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Psicópatas: El periodo de enfriamiento (Cold Period)

Se denomina período de enfriamiento al lapso en que un psicópata o sociópata suspende su actividad ofensiva.

Esto no implica necesariamente una renuncia definitiva a aquello que tanto tranquiliza y satisface sus instintos destructores. Pero ¿qué podría llevar al psicópata a inhibir sus impulsos delictivos u homicidas durante un tiempo determinado?

 

Enamoramiento
La personalidad narcisista y monolítica del psicópata puede verse resquebrajada por el enamoramiento, el intento de adaptación a una vida “normal” podría tener éxito. El depositar momentáneamente esa libido yóica en alguien que no sea uno mismo, es posible en el psicópata. Por supuesto y en este caso ese amor no es un amor sano, si no patológico. Es el vínculo denominado del psicópata y su complementario, donde este complemento adosado a la personalidad psicopática cumple la función de eso, un complemento, ni más ni menos, pero no viene a completar, a llenar una falta, pues el psicópata no necesita completar nada y mediante el maltrato culpará al otro por su imposibilidad de igualarlo, ya que nadie, salvo quizás otro psicópata, en su escala de valores, tiene su misma entidad. En la alianza psicopática de criminales, como por ejemplo la de los alemanes Manuela y Daniel Ruda o el caso de los Belgas pedófilos Marc Dutroux y su mujer, aparece una exacerbación del sadismo, esto solidificó el vínculo entre ambos, pudiendo entonces unir cóncavo y convexo. De presentarse una competencia entre la díada, será para comparar y admirar a quien lleve a cabo el mayor despliegue durante la descarga de la tormenta psicopática.

En el caso del complementario, probablemente el sadismo descargado hacia él sea disminuido o se lo sustituya por otro complementario simultáneamente, ya que en estas estructuras es necesario un objeto. Objeto porque una de las características del psicópata es la cosificación de las personas, despojándolas de toda virtud, cariño, importancia, si la hubo fue hasta que pudo ser sustituida por otra, siendo entonces desechada como un mueble inservible. Puede que el psicópata que se enamore, simule mediante una doble vida, un vinculo aparentemente sano, jugando al rol de ser un hombre o mujer enamorado y buscando la descarga sádica en un complementario, ello, a modo de preservar el vínculo que sirve de cortina de humo para no ser descubierto. Veamos si no al austríaco Josef Fritzl, quien mantuvo cautiva en un sótano a su hija durante 24 años y con quien mantuvo una relación incestuosa, de cuyo fruto nacieron 7 hijos.

Quizás sus deseos de satisfacer su curiosidad de cómo sería vivir en pareja, lo lleven a experimentar la sencillez de una vida cotidiana. Pero no olvidemos que la estructura psicopática es justamente eso, una estructura, es decir un modo de ser en el mundo (MARIETAN), por lo tanto puede inhibirse pero muy difícilmente tolerar la paz durante mucho tiempo. Cabe destacar que estos vínculos se establecen gracias a la empatía utilitaria, pudiendo ponerse en el lugar del otro pero a efectos utilitarios, no vínculos amorosos, si no más bien con el objetivo de manipulación.

 

Temor a ser descubierto
Conciente de un error en su última actividad, haría que el psicópata desee congelar sus instintos de depredación. Aquí puede considerar necesario durante un tiempo el adaptarse a las leyes que rigen a la sociedad y actuar un personaje diferente, por supuesto a las normas las transgredirá cuando considere una oportunidad que lo amerite y poder pasar desapercibido mezclándose entre la gente. Su premeditación hará que mientras tanto planee, tantee el terreno y observe qué es lo que pasa a su alrededor, cual soldado en su trinchera aguardando el momento de volver a los viejos hábitos. Por otro lado existe la posibilidad de infiltrarse en las investigaciones, es decir cooperar voluntariamente haciéndose pasar por un ciudadano de buena fé, cumpliendo esto, el objetivo de seguir de cerca el avance de las investigaciones o desviarlas, así como también revivir el crimen. La posibilidad de una mudanza por parte del psicópata es también una de las posibilidades.

 

Perfeccionamiento de Modus Operandi
Las elucubraciones de nuevas estrategias y métodos para llevar a cabo delitos o crímenes podrían desembocar en una erotización del pensamiento. Vemos pues, como el placer obtenido con el acto, es desplazado y sustituído por la exacerbación de los procesos mentales agudizando el ingenio. Por lo tanto, la posibilidad de no capitalizar la experiencia, no es válida, en este aspecto, quizás su relación con otras personas sea siempre utilitaria, pero cuando se trata del perfeccionamiento para el desarrollo de conductas disvaliosas, su análisis de las situaciones, posibilidades y posterior ocultamiento, logran que cada vez se manejen con mayor sofisticación.

 

Planeamiento de un nuevo crimen o delito
El período de latencia favorecería su elección, contribuyendo a observar y estudiar al próximo objeto de su descarga o ambicionar un nuevo tipo de delito a cometer en modo escalonado, ya sea que de robo pase a estafa, hurto o de violación a asesinato, etc.

 

Enfermedad o muerte
El padecer trastornos clínicos relevantes que impiden la motilidad o discernimiento necesario para continuar con su actividad, no descarta la posibilidad de ejecutar manipulaciones maquiavélicas dentro de su círculo familiar aprovechando la lástima que sus convivientes puedan tener hacia ellos. Se ha sabido de casos de abuelos en sillas de ruedas abusadores de sus nietos infantes. Asimismo, por ejemplo suegras perversas manipuladoras que se valen de la condescendencia ajena, victimizándose para así poder sembrar discordia entre su círculo familiar primario o en las familias constituidas por sus propios hijos, logrando muchas veces la disolución de matrimonios u otro tipo de vínculo familiar.

 

Encarcelamiento
Por lo general la comunidad carcelaria lejos de reformar, corrompe. A veces las cárceles se convierten en establecimientos educativos de hábitos nefastos rigiéndose por la ley del más fuerte. Cabe destacar que muchas veces la reinserción del delincuente o criminal en la sociedad se ve estancada, pues los códigos carcelarios con los años, quedan adosados a los patrones comportamentales o delimitan su rol en los grupos. Estas pautas paulatinamente se van incorporando a la conducta, el individuo difícilmente pueda ser desarraigado de ellas y reeducado para lograr establecer vínculos sociales sanos. La ciencia de la criminología, podría contribuir con políticas de prevención dentro de las cárceles que apoyen estimulando la educación oficial, sublimación artística, disciplina deportiva, etc.

