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Archive for the ‘PSICÓPATAS CRIMINALES’ Category

Ottis Toole: La pareja de Henry Lee Lucas

25 noviembre 2009 Deja un comentario

Además de la crueldad de sus crímenes, Ottis asegura haber estado vinculado con una secta satánica, para la cual, junto con su pareja Henry Lee, secuestraban niños, y los utilizaban para llevar a cabo sacrificios rituales, pornografía dura e incluso películas snuff, en las que torturaban a la víctima y la mataban lentamente mientras una cámara grababa las escenas en un plano fijo.

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Una infancia totalmete lúgubre y llena de abusos:

La infancia de Ottis no fue para nada fácil. Su abuela era satanista y su hermana lo sometió a infinidad de perversiones sexuales desde muy pequeño.

Desde pequeño, Ottis era un poco retrasado, y a los 7 años ya se vestía como una niña.

Logró finalmente liberarse de su hermana cuando la metieron en un reformatorio, y a partir de entonces se hizo amante de un vecino.
Ottis tenía una obsesión con el fuego, pues se dedicaba a incendiar casas y luego de hacerlo se masturbaba.
Antes de llegar a la edad de 10 años se hizo adicto a las drogas y el alcohol . A los 13 años se ofrecía para hacer felaciones de manera gratuita a los borrachos.
Con 14 años cometió su primer asesinato, y a los 25 ya tenía en su haber 13 condenas.

La pareja: Henry Lee y Ottis

Años mas tarde, Toole se enamoró perdidamente de Henry Lee Lucas, ignorando que los dos compartían la misma perversión necrófila y el asesinato.
Henry Lee tenía la inteligencia que le faltaba a Otis, mientras que éste poseía la fuerza bruta que Henry no tenía.
La pareja no era para nada higiénica, pues siempre andaban sucios y descuidados, pero poseían una “simpatía” que les facilitaba acercarse a las personas.
Juntos cometieron varios asesinatos.
Su zona de acción era la autopista I-35, donde se dedicaban a matar gente, descuartizarla, y repartir luego los pedazos por todo el país.
Esta tarea fue la que dificultó la tarea policial de encontrar las pistas necesarias para atraparlos.
Henry Lucas mataba mayormente a mujeres, utilizando un cuchillo, mientras que Otis elegía a los hombres, a quienes disparaba sin piedad.
Ambos abusaban de sus víctimas, a quienes después de asesinar, las descuartizaban y las violaban una vez más después de muertas.

Uno de los peores crímenes de Ottis, fue el de quemar vivo a un anciano en su casa, aún con su piromanía presente, prendió fuego la vivienda mientras observaba como el pobre viejito pedía auxilio asomado desde la ventana.

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Toole y Henry Lee Lucas

Trío de asesinos:

Tiempo después se unió a la pareja una sobrina de Ottis, que a pesar de tener 15 años, aparentaba tener tan sólo 10.
El trío se dedicaba a llamar a las puertas de las casas usando como señuelo a la niña, que con su inocente aspecto conseguía que le abran las puertas. Una vez lograda esta tarea entraban de golpe los 3 juntos para realizar sus fechorías.
Con el tiempo, la niña y Henry se enamoraron, lo que hizo que Henry quisiera comportarse como una persona normal y comenzaron los problemas con Ottis.
Henry dejó de cometer asesinatos para dedicarse a su enamorada, incluso se dedicaron a cuidar durante un tiempo a una anciana, pero este cambio no duró mucho tiempo.
Volvieron a sus andanzas en la carretera, y tras vivir un tiempo en otro pueblo, la joven quizo ir a visitar a su familia en Florida.
Esto no le gustó para nada a Henry, pero de todas formas lo aceptó.
Durante el viaje tuvieron una discusión, que terminó por colmar la paciencia de Henry, quien asesinó a la muchacha de una puñalada en el corazón y posteriormente la violó.
Más tarde declaró que ese fue el mejor acto sexual con su amada.

Finalmente dejó una pista:

Después de este crimen, volvió con la anciana que en un tiempo habia cuidado con su chica, y la asesinó. En esta ocasión dejo pistas tras su paso y finalmente lo agarró la policía. Henry confesó sus crímenes, y junto con el cayó también Ottis.

A Ottis lo condenaron a cadena perpetua y murió años mas tarde en la cárcel, mientras que a Henry le dieron condena de muerte, la cual fue rechazada y terminó también en prisión.
Se estima que la pareja cometió cerca de 100 asesinatos juntos.

Y esto no es todo:

Además de los asesinatos cometidos, a la pareja se le ha atribuído el hecho de pertenecer a una secta satánica y de dedicarse al tráfico de menores.

Según una declaraciones de Toole: ” …Hubo una época en que ganábamos dinero vendiendo niños a México, que empleaban para películas porno… otros los vendían directamente a gente rica… teníamos una especie de altar y les rajábamos la garganta, bebíamos la sangre y a veces cocíamos los cadáveres… a veces los nuevos miembros cortaban los cuerpos antes de follárselos… y después follaban a los animales y los mataban… y después había una gran fiesta durante la cual comíamos a alguien y a los animales…”

Esta cuestión se mantuvo en la duda, pues la policía nunca pudo probar la existencia de este grupo de satanistas que Ottis declaraba como estructura organizada.

