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24 horas protegida por la Policía Local de Plasencia

Dos de los agentes de la Policía Local de Plasencia que escoltan a Teresa. - EFE

Dos de los agentes de la Policía Local de Plasencia que escoltan a Teresa. – EFE

 

EDUARDO PALOMO (EFE) 05/07/2014

Es la única mujer en Extremadura que vive escoltada por agentes de la Policía Local de Plasencia, que la protegen de su maltratador incluso en su tiempo libre. Hoy se llamará Teresa. Tiene 35 años y tres hijos.

“Tengo suerte de ser la primera, pero ojalá no haya ninguna más”, afirma Teresa en una entrevista con Efe, a la que ha acudido en coche patrulla y protegida por dos agentes locales.

Desde hace unos cinco meses, Teresa acude diariamente a su lugar de trabajo escoltada por dos policías uniformados que “cuidan de ella”. Al volver a casa, se repite el protocolo, y así en cada movimiento que realice fuera de su domicilio.

Además de los agentes de Barrio que protegen a Teresa durante su servicio diario, hay un grupo de siete agentes voluntarios que, sin cobrar, se encargan de su protección.

La situación de Teresa está calificada de “muy alto riesgo”, una circunstancia que ha llevado a la Policía Local de Plasencia a involucrarse, de manera directa y permanente, en su protección.

Incluso fuera del horario de servicio y, a veces, a costa del tiempo libre de los agentes implicados en el programa.

El intendente de la Policía Local, Enrique Cenalmor, defiende su decisión de escoltar a Teresa con vehemencia. “En el caso de Teresa el peligro es muy real”, afirma antes de asegurar que en ocasiones, las ordenes de alejamiento no son suficiente.

Por eso, la actuación de la Policía Local puede ser -y en este caso lo es- un gran aliado de las mujeres víctimas de maltrato en grave riesgo, según afirma.

“Yo no quiero que en Plasencia le pase esto a ninguna mujer y, por eso, hemos puesto los medios para que no ocurra en los casos que, a priori, puede suceder lo peor, porque, desgraciadamente, es muy fácil matar a una persona”, añade antes de defender que el programa de vigilancia puesto en marcha por la Policía Local es “fácilmente exportable a otras ciudades”.

A finales de 2001, Teresa recibió una brutal paliza, la más grave de las que su pareja le ha propinado durante doce años. Todavía le restan tres operaciones en rodilla, mandíbula y tabique para librarse de las terribles secuelas que los golpes dejaron en su cuerpo.

Dos días después interpuso una denuncia y tras un juicio rápido, el juez envió a su maltratador a prisión preventiva, donde permaneció varios meses.

Tan sólo un día después de su salida de prisión, Enrique Cenalmor, y el responsable de la Sección de Familia y Menores del cuerpo y experto en malos tratos, Marcial Flores, ejercieron de “ángeles de la guarda” de Teresa, realizando labores de escolta fuera de su servicio normal.

Poco días después, llegó el primero de muchos quebrantamientos de la orden de alejamiento. Teresa lleva encima permanentemente dos dispositivos electrónicos, uno de emergencia y otro que le avisa de la cercanía de su agresor. Este último no dejó de sonar durante varias horas.

El miedo se hizo, aún si cabe, más presente en su vida. Ese día, Enrique y Marcial volvieron a “hacerse cargo de su vida”. Su agresor fue detenido y enjuiciado.

Las continuas amenazas que recibía por parte de su expareja y de su entorno la llevó a pedir ayuda. “Llegó temblando y nos dijo que no podía más, que estaba convencida de que iba a matarla y ahí fue cuando comenzamos a diseñar un programa específico de protección, del que luego informamos al juez”, explica Cenalmor.

“La vida de Teresa ahora es nuestra. Nosotros somos quienes manejamos su agenda, pero intentamos que ella se sienta lo más cómoda posible”, afirma el responsable de Sefame y una de las personas más implicadas en el caso.

La comodidad a la que alude Marcial no llegó al principio para Teresa.

“Cuando empecé a llevar escolta lo pasé muy mal, porque la gente me miraba como un bicho raro. Entraba en un bar y veían a un policía en la puerta y otro enfrente. He tenido que escuchar de todo, que si he salido de la cárcel, que si soy peligrosa”, se lamenta.

No obstante, el operativo ha dado ya resultados muy importantes.

“Es efectivo a todas luces. Ella no ha perdido su trabajo y su agresor no la ha vuelto a molestar desde que estamos con ella”.

Teresa tiene ganas de que todo termine. “Es una necesidad mental porque ha sido muy duro, las pesadillas siguen ahí, e incluso en ese momento les veo a ellos, mis ángeles de la guarda, como creando una especie de barrera que me dice que de aquí no vas a pasar”.

Teresa, apoyada por el intendente, ha participado en seminarios profesionales, donde ha animado a los miembros de los cuerpos policiales a que apoyen a las mujeres en estos casos, aunque sea en su tiempo libre, “porque es una labor que no tiene precio”.

También tiene claro que la denuncia por malos tratos es el principio de todo. “Yo me tiré doce años de maltrato por miedo a pensar qué iba a estar sola en esta vida con tres hijos y ni iba a tener apoyo de nadie y es al revés, al final las puertas se abren y encuentras apoyo y protección”.

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