Carlos Eduardo Robledo Puch, uno de los mayores asesinos de la historia criminal argentina, preso desde 1972 y recluido en el pabellón de homosexuales, se insertó en la comunidad carcelaria de un modo peculiar. Manifiesta su deseo de no quedar en libertad a pesar de tener esa oportunidad legal; se ha convertido en un fervoroso predicador del evangelio, es decir logró sublimar sus pulsiones mortíferas, ello probablemente se deba a que ha presentado brotes psicóticos en los cuales asegura ser un enviado de Dios, pudiendo entonces presumir la posibilidad de no presentar una psicopatía como base primaria o en su defecto, una simulación de un cuadro psicótico.

Escrito por Maria Laura Quiñones Urquiza

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Un estudio da una vuelta de tuerca a la genética de la esquizofrenia

  • “El modo actual de investigar el trastorno no funciona”, dicen los expertos

MADRID.- El gen (o los genes) de la esquizofrenia no existen. Al menos, no del modo en que los buscaba hasta ahora la Ciencia. Un estudio apunta un nuevo enfoque para investigar el origen de este trastorno psiquiátrico: los afectados presentan múltiples alteraciones en la estructura de su genoma, en diferentes zonas que ayudan a organizar el desarrollo cerebral.

La investigación que publica la edición ‘on line’ de la revista ‘Science’, firmada por dos grupos estadounidenses, echaría por tierra el actual enfoque para estudiar los orígenes genéticos de la esquizofrenia.

Aunque está claro que este trastorno tiene un componente hereditario, hasta ahora se buscaban genes concretos relacionados con la enfermedad. “Se pensaba que la mayoría de casos de esquizofrenia estaban ocasionados por compartir una serie de genes comunes, cada uno de los cuales aumentaba ligeramente el riesgo del trastorno. Aunque se habían identificado una serie de genes prometedores, ninguno de estos hallazgos había sido definitivo”, explica a elmundo.es Jon McClellan, de la Universidad de Washington (Seattle, EEUU), y uno de los firmantes del nuevo trabajo.

De confirmarse sus conclusiones, “el modo actual de investigar, buscando genes de la enfermedad, no funcionará“, advierte este experto en Psiquiatría. Como está sucediendo con otros problemas, los avances en el estudio de nuestro genoma están permitiendo ir más allá de las clásicas variaciones genéticas: existen otras alteraciones en la cadena de ADN (variaciones en el número de copias de genes, como duplicaciones o desapariciones de genes) que también tienen algo que decir en nuestras diferencias genéticas.

En el nuevo trabajo, han descubierto que alteraciones de este tipo son entre tres y cuatro veces más frecuentes en las personas esquizofrénicas. Tras estudiar a 150 individuos con este trastorno o bien un trastorno esquizoafectivo y 268 individuos sanos, constataron que entre los primeros las alteraciones estaban presentes en el 15% de los pacientes, frente al 5% de los individuos sanos. Es más, entre aquellas personas en las que la esquizofrenia se había manifestado antes de los 18 años, la frecuencia de estas mutaciones estructurales ascendía al 20%. Los hallazgos se repitieron en un análisis en 83 personas con esquizofrenia surgida en la infancia, una variante menos grave de la enfermedad.

Curiosamente, se trataba de alteraciones únicas. “Prácticamente cada mutación estructural detectada en nuestro grupo inicial [los 150 esquizofrénicos] era diferente”, escriben los investigadores.

Alteraciones únicas

“Nuestros resultados sugieren que mutaciones raras pueden ocasionar muchos casos de esquizofrenia, teniendo cada uno diferentes mutaciones. Esto implica que numerosos los pacientes, tal vez la mayoría, tengan una causa genética diferente”, aclara McClellan. Sin embargo, también han visto que algunas de estas alteraciones afectan a los mismos genes. De hecho, los investigadores han visto que las variaciones de los pacientes psiquiátricos, aunque genuinas, se acumulaban en los mismos genes, algo que no sucedía con los cambios detectados en los voluntarios sanos.

En concreto, estaban sobrerrepresentadas en genes que intervienen en procesos importantes para el desarrollo cerebral. Once genes “alterados por variantes estructurales en los pacientes intervienen en redes de señalización celular críticas para diferentes procesos de las neuronas, como su crecimiento, migración, proliferación, diferenciación, apoptosis o la formación de sinapsis”, escriben los investigadores.

“Identificar procesos que son importantes para la enfermedad podría permitir el desarrollo de tratamientos que los estabilicen”, explica McClellan. Ahora, este investigador y su equipo planean “examinar los genes que vimos alterados en nuestro estudio para determinar si hay otros errores en estos mismos genes en otros pacientes”. Estos expertos creen que “los esfuerzos de investigación genética deberían centrarse en métodos que permitan detectar mutaciones estructurales a lo largo de todo el genoma”.

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SADISMO EN MASA


Autor: María Laura Quiñones Urquiza

 

Para explicar el fenómeno de la identificación colectiva, inevitablemente debemos citar, comprender e interpretar uno de los más brillantes trabajos de Sigmund Freud: Psicología de las masas y análisis del yo (Massenpsychologie und Ich-Analyse). En ese trabajo, vemos desde otra perspectiva cómo un Otro logra incorporar por medio de la transsubjetividad NORMAS ajenas en los individuos.

 

En psicoanálisis llamamos Pulsión al “instinto” del ser humano a fin de diferenciarlo del del animal. La pulsión es una disposición somato biológica de la cual solo veo el efecto, a ésta puedo demorarla, al instinto no. La Pulsión posee fuerza, perentoriedad, una meta que es la satisfacción y una representación del objeto necesario para su satisfacción. El instinto es más directo, es una tendencia innata automática y rígida, es causa efecto. Prueba de ello es que los animales que tienen hambre comen alimento en cualquier estado y simplemente ejecutan sus necesidades fisiológicas en donde sea.