Cayetano Santos Godino: ¨El Petiso Orejudo¨

25 noviembre 2009 Deja un comentario

Nació en Buenos Aires el 31 de octubre de 1896, hijo de los inmigrantes calabreses Fiore Godino y Lucía Rufo, Cayetano Santos generó pánico en Argentina años más tarde, bajo el sobrenombre de el “Petiso Orejudo”.

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Su padre era alcohólico y golpeador. Estaba enfermo de síflilis, por lo que el niño nació con graves problemas de salud y estuvo varias veces al borde de la muerte en sus primeros años de vida.
Pasó su infancia vagando el la calle. Fue a varias escuelas de las que fue expulsado numerosas veces por su mal comportamiento y falta de interés.

Una extensa carrera criminal:

Con tan solo 7 años, Cayetano inició su carrera criminal, cuando llevó a Miguel de Paoli, un niño de 2 años a un baldío, donde lo golpeó y lo arrojó sobre unos espinos. Afortunadamente un policía que estaba por la zona los encontró antes de que llegara a mayores y los niños fueron llevados a la comisaría y devueltos a sus respectivas madres.

Un año después, fue el turno de su vecina Ana Neri, quien con 18 meses fue engañada por el niño para llevarla a un lugar apartado y luego la golpeó con una piedra en la cabeza. Nuevamente la policía lo descubrió y lo llevó a la comisaría.
Como era tan solo un niño lo dejaron en libertad.

En 1906 cometió su primer asesinato, cuando llevó a una niña de 2 años a un baldío sobre la calle Río de Janeiro y después de intentar estrangularla la enterró viva en una zanja, la cual cubrió con latas.
Este crimen no fue conocido sino hasta ser declarado por Cayetano, pero no pudo corroborarse ya que cuando fueron a buscar el lugar, habían construido un edificio sobre el terreno, pero esta historia fue vinculada con una denuncia por desaparición realizada hacia la fecha del crimen, de una niña de características similares a las declaradas por el asesino.

Días después de su primer asesinato, Cayetano fue denunciado por su padre, cuando este descubrió que había torturado a algunas aves domésticas y encontró sus cadáveres escondidos en la habitación del niño.

Esta es la reproducción del acta levantada en aquella ocasión:

“En la Ciudad de Buenos Aires, a los 5 días del mes de abril del año 1906, compareció una persona ante el infrascripto. Comisario de Investigaciones, la que previo juramento que en legal forma prestó, al solo efecto de justificar su identidad personal dijo llamarse Fiore Godino, ser italiano, de 42 años de edad, con 18 de residencia en el país, casado, farolero y domiciliado en la calle 24 de Noviembre 623. Enseguida expresó: que tenía un hijo llamado Cayetano , argentino, de 9 años y 5 meses, el cual es absolutamente rebelde a la represión paternal, resultando que molesta a todos los vecinos, arrojándoles cascotes o injuriándolos; que deseando corregirlo en alguna forma, recurre a esta Policía para que lo recluya donde crea oportuno y para el tiempo que quiera. Con lo que terminó el acto y previa íntegra lectura, ser ratificó y firmó. Fdos: FRANCISCO LAGUARDA, Comisario. -Fiore Godino”.”Se resolvió detener al menor Cayetano Godino y ser remitió comunicado a la Alcaidía Segunda División, a disposición del señor Jefe de Policía”

Cayetano estuvo recluído por dos meses y luego regresó a las calles.
Como no iba a la escuela siguió vagando, sumergido en sus criminales pensamientos.

El 9 de septiembre de 1908 llevó a Severino González Caló, a una bodega donde lo sumergió en una pileta para caballos, la cual cubrió con una tabla, para ahogar al niño de tan solo 2 años.

El 15 de septiembre, Cayetano encontró a su próxima víctima: Julio Botte, de 22 meses, a quien le quemó con un cigarrillo los párpados. La madre de Julio lo descubre, pero Cayetano logró huir.

En diciembre de ese año sus padres lo entregaron a la policía por los constantes problemas que Cayetano traía.
En esta ocasión fue transladado a la Colonia de Menores Marcos Paz, donde permaneció por los siguientes 3 años.
Durante su estancia en este lugar, Cayetano aprendió a leer y a escribir, pero lejos de recuperarlo, este lugar lo endureció.

En 1911 vuelve a su casa por petición de sus padres, quienes le habían conseguido un trabajo en una fábrica en un inútil intento de redimirlo. Este trabajo le duró tan solo 3 meses, y, una vez de vuelta en las calles, Cayetano se había convertido en un criminal frío y tremendamente potenciado.

Volvió a sus andanzas pero esta vez frecuentando los lugares y personas de más bajo nivel moral de Buenos Aires.
Cayetano comenzó a sufrir fuertes dolores de cabeza, los cuales le llenaban de ganas de matar, sobre todo después de embriagarse.

1912. Un año de seguidillas criminales:

El 17 de enero de 1912 Cayetano, que ya era conocido con el apelativo de ¨Petiso Orejudo¨, se metió en una bodega de la calle Corrientes y la incendió, pues el fuego era otra de sus obsesiones.
Este incendio fue apagado en 4 horas, y más tarde Cayetano declaró: “…Me gusta ver trabajar a los bomberos… es lindo ver como caen en el fuego…”.

