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José Luis Calva Zepeda: “El Caníbal de la Guerrero”

19 diciembre 2009 7 comentarios

 

“Algún día, todos tendrán que seguir al caminante”
Poema de José Luis Calva Zepeda

José Luis Calva Zepeda nació en la Ciudad de México el 20 de junio de 1969, hijo de Esteban Calva Téllez y Elia Zepeda Camarena. A los dos años, su padre murió en circunstancias trágicas. Desde entonces, José Luis fue maltratado psicológicamente por su madre.

En 1976, un episodio de abuso sexual lo marcó. Al poco tiempo escapó de su casa y vivió mucho tiempo en la calle, entre los niños que utilizaban drogas y se prostituían por unas cuántas monedas. Calva Zepeda aprendió muy pronto a odiar y despreciar a las mujeres. Con el advenimiento de la adolescencia y el descubrimiento de su bisexualidad, la mezcla entre atracción y desprecio hizo crisis en su psique.

José Luis Calva Zepeda de niño

Calva Zepeda consiguió estudiar hasta la educación media superior. Cuando finalmente se casó, procreó a dos hijas. Su matrimonio duró siete años, al término de los cuáles el divorcio se hizo necesario. Solo de nuevo, Calva Zepeda se refugió en la escritura: realizaba poemas y cuentos que reflejaban sus estados anímicos y en los que comunicaba su retorcida visión del mundo.

En 1993, fue arrestado por portar un arma blanca; duró preso poco tiempo. Al conocer a Juan Carlos Monroy Pérez, inició una relación amorosa que pervivió bastante tiempo. La pasión homosexual no apagó su atracción por las mujeres: vivía ambos mundos con desenfado y placer. Empezó entonces a dedicarse a la actuación.

Calva Zepeda en una obra de teatro (imagen tomada del blog Nota Roja: Trauma y Tragedia, de Arturo Sánchez)

También publicó por su cuenta algunos de sus libros; de esta etapa surgieron los títulos Instintos caníbales; Prostituyendo mi alma; Réquiem por un alma perdida; Krish, el aprendiz de mago; Antigua; Caminando ando y La noche anterior. Escribía además historias de terror para cine y teatro. Sus poemas los firmaba con el pseudónimo de “El caminante”: “Algún día todos tendrán que seguir al caminante”, dice un fragmento de una de sus obras.

La portada de su libro Instintos caníbales

Escribió diez novelas, ocho obras de teatro y más de ochocientos poemas. Al inicio de uno de sus volúmenes una línea indicaba: “Dedico estas palabras a la creación más grande del universo (que soy yo)”.

La hoja con uno de sus poemas

Otro de sus textos dice:

“Soy José Zepeda, nací en el 69, tengo pulmones enfermizos, corazón grande, huesos frágiles, nariz profunda hacia fuera al igual que mis recuerdos, boca amplia que alberga diez mil palabras y un clamor, manos marcadas en la fragua de la desesperación y el dolor, endurecido de los pies, imberbe de la piel y ágil de dedos; fumador del tabaco fuerte, bebedor del mezcal sin gusano, gastrónomo de afición, no de degustación sino de elaboración, privativo del frijol, el picante, los tamales y la tortilla de maíz, adicto al café más por necesidad que por gusto al mismo. Estoy viendo en el ojo de una tormenta, me ahogan las niñas de mis ojos mientras lloran. Me arrebata la ira; me dominan mis celos, me desangro, me desgarro, me acorralo. La diferencia entre la vida y la muerte es blanca, se evapora en un instante y pesa solo un gramo. Ahí estaba yo sentado frente a mi única opción. Ahora dime, mi querido lector, ¿tú, estás en la bienaventuranza o en la tribulación? Y… si estás seguro del lugar en donde te encuentras… ¿Estás con el diablo o estás con Dios?”

Calva Zepeda vendía sus poemas en hojas sueltas o en cuadernillos, que ofrecía en las calles y en los cafés de los Colonias Roma y Condesa, en la Ciudad de México, así como en el Tianguis del Chopo.

Otro de sus textos sueltos

En 2004, conoció a Verónica Consuelo Martínez Casarrubia, una chica con la cual sostuvo una relación amorosa.

José Luis Calva Zepeda con su novia, Verónica Consuelo Martínez Casarrubia

Pero las cosas no fueron bien. La madre de Verónica Consuelo se oponía a la relación, le decía a su hija que ese hombre “no le convenía”. Pero ella nunca prestó oídos a los consejos maternos.

Verónica Consuelo Martínez Casarrubia

Sin embargo, los problemas destruyeron a la pareja y, ese mismo año, Calva Zepeda inició su carrera criminal: asesinó a Verónica Consuelo y después la descuartizó. Abandonó el cadáver desmembrado en Chimalhuacán, en el Estado de México. Allí lo encontró la policía el 30 de abril del mismo año. Su madre, Judith Casarrubia, interpuso una denuncia y Calva Zepeda fue desde entonces un prófugo de la justicia.


El cadáver de Verónica Consuelo

Cuando se mudó al departamento 17 de la calle Mosqueta nº 198, en la Colonia Guerrero, convirtió su casa en un escenario peliculesco: conservaba extraños cuchillos, libros de brujería, veladoras y textos de terror, muchos de ellos escritos de su puño y letra. Calva Zepeda practicaba brujería, consumía cocaína y se había vuelto un alcohólico y fumador empedernido. En su ropero guardaba un traje de mallón con un sujetador que, a la altura del pecho, simulaba dos pechos en aluminio; también poseía antifaces multicolores, adecuados para las fiestas de Carnaval. Varios de sus poemas hablaban sobre su obsesión con convertirse en madre y en un cuarto conservaba una cuna con la ropita para bebé que su madre le obsequió, en 1997, para una de sus nietas.

La cuna en uno de los cuartos de su departamento

Según algunas versiones no oficiales, en 2007 Calva Martínez mató y descuartizó a una prostituta conocida como “La Jarocha” o “La Costeña”. Esta vez, dejó el cadáver en Tlatelolco; el cuerpo fue encontrado el 9 de abril. Sin embargo, ese crimen atribuido a Calva Zepeda aún no está comprobado.

El cadáver de “La Jarocha”

Sus vecinos aseguraban que era tranquilo, callado, elegante y hasta “galán”. De su departamento siempre salía con diferentes mujeres. El conserje de su edificio llegó a afirmar: “nunca se comportó de forma extraña; es más, sabíamos que le gustaba cantar en un karaoke”.

Video con un recorrido por la casa de Calva Zepeda

Los colonos informaron que Calva Zepeda llevaba a su departamento mujeres de diversas edades que contactaba en el cybercafé donde trabajaba, sobre la Avenida Guerrero.

El departamento del asesino

Su relación con Alejandra Galeana Garavito duró varias semanas. La chica de treinta años, madre soltera, estaba enamorada del hombre que le escribía poemas y le juraba amor, sin sospechar que se trata de un psicópata. Se trataba de una joven seria, que no socializaba mucho. Alejandra trabajaba en la Farmacia de Genéricos ubicada en la esquina de Guerrero con Orozco y Berra. Al salir, caminaba cuatro cuadras sobre el Eje 1 Poniente y Calva Zepeda la acompañaba. Pegada en la computadora, Alejandra Galeana tenía la fotografía de él. Guardaba en su recámara las cartas y los poemas que su novio le escribió para enamorarla. Uno de esos escritos afirma:“Es la ausencia de tu cuerpo que me falta junto a mí.
El deseo de atraparte entre mi almohada y sus sueños.
Es tu mirada que se clava en mí como lanza de cazador”.

Dedicatoria manuscrita de Calva Zepeda en un ejemplar de su poemario; incluye su teléfono y correo electrónico (cortesía de Arturo Sánchez)

En su poema “Semilla germinal”, dice:“Gracias por dejarte ser parte de este universo,
el tuyo, el mío, el de nosotros dos.
Tuyo, desde el origen hasta la evolución”.
“Me cediste todas tus partes.
Tu aliento, tus uñas y tus ansias.
Me vestiste de ti y fui tu ave.
Canté tu canto que nunca calla”.

Un tercero afirma:

Dos portadas y contraportadas distintas del libro Caminando ando (imágenes tomadas del blog Nota Roja: Trauma y Tragedia, cortesía de Arturo Sánchez)

El 5 de octubre, Alejandra Galeana se fue de su casa para no regresar; dejó de responder las llamadas que le hacía su madre, quien tampoco estaba de acuerdo con su relación con Calva Zepeda.

La madre de Alejandra Galeana

Esa misma noche, Calva Zepeda asesinó a su novia. Pero esta vez fue más allá. Tras el homicidio, Calva Zepeda procedió a descuartizarla como a Verónica Consuelo, utilizando para ello la tina del baño. Pero, no conforme con ello, decidió guardar el cadáver en su departamento. Destazó la pierna y el brazo derecho, le quitó la piel y la carne, y después las guardó en el refrigerador. Puso algunos huesos en una caja de cereal. El tronco del cadáver de su novia lo guardó en el ropero.

El cadáver de Alejandra Galeana

El lunes 8 de octubre, Calva Zepeda se puso a cocinar: los ingredientes principales eran la mano y trozos de la carne del brazo de Alejandra. Hirvió los restos en agua un buen rato; preparó un caldo muy espeso y una vez que la carne estaba cocida, les añadió limón como condimento. Se sirvió los trozos de carne en la mesa de su desayunador, con más limón cortado en un platito.

Pero no contaba con que sus vecinos habían percibido el hedor del cuerpo descompuesto que procedía de su departamento. Llamaron a la policía, que acudió a averiguar qué ocurría.

Cuando los oficiales tocaron a su puerta, Calva Zepeda supo que estaba perdido. Los dejó entrar, pero luego trató de huir saltando desde el balcón de su departamento; pese a la caída aún pudo echar a correr, pero un taxi lo atropelló. La policía lo detuvo y luego revisaron su casa: lo que encontraron los llenó de horror y se convirtió en la noticia sensacionalista del año en México.

Video sobre la captura de Calva Zepeda en el programa Primer Impacto

Los paramédicos acudieron a curarlo, pero su estado ameritaba que lo trasladaran a una clínica. Lo llevaron al Hospital de Xoco, donde permaneció bajo custodia. Mientras estaba internado allí, le dijo a una criminóloga: “De alguna forma agradezco que haya ido la policía, ya que así no me causo daño ni causo daño. Ya quería que terminara este infierno”.