 

El concepto de pulsión de vida (eros) y pulsión de muerte (tánatos) abarca las pulsiones creativas, positivas, armoniosas, virtuosas y constructivas en el hombre en quién conviven también las pulsiones negativas, destructivas, agresivas y mortíferas. Como para los chinos existen el ying y el yang. Tal es así que las dos son necesarias en su justo equilibrio para su supervivencia, las pulsiones se expresan en la defensa ante un ataque, masticación, ternura, actos de generosidad, habilidades, etc. De predominar en demasía una de ellas podríamos hablar hasta de patologías. El concepto de libido atañe únicamente a la energía psíquica positiva.
Buscamos una explicación psicológica para algunos aspectos de la dinámica de las sociedades humanas y muy particularmente de lo que sucede con el psiquismo del individuo insertado en la masa, Freud optó por una concepción reduccionista de lo social, pues el grupo constituye el modelo abreviado o experimental de la sociedad.
Freud rechaza la oposición clásica entre psicología individual y psicología social o psicología de las masas, destacando que en la vida psíquica de un individuo hay constantemente un Otro (para Jacques Lacan: modelo, objeto, rival), y que por lo tanto la psicología individual es siempre social.
Observa que este fenómeno se traduce por un acrecentamiento del afecto y una inhibición del pensamiento. Formula entonces la hipótesis de que las relaciones amorosas son la esencia del alma de las masas, y enfatiza la función del conductor. Así, distingue entre las masas sin conductor, que él llama masas espontáneas, cercanas al estado de naturaleza, y las masas con conductor, o masas artificiales, que son el producto de la cultura.
La Iglesia y el ejército son dos ejemplos de esas masas organizadas con conductor, masas artificiales, puesto que están construidas a partir de coacciones que obstaculizan su disolución espontánea.
Del examen de estos dos ejemplos surge la existencia de dos ejes estructurales: un eje vertical según el cual se organiza la relación de los miembros de la masa con el conductor, y un eje horizontal que representa la relación de los miembros de la masa entre ellos.
Las observaciones dan fé de la naturaleza amorosa de esos vínculos. En primer lugar, en cada uno de esos dos ejemplos se presume que el conductor (Cristo o comandante en jefe) profesa el mismo afecto por cada miembro de la masa.
En segundo lugar, en caso de disolución de la masa, aparece un fenómeno de pánico, en el cual se mezclan sentimientos de soledad y abandono, ligados al debilitamiento de los lazos sólidos ya constitutivos de la masa, y generadores de angustia. También se observa la existencia de un sentimiento de hostilidad, incluso de odio, dirigido a quienes no son miembros de la masa y que por ello representan un peligro para su cohesión.
Estas observaciones demuestran que el eje vertical, el vínculo con el conductor, es determinante para el eje horizontal, el de la relación entre los miembros de la masa. Surgen otras cuestiones, si bien el conductor es indispensable para el mantenimiento de la masa, puede no obstante ser reemplazado por una idea, un concepto ó una ley.

 

El peligro es aquel “padre de horda” con perfil de Personalidad Antisocial al que algunos llamamos el Psicópata Parásito, para los norteamericanos es aquel que padece un Desorden de Personalidad Antisocial por Poder y mediante el hipnotismo en masa y la sugestión (la mejor amiga de la hipnosis) sabe apelar a la pulsión tanática o mortifera que todos tenemos también, logrando desequilibrar un enjambre de “personajes” vulnerables, solitarios, narcisistas u otros psicópatas como él.

 

Carl Gustav Jung llamó La Sombra al sadismo que puede surgir cuando los grandes grupos se juntan, el ejemplo típico es el de las canchas de fútbol, donde algunos son incontrolables, salen de alli y muchos de ellos son amorosos padres o hijos. Vemos pues como se puede producir el fenómeno de la identificación, donde los propios intereses, principios, límites o pulsiones son dejados de lado, pasando a manejarse por los del grupo en pro de un concepto, ideal o un conjunto de normas.

 

En general en la formación de grupos puede ocurrir que para afianzar la alianza implícita, utilizan a un chivo expiatorio, lo defenestran o destruyen. En el mejor de los casos aparecerá el sentimiento de culpa, y en el peor ocurren por ejemplo las lapidaciones, sectas de criminales, etc..

 

Muchas veces al formar parte de esos grupos las licencias están permitidas, probablemente los “límites” tengan que ver con aspectos como la obediencia, y paradójicamente con la pulcritud.
Freud pensaba que la identificación es el proceso primordial del eje horizontal, traza entonces una distinción clara entre el yo y el ideal del yo (el deber ser), pasando posteriormente a considerarlo como Superyo, es decir un patrón de leyes internalizadas.
Una masa organizada es por un lado el resultado de la instalación por numerosos individuos de un mismo objeto exterior en el lugar de su ideal del yo, o sea de la constitución del eje vertical. La transformación sería el producto de una limitación de las propias satisfacciones y aceptada por cada uno de los miembros de la masa. Esta limitación se da porque el conductor ocupa la posición del ideal del yo para cada uno de esos individuos. El vínculo fraternal constituido entre los miembros de la masa actúa como compensación por el costo que el individuo paga para insertarse en ella, es decir por su transformación psicológica y renuncia al cumplimiento de sus propios deseos u opiniones.
BIBLIOGRAFÍA

 

Temas de Psicología Junguiana, Nestor E. Costa. CEA 1995
Sigmund Freud Obras Completas Tomo XVIII, Amorrortu Editores.

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Criminología Juvenil

De: Manuel Pacheco Gallardo
Fecha: Noviembre 2007
Origen: Noticias Jurídicas

Introducción

Los actos criminales siempre los llevan a cabo seres humanos. Hombres y mujeres, jóvenes y mayores, con su comisión, se convierten en delincuentes. Por esta razón, se hacen sospechosos de haber quebrantado la ley, son denunciados, perseguidos, castigados, y se intenta resocializarlos. Tal es la consideración del Derecho Penal: delincuente es el sujeto activo de la infracción penal, de cuya persecución, condena y envío a prisión se encargan los sistemas de control formal, escasamente preocupados de ahondar y comprender el porqué del delito, sus causas, efectos, remedios, etc.

La ciencia criminológica investiga al delincuente y no solo se ocupa del objeto, función, extensión y explicación del delito. Una de las labores primordiales de la Criminología haya sido no sólo explorar quién es el delincuente y cómo se le reconoce, sino también cómo se le de tratar y como se le puede reconducir a la sociedad.

La conducta criminal es un componente más de la conducta antisocial causada por la acción humana, entendida ésta como cualquier hecho que viole las reglas sociales o vaya contra los demás, es decir, el comportamiento que produce un delito, entendido este como toda conducta human externa, culpable, penalmente antijurídica y punible, cuando encaja en las descripciones del tipo legal y tiene señalada, en el Código Penal, una pena grave o menos grave.

En la historia de la Criminología se han perfilado diversas corrientes que intentan comprender el origen y las razones del crimen desde diferentes puntos de vista. Tres son los principales enfoques:

  1. El biológico: que considera que la conducta delictiva es consecuencia de alguna patología o trastorno orgánico.
  2. El psicológico: que busca la explicación del comportamiento delictivo en el mundo anímico, en procesos psíquicos anormales o en vivencias subconscientes, o que estima que el comportamiento criminal tiene idénticas características y se rige por las mismas pautas que el comportamiento no criminal.
  3. El sociológico: que contempla el hecho delictivo como “fenómeno social”.

En los primeros análisis estadísticos realizados en el primera mitad del siglo XX se observó que la criminalidad no se distribuye de igual forma en todas las edades sino que, en general, la tasa de criminalidad crece en vertical hasta los 20 años, para caer progresivamente primero, y con más fuerza a partir de los 35, con la excepción de un cierto incremento de las conductas delictivas a partir de los 60 años.