El 26 de enero de ese mismo año se encotró en una casa en alquiler, el cadáver de Arturo Laurora, de 13 años. El niño fue encontrado golpeado, semidesnudo y ahorcado.
Si bien las investigaciones no llevaron a ninguna pista, años mas tarde el Petiso Orejudo confesaría ser el autor de este crimen.

El 7 de marzo, Cayetano prendió fuego las ropas de una niña de 5 años. Reyna Bonita Vaínicoff falleció días después a causa de las quemaduras.

En los meses posteriores el Petiso causó dos incendios más que fueron controlados fácilmente por los bomberos sin producir víctimas.

Cayetano consiguió trabajo en una bodega de Paulino Gomez, donde el 24 de septiembre, mató de 3 puñaladas a una yegua. No lo detuvieron por falta de pruebas.

Días más tarde prendió fuego la Estación Vail de la compañía de tranvías Anglo- Argentina. El incendio fue nuevamente controlado por los bomberos.

El 8 de noviembre de 1912, Cayetano convenció a Roberto Russo por medio de engaños, a acompañarlo a una tienda donde supuestament le compraría caramelos.

Llevó al niño de 2 años hasta un alfalfar, donde lo ató por lo pies y lo ahorcó con una cuerda. Un peón del lugar lo descubrió y lo entregó a la policía.
Cayetano declaró haber encontrado atado al niño y estarlo rescatando cuando fue descubierto, fue liberado por falta de mérito.

El 16 de ese mes, golpeó a Carmen Gittone, una niña de 3 años, pero antes de llegar a mayores fue descubierto por un vigilante y Cayetano logró escapar una vez mas.

El 20 de noviembre, se llevó a Catalina Naulener de 5 años, intentó arrastrarla hasta un baldío pero la niña se resistió a continuar, el petiso, totalmente descontrolado por este desaire, la golpeó, pero el dueño de una casa vecina intervino y Cayetano logró huir.

Su último crimen es el de Gararde Giordano, un niño de 3 años.
Este sucedió el 3 de diciembre, día en que Cayetano salió de su casa con una gran determinación de matar.
Luego de andar un rato por las calles, encuentra al grupo de niños jugando en la calle, al cual se unió sin problemas, pues su aspecto de tonto siempre le ayudaba a ganar la confianza de sus víctimas.
Entre los niños se encontraba Gerardo, a quien Cayetano convenció para que lo acompañara a comprar unos caramelos.
Los dos niños se fueron caminando hacia el almacén, donde Cayetano compró 2 centavos en caramelos de chocolate. Le dio algunos al mas pequeño y le prometió el resto a cambio de que lo acompañase a cierto lugar alejado.
Cuando llegan a la Quinta Moreno, el Gerardo se resistió entrar, por lo que el petiso lo agarró violentamente de los brazos, lo metió en la quinta y lo acorraló contra un horno de ladrillos.
Tumbó al pequeño con fuerza y lo inmovilizó poniéndole la rodilla sobre el pecho. Se quitó el piolín que usaba para sujetar su pantalón (era un lazo de algodón de los que se usan en albañilería para sostener las plomadas) y comenzó a enroscarlo en el cuello de Gerardo, le dií 13 vueltas y lo estranguló.
Gerardo intentó levantarse pero el petiso le ató de pies y manos, retomó su intento de asfixiarlo pero el pequeño aún resitía.

Una terrible idea se cruzó por la mente de Cayetano: atravesarle la cabeza con un clavo
.

Decidido a llevar a cabo su idea, el Petiso se fue en busca del material necesario para realizar su tarea.
Durante su búsqueda, en el exterior del local, se topa con el padre de Gerardo quién le pregunta por el paradero del niño. Cayetano, sin inmutarse, le respondió que no lo había visto y le sugirió ir a la comisaría a realizar la denuncia correspondiente.
Cayetano encontró un viejo clavo de 4 pulgadas, y volvió con él hasta donde estaba Gerardo.
Con una piedra a modo de martillo, hundió el clavo en la sien del niño y luego de cubrirlo con una lámina de zinc huyó del lugar.

Cayetano asistió esa noche al velatorio de Gerardo, donde, tras ver el cadáver del niño huyó llorando.
La policía logró encadenar los hechos y detuvieron a Cayetano, quien una vez que estuvo detenido confesó sus homicidios y sus intentos de asesinato.

La condena:

El Petiso fue declarado irresponsable y encerrado en el Hospicio de las Mercedes, donde atacó a 2 pacientes e intentó huir.
Lo transladaron a la Penitenciaría Nacional y finalmente en 1923 fue reubicado en la penal de Ushuaia, en la ¨Cárcel del Fin del Mundo¨.
En 1927 los médicos del penal le hicieron una cirugía estética en las orejas, pues creían que allí radicaba su maldad. Obviamente este tratamiento “radical” no sirvió de nada.
En 1936 pidió la libertad y se la negaron: de los dictámenes médicos elaborados se concluye que: “Es un imbécil o un degenerado hereditario, perverso instintivo, extremadamente peligroso para quienes lo rodean“.