Calva Zepeda, atendido por los paramédicos tras su arresto

Al escuchar por la radio la noticia de la detención, Judith Casarrubia acudió de inmediato ante las autoridades para advertirles que se trataba del presunto asesino de su hija, Verónica Consuelo.

Judith Casarrubia, madre de Verónica Consuelo, muestra una de las cartas del homicida

Noticiero informando sobre el caso de Calva Zepeda

Los medios lo bautizaron como “El Caníbal de la Guerrero”, en alusión a la colonia donde vivía y en la cual cometió sus crímenes. Otros lo llamaban “El Poeta Caníbal”. Se declaró “admirador de Hannibal Lecter”, el personaje de las novelas de Thomas Harris que luego se convirtieron en películas. En una de las paredes de su departamento, tenía una foto de Anthony Hopkins en el papel del famoso asesino en la película El silencio de los inocentes. Pese a todo, él siempre negó la necrofagia, hasta el final siempre dijo que no había comido del cuerpo de su novia, aunque, ¿qué sentido tendría entonces haber cocinado partes del cadáver?

Los titulares

El 22 de octubre, la policía detuvo a su amante y presunto cómplice, Juan Carlos Monroy Pérez. El 24 de octubre, Calva Zepeda fue trasladado al Reclusorio Oriente.

El Reclusorio Oriente

Al ser cuestionado al otro día por el Juez 21 de lo Penal, Juan Jesús Chavarría Sánchez, sobre si rendiría su declaración preparatoria sobre los hechos de los que se le acusaba, “El Caníbal” contestó: “sí quisiera hablar, pero no coordino bien mis ideas”.

“El Caníbal de la Guerrero” en la cárcel

Video de Calva Zepeda tras las rejas

Ante el juez afirmó ser católico, escritor y ganar hasta 400 pesos diarios por la venta de sus textos. “No soy el monstruo que se ha dibujado, soy una persona que cometió un error, que está arrepentida y que tiene el deseo de seguir viviendo, no importa si me voy a quedar cincuenta años aquí encerrado”, concluyó. Su abogado fue Humberto Guerrero Plata, quien alegó que Calva Zepeda “estaba enfermo de sus facultades mentales”. Bajo estos términos, Calva Zepeda se negó a declarar.

Además de acusarlo por los asesinatos de tres mujeres, se le levantaron cargos por profanación de cadáveres y delito contra la paz de los muertos. Igualmente, las autoridades buscaron relacionarlo con los feminicidios cometidos en el área limítrofe entre el Estado de México y el Distrito Federal, donde aparecieron decenas de mujeres mutiladas, parte de cuyos cuerpos, como piernas, brazos y torsos, nunca fueron localizadas.

En la cárcel, Calva Zepeda inició la escritura de una nueva obra: Caníbal, el Poeta Seductor, la cual quedó inconclusa. Uno de sus fragmentos rezaba: “Tienes frente a ti sólo dos opciones: vivir o morir. Morir es sencillo y no es necesario dejar de respirar para hacerlo. Sin embargo, para vivir es necesario morir”.

En esta novela manuscrita, Calva Zepeda narra la historia de un bebé recién nacido que es abandonado por su madre y rescatado por una perra callejera. Posteriormente, el personaje es criado por un bibliotecario, quien le pone el nombre de Dante y lo enseña a leer y escribir, inculcándole el gusto por la poesía. A partir de entonces, Dante comete su primer crimen, dejando en sus víctimas (todas mujeres) un poema escrito sobre su piel. Al final de las hojas aparece una línea que dice: “Nota: No reproducir estas hojas, protegidas por derechos de autor”.

Caricatura sobre Calva Zepeda

En el hospital y en la cárcel lo visitaba una joven, Dolores Mendoza (a quien otras versiones identifican como “Juana”), su nueva novia, quien afirmó ante los medios de comunicación: “Yo nunca conocí a ese caníbal del que hablan; sólo a un hombre bueno”.

Verónica, su ex novia

Entrevista con Verónica, ex novia de Calva Zepeda

Video de la entrevista con la hermana de Calva Zepeda

Pero la historia del homicida tuvo un final extraño. Tras varios días de decirle a su familia que los otros presos “querían asesinarlo y le pedían dinero”, el 11 de diciembre Calva Zepeda aparentemente se suicidó. Apareció ahorcado con un cinturón en su celda. Su muerte ocurrió entre las 6:00 y 6:30 horas. Lo encontraron a las 7:00, cuando se hacía el pase de lista. Esto, pese a que había órdenes de vigilarlo las 24 horas del día.

Videos sobre la muerte de Calva Zepeda

Su hermana, Claudia Calva Zepeda, declaró tras su muerte: “Ahora yo quiero justicia para el caníbal, para ese caníbal al que tanto se acusó, porque él no se mató… él tenía mucho ánimo y sabía que se iba a quedar cincuenta años aquí (en la cárcel), pero no lo dejaron, lo amenazaron y le cumplieron la amenaza”.

Claudia Calva Zepeda tras recibir la noticia del suicidio de su hermano

Calva Zepeda dejó dos notas póstumas. Las líneas escritas para su madre decían: “No sé qué paso por mi vida, pero me perdí, perdí todo lo que tuve y lo que tendría. Deje ir tus palabras de amor y aún más, tus noches en vela por cuidar de mi ser. Mientras llorabas yo, indolente, callaba sin más. Tu consejo no servía ya para mí, era invencible. Sin darme cuenta me rodeé de gente extraña que sólo vino a dañarme más de lo que estaba. Hoy aquí, tras estas rejas que me aprisionan, junto al silencio de estos fríos y largos pasillos, te digo con el corazón entre mis manos: no me dejes de ti y, sobre todo, perdóname, mamá”. Su segunda nota afirmaba: “Estoy resuelto a irme, no soporto más el peso de mi desgracia, intenté perderme en el falso camino y sólo conseguí hundirme más, sólo pido que se conserven mis letras, ya que es lo único bueno que he hecho en la vida, no puedo escribir más, me voy y perdón por el dolor tan grande que les causo”.

Los días finales (click en la imagen para ampliar)

Al funeral llegaron los familiares de las víctimas, exigiendo ver el cadáver en el ataúd para cerciorarse de que estaba muerto. “Queremos ver que está muerto y cerciorarnos de que no le hará más daño a nadie”, espetaron. Su hermana, Claudia, se arrodilló ante ellos y les pidió perdón por los crímenes de su hermano.

José Luis Calva Zepeda, “El Caníbal de la Guerrero”, fue sepultado en la Ciudad de México el 12 de diciembre de 2007, día de la Virgen de Guadalupe, en el panteón San Nicolás Tolentino, en Iztapalapa, a las 14:30 horas. Al sepelio asistió su hermana Claudia, pero no su madre; tampoco fue ningún sacerdote. Sobre la tumba, cubierta de flores, destacaba una corona que la familia colocó y que ostentaba una banda que decía: “Poeta seductor”.

El sepelio del Caníbal

Con su entierro terminó la historia de uno de los asesinos más extraños de la historia mexicana. Su legado literario, considerado deficiente por muchos y genial por otros, incluye una frase que podría servir como su epitafio: “Adentrémonos en el fascinante mundo de la conducta humana y busquemos ese toque extraño dentro de cada uno de nosotros. Sólo así llegaremos al conocimiento de nosotros mismos”.

Video musical “El Caníbal de la Guerrero”, interpretada por David Weber

Fuente: “Escrito con Sangre” (www.escritoconsangre.com.mx)

 

 

 

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“Los asesinos del páramo” Ian Brady & Myra Hindley

26 noviembre 2009 2 comentarios

Estamos en los años 60 , desgraciadamente en esos años una pareja se haría famosa por los terribles asesinatos cometidos.Se les conocerá como “Moors Murderers” o los “Asesinatos del Páramo”,debido a que gran parte de sus víctimas fueron enterradas en la Pradera de Saddleworth, cerca de Oldham en el condado de Lancashire.

Estos aseinos actuaron entre 1963 y 1965. El caso de esta pareja estremeció a toda Gran Bretaña cuando se supo que habían asesinado a 6 niños. Su modus operandi consistía en secuestrar los niños, llevarlos a un páramo, y ahí, Ian los golpeaba, y a veces, Myra abusaba de ellos sexualmente. Finalmente, fueron condenados a cadena perpetua en 1966.

Ian Brady nació en Glasgow y creció en la ciudad escocesa de Gorbals, junto a su madre Margaret (“Peggy”) Stewart. A Margaret se le hizo muy difícil criar a Ian desde muy pequeño, por lo que decidió darlo en adopción a la familia Sloane, quienes lo criaron como si fuera un hijo propio. El padre de Brady nunca fue identificado y según Margaret era un periodista que había muerto poco antes que su hijo naciera.

Desde pequeño sufría ataques de ira incontrolados y solía golpearse la cabeza contra la pared. Su verdadera madre le seguía visitando y llevándole regalos. Con el tiempo Ian se dio cuenta de que Margaret era su madre.Poco a poco se fue convirtiendo en un inadaptado social.

Dicen que era un muchacho realmente guapo y un estudiante brillante, aunque pronto comenzó a decaer en sus estudios , empezó a fumar y desarrolló una fascinación por la ideología y por los símbolos nazis. Cuando jugaba a la guerra con sus amigos, se haría llamar “el alemán”. Comienza a mostrar sus tendencias sádicas, torturando niñas de su escuela mucho más pequeñas a las que molestaba continuamente y también torturando de una manera brutal a animales.
Fue arrestado varias veces durante su adolescencia. En una de esas detenciones un juez decidió que debía salir de Glasgow y vivir con su madre, quien vivía en Manchester con su nuevo esposo irlandés, llamado Patrick Brady. Entonces se refugia en la lectura y en la música, sin salir casi de la habitación. Lee al Marqués de Sade y a Nietzsche. También tenía interés en libros sobre sadomasoquismo, dominación, servidumbre y otras parafilias.
En 1954, dos meses antes de cumplir 17 años, Brady se muda con su madre a Manchester donde adopta como propio el apellido del esposo de su madre.