A.- Delincuencia de jovenes y menores.

De La violencia juvenil es considerado una grave epidemia de este comienzo de siglo. Los menores de edad son los nuevos protagonistas de las crónicas violentas y los comunicadores sociales reiteran informaciones e investigaciones periodísticas sobre los “jóvenes violentos”. En amplios sectores de la sociedad se considera que existe “una clara ausencia de valores en los niños y jóvenes”. Ausencia que se vuelca finalmente en los más diversos patrones de comportamiento violento.

Asesinatos, violaciones, robos y saqueos entre otros, encabezan la descripción de las violencias perpetradas en edades tempranas. Tal violencia se piensa, sin duda alguna, originada en fallos de los menores mismos. Esta convicción va tomando fuerte arraigo y hace que diversos países se encuentren discutiendo disminuir la edad legal en los que los menores pueden ser considerados imputables por los delitos que cometan.

La delincuencia juvenil es uno de los problemas criminológicos preferidos en los estudios sobre la criminología por:

  1. Por la personalidad de su protagonista, que exige un esfuerzo adicional del investigador y de los operadores jurídicos para captar el significado de la conducta, para comprender a su autor y para prescribir la respuesta adecuada.
  2. Por su repercusión social, que se explica, no obstante, más por el impacto de injustos estereotipos sociales que por al entidad real de la criminalidad. Fenómenos como el miedo al delito juegan un papel decisivo.
  3. Porque pone en evidencia los conflictos que enfrentan al mundo del derecho y al de ciencia tanto en el diagnóstico como la intervención. Política y ciencia hablan lenguajes diferentes.

La criminalidad de jóvenes y menores tiene interés desde el punto de vista técnico y político porque la conducta desviada puede observarse mejor entre los jóvenes que en los adultos. Por ello, los modelos teóricos explicativos de la delincuencia toman como referencia básica la criminalidad juvenil, y los programas, medidas e instituciones que después se extenderán al mundo de los adultos, son primero experimentados entre jóvenes y menores.

1.-Datos estadisticos

La adolescencia suscita preguntas e inquietudes que conducen al corazón del quehacer criminológico, y allí nos encontramos con los aciertos, incertidumbres, avances y estancamientos que caracterizan cualquier disciplina científica. La delincuencia juvenil ocupa un lugar destacado en el conjunto del estudio de la criminalidad: alrededor del 5% de los delincuentes jóvenes comete aproximadamente el 35% de los delitos.

La posible asociación entre la edad y la delincuencia ocupa un lugar interesante en la criminología. El número de jóvenes y menores denunciados aumenta de modo continuado cada año, esta tendencia creciente ha sido confirmada por numerosos estudios realizados tanto en España como en otros países.

La edad de los jóvenes delincuentes es cada vez menor, ya actúen en solitario o formando bandas, son cada vez más graves y peligrosos. Las investigaciones existentes muestran que la participación en la mayoría de los delitos ascendía de un modo constante a medida que los jóvenes crecían, alcanzando su punto máximo durante los últimos años de la adolescencia o, en los casos de los delitos más violentos, en los primeros años de la veintena; a partir de entonces, disminuyó la participación delictiva, a medida que aumento la edad de las personas. Así el modelo empírico -denominado “curva edad delito”-, sugería que existía algo único sobre los años de adolescencia que atraía a la mayoría de los jóvenes hacia algún tipo de delito, y a una minoría de los jóvenes hacia una elevada incidencia del delito.

La mayoría de los autores proceden de las clases socioeconómicas más bajas, aunque se está observando en los últimos tiempos una expansión de la criminalidad juvenil a las clases acomodadas.

En cuanto a la mujer, como se puede comprobar en los gráficos, su participación en la criminalidad, en términos absolutos, es mucho más reducida que la del hombre, aunque, en cifras relativas, también se ha incrementado en los últimos años. Las mujeres, no obstante, se inician en el delito más tarde, alcanzando las tasas de delincuencia su punto máximo en el tramo de edad de 25 a 30 años.

La mayoría de los detenidos durante el 2002 en España tenían entre 21 y 30 años. El número de detenidos decreció progresivamente en los siguientes intervalos de edad (de 31 a 40; de 41 a 50; de 50 a 64 y más de 64 años), según datos del Ministerio del Interior publicados en febrero del 2004.

2.-Tipos de conductas delictivas entre los jovenes

Entre los jóvenes predominan cuantitativamente las infracciones contra la propiedad: hurtos, robos con fuerza en las cosas, robos con violencia o intimidación, agresiones, etc.

De entre ellos el hurto es el delito cotidiano. Los hurtos más frecuentes son el de vehículos y los hurtos en comercios, en cuya comisión la participación de niños y jóvenes ha aumentado considerablemente, si bien, a la hora de valorar los datos estadísticos hay que tener en cuenta su menor habilidad y, por tanto, su mayor probabilidad de ser sorprendidos.

En los últimos años han aparecido también nuevas conductas asóciales: destrucción de espacios, edificios o mobiliario urbano, desórdenes y alteración de la paz pública, apropiación lúdica de objetos de consumo; delitos cometidos por los gamberros del fútbol, actos violentos de protesta, delitos relacionados con el consumo de drogas o alcohol, etc.

En la mujer prevalecen los delitos contra la salud pública, seguidos en importancia por los delitos contra la propiedad y los delitos contra las personas.

3.- Geografia de la criminalidad

Las estadísticas ponen en evidencia que existe un enorme desnivel entre el campo y la ciudad: las tasas de criminalidad son mucho elevadas en las grandes ciudades. Así, para determinados delitos, se registra en las grandes ciudades a veces un número diez veces mayor que el campo. En las sociedades liberales se cometen probablemente más delitos que en los sistemas sociales totalitarios, aun cuando en ambas formas de sociedad exista un desnivel entre la ciudad y el campo.

Otro de los aspectos sociales clásicos relacionados con la conducta antisocial, es la clase social. Generalmente se observa que en la áreas socio-económicamente pobres y marginales se registran más delitos que las de mejor posición, pero esto sólo sucede en las zonas urbanas pero no en las zonas rurales (Braithwaite, 1981).

En la ciudad es donde actúan con más intensidad los fenómenos de la industrialización, la burocracia, el crecimiento demográfico y urbanización de las sociedades post-industriales.

Este tipo de sociedades ha traído ventajas innegables pero también acentúan la desorganización social, los espacios privados minúsculos, los ruidos, el tráfico, las prisas, las aglomeraciones, la pobreza, el cosmopolitismo, la heterogeneidad y anonimato acarrean disfunciones importantes que can a incidir negativamente en el ámbito delincuencial: gregarismo, despersonalización, insolidaridad, debilitamiento de la propia identidad o conflictos culturales.