De su vida de recluso se sabe poco. En 1933, consiguió detonar la furia de los presos porque mató al gato mascota del penal, arrojándolo junto con los leños al fuego; le dieron una gran golpiza, de la que tardó más de veinte días en salir del hospital.

Murió el 15 de noviembre de 1944, supuestamente por una hemorragia interna causada por un proceso ulceroso gastroduodenal, pero se sabe que había sido maltratado y, con frecuencia, violentado sexualmente.
Sobrellevó los largos días de la cárcel, sin amigos, sin visitas y sin cartas. Murió sin confesar remordimientos.
El penal de Ushuaia fue clausurado en 1947, y cuando el cementerio fue removido sus huesos ya no estaban.

Gary Ridgway: El asesino de Río Verde

25 noviembre 2009 Deja un comentario

20 años tardó la policía en reunir las pistas necesarias para probar quien era el asesino.
Durante los años 80´s, en Río Verde se dieron una serie de crímenes, más precisamente, asesinatos de mujeres, cuyos cuerpos aparecían semidesnudos y descuartizados entre la maleza del río.

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Los policías estaban seguros de que el asesino era Gary Leon Ridgway, un pintor al que interrogaron e investigaron numerosas veces y que no arrojaba pruebas de ser el responsable de los hechos.

El 10 de septiembre de 2001 finalmente reunieron las pruebas necesarias para acusar a Ridgway del asesinato de 4 mujeres, y de ser sospechoso de muchos otros crímenes que se dieron en menos de 4 años.

La magia del análisis de ADN:

Las investigaciones arrojaron como resultado que la saliva de una pequeña esponja que Ridgway había mordido en 1987 durante una de sus reiteradas visitas a la comisaría, poseía el ADN coincidente con los restos de semen hallados en tres de las mujeres que presuntamente había asesinado.
Cuerpos de mujeres blancas y negras, incluso algunas prostitutas, aparecieron en el río, violadas y descuartizadas.

Ridgway quedó sorprendido cuando salía de la fábrica de camiones en la que trabajaba como pintor y se encontró con un grupo de policías que lo esperaba en la puerta con una orden de detención.
Los agentes esperaban haber resuelto la sucesión de crímenes en serie más larga en la historia de Estados Unidos, y quizás una de los más terribles, todo gracias a la nueva tecnología de ese entonces, empleada para identificar el ADN de las personas.

Desde el verano de 1982 a marzo de 1984, se identificaron los cuerpos de 42 víctimas.
El sherif Reichert, a cargo del caso, sospechaba que pudo haber otras personas, imitadoras, que hubieran matado mujeres y arrojado sus cuerpos en la zona del Río Verde durante este mismo tiempo, y que Ridgway no era el autor de los 49 asesinatos que él y sus colegas habían investigado: “Quizás no ha matado a 49 mujeres, pero sí a muchas de ellas”, aseguró el sherif, lo cual al final quedaría descartado.

Las otras siete son mujeres cuya desaparición fue denunciada y que la policía creyó asesinadas, aunque no tenían información sobre sus cadáveres.
Todas ellas aparecieron en el Río Verde y otras en los alrededores de la ciudad de Portland, en Oregón.

El juicio:

Gary Leon Ridgway, se declaró culpable el miércoles 05 de noviembre de 2003.
Confesó haber matado a 48 mujeres en dos décadas, lo que lo convirtió en el mayor Asesino en Serie de la historia de Estados Unidos.

He asesinado tantas mujeres que me cuesta acordarme de todas ellas“, declaró en una de sus audiencias. “El plan era asesinar a tantas mujeres que yo consideraba prostitutas como pudiera“, dijo Ridgway.
La mayoría de las víctimas eran prostitutas por lo que “pocas de ellas se reportarían como desaparecidas“, admitió Ridgway. “Elegí a las prostitutas porque creí que podría matar cuantas quisiera sin ser atrapado“, dijo.

Ridgway admitió los asesinatos ante la Corte Superior del condado King en Seattle, tras acordar con la policía para evitar la pena de muerte en el Estado de Washington.
El acusado detalló su acuerdo con el fiscal Jeff Baird, ante quien admitió su culpabilidad en los 48 cargos de homicidio agravado.

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El acuerdo en la Corte puso punto final al misterio que se generó durante años a la ciudad de Seattle.
Mediante el acuerdo con la fiscalía, Ridgway fue sentenciado a cadena perpetua, sin posibilidad de reducción de la pena.

Gary Gilmore: Un criminal completo.

25 noviembre 2009 Deja un comentario

 

Gary Gilmore nació en McCamey, Texas, el día 4 de diciembre del año 1940.
Un criminal nato, sin piedad ni escrúpulos.

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Su infancia:

Sus progenitores no eran para nada ejemplares: Su padre tenía antecedentes penales por robos, era bebedor y mujeriego y se había casado unas siete veces. Había trabajando en un circo y como actor.
Su madre era 20 años menor que el padre, era drogadicta y había tenido varias uniones ilegítimas.
Como todo hijo, Gary quería mucho a su madre, y no soportaba el maltrato que recibía la mujer por parte de su padre.

Durante su infancia fue muy poco al colegio, pues siempre recibía castigos corporales, razón por la cual a los 10 años lo abandonó y comenzó su carrera criminal.
Fue un niño solitario, malintencionado e intransigente.