Consigue un trabajo como ayudante de carnicero y se interesa por la mutilación. Empieza a beber y a jugar de una manera compulsiva.
Más tarde, Brady volvió a ser arrestado varias veces acusado de embriaguez pública y de otros cargos. Fue condenado a 2 años de reclusión en la prisión de Strangeways.En 1961 conoce a Myra Hindley. Se va a convertir en su compañera sentimental y de fechorías.

Myra estaba fascinada por la belleza de Ian. Era una chica normal de Manchester, que trabajaba de niñera y que se había convertido al catolicismo, hasta que conoció a Ian.
Brady le daba charlas sobre sus obsesiones: Hitler, Marqués de Sade, etc. Y ella se tuvo que leer entre otros libros “Mein Kampf”, “Seis millones de muertos”, “Eichmann.
Sus relaciones sexuales contenían aspectos sadomasoquistas. Myra se tiñe el pelo de rubio y viste con botas de tacón alto. De niñera, pasa a odiar a los niños, la religión, el matrimonio y las reuniones sociales.

Los dos juntos inician su carrera criminal.

Myra pide ayuda a Pauline Ride (16 años) para buscar un guante en la pradera de Saddleworth. Allí, Brady la viola, mata y entierra. La siguiente víctima es un varón, Jaun Kibride (12 años). Brady le viola, intenta apuñalarlo, pero se le rompe el arma. Enfurecido le estrangula.
Vuelven a actuar en junio de 1964. Otro muchacho Keith Bennet (12 años). Siguen el mismo modus operandi: engaño, traslado al páramo, violación y asesinato.
Con Lesley Ann Downey (10 años) suben un peldaño en la crueldad. La secuestran en un parque de atracciones. Brady la fotografía desnuda y Myra graba los desesperados gritos de la niña rogando por su vida. Al día siguiente la entierran.
El 6 de octubre de 1965 cometen su último asesinato. Matan a Edward Evans (17 años) mientras el cuñado de Myra está de visita y lo contempla todo. Brady mata a Edward de un hachazo en la cabeza y pide al cuñado que le ayude a cargar con el cadáver. Este se va de la casa con la promesa de volver, pero en cuanto se ve libre acude a la policía. Lo único que quería era salir con vida de ahí.
Ian y Myra son detenidos y acusados de los asesinatos. Justo dos meses antes se había abolido la pena de muerte en el Reino Unido. La máxima pena era la perpetua y el 6 de mayo de 1966 son condenados a ella.
Las evidencias en el juicio fueron las grabaciones y las fotografías que hicieron a Lesley Ann, la niña de 10 años, el nombre de Jaun Kibride en un cuaderno y una foto de Myra ante el lugar donde estaba enterrado el muchacho.
Brady admitió el asesinato de Edward Evans, pero exculpó a Myra. Con la separación Myra se dio cuenta del lavado de cerebro al que le había sometido su novio y comenzó a echarle la culpa de todo. Ian, dolido por la traición narra con todo lujo de detalles la participación de ella en los crímenes, testimonio que la convirtió en la mujer más odiada de Gran Bretaña de todos los tiempos.
Tras pasar 19 años en la cárcel se le declara a Ina Brady mentalmente enfermo y fue trasladado al hospital psiquiátrico de Broadmoor (Liverpool). Intentó suicidarse un par de veces, incluso inició una huelga de hambre en 1999, pero el juez obligó que se le alimentará con una sonda gástrica. Hace un par de años se debatía entre la vida y la muerte en el “Hospital de Alta Seguridad de Ashworth“, con numerosos problemas de salud que le llevaron a perder la cordura . Desconocemos si aún vive hoy en día, si es así acabará de cumplir 71 años de edad.
A Myra se le denegó la libertad condicional en 1998 ,murió de un ataque del corazón en el año 2002, a los 60 años de edad.
Al contrario de lo que sucede en US con los asesinos en serie y los psicóptas, nunca se estudió a fondo el personaje de Ian Brad, el cual posee una mentalidad sorprendente, digna de pasar a los libros de psiquiatría. Una mente pervertida y oscura capaz de cometer los peores asesinatos sobre las personas más inocentes que existen en este mundo: los niños.
El fotógrafo y director de videoclips, Rusell Young, utilizó las imagenes de Kate Moss y su ex Pete Doherty para encarnar a la asesina de niños, Myra Hindley y a su pareja Ian Brady. El fotógrafo quería combinar en su obra la “fama” de las celebridades y la “verguenza” de los criminales.
fuente : EL INVESTIGADOR
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Marcel Petiot

25 noviembre 2009 Deja un comentario


Desde muy joven demostró un gran sadismo torturando y asesinando

Desde muy joven demostró un gran sadismo torturando y asesinando animales com gatos.  Los psiquiatras que lo examinaron antes del juicio declararon que se trataba de un hombre en su sano juicio. Sin embargo, si nos detenemos a hacer un balance sobre cómo había sido su vida hasta entonces, nos encontramos con claros manifiestos de una mente desequilibrada desde su más tierna infancia.

Nació el 17 de enero de 1897. Su padre murió cuando él tenía tan sólo cinco, su madre murió tres años después, así que el niño fue confiado a los cuidados de varios tíos y tías. Tal vez por esta situación difícil su educación no fue como la de un niño normal ni mucho menos tuvo el afecto que éstos necesitan en esos años tan cruciales de vida.

De pequeño demostró una inteligencia considerable, pero al mismo tiempo revelaba ciertas tendencias sádicas que preocupaban a quienes le rodeaban: desde sumergir las patas de su gato en un cazo de agua hirviendo hasta asfixiar a este mismo animal con sus propias manos, o

torturar a otros animales sacándoles los ojos para divertirse mirando como éstos se golpeaban contra las paredes una vez ciegos.

También tenía la manía de robar todo lo que le pasaba por las manos. A sus compañeros en clase, los medicamentos en el ejército cuando era soldado (para venderlos posteriormente en el mercado negro) e incluso los fondos municipales del alcalde de Villaneuve cuando se presentó a unas elecciones municipales.

Basta con observar su grave afición a la piromanía, su crueldad con los animales, esa ludopatía crónica, además de serios y continuos ataques depresivos, una avanzada paranoia y un crónico estado de melancolía… por no hablar de sus mentiras compulsivas y su actitud de desprecio hacia toda la sociedad o su sangre fría casi carente de sentimientos… sin duda ese carácter nos suena bastante desequilibrado. Sin duda refleja una personalidad muy conocida por todos nosotros: una personalidad psicopática.

Curiosamente, y como suele ser habitual en estos casos, todas estas peligrosas facetas de su vida no le impidieron salir adelante en la vida social. Su encanto personal le ayudó a ganar prestigio en el ámbito profesional como médico y en una carrera política que inició como concejal, aunque ese encanto ocultase un carácter carente de escrúpulos.

El 11 de marzo de 1944 la policía acude a casa del doctor Petiot, alertada por los atemorizados vecinos que observaban salir de la chimenea una grasienta humareda negra y un hedor insoportable. La chimenea corría el riesgo de incendiarse, pues ya se veían las llamas sobresaliendo amenazadoras y no

Se consiguieron demostrar 24 muertes pero pudieron ser muchas mas en realidad. 

tardan en acudir los bomberos, quienes logran entrar en la casa a través del sótano. Allí, descubren sin dar crédito a lo que ven, el espantoso combustible que alimentaba las llamas: un montón de cuerpos desmembrados.

Momentos más tarde acude la policía, y el doctor Marcel Petiot les explica con orgullo que aquellos eran “sus” cadáveres, los restos de alemanes y colaboracionistas pro-nazis que habían sido asesinados por la Resistencia francesa y confiados a su custodia para que se deshiciese de ellos. Los agentes aceptan la explicación y lo dejan ir, no sin antes felicitarlo por tener esas dotes de patriotismo.

Petiot, aseguró que era miembro de la Resistencia y que sus víctimas habían sido 63. Al igual que los 27 cadáveres encontrados en el sótano, los agentes dan por hecho que son más soldados alemanes. Pero cuando se constata que aquellas muertes no tenían que ver con la ejecución de colaboradores nazis, Petiot ya había huido en su bicicleta.

A partir de ahí se llevó a cabo un minucioso registro de la casa, hallando además de los cadáveres despedazados, casi 150 kilos de tejido corporal calcinado y otros muchos cuerpos descomponiéndose en un pozo del garaje que contenía cal viva.

Guillotina en la que fue ejecutado Marcel Petiot.  Al cabo de un tiempo de anonimato, Petiot inició una serie de correspondencia con el periódico Resistance, bajo otro nombre, pero sin modificar su letra (lo que ayudaría a su identificación), diciendo que la Gestapo había metido en su casa los cadáveres. Gracias a eso fue de nuevo detenido el 2 de noviembre de 1944.

Su juicio comenzó en el Tribunal del Sena el 15 de marzo de 1945, ahí se descubrió la verdadera faceta del doctor. No era un luchador clandestino por la libertad, sino un criminal totalmente degenerado.

Se le acusaba de 27 asesinatos por las evidencias de su sótano. Su hermano Maurice, quien le proporcionaba la cal, alegó que Petiot la utilizaba contra las cucarachas, pero el enorme volumen de 400 Kg suministrados sirvió para inculparlo de complicidad criminal.

Mientras se hallaba detenido a la espera del juicio, Petiot en todo momento comentaba jocosamente a los guardianes de su prisión “No dejen de acudir a mi juicio, va a ser maravilloso y se va a reír todo el mundo”… y nada más lejos de la realidad, ese juicio fue uno de los más surrealistas y confusos en la historia de Francia.

A veces, tanto el acusado como el abogado dormitaban plácidamente en sus asientos, e incluso llegó a haber insultos entre la defensa y el acusado cuando el acusado afirmó que era un defensor de traidores y judíos, a lo que éste furioso le amenaza con partirle la boca en la misma sala.

La acusación afirmó que Petiot atraía a ricos judíos a la rue Lesseur con el pretexto que les ayudaría a escapar del acoso de las fuerzas alemanas hacia otros países. Luego, les quitaba la vida por medio de inyecciones letales que les administraba con el pretexto de cumplir con las formalidades sanitarias extranjeras, después los despojaba de todo el dinero y objetos de valor que poseían.