Este cuadro se grava en barrios o zonas en los que reina el hacinamiento, la promiscuidad, la suciedad y el desorden urbanístico: áreas deprimidas que presentan tasas más elevadas de delincuencia.

La relación entre crimen y espacio fue advertida por primera vez por la Escuela de Chicago.

B.-Rasgos sociales y personalidad del delincuente juvenil

1.- La adolescencia y juventud

La adolescencia es una etapa esencialmente evolutiva de transición entre la infancia y el estado adulto. En lo social, el adolescente debe atravesar un complejo proceso antes de lograr una plena inserción en lo social, tras su rechazo instintivo de las normas y valores sociales establecidos por los adultos y su adscripción a tipos de comportamiento social independientes. El joven ha de aprender a ser ciudadano. Para Thomas Hobbes en Tratado del ciudadano (1647) “…el hombre se hace apto para la Sociedad no por naturaleza, sino a base de entrenamiento”.

Es una etapa marcada por las crisis de identidad y por una serie de conflictos intra y extrafamiliares y que los jóvenes han de resolver y superar para poder acreditarse como adultos.

Los problemas evolutivos que se presentan al joven puede traducirse en comportamientos sociales problemáticos (gamberrismo, conductas arriesgadas, falta de integración, etc.)

Esas conductas inadaptadas no pueden ser analizadas fuera de contexto porque constituyen el final de un proceso personal, son un resultado de:

  1. Unas determinadas condiciones de crecimiento (psicológicas, estructurales, sociales, demográficas e ideológicas).
  2. De una respuesta que las dificultades con que el joven se encuentra reciben por parte de la sociedad adulta.

2.-Perspectiva psicologica

El infractor joven presenta los siguientes rasgos de personalidad:

  • Actuación impulsiva: carece de autocontrol, de un filtro reflexivo que medie entre impulso y conducta y le permita el análisis de la propia situación.
  • Pensamiento concreto: orientado a la acción, práctico, programado par el corto plazo; no tiene un razonamiento abstracto.
  • Rigidez cognitiva: tiene dificultades para captar los matices de una situación concreta, es incapaz de desarrollar opciones distintas a las anteriormente adoptadas, etc.
  • Poseen rudimentarios mecanismos de auto-justificación, que se desmoronan si se les enfrenta al mal que efectivamente han ocasionado, dejándolos desprotegidos frente al complejo de culpa.
  • Déficit de autoestima: buscan en el comportamiento delictivo la sensación de poder o de dominio del mundo.
  • Distorsiones valorativas: es incapaz de captar las reglas, convencionales, actitudes y conductas de los diversos grupos sociales.

3.-El joven y la sociedad actual

En la actualidad, la juventud de los países desarrollados occidentales ha crecido en un marco político democrático y plural.

Han disfrutado de unas posibilidades educativas como nunca se han tenido en el pasado. Las tasas de escolarización son más largas y las posibilidades de acceso a la educación menos dependientes del origen social de la familia.

La oferta en el ámbito recreativo, de ocio, etc., es muy amplia y diversa.

Pero la sociedad del bienestar puede producir efectos perversos:

  1. Por un lado, hay un excesiva delegación de responsabilidades en el Estado, los jóvenes sienten que esa amplia oferta educativa, cultual, de ocio, etc., les viene dada, que no tienen por qué esforzarse, los que conlleva una cierta acomodación.
  2. La cultura consumista crea artificialmente necesidades y practica un hedonismo insaciable incapaz de postergar la satisfacción del placer o de planificar con sensatez el futuro a medio plazo.
  3. Ausencia de referencias globales dentro de la sociedad, hemos pasado del pluralismo al relativismo del “todo vale”, lo que conduce a un individualismo absoluto.

La distancia intergeneracional entre padres e hijos es menor que en generaciones anteriores; la familia se ha democratizado y flexibilizado. Pero también se ha vuelto más irresponsable respecto a su misión de educar e instruir. Es una “débil” transmisora de contenidos, debiendo a los cambios profundos que se están operando en la estructura familiar y a los nuevos papeles del hombre y de la mujer, lo que puede repercutir desfavorablemente en la integración social de los hijos.

Los jóvenes encuentran graves dificultades para acceder al mundo laboral, lo que dificulta su emancipación de la familia. El desempleo afecta fundamentalmente a los jóvenes de entre 16 y 24 años. Jóvenes que realizan las peores clases de trabajo, que ven su futuro como una realidad incierta. Uno de los componentes más importantes, entre la multitud de causas que exacerban las violencias sociales, es efectivamente el desempleo. Los niveles altos de desempleo crónico son, en sí mismos, una forma de violencia social. Violencia dirigida directamente contra hombres y mujeres que están en condiciones de trabajar y además necesitan hacerlo.

La definición de desempleo que da el Diccionario de la Real Academia es escueta y tajante. Desempleo es un paro forzoso. Esta definición de desempleo es la única que indica lo impuesto del hecho, como situación no deseada y, por extensión, el carácter de acto violento que está implícito en él. La violencia que el desempleo implica o ejerce sobre los desocupados queda confirmada al ver el significado que para la Academia tiene la palabra forzoso1 significa:

  1. Fuerte, recio o violento.
  2. Violento, contra razón y derecho.
  3. Que no se puede excusar.
  4. Que tiene grandes fuerzas.

El desempleo no es meramente un juego de variables económicas, es además, un acto violento que padecen quienes no consiguen trabajo.

C.-Factores de riesgo y de proteccion en la criminalidad juvenil

La investigación y la experiencia han puesto de manifiesto que entre los delincuentes es frecuente que coincidan ciertas características. En la medida que estos predictores sean mejor conocidos se podrá mejorar la explicación del crimen, identificar a aquellos niños que corren un mayor riesgo de delinquir aunque aún no hayan mostrado signos de desorden y llevar a cabo una prevención eficaz, disminuyendo las condiciones que llevan a la comisión de delitos. Factores de riesgo individuales y familiares más importantes:

  1. Impulsividad: la impulsividad es la dimensión más crucial de la personalidad que predice una conducta antisocial. Existen un gran número de construcciones sobre la escasa capacidad de controlar la conducta. Estas incluyen la impulsividad, la hiperactividad, la agitación, la torpeza, el hecho de no considerar las consecuencias antes de actuar, escaso auto control, búsqueda de sensaciones, etc.Muchos estudios muestran que la hiperactividad predice una delincuencia posterior. Ejemplo, en le proyecto perinatal de Copenhague, la hiperactividad a las edades comprendidas entre los 11 y los 13 años predijeron significativamente arrestos por violencia hasta la edad de 22 años, especialmente entre los chicos que experimentaron complicaciones de entrega.En el estudio de Cambridge, los chicos que los profesores consideraron con falta de concentración o agitación, detectados por los padres, compañeros, o profesores como los más atrevidos o los que asumen más riesgos, y aquellos que fueron los más impulsivos en las pruebas psicomotoras a unas edades de entre o y 10 años, tendían a convertirse en delincuentes más adelante en su vida. El atrevimiento, la escasa concentración y la agitación predijeron condenas oficiales y delincuencia autoinformada, y consecuentemente, el atrevimiento fue uno de los mejores factores independientes de predicción (Farrington 1992). La investigación más importante sobre las diferentes medidas de impulsividad fue llevada a cabo en el Estudio sobre la Juventud de Pittsburg realizado por White (1994)
  2. Inteligencia escasa y rendimiento escolar bajo: son factores de riesgo importantes que predicen la delincuencia (Moffitt, 1993). Un CI bajo medio en los primeros años de la vida predice una delincuencia posterior. En un estudio longitudinal prospectivo de unos 120 varones en Estocolmo, un CI bajo medido a la edad de 3 años predijo de un modo significativo una delincuencia oficial registrada hasta la edad de 30 años (Stattin y Klackenberg-Larsson 1993). Los delincuentes reiterativos (con 4 delitos o más) mostraron un CI medio de 88 a la edad de 3 años, mientras que los no delincuentes mostraron un CI medio de 101.En el estudio de Cambridge, la mitad de los chicos que obtuvieron una puntuación de 90 o menor en un test de CI no verbal (Matrices Progresivas de Raven) a edades de entre 8 y 10 años fueron condenados como delincuentes juveniles en relación con el resto (West y Farrington, 1973).
  3. Educación de los niños y abuso de los niños: de todos los factores relacionados con la educación de los niños, la escasa supervisión parental es el factor de predicción de la delincuencia más fuerte y más replicable, y la disciplina dura o punitiva (que implica el castigo físico) es asimismo un importante factor de predicción (Haapasalo y Pokela, 1999).Parece existir una transmisión significativa intergeneracional de la conducta agresiva y violenta de padres a hijos, tal como Widom (1989) halló en un estudio sobre el abuso de los niños en Indianápolis. Era bastante probable que los niños que sufrieron abusos físicos hasta la edad de 11 años, se convirtiesen en delincuentes violentos durante los 15 años siguientes. Asimismo el maltrato registrado a niños de edades inferiores a 12 años predijo un violencia auto informada entre las edades de 14 y 18 años, con independencia del género, etnia, el nivel socioeconómico, y la estructura familiar.
  4. Conflictos parentales y familias rotas: muchos estudios muestran que los hogares rotos o las familias rotas predicen la delincuencia, y que los conflictos parentales predicen una conducta antisocial posterior. En el estudio de Newcastle realizado a cien familias, Kolvin (1988) comentaron que la ruptura conyugal en los primeros cinco años de los hijos predijeron sus condenas posteriores hasta los 32 años. De modo similar, en el estudio de Dunedin, en Nueva Zelanda descubrieron que los niños expuestos a discordias entre sus padres, y a multitud de cambios de cuidadores tendían a convertirse en personas antisociales y delincuentes. En general, el factor más importante fue la trayectoria posterior a la ruptura. Los chicos que permanecieron con su madre después de la separación mostraron el mismo índice de delincuencia que los chicos precedentes de familias intactas con escaso nivel de conflicto. Los chicos que permanecieron con su padre, con parientes u otros mostraron un índice elevado de delincuencia.
  5. Padres delincuentes: en sus estudios McCord (1977) y Robins (1975) mostraron que los padres delincuentes tendían a tener hijos delincuentes. En el estudio de Cambridge, resultó destacable la concentración de los delitos en un pequeño número de familias. El hecho de tener un padre, una madre, un hermano o una hermana condenados predijo de un modo significativo las propias condenas de los chicos. El pariente más importante fue el padre; los arrestos de los padres predijeron la delincuencia de los chicos con independencia del resto de los parientes arrestados.
  6. Familias numerosas: muchos estudios muestran que las familias numerosas predicen la delincuencia. Por ejemplo, en el estudio Nacional del Reino Unido sobre Salud y Desarrollo, Wadsworth (1979) descubrió que el porcentaje de los chicos que oficialmente eran delincuentes aumentó desde un 9% para las familias con un hijo hasta un 24% para las familias con cuatro o más hijos. El hecho que un niño tuviese cuatro o más hermanos al llegar su décimo cumpleaños, doblaba su riesgo de ser condenado como delincuente juvenil.

D.- Agresividad y violencia juvenil

1.- Jóvenes detenidos.

Según el Anuario Estadístico del Ministerio del Interior del 2002 centrado en datos procedentes de la Policía Nacional, la Guardia Civil y la Ertzantza, donde se tienen en cuenta en al detención de menores las edades comprendidas entre los 13 y los 20 años y la nacionalidad. El número de detenidos crece conforme aumenta la edad de los jóvenes. Así, entre los menores de edad, destaca el número de detenidos con 17 años (8.884). en términos absolutos, el número de jóvenes detenidos entre los 18 y 20 años (43.710) casi duplica al número de detenidos menores de edad (26.670).

Llama la atención que haya más extranjeros detenidos que españoles entre los 18 y los 20 años de edad. La representatividad de los extranjeros menores de dad detenidos oscila entre un 19,86% para los menores de 13 a 15 años y el 21,73% de los jóvenes entre 16 y 17 años. La proporción se desborda para los jóvenes entre 18 y 20 años, ya que el 50,92% de los jóvenes detenidos de esas edades eran extranjeros.

Últimamente se ha observado en los delincuentes jóvenes una creciente brutalidad y ánimo de dañar en la comisión de actos delictivos; con absoluto desprecio a la vida, integridad y dignidad de las personas, atentan contra ellas de modo gratuito, sin que sea necesario para conseguir los fines de la acción delictiva.

2.- Manifestaciones de criminalidad juvenil violenta.