El comienzo de su carrera criminal:

Vendía periódicos y entraba en las casas para robar dinero y armas de fuego, a las cuales era muy aficionado.
Tiempo después comenzó a formar parte de una banda juvenil; con tan sólo 14 años robó un coche, lo que le costo una pena en un correccional en Oregón donde fue sodomizado por dos reclusos.
Tras 15 meses en el correccional, Gary salió convertido en un peligroso criminal juvenil.

La cárcel:

Cuatro meses después de salir cometió un robo por el cual lo detuvieron y lo condenaron a 15 años en prisión, donde se convirtió en un “duro” con todas las características: drogas, palizas, celdas de castigo e incluso dirigió motines dentro de la misma cárcel.

En 1972 quedó en libertad, pero no retomo el buen camino sino todo lo contrario, cometió otro atraco por el cual se ganó 9 años mas en prisión.

En 1976 sale en libertad provisional y conoce a Nicole Barrer. Se enamoró de la muchacha por lo que se fue a vivir con ella.
La bebida, las drogas y las palizas hicieron que al poco tiempo Nicole se marchara de la casa, abandonando Gary.

El criminal, falto de dinero, decidió robar una gasolinera, acto en el cual mató a Max Jenssen, el encargado del lugar, quien recibió 2 tiros en la cabeza.
Al día siguiente asaltó el motel en el cual había pasado la noche y una vez más, el encargado, Benny Bushnell, recibió un tiro en la cabeza y murió en el acto.
La policía detuvo nuevamente a Gary.

La condena final:

Esta vez no hubo piedad para el criminal y fue condenado a muerte.
El Tribunal Supremo de Estados Unidos fijó fecha definitiva para su ejecución para el 17 de enero de 1977.
Mientras aguardaba su final, Gary intentó 2 veces suicidarse, pero obtuvo resultados.

La ejecución:

La sentencia se ejecutó en la prisión estatal de UTA.
El día de la fecha fijada ataron a Gary en un sillón, colocaron en su cabeza un paño negro, y recibió una gran cantidad de tiros por parte del pelotón de fusilamiento, integrado por cinco policías ubicados a 6 metros de distancia del criminal.

Sus órganos fueron donados para transplantes, por expresa voluntad de Gary, mientras que el resto del cuerpo fue incinerado y esparcido sobre varios lugares de Utah desde una avioneta.

Robert Garrow: Un asesino sin piedad.

25 noviembre 2009 Deja un comentario

Robert Garrow era un hombre normal que vivía junto con su familia en Siracusa.
Su familia estaba compuesta por su esposa Edith, y sus dos hijos, Michelley Robert, de 15 y 14 años respectivamente.
Robert trabajaba como empleado en una panadería de Millbrook, donde se desempeñaba como maestro mecánico.
Lo que nadie en el pueblo sabía del buen Robert era que tenía un oscuro pasado.

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Un pasado turbio: 

En el año 1961, Robert fue condenado por violación y asalto en Albany. Tras ocho años en prisión cumplió su condena y salió en libertad.
Sólo su esposa conocía la violenta pesadilla de su marido y su insaciable necesidad de sexo.

Cuatro años después de quedar en libertad, el nombre de Robert Garrow apareció en los titulares de la prensa de todo Estados Unidos.
Sus crímenes y el dilema que presentaba a su abogado, Frank Armani, fueron noticia por todas partes.

Los hechos:

El 20 de Julio de 1973, Daniel Porter, de 20 años, había sido encontrado acuchillado y muerto, atado a un árbol, en un bosque cerca de Wells.
Porter estaba acampando con su novia, Susan Petz, quien estaba desaparecida.

El domingo 29 de julio de 1973, Nick Fiorello, Philip Domblewski, David Freeman y su novia, Carol Ann Malinowski, estaban acampando en un bosque ubicado entre las comunidades de Wells y Speculator.
Los campings estatales se encontraban llenos por lo que el grupo acampó en un pequeño descampado de la ruta 8.

Nick y Phil se levantaron temprano y manejaron hasta Wells para conseguir carnada. Mientras estaban en el pueblo, Robert Garrow condujo hasta el camping y se estacionó fuera de la vista de los demás.
Silenciosamente caminó hasta llegar a una de las carpas y abrió la puerta delantera. En el interior, David y Carol Ann se estaban vistiendo.
David, sorprendido, sólo pudo susurrar: “¿Qué es lo que quiere?”.
Robert respondió que necesitaba gasolina y ordenó a la joven pareja que se vistiera.
Sus órdenes fueron persuasivas, y la pareja asustada le hizo caso, pues Robert llevaba un rifle de caza.

Mientras David y Carol Ann salían de la carpa, vieron a Phil y Nick pasando con el auto que volvían al campamento.
Phil pidió exigió explicaciones sobre lo que estaba sucediendo.
Robert respondió que necesitaba gasolina.
David y Carol Ann, más conscientes del peligro, aseguraron a Phil que sería mejor que cumpliera con el pedido del extraño.

Robert Garrow amenazó a los jóvenes con su rifle y los obligó a adentrarse en el bosque.
Con un rollo de cuerda que llevaba consigo ató a David y a Nick en un árbol.
A Phil y Carol se los llevó más lejos, obligó a Carol Ann a amarrar a Phil y luego, llevándola más lejos la ató también a ella y se fue a revisar a los otros.