Al final de tres semanas de juicio, el jurado lo declaró culpable de 24 de las 27 acusaciones y en cuanto se dictó el veredicto de culpabilidad se establecieron una serie de indemnizaciones a favor de los familiares de las víctimas.

El 26 de mayo de 1946 el Dr. Muerte fue condenado a la guillotina, pero el asesino, lejos de mostrarse asustado en el momento de su muerte dijo con más ironía que nunca a los testigos de la ejecución: “Caballeros, les ruego que no miren. No va a ser bonito.”

 
Guillotina en la que fue ejecutado Marcel

Por: Margarita Bernal

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José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris

25 noviembre 2009 Deja un comentario

 
Su carácter vividor le llevó al faltarle el dinero

Su carácter vividor le llevó al faltarle el dinero a convertirse en un asesino sin escrúpulos. José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris, Un asesino sin escrúpulos

Uno de los crímenes más atroces de la historia española fue, sin duda, el cometido por José María Jarabo. Este individuo acabó con la vida de cuatro personas, una de las cuales era una mujer embarazada. Precisamente, los crímenes de Jarabo fueron los que hicieron que la tirada del periódico El Caso se acercara al medio millón de ejemplares en 1958. Era la primera vez, desde antes de la Guerra Civil, que un medio de comunicación nacional alcanzaba dicha cifra.

Los sonados crímenes de Jarabo salieron a la luz pública el 22 de julio de 1958. El día anterior habían sido descubiertos los cuerpos sin vida de cuatro personas, dos hombres y dos mujeres, muertos por obra de José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris, de 33 años.

El sábado 19 de julio de 1958 España se recupera de la resaca de patria producida por la coincidencia de los actos de conmemoración del “Glorioso Alzamiento Nacional” y la “Fiesta de Exaltación del Trabajo”. Las calles están vacías. El calor es asfixiante.

Un joven bien plantado e impecablemente vestido aprovecha la tranquilidad de la mañana para ojear el ABC en una cafetería de Madrid. Las páginas de deportes hablan de un Bahamontes que acaba de ganar el premio de la montaña en el Tour de Francia.

Se detiene en esta información para enterarse de que Jacques Goddel, director de la carrera, piensa que “si el corredor de Toledo tuviera tanto cerebro como músculo ya hubiera ganado varias veces la vuelta francesa”. También presta atención a las páginas taurinas, que resaltan la presentación en la capital de Curro Romero. Y a las necrológicas, donde destacan las honras fúnebres del ex ministro Cavestany.

El silencioso lector, que se echa al coleto una copa de coñac y pide otra, no es consciente de que está a punto de provocar la saturación de esas mismas páginas cargadas de necrológicas que ahora contempla. Aún no sabe que dentro de muy poco se convertirá en el personaje encargado de enfangar de sangre la posguerra. Ignora que la mano que cierra con un movimiento seco el periódico es la misma que, unas horas después, empuñará la pistola y el cuchillo con que se cometerá uno de los crímenes múltiples más brutales de la historia negra española. No puede imaginar que ese cuádruple asesinato que está a punto de cometer será resuelto por la policía en una de las más rápidas investigaciones jamás realizadas, y que una vuelta de garrote pondrá fin a la amarga recta final de su existencia.

Un tipo viril

El tempranero bebedor se llama José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris. Nació en Madrid hace 35 años y lleva los últimos ocho entregado al alcohol, las drogas y las mujeres. Sus amigos dicen que sabe vivir y divertirse como nadie. Que es un tipo viril capaz de cautivar a señoras y señoritas, poco le importa la condición de las mismas, basándose en su simpatía y en su carácter cosmopolita (fue educado en buenos colegios de Estados Unidos). Aseguran que es un seductor dotado de una gran planta, una enorme labia y un descomunal miembro. Sus enemigos dicen que sólo es un crápula, un despilfarrador, un vago y un enfermo sexual.

Seguramente todos tienen razón. Jarabo es eso y mucho más. Es un señorito en tiempos de crisis, un dandy que disfruta de un tren de vida muy por encima de sus posibilidades. No tiene trabajo, pero se acostumbra a vivir como un rey con el dinero que su madre le envía puntualmente desde Puerto Rico. Poco a poco van aumentando sus ya cuantiosos gastos, y con los giros mensuales de mamá apenas logra sobrevivir quince días: José María se ve obligado a hipotecar el chalé familiar de la calle madrileña de Arturo Soria y se marcha a vivir a una pensión, a un cuartucho con una cama en la que desplomarse cada mañana después de una noche de parranda. Posteriormente Jarabo reconoció que en las juergas de los últimos dos años bien podía haber dilapidado quince millones de pesetas, una cifra muy elevada si tenemos en cuenta que un flamante Seat 600 costaba en 1958 la friolera de 66.000 pesetas.

Cuando Jarabo salió del bar sintió que el peso de los bolsillos de sus pantalones estaba mal repartido. La cartera, vacía, no ofrecía ninguna consistencia. El forro del lado contrario estaba a punto de ceder ante un objeto que parecía de plomo: una pistola Browning FN del calibre 7,65 de fabricación belga. En ese instante recuerda que tiene muchos problemas.

La sortija

Su romance con una mujer inglesa casada llamada Beryl Martin Jones había complicado la vida de ambos. Ella había colocado su matrimonio en el disparadero. El había gastado una fortuna en hoteles, cenas y regalos. Asfixiado por la falta de dinero, Jarabo le había pedido a ella un anillo de brillantes que inmediatamente había empeñado para cubrir alguna noche de pasión y lujo. Ahora ella, la única mujer a quien había querido, le reclamaba la joya, alegando que se trataba de un regalo de su marido.

Desde Inglaterra le envió una carta recordándole por enésima vez que debía devolverle la sortija. En esta ocasión adjuntaba una autorización suya como propietaria, que resultaba imprescindible para desempeñarla, y una comprometedora misiva de amor con diversas confesiones íntimas. Para colmo de males, los familiares de Jarabo amenazaban con regresar de Puerto Rico y levantar la tapa de la alcantarilla en que estaba sumergido.

Jarabo se había acercado con la carta en la mano a la tienda de empeños Jusfer, en la calle Alcalde Sainz de Baranda número 19. Como no tenía las cuatro mil pesetas necesarias para recuperar la joya, que en realidad valía mucho más, enseñó la carta y cometió el fallo de dejarla junto a la deseada sortija. Hoy, 19 de julio del 58, se había propuesto recuperar ambas cosas.

Un golpe certero

Son algo más de las nueve de la noche cuando se encamina con paso firme hacia el número 57 de la calle Lope de Rueda. No es la dirección de la tienda donde tiene empeñadas la sortija y la carta. Es la vivienda de uno de los dueños de ese negocio, un tal Emilio Fernández Díez. Jarabo, que cree que la sortija y la carta pueden estar en casa de éste, pulsa el timbre del cuarto exterior con la uña del dedo pulgar “para no dejar huellas de ninguna clase”.

Paulina, la criada, abre la puerta a Jarabo sólo cuando este dice que es amigo del dueño de la casa. En el primer descuido la agarra por el cuello y la golpea con una plancha que encuentra en una mesa cercana. Forcejean. Jarabo agarra un cuchillo de la cocina y de un certero golpe en el pecho le parte en dos el corazón. La sangre irrumpe por primera vez en su vida, pero no parece impresionarle demasiado: arrastra el cuerpo inerte a una habitación junto a la cocina y se dispone a esperar a Emilio Fernández Díez, “el verdadero culpable” de sus males.

Pasan unos minutos de la diez cuando el dueño de la casa abre la puerta y llama de una voz a la criada. Nadie le contesta. Una necesidad urgente le hace encaminarse hacia el cuarto de baño. Pasa por delante del escondite de Jarabo que, tal y como tiene previsto, salta sobre su espalda como un leopardo, le inmoviliza sujetándole por la chaqueta y le pone el cañón de la pistola en la nuca. Al dueño de la casa no le da tiempo a saber quién le está apuntando. Suena un disparo y el cuerpo del usurero cae al suelo como un fardo, quedando tendido entre la bañera y el bidé.

Aún no se había recuperado de sus dos primeros crímenes cuando escucha que la puerta se abre de nuevo. No ha tenido tiempo de buscar ni la sortija ni la carta. Y ya ha matado a dos personas. Está muy nervioso. Amparo Alonso, la mujer de Emilio Fernández, acaba de entrar y se dirige al salón, donde un Jarabo que no logra aparentar tranquilidad responde a su cara de sorpresa con un “Buenas noches, soy inspector de Hacienda y estoy investigando a su marido”. “Él y la criada están detenidos”, continúa, “y mis compañeros se los han llevado a comisaría”.

La mujer desconfía, trata de huir y chilla con fuerza. Ésa es su sentencia de muerte. El grito se clava en la espina dorsal de Jarabo, que la golpea y arrastra hasta una habitación. Sólo cuando la doblega hasta tumbarla sobre una cama saca la pistola, la encañona en la nuca y aprieta el gatillo. Amparo estaba embarazada. “La suerte estaba echada”, confesó tiempo después Jarabo a la Policía.

Cuando logra relajarse se sienta en un sillón y bebe anís de una botella que encuentra en una mesa. Para confundir a la policía saca varias copas de un armario y mancha algunas con carmín. Tira por el retrete los casquillos. Limpia las posibles huellas. Bebe más anís. Sólo cuando considera que el trabajo está totalmente acabado se tumba en la cama de la única habitación que no está cubierta de sangre. Finalmente se relaja y pasa una noche entre los muertos, durmiendo un sueño incomprensiblemente plácido y profundo.

Errores

A las nueve de la mañana Jarabo abandona el improvisado panteón sin haber encontrado ni la sortija ni la carta. Para solucionar ese problema se encamina a una nueva cita, en este caso con Félix López Robledo, copropietario de la casa de empeños Jusfer. Pero antes desayuna, se toma unos coñacs, ve un par de películas en el cine Carretas, come en un restaurante chino y se echa una siesta en una pensión de la calle Escosura. Rendido por el esfuerzo de matar se toma el domingo libre y alarga el reparador sueño hasta las seis de la mañana. Dos horas después ya está en marcha. Ha desayunado su copa de brandy y comprobado que la Browning del 7,65 está cargada y en su bolsillo. Todo está en orden. Es la mañana del lunes 21 de julio.