  1. Crímenes motivados políticamente.Se diferencian de los delitos comunes en que, en aquellos, el autor realiza una acción punible como instrumento de un fin político o moral que va más allá de lo personal.Los movimientos terroristas han estado básicamente integrados por miembros de la clase media educada, por lo que no parece que haya sido la penuria la que ha impulsado a estas personas a asumir el comportamiento terrorista sino, más bien, la frustración, el desengaño tras la falta de éxito de los movimientos estudiantiles, conflictos intergeneracionales, etc..En cuanto a la tipología de los terroristas, se han observado diferencias entre el terrorismo de derechas y el de izquierdas.
    • El terrorismo de izquierdas, los condenados por actos preparatorios o de apoyo son mayoritariamente jóvenes entre los 20 y 30 años, miembros de las clases medias-altas, con estudios medios o universitarios o que ejercen profesiones liberales o funcionariales, en su mayoría no tienen antecedentes penales. En cambio, los ejecutores de los atentados suelen ser más jóvenes, pertenecientes a clases sociales bajas y con antecedentes penales (ejemplo la KALE BORROKA en el País Vasco). Se ha advertido también una participación de las mujeres más elevada que en otros tipos delictivos.
    • En cuanto al terrorismo de derechas, suelen ser jóvenes varones con padres de valores burgueses convencionales, con estudios primarios o medios, socializados en medios de extrema derecha y con un rigorismo moral que tiende a despreciar al ser humano.
  2. Manifestaciones y movidas estudiantiles.El joven es rebelde y, más aún, el joven estudiante, que está en contacto con el saber y la ciencia, con el razonamiento y la crítica. En todo caso, conviene distinguir entre los manifestantes políticos y los perturbadores violentos (que son los que utilizan los acontecimientos políticos como una ocasión para descargar su frustración y su agresividad).
  3. Vandalismo.Fenómeno esencialmente urbano que se caracteriza por la producción gratuita de estragos materiales en escuelas, medios de transporte, aparcamientos, cabinas de teléfonos, fachadas de edificios, etc.El vandalismo puede perseguir fines adquisitivos (destruir para apoderarse de bienes), tácticos (para llamar al atención sobre una situación), ideológicos, vengativos (ataque de bienes representativos de determinadas personas o grupos), lúdicos o perversos. La mayoría de estos actos vandálicos son llevados a cabo por grupos compuestos por jóvenes de capas sociales bajas.
  4. Homicidios.Un gran número de homicidios son cometidos por jóvenes de 20 a 30 años. Es a esas edades cuando el individuo se reafirma como persona y ha de tomar decisiones claves para su fututo; ello puede llevarle a chocar con otros sujetos y, si carece de la necesaria inhibición, puede llegar a atentar contra la vida de otros.La mayor parte de los homicidas son varones pertenecientes a la clase media-baja, a ámbitos sociales y económicamente marginados en los que la violencia es una forma normal de respuesta; un 50% son consumidores habituales de alcohol o drogas o representan síntomas de su consumo en el momento de la agresión.Mucho de los homicidios se cometen en el curso de una pelea o discusión; pero también se cometen en el ámbito familiar o como medio de resolver un conflicto entre el autor y la víctima.
  5. Agresiones sexuales.La agresión sexual en general y la violación en particular es probablemente uno de los delitos que más controversia suscita en la opinión pública y que más reacciones sociales contradictorias genera. Por una parte es uno de los delitos que la gente califica como más grave. Se considera tan grave e incluso más que el homicidio o el atentado terrorista. Se piensa que es el acto más horroroso que una persona puede sufrir y en el que la víctima, además de padecer el delito, queda indefensa ante un sistema de justicia que según los ciudadanos no castiga duramente como debiera a los violadores.Los agresores sexuales suelen ser hombre jóvenes de entre 20 y 25 años, poco atractivos y acomplejados, con un bajo nivel cultural y económico, con tendencias agresivas, alto nivel de consumo de alcohol y drogas y con un historial familiar problemático. En todos los casos las ofensas sexuales reflejan una dificultad para el establecimiento de una relación sexual plena, simétricas y recíprocamente asumidas.
  6. Robos violentos.En las últimas décadas ha aumentado vertiginosamente la participación de jóvenes varones, que actúan mayoritariamente en grupo y con una absoluta falta de escrúpulos. Los robos con fuerza en las cosas y los hurtos son los delitos más habituales entre los 18 y 30 años. Predominan los pequeños robos banales: robos de bolsos, atracos a taxis, robos con violencia hacia las personas, etc. Los atracos a bancos son menos frecuentes, pero más brutales en su ejecución.Según el Anuario Estadístico de 2002 del Ministerio del Interior. Fueron detenidos 9.131 jóvenes entre 18 y 30 años por Robo con Violencia o intimidación, siendo el 60% aproximadamente cometido por extranjeros.

3.- Teorías sobre la agresión.

Son diversas teorías expuestas a la agresión.

  1. Teorías de los impulsos, sostenidas tanto por Freud y los psicoanalistas ortodoxos. Estas han sido fuertemente criticadas por su elevado componente especulativo y su falta de rigor científico.
  2. Perspectiva biofísica: experimentos efectuados con animales han venido a mostrar la incidencia que la estimulación del hipotálamo lateral tiene en la manifestación de conductas agresivas: la estimulación de la región lateral de la amígdala o de otras partes del sistema límbico provoca respuestas agresivas, etc.No obstante todos estos hallazgos han de ser interpretados con reservas porque plantean hipótesis que no han podido demostrarse categóricamente.
  3. Teorías psicológicas del aprendizaje. La más conocida es la hipótesis frustración-agresión de Dollard: la agresión es siempre una reacción a la frustración. Esta hipótesis es hoy unánimemente considerada falsa: no toda agresión es consecuencia de una frustración.
  4. Ha habido autores que ha estudiado la relación existente entre la agresión y factores como el calor (Carlsmith, Andersom y Baron), el ruido (Glass y Singer, Geen, etc.), el dolor (Berkowitz) o los ataques interpersonales (Geee, Epstein, Zillmann).

Ninguna de estas teorías es plenamente satisfactoria. Por eso, hoy en día, prevalecen las teorías multicausales que intentan, desde una perspectiva ecléctica, integrar factores individuales, situacionales y ambientales.

4.- Bandas y Pandillas

La inmensa mayoría de los delitos violentos cometidos por adolescentes y jóvenes se lleva a cabo en grupo.

Esa violencia, que se acentúa al asociarse, va dirigida en los más jóvenes sobre todo contra cosas, y en los semiadultos, contra las personas.

Las bandas de delincuentes actúan preferentemente en las grandes ciudades. Se forman en las escuelas, bloques de edificios, centros de juegos mecanizados, etc. Lugares donde los jóvenes desarraigados pueden encontrar a sus iguales. Sus miembros suelen ser varones procedentes de clases sociales bajas. Normalmente, se excluyen a las chicas, en los raros casos en que éstas son admitidas, tienden a comportarse y a vestirse como los chicos.