Robert fue hasta donde se encontraba Phil, quien había sido el más verbal del grupo de cautivos y se enfrentó a la ira del loco.
Robert, calmada y metódicamente, apuñaló al joven en el pecho hasta que el cuerpo, su cuerpo, ya sin vida, se desvaneció contra las cuerdas que le sujetaban al árbol.
Carol escuchó los gritos de Phil.
Los nervios y el miedo la hicieron sudar bastante, por lo que sus muñecas se pusieron tan resbaladizas que pudo liberarse de las cuerdas.
Silenciosamente, caminó hacia donde estaba Phil, llegó justo en el momento en que Robert recogía su rifle y desaparecía en el bosque.

Mientras tanto Nick se las había ingeniado para liberarse y correr hasta su auto para ir en busca de ayuda.
David, liberado por Nick, fue en busca de los otros y tuvo la mala suerte de tropezarse en el camino con Garrow, quien le obligó a ir en busca de Nick, que había escapado.
Pasó el tiempo. El hombre y el jóven anduvieron en amplios círculos por el bosque.
Mientras tanto, Nick regresó acompañado de varios policías.

Cuando David escuchó a su amigo, se apartó de Robert, quién salió corriendo y se adentró en el bosque.
La policía encontró a Philip, aún atado al árbol. Carol Ann se encontraba de rodillas, llorando ante el cuerpo de su amigo.
Cuando la policía ya lo tenía acorralado, Robert Garrow logró huir hacia la carretera y se escapó en su propio auto.

La orden de captura: 

Rápidamente los tres jóvenes rescatados identificaron la foto de Robert Garrow de entre las que les fueron enseñadas por la policía.
La orden de captura estaba en marcha. Había cierta urgencia.

Dos días después, Robert Garrow fue arrestado. Pues había cometido el error de intentar comunicarse con su hermana en Witherbee, y lo encontraron en los bosques cercanos a la casa de su hermana, donde se produjo un  tiroteo en el que Robert recibió varios balazos.
Robert estaba seriamente herido en la espalda, brazos y piernas, pero se recuperó tras una operación en la cual le extrajeron las balas.

Tras la acusación por asesinato, Robert pidió ser defendido por el abogado Frank Armani, quién lo había defendido en su caso anterior y era su abogado registrado.
Como Robert no tenía dinero y expresó su preferencia, la corte asignó a Armani como su abogado.

La confesión con el abogado:

Tras la confesión de su cliente, en la que le dejó en claro que había asesinado intencionalmente a Philip Domblewski, Frank Armani llegó a la conclusión de que su defensa basada en la locura del individuo, sería su única esperanza para que cumpliera su condena en un hospital en vez de en la cárcel.

Durante el interrogatorio, Robert le confesó a Armani que había matado a Daniel Porter y violado y asesinado a Susan Petz, y también que había violado y asesinado a Alicia Hauck.
Ninguno de los cuerpos había sido hallado hasta el momento.
Esta información puso al abogado en una situación bastante delicada, pues la confidencialidad entre abogado y cliente es un punto fundamental del proceso de defensa. Si Armani revelaba la confesión del asesino, rompería esta confidencialidad, y esta acción lo podría llevar a la exclusión del colegio de abogados.

Armani tenía que verificar las declaraciones de su cliente.
Siguiendo instrucciones de Robert, encontró y fotografió el cadáver de Susan Petz, que estaba escondido y abandonado en una mina.
Un colega, el abogado Francis Belge, buscó, encontró e hizo fotos del cuerpo de Alicia Hauck, que había quedado enterrada en un cementerio.

Los dos abogado, leales al código de conducta profesional, no contaron nada acerca de sus terribles hallazgos.

Mientras tanto, Armani se preparaba para defender a su cliente del único cargo imputado: el asesinato de Philip Domblewski.

Se complican aún mas las cosas: 

Meses más tarde, en diciembre de 1973, un estudiante de la Universidad de Siracusa encontró con el cuerpo de Alicia Hauck en el cementerio de Oakwood.
Dos semanas después, niños de una escuela encontraron el pie de Susan Petz asomando por los escombros de la mina abandonada.

Robert Garrow era un sospechoso importante de ambos asesinatos, también lo era del de Daniel Porter.

En mayo de 1974, se llevó a cabo el juicio por el asesinato de Philip Domblewski.
Los vecinos de la zona odiaban a Garrow, por lo que tuvo que ponerse vigilancia especial las 24 horas del día para protegerse de las agresiones del público.
Su abogado también necesitó protección policial.

El juicio:

Durante el juicio, Robert Garrow admitió el asesinato de Daniel Porter, Susan Petz, Alicia Hauck y Philip Domblewski.

Tras esta confesión, Francis Belge, declaró que ellos también sabían lo de los asesinatos y sus detalles, pero que la confidencialidad entre ellos y su cliente les había obligado a guardar silencio.
Ahora que Garrow había confesado, se sentían liberados de tal obligación.

La noticia del silencio de los dos abogados circularon a través de toda la comunidad legal estadounidense.
Guiados por la emoción del momento, sus colegas condenaron a los dos hombres.

Mientras tanto, el juicio continuaba.