Félix López Robledo siente cómo alguien que le estaba esperando en el portal de su tienda le sujeta por la espalda con una torpe llave de lucha. Es lo último que siente. Jarabo dispara dos tiros en la nuca del prestamista. Después registra sus bolsillos y el local y sale a la calle con las manos vacías y ensangrentadas. Se siente acabado. Ha matado a cuatro personas para nada. Más coñac y algunas drogas: cocaína, morfina… Y demasiados errores.

Sospecha

Aturdido por la matanza, Jarabo deja el traje, empapado en sangre, en una tintorería situada en el número 49 de la calle Orense. Luego se va de copas. Gasta dinero como si el mundo se fuera a terminar esa misma noche y despierta las sospechas de toda la gente que le conoce.

A las doce del mediodía del día siguiente, martes 22 de julio, Jarabo se acerca a la tintorería donde dejó el traje para recogerlo. Cuando llega le está esperando un dispositivo de vigilancia policial especial: el país entero está conmocionado por la noticia y el dueño de la tintorería avisó inmediatamente a la policía nada más ver la ropa. Jarabo se resiste en principio a ser detenido. Lleva un DNI falso, una pulsera y un reloj omega de oro, juegos de llaves de las casas donde cometió los asesinatos y una pistola FN del 7,65 caliente que aún huele a pólvora.

Ya en el despacho del jefe de la Brigada de Investigación Criminal de la Dirección General de Seguridad el sospechoso, muy entero en todo momento, niega los hechos y asegura que hace semanas que no ve a las víctimas. El inspector jefe Sebastián Fernández Rivas y los policías Ramón Monedero Navalón y Pedro Herranz Rosado se encargan de interrogarle. Después de un par de preguntas de trámite le enseñan unas fotos de los cadáveres, y el sospechoso se tambalea y cae desmayado al suelo. Se derrumba. Y confiesa que ha matado por amor, por recuperar una joya y una carta de “la única mujer a la que he logrado querer”. Ingresa por segunda vez en prisión: cuentan que ocupó durante algún tiempo la celda de una cárcel de Estados Unidos acusado de dirigir una casa de citas en Puerto Rico.

España entera se estremece con la orgía de sangre. Y con los detalles que rodean al criminal y a las víctimas. Los periódicos publican coleccionables con la historia del crimen, y le dedican portadas y titulares gloriosos. Los psiquiatras dicen que es “un psicópata desalmado”. La gente se apelotonaba en las largas colas que se formaban en la calle para poder asistir al histórico juicio de “el último carnicero español”.

Un año después, el 5 julio de 1959, todos los periódicos publicaban una lacónica noticia en portada: “En las primeras horas de la mañana de ayer, en el patio principal de la Prisión Provincial de Madrid, ha sido ejecutada, con las formalidades exigidas por la ley en estos casos, la sentencia de pena de muerte dictada contra José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris”.

Condenado a cuatro penas de muerte, Jarabo murió con las vértebras del cuello descoyuntadas por la quinta vuelta de tuerca del último garrote vil que se utilizó en España. Está enterrado en el madrileño cementerio de la Almudena.

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Adolfo de Jesús Constanzo, “El Narcosatánico de Matamoros”

25 noviembre 2009 1 comentario

 
Constanzo era el lider de una banda “satánica” que realizaba rituales con

Constanzo era el lider de una banda “satánica” que realizaba rituales con sacrificios humanos.  Desde el rancho Santa Elena, en la ciudad fronteriza de Matamoros, México, Adolfo de Jesús Constanzo y su banda transportaban semanalmente una tonelada de marihuana al país vecino… pero el lugar no era sólo un centro de distribución de drogas. En 1989 fueron acusados de asesinar a más de una docena de personas durante unos rituales de Palo Mayombe, un culto afroamericano.

Los “narcosatánicos” habían convertido el rancho en una verdadera casa de los horrores. El 9 de abril de 1989, la policía mexicana detiene en un rutinario control la camioneta que conducía David Serna Valdez, de veintidós años, a la altura del kilómetro 39 de la carretera de Matamoros a Reynosa en el rancho Santa Elena. En ella se encuentran restos de marihuana y una pistola calibre 38, por lo que el joven conductor es detenido. Tras unas horas de interrogatorio confiesa que pertenecía a una secta de “magia negra” y que utilizaban el rancho para realizar sus sacrificios rituales con seres humanos, además del narcotráfico.


Uno de los titulares aparecidos en la prensa mexicana, el cerco de su búsqueda se iba estrechando.

Estas sorprendentes confesiones obligan a la policía a registrar el rancho, hallando allí otros ciento diez kilos de marihuana… y algo macabro: un caldero de hierro de hedor pestilente que contenía sangre seca, un cerebro humano, colillas de cigarros, 40 botellas vacías de aguardiente, machetes, ajos y una tortuga asada.

Alrededor de la casa, una fosa común con doce cadáveres descuartizados, a los que les habían extirpado el corazón y el cerebro en algún extraño ritual.

 
Sara Villareal principal complice de

Entre ellos se hallaba el cuerpo de Mark Kilroy, un estudiante de medicina desaparecido en marzo de 1989 al que habían amputado las dos piernas y extirpado el cerebro, y con parte de cuya columna vertebral el líder del grupo se había fabricado un alfiler de corbata que le servía de amuleto.

Los agentes de la policía judicial detienen a un grupo de personas implicadas, quienes confiesan haber matado a esos individuos por orden del Padrino Adolfo de Jesús Constanzo, de veintisiete años de edad e hijo de un americano y una cubana practicante de la Santería y Palo Mayombe, en cuyas artes mágicas había sido iniciado desde que tenía tres años.

En 1980, Constanzo comienza a vender sus servicios como mayombero en Miami, trasladándose posteriormente a México en donde tiene un gran éxito con sus trabajos de magia negra. Su excelente reputación entre las altas esferas le sería debida a los poderes mágicos que le eran atribuidos, al misterio que continuamente le rodeaba y a su carismática personalidad.

Los rituales de purificación o limpias (ceremonias para limpiar malas energías negativas) y de protección, le proporcionan de ocho mil a cuarenta mil dólares entre sus clientes, la mayoría, importantes personalidades americanas.

Uno de los titulares aparecidos en la prensa mexicana, el cerco de su búsqueda se iba estrechando. 

Ávido por obtener más poder comienza a efectuar sacrificios en sus rituales, para dar mayor sensacionalismo y espectáculo, siempre ayudado por una joven divorciada que se convertiría en su musa y amante, la estudiante norteamericana de veinticuatro años Sara Villarreal Aldrete.

Sara se convierte en gran sacerdotisa del culto y participa activamente en todas las sangrientas ceremonias, además de reclutar a nuevos miembros y explicarles las actividades de la secta.

Adolfo convence a los demás adeptos que serán completamente invulnerables a las balas y que tendrán el poder de hacerse invisibles si siguen al pie de la letra sus instrucciones: confeccionar una ganga o caldero mágico con unos ingredientes especiales, además de secretos, en los ritos de Palo Mayombe, como son la sangre y algunos miembros humanos mutilados, preferentemente cerebros de criminales o locos, a ser posible de hombres de raza blanca, pues supuestamente éstos son más influenciables por el verdugo (para el asesino la tortura a la víctima es un factor muy importante, pues el alma de la víctima debe aprender a temer a su verdugo por toda la eternidad con el fin de hallarse para siempre sujeta a él).

Sara Villareal principal complice de Constanzo.  El rito termina cuando los participantes beben la sopa del caldero formada con la sangre de la víctima, su cerebro y los demás elementos que completan la siniestra ganga… lo cual les dará todo el poder que los criminales deseen.

Los detenidos revelaron además la existencia de otras sedes del grupo en otras ciudades mexicanas, en las que se descubrieron más delegaciones y sucedieron una serie de aprehensiones.

A partir de ese momento más de trescientos policías participan activamente en la búsqueda de Constanzo y sus seguidores más próximos: Sara Aldrete, Alvaro de León Valdez, Omar Francisco Orea y Martín Quintana, quienes emprenden una huida durante tres semanas por todo México.

Constanzo intenta negociar con las autoridades mexicanas amenazando con revelar todos los nombres de los personajes conocidos que participan en su culto, pero esto pesa poco comparado con la atrocidad de sus crímenes y la policía se muestra intransigente.

Dichas negociaciones se mantuvieron en secreto durante mucho tiempo, por lo que más tarde saldría a la luz pública: que numerosos policías habrían estado implicados en la secta.

Sintiendo que el fin de sus crímenes estaba cerca, Adolfo y sus cómplices se refugian en una mansión de las más lujosas del Obispado de Monterrey, protegida con un circuito cerrado con seis cámaras que vigilaban el jardín y accesos a la vivienda.

Mientras éstos eran perseguidos, las detenciones en distintas ciudades con narcosatánicos se multiplicaban. Finalmente, el 6 de mayo son descubiertos en el Distrito Federal por algunos agentes de la policía judicial que se hallaban registrando la zona y, sintiéndose acorralados, los cómplices del Padrino comienzan a dispararles desde la ventana de un edificio ubicado en la calle Río Sena de la Ciudad de México.

Al momento se presentan varias patrullas de refuerzo que pueden acercarse y llegar hasta el cuarto piso, desde donde disparaban. Dentro se encontraban Constanzo y los demás, quienes habían hecho un pacto de suicidio mutuo si no lograban deshacerse de los policías.

Al ver Constanzo la gran cantidad de agentes que les rodeaban y ganaban terreno a cada paso, desesperado, ordena a su compañero Valdez que le dispare con una ametralladora que le tiende, y Quintana, fiel a su líder decide suicidarse con él. Ambos se meten en un armario ordenando disparar a Valdez. Instantes después son detenidos sólo tres supervivientes, contabilizándose unos quince seguidores fieles de estos sangrientos cultos.

Según las aterradoras declaraciones de Sara a la policía, desde que conoció a Constanzo mantuvo una doble vida comportándose como una chica normal con sus amigos y familia, y como una fría asesina por otro.

Ella misma llegó a torturar a algunas víctimas, entre ellas Gilbert Sosa, un traficante de drogas.

