a levantar las manos, pero salió corriendo en dirección a la frutería». El local está situado a la altura del número 1 de la calle Frigiliana, cerca del cruce con la avenida de Velázquez. Allí sería detenido.

El agente abrió fuego para interceptarlo. Al parecer, disparó hasta en cinco ocasiones. Uno de los proyectiles alcanzó en el torso a Stefan R. Las otras balas perdidas salieron en dirección a la calle Gaucín. Una de ellas rozó a una joven de 28 años que acababa de salir de una tienda, a la que había ido a comprar unas chanclas. Mari Pepa, una vecina del barrio, fue la primera persona que se encontró con ella. «Estaba muy alterada. Pensé que tenía una crisis de ansiedad y me acerqué, pero cuando se quitó las manos de la cara vi que estaba ensangrentada. Decía que había sentido que algo le había caído en la cabeza y que luego solo escuchaba un pitido muy grande», relata la mujer. «Un enfermero que pasaba por ahí –prosigue– la calmó mientras llegaba la ambulancia».

«He visto la bala»

A unos metros, Antonio Padilla, propietario del comercio Aceitun&CO, charlaba con Francisco, yerno de los propietarios de la carnicería Ana. «Hablábamos de lo tranquila que estaba siendo la tarde», comenta. Primero oyeron el sonido de unas detonaciones, que les parecieron petardos, y luego una sombra que se acercaba a ellos. «He visto la bala», asegura Antonio. «Venía rebotada desde la fachada de enfrente y le entró a Francisco por el hombro. Empezó a preguntarme: ‘¿Qué es? ¿qué es?’ Vi que estaba sangrando, así que me olvidé de todo y me puse a asistirlo».

La primera del aluvión de llamadas a los servicios de emergencias entró a las 19.03 horas. La hizo la propia Policía Nacional al 061 pidiendo una ambulancia para el agente herido. Uno de sus compañeros se quitó la camiseta para taponarle la herida, mientras el segundo le hacía maniobras de reanimación. La uvi móvil llegó seis minutos después. Cuando la ambulancia se lo llevó, «los otros dos agentes rompieron a llorar y uno de ellos tiró la gorra al suelo», recuerda otro testigo. Ingresó en el Hospital Carlos Haya en estado crítico. Pese a que fue operado de urgencia, no se pudo hacer nada por su vida. Murió a las nueve de la noche. Francisco Díaz llevaba ocho años en el Cuerpo Nacional de Policía. Estaba casado y tenía una hija de cuatro años. Era un agente muy querido en la plantilla, donde estaba considerado un muy buen compañero. Hoy se instalará la capilla ardiente en la Comisaría Provincial.

Lesiones leves

Los otros tres heridos fueron repartidos por distintos hospitales malagueños. El presunto agresor fue derivado al Civil, donde entró con heridas por arma blanca y de fuego en el torso, aunque a priori ninguna de ellas revestía gravedad. Poco después fue derivado a Carlos Haya, donde también ingresó Francisco, el dependiente de la carnicería, con un balazo en el hombro. Aunque en un principio se temió que le hubiese ocasionado lesiones graves, sólo le afectó al tejido muscular. Según confirmaron fuentes sanitarias, la joven que sufrió un roce en la cabeza causado por una esquirla fue trasladada al Hospital Clínico. Tras curarle la herida que presentaba, recibió el alta médica anoche.

Fuente: diariosur.es

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