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Garrow, mientras lo transladaban
a la cárcel en silla de ruedas.

La sentencia:

Robert Garrow fue declarado culpable de asesinato y sentenciado a 25 años de prisión.

Se presentaron cargos en contra Armani y Belge, pero tiempo después fueron absueltos por el gran jurado del Condado de Onondaga y por La Asociación Americana de Abogados.

Robert Garrow, que se encontraba en silla de ruedas por los resultados de sus heridas, fue encerrado en la prisión Donnemora.
Cuatro años más tarde, lo transfirieron a las instalaciones del correcional de Fishkill.

El escape que puso fin al asunto: 

Robert ejercitó sus piernas hasta que logró volver a caminar.
Durante la noche del 8 de septiembre de 1978, se subió desde su silla de ruedas y escaló las verjas de alambre de púas que cercaban la cárcel, y quedó en libertad.

Inmediatamente se dieron cuenta de la desaparición del asesino y se llevó a cabo una búsqueda masiva.

Tres días más tarde, en los bosques que rodeaban la institución, el funcionario Dominic Arena encontró a Garrow, quien le apuntó y disparó con una pistola que le había pasado de contrabando su hijo en la institución.
Arena cayó herido, pero los funcionarios que lo acompañaban dispararon contra el criminal quien cayó muerto en el suelo, terminando así con su carrera de crímenes y violaciones.

Javed Iqbal: “Ojo por ojo, diente por diente”

25 noviembre 2009 Deja un comentario

Javed Iqbal se convirtió en el criminal más buscado en los 53 años de historia independiente de Pakistán, un lugar en donde son muy raros los casos de asesinatos en serie.

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Javed Iqbal
La historia del crimen:

Javed Iqval era un ingeniero químico paquistaní de 42 años.

Este hombre fue detenido en diciembre de 1998 tras enviar una carta a la Policía en la que confesaba haber estrangulado a un centenar de jóvenes.

En esta carta, el asesino no solo se mofaba de la incapacidad de las autoridades de atraparlo y ponerlo entre rejas, sino que también en ella explicaba cómo había cortado en pedazos los cuerpos de sus víctimas, de las que abusaba sexualmente antes de asesinarlas, para depositar posteriormente los restos en una tinaja con ácido, para hacer desaparecer los cadáveres.

La carta produjo un total revuelo en las autoridades, y desencadenó una auténtica caza del asesino.
Tras un mes y medio de búsqueda, el hombre fue detenido.

El 30 de diciembre, Iqbal se presentó en las oficinas de “The News”, un periódico de la ciudad paquistaní de Lahore.
En la redacción de este periódico declaró que no sentía remordimientos por haber matado a 100 niños, pero que, si bien podría haber matado a 500 de ellos, si sólo asesinó a 100 fue porque no quiso ir “más allá”.
Confesó a los periodistas que sus actos fueron en protesta por los malos tratos que sufrió por parte de las Fuerzas de Seguridad, y que temía por su vida si se entregaba directamente a la Policía, pues por ese motivo había acudido al periódico local.

La investigación:

La investigación se dirigió directamente a la casa que el ingeniero compartía con sus cómplices.
Allí se encontraron las fotografías de 100 niños muertos y las ropas que muchos de ellos llevaban cuando desaparecieron.
También se hallaron algunos restos de cadáveres en una tinaja azul.

La mayoría de las víctimas eran procedentes de familias muy pobres o eran mendigos, y en algunos casos habían pasado meses de la desaparición hasta que las familias presentaron las denuncias.
La mayoría de los niños fueron identificadas por sus familias, a las que fueron mostradas las fotografías.
El asesino afirmó que las fotografías eran tomadas por sus dos cómplices que, según añadió, eran homosexuales, aunque negó que él lo fuera.

El juicio:

Durante el juicio, el ingeniero negó la versión de los hechos que el mismo relataba en la carta que había enviado a la policía, y afirmó que había sido detenido por error.
El juicio fue totalmente en contra del asesino, pues 105 testigos de la acusación prestaron declaración ante el tribunal, mientras que de la defensa no se presentó nadie.

La sentencia:

Javed Iqval fue declarado culpable, y su castigo se realizaría de acuerdo con la “Sha’aria”, (tradicional ley islámica, conocida como la ¨Ley del Talión¨).
El asesino debería ser ejecutado en el parque público más popular de la ciudad, de la misma manera que él ejecutó a sus víctimas.

La Corte de Lahore declaró: “Morirá estrangulado delante de los padres de los niños a los que ha matado, y su cuerpo será cortado en cien pedazos que serán depositados en ácido, como usted hizo con los niños“.

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Corte de Lahore

Sajid Ahmad, uno de los cómplices de Iqbal, de tan solo 17 años fue también condenado a muerte, pues participó en cada uno de los asesinatos.
Mamad Nadeem, de 15 años, fue declarado culpable de los crímenes de trece de las víctimas a sido condenado a 182 años de prisión (14 por cada uno de ellos) y Mamad Sabir, de 13 años, a 63 años de cárcel.

Tras oír la sentencia en una sala abarrotada de público, Iqbal juró por su honor que era inocente, posteriormente firmó el fallo y fue conducido a la prisión.