 

Constanzo y Quintana, ambos se suicidaron antes de ser detenidos.

Delante de los demás miembros del culto ordenó que se le colgase del cuello, con las manos libres para que pudiese sobrevivir agarrándose a la cuerda. Luego lo sumergió en un barril de agua hirviendo, mientras le arrancaba los pezones con unas tijeras.

Confesaría además otros crímenes brutales, como en el que uno de los miembros de la secta mantiene a la víctima con vida después de haberle cortado el pene, las piernas y los dedos de las manos. Le abre el pecho de un machetazo y le agarra el corazón sin desprenderlo, lo muerde a dentelladas mientras el moribundo lo mira agonizante.

Más tarde negaría su participación en los desquiciados rituales, asegurando que el Padrino la retuvo contra su voluntad al haberse descubierto la matanza de Matamoros.

En la actualidad Sara Aldrete Villarreal purga una pena de cincuenta años por homicidio, sin siquiera sabe que su historia ha inspirado la “Perdita Durango” de Alex de la Iglesia, película estrenada en septiembre de 1997.

Por: Margarita Bernal

Fuente: Archivo del Crimen

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Jack el destripador: misterio de 100 años

25 noviembre 2009 1 comentario

Los avances que ha hecho la ciencia forense hasta el día de la fecha, hacen creer que sea casi imposible que un asesino despiadado se escape de las manos de la ley, y en algunos casos puede que eso sea cierto…

Pero si nos remontamos más de 100 años atrás, más exactamente hacia el año 1888, cuando todavía se desconocía completamente el ADN y las huellas dactilares (su primer uso en las ciencias forenses fue recién en 1917), la policía sólo contaba con su astucia y la de los testigos oculares y con los resultados obtenidos tras los interrogatorios.

Fotografia tomada por la policia en el asesinato de MARY JANE KELLYEn ese mismo año, fue cuando ocurrieron una serie de asesinatos increíblemente salvajes y crueles en Whitechapel, Londres, a manos de un asesino que NUNCA fue descubierto, a quién las autoridades y el periodismo apodaron Jack el destripador.
Los crímenes, fueron realizados entre agosto y noviembre de 1888, y se conocen tan sólo 5 víctimas hasta el momento, aunque se cree que han sido muchas más.

 

Las cinco víctimas de Jack el destripador conocidas fueron:

  • Mary Ann Nichols, quién fue asesinada el viernes 31 de agosto de 1888 a la edad de 43 años.
  • Annie Chapman, asesinada el sábado 8 de septiembre de 1888 a la edad de 47 años.
  • Elizabeth Stride, asesinada el domingo 30 septiembre de 1888 a la edad de 45 años.
  • Catherine Eddowes, a quién asesinó el domingo 30 de septiembre de 1888 a la edad de 46 años.
  • Mary Jane Kelly, asesinada el viernes 9 de noviembre de 1888 a la edad de 25 años.
  • Lo primero que se debe hacer cuando se trata con asesinos seriales, es buscar la relación entre las víctimas. En este caso, podemos observar que todas las víctimas excepto la última son mayores de 40 años. Pero no sólo eso…Jack el destripador siempre fue conocido en todo el mundo como el asesino de prostitutas, debido a que todas las mujeres a quienes victimizaba, eran prostitutas ocasionales.

    Los asesinatos se llevaban a cabo en lugares públicos, y los cuerpos aparecían con un corte en la garganta, realizado de izquierda a derecha (por lo que Jack era diestro), y con mutilaciones en la zona del abdomen y a veces en otras partes. En todos los cuerpos faltaban órganos (que se cree que Jack se los llevaba consigo), como el riño y el útero.
    Extirpar órganos en cadáveres, no es tarea fácil para un civil normal, por lo que se creía que Jack tenía conocimientos de anatomía, y que se podía tratar de un cirujano, o incluso de un carnicero.

    Pero los hechos mas interesantes ocurrirían el 25 de septiembre y el 16 de octubre de ese mismo año, cuando Jack le enviaría dos cartas, una a la agencia estatal de noticias y la segunda al presidente del comité de vigilancia de Whitechapel, George Lusk.
    La primera carta decía:

    Carta enviada por Jack a George Lusk“Querido Jefe, desde hace días oigo que la policía me ha capturado, pero en realidad todavía no me han encontrado. No soporto a cierto tipo de mujeres y no dejaré de destriparlas hasta que haya terminado con ellas. El último es un magnífico trabajo, a la dama en cuestión no le dio tiempo a gritar. Me gusta mi trabajo y estoy ansioso de empezar de nuevo, pronto tendrá noticias mías y de mi gracioso jueguecito…”
    Jack el Destripador

    Pero aún asi, siempre se dudó de la veracidad de esta carta, llegando a creer que no se trataba del verdadero asesino.
    El 16 de octubre, no obstante, se recibió una carta que sí se creyó auténtica, que decía lo siguiente:

    “Desde el infierno. Señor Lusk. Señor le adjunto la mitad de un riñón que tomé de una mujer y que he conservado para usted, la otra parte la freí y me la comí, estaba muy rica. Puedo enviarle el cuchillo ensangrentado con que se extrajo, si se espera usted un poco.
    Atrápeme cuando pueda, señor Lusk”

    Durante 100 años, Jack ha puesto en jaque a las autoridades y ha demostrado una increíble debilidad en el sistema de su país en aquella época.

    Sin embargo, los avances de la ciencia, han desempolvado vieja evidencia y han obtenido nuevos resultados. Durante 2006 varias hipótesis azotaron a la comunidad. Según documentos de Scotland Yard, se cree que Jack el destripador, podría ser un peluquero cuyo nombre era Aaron Kosminski.

    Pero la hipótesis más desconcertante, surge de los análisis de las cartas enviadas por Jack en 1888. Según científicos expertos, se ha encontrado ADN femenino en los papeles de las cartas, lo que hace que tal vez, 100 años de hipótesis se hayan tirado a la basura y que quizás debamos referirnos al asesino más correctamente como Jackie la destripadora.

    Las cartas muestran un odio desenfrenado por el asesino hacia las prostitutas, y si ponemos la situación bajo el microscopio de la lógica, no sería tan errado decir que es más probable que una mujer haya desarrollado semejante odio, antes que un hombre, ya que la prostitución siempre ha sido vista como degradante para las mujeres…
    Pero también sería válido decir que Jack pudiera haber obligado a una mujer a escribir dichas cartas para no dejar rastros.

    De todos modos, al parecer, la teoría de la mujer no ha sido tomada muy en cuenta, por razones que sólo sabe la policía local…ya que han hecho un identikit que según las autoridades es lo que más se asemeja al célebre criminal. Aqui está el retrato:

    Retrato de Jack el destripador hecho en 2006

    Aún así, las autoridades nunca han develado el misterio totalmente….cuánto tiempo pasará antes de que se descubra la verdadera identidad de Jack el destripador…o peor aún…se descubrirá alguna vez?

    LA HISTORIA

    Se trata de un personaje bastante conocido por el público, pues el recuerdo de Jack “El Destripador” nunca se ha desvanecido desde el otoño de 1888.
    En ese año comenzó de forma tajante su carrera criminal: asesinó a cinco prostitutas entre el 31 de agosto y el 9 de noviembre.

    Jack_el_destripador.jpg

    Para tener una mejor comprensión del fenómeno que fue Jack, el Destripador, es necesario conocer algunas de las condiciones que existían en Londres en la época de sus crímenes.

    El área de “The Whitechapel” fue la escena de sus crímenes, y entonces era el caldo de cultivo de Europa.
    Las condiciones de vida eran deplorables, el alcoholismo una forma de vida.

    Teniendo en cuenta que más de 100.000 personas vivían en los correccionales del lugar se estima que había unas 75.000 prostitutas andando por las calles, entre más de 200.000 desempleados.
    La serie de crímenes de Jack, tal vez, más que ningún otro factor, trajo a la luz la horrible situación socio-económicas de Whitechapel.

    whitechapel.jpg
    Ciudad de Whitechapel en la época de los crímenes.

    Las víctimas:

    La primera víctima de Jack fue Mary Ann Nicholls.
    Se trataba de una prostituta hecha y derecha, de 42 años.
    Mary no podía considerarse una mujer bonita, pues era bastante gordita, baja y le faltaban los cuatro dientes de adelante.
    El último día de su vida, fue evacuada del nido de ratas en donde vivía porque no podía pagar los cuatro centavos de estadía por noche.

    Luego de perder su hogar, Mary consiguió vender su cuerpo por cuatro centavos, pero no logró resistirse a gastarlos en ginebra.
    A altas horas de esa misma noche, su compañera, Nelly Holland, vio a Mary dando tumbos por las calles, apenas capaz de caminar.

    A las 3:15 a.m., un oficial de policía cumplía su ronda caminando por la calle Bucks Row, pero no notó nada extraño.

    Media hora después, dos vagabundos vieron lo que ellos creyeron que era un pedazo de tela útil, hecho un rollo en el costado del camino.
    Cuando se acercaron al objeto, vieron sangre saliendo del paquete.
    No tardaron en salir corriendo en busca de un policía.

    El oficial de policía se encontró con el cuerpo de Mary.
    El momento de la muerte se estableció, entonces, entre las 3:15 y las 3:45 a.m.
    La garganta de Mary había sido cortada de oreja a oreja y ella había sido destripada.

    En el momento se supuso que el atacante de Mary le había tapado la boca con una mano y cortado la garganta desde atrás con la otra, y que luego procedió a mutilar el cuerpo.

    Las cortaduras en el abdomen eran de una naturaleza tan distintiva que cuando los siguientes cuerpos fueron examinados, inmediatamente fueron atribuídos a un mismo hombre, quien a partir de entonces, siempre sería conocido como Jack, el Destripador.

    Tras ésta primera muerte, corrió a través de todo Whitechapel el rumor de que Mary había sido “amigable” con un fabricante de zapatos, quien habitualmente vestía un delantal de cuero.
    En base a algunas investigaciones, arrestaron al inmigrante polaco John Pizer por considerarlo culpable del asesinato de la prostituta.
    Posteriormente la investigación de un coronel libró completamente a Pizer de todo cargo y fue liberado.