El motivo fundamental del ingreso en una banda es la necesidad de seguridad. En la banda encuentra la joven estima y afecto. A cambio, renuncia a su libertad y a su autonomía, sometiéndose a la voluntad del grupo. Un joven “normal”, adaptado, guarda una cierta distancia con el grupo debido a que recibe otras influencias; el grupo es sólo una etapa en su evolución. En cambio, para el joven delincuente, el grupo es el punto de llegada, ejerce sobre él una fascinación tan poderosa que eclipsa cualquier otra influencia.

En la banda encuentra también valores morales: lealtad, solidaridad, primacía del interés de todos frente al interés particular. Esos valores operan sólo en el interior del grupo; no tienen vigencia fuera de él; refuerzan su unidad, pero contribuyen a aislarlo del mundo que lo rodea.

La fuerza de la banda reside en su extrema unidad: unidad en cuanto a los móviles psicológicos, reforzada por las actividades delictivas y rematadas por una estructura fuerte, que exige de sus miembros estricta obediencia y conformismo.

5.- Violencia, alcohol y drogas.

Parece existir una correlación entre el consumo de drogas o alcohol y ciertos comportamientos violentos: reñir, pelearse, dañar mobiliario urbano, problemas con la policía, problemas de carácter relacional con amigos, padres, profesores, problemas de rendimiento escolar, relaciones sexuales no deseadas, etc…

Alrededor de un 10% de los individuos alcohólicos son jóvenes. El consumo de alcohol es compulsivo, de fin de semana; es un consumo nocturno, festivo que no sólo esta aceptado sino que, en ocasiones, se considera una conducta adecuada en sociedad- ejemplo el famoso “botellón”-. Existe una conexión entre alcohol y delito, pero la cuestión de si el alcohol es una causa de criminalidad no puede todavía ser respondida de manera concluyente.

Se exponen cuatro modelos teóricos explicativos de la relación alcohol-delito:

  1. Efecto desinhibidor del alcohol: el individuo pierde el autocontrol y su disposición a la agresión crece, lo que incrementa el riesgo de que la conducta desviada no criminal se transforme en violencia.
  2. Causa común: se atribuye a uso de alcohol el carácter de síntoma.
  3. Alcohol y criminalidad se condicionan recíprocamente: beber puede llevara al desempleo y éste a la criminalidad o, a la inversa, puede ser un medio de huida ente los conflictos sociales.
  4. Conexión aparente: cabe la posibilidad de que los delincuentes alcohólicos estén sobrevalorados en las estadísticas debido a que se dejan apresar con mayor facilidad.

E.- Criminalidad entre los inmigrantes extranjeros

En lo países que albergan importantes colectivos de población foránea, se ha observado una creciente participación en al delincuencia de inmigrantes extranjeros, particularmente de la generación descendiente. Presentan tasas de criminalidad más elevadas, en términos relativos, que la población oriunda. Ello es debido a que los jóvenes extranjeros crecen en sistemas culturales con normas diferenciadas, sin estar firmemente anclados ni en la cultura de procedencia ni en la del país que les hospeda, lo que obstaculiza su integración. Además se han intentado explicar la criminalidad extranjera las teorías sociológicas del “conflicto de culturas”. Los movimientos migratorios provocan fenómenos de desarraigo.

En el 2004 ha habido más extranjeros detenidos que españoles entre los 18 y los 20 años de edad. La representatividad de los extranjeros menores de edad detenidos oscila entre un 19,86% para los menores de 13 a 15 años y el 21,73% de los jóvenes entre 16 y 17 años. La proporción se desborda par los jóvenes entre 18 y 20 años, ya que el 50,92% de los jóvenes detenidos de esas edades eran extranjeros.

Sobresalen en frecuencia los delitos contra el patrimonio. La suma de todos ellos –robo con fuerza en las cosas, robo con violencia o intimación, tirones, sustracción en el interior de vehículos, sustracción de vehículos, hurtos y otros contra el patrimonio- suponen el 77,10% de todos los hechos que ocasionan la detención de un menor de 18 años. El porcentaje de delitos contra el patrimonio decrece hasta un 43,32% para los jóvenes entre los 18 y 20 años. Los homicidios y los asesinatos son muy escasos, representado el 0,24 del total de delitos cometidos por jóvenes menores de 18 años.

El joven extranjero puede ver dificultada su formación y su vida profesional por su defectuoso conocimiento de la lengua del país receptor y porque su socialización está marcada a menudo por el aislamiento en barrios similares a ghettos, en el estrato socioeconómico más bajo. Las tasas de desempleo entre estos sectores de población son muy elevadas.

Dado que la generación de descendientes de extranjeros ha nacido o crecido, en su mayor parte, en la cultura huésped, perdiendo progresivamente cualquier enlace con su país de origen, el conflicto cultural debería manifestarse con menos fuerza que la primera generación. Sin embargo los datos evidencian tasas más altas de delincuencia entre estos jóvenes. Ello podría explicarse porque el conflicto cultual es un conflicto padres-hijos: es en el hogar donde aparecen fricciones entre las normas tradicionales del país de procedencia y las de la nueva sociedad en la que viven.

La actitud de la sociedad huésped puede contribuir a la mayor tasa de criminalidad de los jóvenes extranjero si muestra un mayor grado de intolerancia y de susceptibilidad frente al delito, así como un sistema diferenciado de control y sanción, caracterizado por una mayor perseguibilidad, lo que, en todo caso, dependerá de la medida en que la sociedad se sienta desafiada o amenazada.

No faltarán conflictos, porque para la población extranjera no hay otra posibilidad que la integración y ésta se ve obstaculizada por la falta de voluntad en ambos grupos. Es preciso un cambio en al forma de pensar, y una disposición de ambas partes al conocimiento y al acercamiento sin prejuicios, para así crear un marco de convivencia provechosa.

Conclusión

La criminalidad, muy especialmente la juvenil, es un fenómeno complejo que no cabe reducir a una sola causa. Antes bien, nos hallamos ante un panorama típicamente característico de una situación de poligénesis que desafía las interpretaciones simplistas. Las investigaciones actuales no han sido todavía capaces de identificar todos los factores, evaluar su interrelación reciproca y, menos aun, elaborar un modelo predictivo de validez universal. Con todo, disponemos de algunos elementos que nos orientan, si quiera indiciariamente, para emprender la búsqueda racional de la solución al problema. Sólo alcanzaremos resultados satisfactorios si gozamos de la suficiente amplitud de miras para desechar nuestros prejuicios y analizar científicamente la realidad circundante. A este ambicioso objetivo ha querido modestamente contribuir este trabajo.

Manuel Pacheco Gallardo.
Secretario sustituto.
pachec2002@yahoo.es
Quiero expresar mi agradecimiento a D. Jesus Manuel Villegas Fernandez Magistrado del Juzgado de Instrucción No. 2 De Bilbao, por sus recomendaciones y consejos.

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