Su abogado defensor, Najeeb Faisal Chuadhry, declaró a la prensa que pensaba apelar a la sentencia y si fuera necesario llevaría el caso ante el Tribunal Supremo.
Pues en este caso, la ejecución se podría demorar durante años.

Si bien la sentencia fue duramente criticada por grupos de derechos humanos, e incluso por el Concilio de Ideología Islámica, la corte de Lahore no dio paso atrás.

La sentencia nunca llegó a cumplirse:

La mañana de 8 de octubre de 2001, cuatro días antes de que la Sha’aria rindiera su veredicto final, las autoridades de la prisión de Kot Lakhpat hicieron pública la muerte de Javed Iqbal y su cómplice Sajid Ahmad.
Ambos fueron encontrados en sus celdas ahorcados, al parecer, con sus sábanas.

Las autopsias revelaron que ambos habían sido golpeados y algunas declaraciones de guardias y custodios no parecían ser del todo verídicas, pero en definitiva las autoridades dictaminaron el “suicidio” de los acusado.

Criminal serial en Italia: El asesino del tren.

25 noviembre 2009 Deja un comentario

Donato Bilancia era un jugador empedernido, andaba de casino en casino, no sólo en Italia sino también en otros del extranjero.
A causa del juego, Donato contrajo muchas deudas, lo cual lo llevó a robar y matar a varias personas conocidas para saldar sus deudas.
También realizó otra serie de crímenes a sueldo de un clan mafioso de “Cosa Nostra”, y por último, una serie de asesinatos aislados, que lo llevaron a manos de la ley.

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Los hechos:

Los crímenes que salieron a la luz se dieron a partir del homicidio de una prostituta en el año 1997, un acto que sembró el pánico en toda Liguria mientras el asesino estuvo suelto.
La mujer apareció muerta en el lavabo de un tren de la zona, arrodillada y con un tiro en la nuca.
Este caso en un comienzo se tomó como aislado, como una consecuencia de riñas entre las bandas rivales del mundo de la prostitución.

Pero más adelante aparecerían otras 2 mujeres, muertas de la misma manera, también en los baños de los ferrocarrilies.
Éstas dos últimas, una enfermera y un ama de casa, ambas de 32 años fueron encontradas en los baños de trenes de la zona, siguiendo las mismas pautas que para la primera, las obligaba a arrodillarse frente al labavo para dispararles un tiro en la nuca… y utilizando la misma arma.

La psicosis que desataron estos hechos hizo que mucha gente, en especial las mujeres, dejaran de usar los ferrocarriles.
Incluso el fiscal de Génova llegó a recomendar a las mujeres que viajaran en los trenes “solo lo mínimo necesario y en lo posible acompañadas”.

La búsqueda:

Una vez confirmada la búsqueda del asesino, un posible agresor de mujeres (pues las similitudes entre el arma, el lugar y las características de las víctimas), se había unido la tesis, aún sin confirmar, de que el homicida habría dejado una carta impícita en la que amenazaba con volver a actuar, lo que hizo aumentar el terror entre las jóvenes italianas.

La policía comenzó a distribuir comunicados que decían: “Es mejor que todos los ciudadanos que han acordado citas o encuentros con personas a las que no conocen presten la máxima atención y, en caso de duda, llamen a la Policía“.

Las pistas:

Tiempo después aparecieron dos guardias asesinados, que al parecer habían descubierto al asesino intentando matar a un transexual, Julio Castor (llamado Lorena mientras hacía su trabajo), que si bien resultó herido, logró huir del criminal.
Una vez en el hospital, Lorena brindó a los agentes toda la información necesaria para hacer el identikit del asesino.
El retrato hablado y las dos primeras letras del coche Mercedes oscuro que utilizaba, que fueron vistos por testigos, cerraron el cerco sobre Bilancia.
Ahora, con pistas más certeras, la búsqueda se desplegó rápidamente hasta que, el 6 de mayo de 1998, Bilancia fue capturado por la policía italiana.

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El juicio:

Una vez prisionero, Bilancia se mantuvo callado durante una semana, apelando al derecho de no declarar, hasta que en el juicio finalmente confesó al juez: “Sí, he sido yo. Las he matado aunque no sé por qué, no estoy bien, ayúdenme a curarme“.

El asesino declaró detalladamente como había matado a 18 personas desde 1993 hasta ese momento, e incluso, le informó de otro crimen que la policía había considerado un fallecimiento natural.

Además, la policía tenía en su poder las evidencias que lo comprometían con en el asesinato de una prostituta nigeriana, Evelin Edoghaie, el 29 de marzo de 1998, quien falleció en un pueblo de las cercanías de Génova, luego de recibir dos tiros en la nuca.

La defensa apeló que el acusado era un enfermo mental, incapaz de entender sus acciones, ante lo cual la fiscalía solicitó que se le aplicaran una serie de análisis psicológicos.

Los resultados determinaron que Donato Bilancia, lejos de estar loco, se encontraba muy sano mentalmente, que era consciente de todos sus actos y que actuaba con verdadera determinación y frialdad durante sus crímenes.

La sentencia:

El 14 de febrero de 2001, el Tribunal de Apelación de Génova sentenció a Bilancia a 13 cadenas perpetuas y 26 años de reclusión, tras confesarse él mismo como autor de 18 homicidios.