    Ocho días después del primer asesinato, Annie Chapman, otra prostituta desamparada, se convirtió en la segunda víctima del Destripador.
    Annie, al igual que Mary, había sido echada de su casa en Dorset St. porque no podía pagar la renta.
    El cuerpo de Annie fue hallado a las 6 a.m. por John Davis, quien vivía en el edificio a las puertas del cual fue cometido el crimen.

    Esta segunda locación se encontraba a sólo 180 metros del lugar en donde había sido hallado el cadáver de Mary.
    Si bien las mutilaciones al cuerpo de Annie eran peores que las del asesinato previo, las cortaduras en su abdomen no dejaban duda de que se trataba del mismo asesino.

    Los rumores de los dos asesinatos en tán solo 8 días, corrieron a través de todo Whitechapel.
    Sin embargo las calles todavía eran recorridas por bastantes personas a esas horas de la madrugada y nadie vio al asesino, aunque sería fácilmente identificable porque debería de estar cubierto de sangre.
    En ambas ocasiones, encontraron gente alrededor de los asesinatos en las horas en que fueron llevados a cabo, y sin embargo, nadie había oído nada.

    La policía estaba completamente desorientada e indefensa.
    Esto hizo que se formaran comités de vigilancia, compuestos por patrullas que trataban de proteger a la gente, al mismo tiempo que trataban de dar con el asesino.

    El 30 de septiembre, el Destripador volvió a la acción.
    Esta vez el crimen fue por partida doble, pues asesinó a dos prostitutas en la misma noche: Elizabeth Stride y Catherine Eddowes.
    En ésta ocasión, Peddler Louis Diemshutz llevaba su caballo y su carro a sus respectivas caballerizas cuando el caballo se asustó.
    Louis saltó del carro y para ver que era lo que había alarmado al animal, y allí fue cuando vio el cuerpo de Liz Stride.
    Su garganta había sido cortada de oreja a oreja, pero no había mutilaciones en el abdomen.
    El Destripador había sido interrumpido.

    45 minutos más tarde, en una calle aledaña, Catherine Eddowes se convirtió en la cuarta víctima de Jack.
    Y ésta vez la víctima recibió el habitual trato del asesino: el corte en la garganta y el abdomen destripado.

    No es cierto que Jack el Destripador nunca fue visto por nadie.
    Pues varios testigos declararon haber visto a las dos últimas víctimas con un hombre antes de haber sido asesinadas.

    A partir de las descripciones otorgadas por los testigos, la policía determinó que el Destripador andaba por las calles mucho mejor vestido que el habitante promedio de Whitechapel.
    Probablemente, tenía alrededor de 30 años y medía cerca de 1,75 metros de estatura, era de complexión oscura y llevaba bigote.
    Era probable que Jack tuviera alguna experiencia médica o de carnicero, no sólo por los cortes distintivos, sino por la forma quirúrgica en que quitó el riñón del cuerpo de Catherine Eddowes.

    En un acto demasiado osado, Jack escribió a los editores del “Central News Agency” dos días antes del doble asesinato. Éste fue el texto de la carta:

    “Estimado jefe, continúo oyendo que la policía me ha apresado, pero aún no me tienen. Me he reído cuando se veían tan inteligentes y hablaban de estar tras la pista correcta. La broma sobre el delantal de cuero me hizo reír en serio.
    Estoy matando prostitutas y no dejaré de hacerlo hasta que me agarren. Buen trabajo, el último. No le di a la dama tiempo para gemir. ¿Cómo pueden atraparme ahora? Amo mi trabajo y quiero comenzar nuevamente. Pronto oirán de mí y mis pequeños juegos.
    He guardado un poco del buen líquido rojo en una botella de cerveza de jengibre durante el último trabajo, para usarlo para escribir, pero se puso duro como goma y no puedo utilizarlo. Tinta roja es igual de bueno, espero. ¡Ja! ¡Ja!
    En el próximo trabajo cortaré las orejas de la mujer para enviarlas a la policía, sólo para divertirlos. Guarde esta carta hasta que haga un poco más de trabajo, luego entréguela tal cual. Mi cuchillo es lindo y afilado y quiero ponerme a trabajar ahora mismo si tengo la oportunidad.
    Buena suerte. Sinceramente, Jack el Destripador”.

    Pocas horas después del doble asesinato, se recibió otra carta:

    “No estaba jugando, querido y viejo jefe, cuando le di la pista. Escuchará sobre el trabajo de Jack mañana. Doble evento esta vez. La número uno se quejó un poco. No pude terminar del todo. No tuve tiempo de cortarle las orejas para la policía. Gracias por guardar la carta hasta que hubiera hecho más trabajo. Jack el Destripador”.

    Estas dos cartas se creen verdaderas, pero llegaría una más.
    A los pocos días de la publicación de las dos cartas, George Lux, el presidente del Comité de Vigilancia de Whitechapel, recibió una pequeña caja de cartón, junto con una nota.
    Esta decía:

    “Sr. Lusk, le envío la mitad del riñón que tomé de una mujer y que guardé para usted, tomé otra parte, la freí y me la comí. Tal vez le envíe el sangriento cuchillo que usé si tan sólo espera un poco más. Agárrenme si pueden”.

    Dentro de la caja encontraron, efectivamente, el riñón de la mujer.
    Luego de examinarlo, comprobaron que había sido extraído de una mujer, de unos 45 años.
    El riñón estaba empapado en ginebra y tenía un avanzado estado de la enfermedad de Bright.

    Catherine Eddowes tenía 43. La ginebra había sido su bebida favorita y sufría la enfermedad de Bright.
    Ya no cabían dudas de que el auténtico “Jack, el Destripador” había sido el autor de la carta y había enviado el riñón.

    Durante la noche del 9 de noviembre, la última y más atractiva de las víctimas de Jack cayó bajo su cuchillo.
    Mary Kelly, de 25 años, llevó al asesino a su habitación rentada.
    A las 10:45 p.m, John Bowyer, un simple mensajero, fue enviado a la habitación de Mary para cobrar la renta.
    Fue él quien descubrió su cuerpo horriblemente mutilado.
    Por primera vez, Jack no había estado apurado para completar su trabajo.

    Tiempo después las matanzas cesaron.

    La mayoría de los criminólogos creen que Jack sólo dejaría de matar si era aprehendido o moría.
    Hay demasiadas teorías con respecto a la verdadera identidad del Destripador.

    El médico canadiense Neil Cream, quien dijo “Soy Jack el…”, al tiempo que se lanzaba al cadalso en 1892, siempre ha sido el primer sospechoso de la lista, en la cual encontramos también al Duque de Clarence, nieto de la Reina Victoria.

    Pero por desgracia, cada una de las teorías tiene sus fallas.

    Pues el doctor Cream estaba en la prisión de Illinois cuando el Destripador merodeaba las calles de Whitechapel, mientras que el Duque de Clarence estuvo en Sandringham desde el 3 al 12 de noviembre, y definitivamente, no estaba en Londres cuando Mary Kelly fue asesinada.

    La verdadera identidad de Jack el Destripador sigue siendo hoy en día un verdadero misterio en la historia de la criminología.

    Con la historia de Jack, nace la rippeología:

    Durante muchos años los investigadores dedicados a develar el misterio de Jack el destripador sólo contaron con las dos cartas anteriormente descritas.

    La falta de pruebas fehacientes fue la principal causa de la explosión de novelas, ensayos, seriales televisivos y películas que han tratado de explicar el misterio de Whitechapel.

    Fue así como nació la “ripperología” y los “ripperologistas”, términos utilizados para designar la ciencia y los expertos en este asunto.
    Su acuñador fue Colin Wilson, historiador del crimen y uno de los máximos especialistas en la materia, desde que en agosto de 1960 publicara su primer artículo sobre el tema, “My Search for Jack the Ripper”, en el “Evening Standard”.

    Pese a que en 1988 se microfilmaron todos los expedientes relativos al caso, guardados durante un siglo en los archivos de Scotland Yard, y se pusieron a disposición del público y de los estudiosos, las teorías siguen surgiendo por doquier.
    La aparición de nuevos documentos, en manos de coleccionistas y anticuarios, extiende la lista de sospechosos hasta el infinito.

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    historia de un canibal: Issey Sagawa

    25 noviembre 2009 3 comentarios

    La historia verídica de un hombre que hizo realidad el canibalismo. Lo que comenzó con un inocente sueño en su niñez fue llevado de una extraña manera a la vida real.

    Esta es la historia de Issey Sagawa, el canibal japonés (que vive actualmente libre).

    Sagawa.jpg

    Issey Sagawa: sus inicios.

    Un hombrecillo extraño que nació en Japon. Un hombre con manos y pies pequeños, poseedor de un inconfundible caminar cojo, y una peculiar voz de mujer. Un hombre particularmente tímido.
    Hijo de un multimillonario, Akira Sagawa, presidente de Kurita Water Industries en Tokio, era consciente de no ser atractivo para los ojos de las mujeres.
    Inteligente, obsesionado con las femmes altas de rasgos occidentales, quería tener consigo a “la mujer perfecta”.
    Mientras estudiaba Literatura Inglesa en la Universidad de Wako, comenzó a relacionarse con una alemana que daba clases de idiomas. “…Cuando me encontré a esa mujer en la calle, me pregunté si podría comerla…” confesó Sagawa en una entrevista.
    Un día de verano, la siguió hasta su apartamento, se metió por la ventana e intentó matarla. La mujer se encontraba dormida, y con poca ropa, lo que despertó aún mas el deseo de Sagawa, quien busco desesperadamente algo para apuñalarla o golpearla, hasta que finalmente encontró un paraguas.
    Antes de poder hacer algo, la mujer despertó, gritó de manera desesperada provocando la huida del individuo.
    Issei no olvidó esta experiencia, pues pensó que había sido muy fácil estar cerca de una mujer atractiva y, si hubiera sido mas cuidadoso en su ataque, podría haber cumplido su fantasía.
    Empezó a investigar y vigilar a sus posibles víctimas para planear cuidadosamente sus ataques y así evitar que escapen (como había pasado la primera vez).

    El hallazgo de su presa:

    Al viajar a París, encontró a la mujer que nunca pudo sacar de su mente. Su piel blanca, la forma carnosa de sus nalgas y sus bonitos senos le hicieron perder la cordura. Sagawa, equívoco, estaba convencido de que una forma de demostrar el amor que sentía por las mujeres que le gustaban, era comérselas, para de esta forma llevarlas siempre consigo.
    1981 En el Censier Institute de Paris, Sagawa conoce a la alemana Renee Hartevelt, era alta, rubia y bonita. Tenía 25 años, políglota y dueña de un futuro prominente: su objetivo era un Ph.D. en literatura francesa.
    Sagawa declaró que al sentarse a su lado en la clase, se enamoró inmediatamente de ella. Era la mujer perfecta para sus planes, pero esta vez tendría que ser cuidadoso y preparar minuciosamente su plan.

    Así comenzó su plan:

    Sagawa le pidió que le enseñara alemán, puesto que su padre, multimillonario, podría pagarle cualquier remuneración que ella gustara. Al comentarle a Renee, ella aceptó sin dudarlo.
    A Sagawa le gustó la inteligencia de la muchacha, su conocimiento de pintura y literatura europea, y hasta incluso le escribió cartas de amor y la invitó a conciertos y exposiciones de arte.
    Salían frecuentemente y en algunas ocasiones hasta lo invitaba a su apartamento a tomar el té. Estas salidas asiduas despertaron aún mas las macabras fantasías del oriental, quien un día invitó a Renee a cenar a su apartamento y le pidió que le leyera un poema de un escritor alemán. Al retirarse Renee, Sagawa olió y lamió el lugar donde ella se había sentado y juró que se la comería para poder poseerla por siempre.

    Hasta que halló la oportunidad:

    Insistió nuevamente con invitarla a cenar, ella accedió, como también accedió a ser grabada recitando el poema favorito del oriental con su equipo de reproducción. Nada más exitante que la lectura de su poema preferido con la voz de Renee.

    El 11 de julio de 1981 decidió hacer realidad su mayor fantasía, con la ayuda de un rifle calibre 22.
    Cuando Renee llegó, la hizo sentar en el suelo al estilo japonés para tomar el té, aquel en el cual mezcló un poco de whisky, para volver a la muchacha poco a poco más accesible. Conversaron por varias horas, mientras Sagawa esperaba que el licor en el té surtiera su efecto. Cuando la muchacha por fin demostró estar un poco alterada por los efectos del whisky, Sagawa le declaró su a amor y trató de llevarla a la cama. Ella lo rechazó, explicandole que no quería ser mas que su amiga.
    Sagawa se levantó desconcertado y mientras Renee se sentaba en una silla, él rapidamente buscó un libro de poemas para que ella se lo leyera.

    El crimen:

    El japonés grabó las últimas palabras de la muchacha y luego le disparó con su rifle en el cuello. Renee cayó de la silla, Issey le siguió hablando como si nada hubiera pasado… pero ella ya estaba muerta. Al ver la cantidad de sangre que fluía de la herida, Sagawa se asustó y en un principio intentó limpiarla, desistiendo finalmente de esta tarea cuando optó por desvestirla para hacerla suya.

    Su sueño. El canibalismo hecho realidad:

    Como carnicero nato, tomó un cuchillo y comenzó cortando el pezón izquierdo y un pedazo de nariz, los que se comió inmediatamente.
    “Yo corte su cadera”, escribió mas tarde en “En la Niebla” su propia obra literaria.

    Se preguntó a sí mismo donde debería morder primero, mal seleccionando primero las nalgas, ya que las encontró difícil de morder.
    Lo más espeluznante es como él describe paso a paso su ritual: La apariencia de grasas, músculos y el sabor de cada cosa. “…Cuando la grasa sale por los cortes hechos con el cuchillo, posee la consistencia y apariencia del maíz amarillo…” declaró el caníbal.
    Continuó cortando hasta hallar la carne mas profunda, una vez que la encontró, cortó más fuerte y puso dos filetes en su boca “…su sabor es de un rico pescado crudo similar al sushi, no he comido nada mas delicioso…”, estaba completamente feliz por haber cumplido su fantasía.

    Al ver que su fuerza no lo ayudaba, seleccionó un cuchillo eléctrico, con el que cortó a Renee en más pedazos para comer crudos. El resto lo puso en la nevera.

    Puso a prueba sus dotes de chef cocinando carne humana frita con mostaza, la que feliz saboreaba mientras escuchaba la grabación del poema que le hizo leer a Renee y  limpiaba su boca con la ropa interior de su presa.

    Intentó también cocinar sus senos, pero la apariencia grasosa de los mismos le dio asco (?), así fue como descubrió que los muslos eran más deliciosos.

    Tomó fotografías del cuerpo mutilado y hasta tuvo relaciones sexuales con lo que quedaba de la muchacha.
    En una cinta de audio grabó: “… cuando yo la abrazo, ella suspira y le digo que la amo…”.

    Exhausto finalmente del banquete humano, tomó lo que quedaba del cuerpo, lo llevó a su cama y durmió con el.

    neverasagawa.jpg

    Al día siguiente, cuando se despertó descubrió que el cuerpo aún no había tomado mal olor, entonces decidió seguir comiendo. Descubrió que el brazo era, definitivamente, la parte que mas le gustaba. Intentó comer el ano, pero su olor era muy fuerte, lo puso a freir en aceite, pero finalmente desistió.
    Varias moscas llegaron para disfrutar también del banquete, y allí Sagawa reaccionó y se dio cuenta que había perdido definitivamente a Renee.

    Decidió librarse de la evidencia el cuerpo en pedazos pequeños con la ayuda de un hacha, y lo puso en una valija (que había comprado específicamente para eso). Mientras desmembraba el cadáver se excitó y decidió masturbarse con la mano del cadáver. Se guardó pedazos de nariz, labios y lengua para posteriores fantasías.

    Cuando exploró los órganos interiores, estos quemaron sus manos por los ácidos digestivos que contenían. Con el hacha, cortó la cabeza, la tomó de los cabellos y observó su imagen en un espejo. En ese momento comprendió que se había convertido en un verdadero caníbal.

    Durante la noche del segundo día, terminó de armar su maleta fúnebre, llamó un taxi y con el fue hasta Bois de Boulogne. Una vez en el parque, intentó arrojar la maleta en el lago, pero le resultaba muy difícil de maniobrar debido a que era muy pesada, y su contextura física muy pequeña.
    Se asustó al notar que mucha gente lo estaba observando así que se deshizo de la valija rapidamente y huyó.
    Una pareja que se encontraba en el lugar vio una mano de mujer llena de sangre que se asomaba por la valija y llamó a la policía.

    Sagawa, de regreso en su apartamento se dispuso a disfrutar nuevamente de la carne de Renee que había en su nevera.
    Repitió este rito cada uno de los días que estuvo en libertad.

    La sentencia:

    Dos días después del asesinato, la policía llegó a su apartamento con una orden de captura. Sagawa los dejó entrar sin intentos de huír. Ellos abrieron el refrigerador y encontraron los pedazos del cuerpo de Renee, labios incluídos.
    Sagawa confesó todo y alegó que tenía una historia medica por una enfermedad mental. Sus descripciones fueron sumamente contundentes, específicas y detalladas.
    El juez decidió que él no era competente para juzgarlo: Estaba realmente loco.

    Issei Sagawa era dueño de una lujuria sexual extrema. Declaró a un periodista británico que su canibalismo probablemente  habia sido originado en su niñez, cuando en un sueño él se encontraba en una olla hirviendo junto con su hermano, pues serían la comida de alguien más. Comenzando desde allí sus fantasías caníbales  pasando de ser “la comida” a quien “se la comería”.
    Su apetito era exclusivamente por mujeres altas, rubias y de piel muy blanca. Sabía que no tendría otra opción mas que la que eligió para estar con una mujer de estas.
    En Tokio visitó a un psiquiatra a quien confesó sus oscuros deseos, el profesional lo calificó de persona muy peligrosa. Su padre encubrió el problema y lo envió a otro país. Otros profesionales de salud mental lo evaluaron posteriormente y notaron las mismas tendencias peligrosas en este hombrecillo.

    Sagawa fue condenado a un período indefinido de prisión en el asilo Paul Guiraud. Los psiquiatras que lo evaluaron dijeron nunca se curaría.
    Su multimillonario padre hizo, en el año 1984, un trato para que su hijo fuera transferido al hospital psiquiátrico Matsuzawa en Japón.

    El fiscal creyó que allí estaría preso de por vida, pero solo permaneció allí por 15 meses quedando libre en agosto de 1985, una vez más, gracias a su padre. El temible caníbal libre, viajó a Alemania.

    Su libertad le permitió dar entrevistas en las que declaraba que la carne humana era uno de los mejores alimentos e incluso accedió a apariciones en películas pornográficas japonesas.
    Escribió cuatro novelas describiendo los detalles de su asesinato. Vendió más de 200,000 copias.
    Gracias a su padre, había quedado libre tras un asesinato, y se sentía muy orgulloso de él.

    La fama de un asesino suelto:

    Actualmente Sagawa disfruta de la popularidad en los medios de comunicación. El hecho de ser el centro de atención le divierte y cree que lo que hizo no es extravagante.
    “…El público me ha hecho el padrino de canibalismo…” declaró, “…y estoy contento feliz con eso…”.

    Los Rolling Stones grabaron “Too much Blood” (Demasiada Sangre) en su homenaje.
    También incursionó en el mundo del comic, escribiendo una columna semanal para un periódico. Editó también una antología sobre fantasías caníbales, la que fue portada de una revista gastrónoma japonesa.

    Trató también de formar parte del mundo del streaper bajo un seudónimo.

    En su web oficial, pueden encontrarse mas detalles sobre su crimen. Allí defiende al canibalismo asegurando que no es un acto horrendo, exhibe también ejemplos de sus pinturas y esculturas con las nalgas carnosas de hembras blancas.

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    En un artículo de una revista, dijo que espera ser comido por una joven mujer occidental, porque, sólo un acto como ese lo salvara.

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    Ottis Toole: La pareja de Henry Lee Lucas

    25 noviembre 2009 Deja un comentario

    Además de la crueldad de sus crímenes, Ottis asegura haber estado vinculado con una secta satánica, para la cual, junto con su pareja Henry Lee, secuestraban niños, y los utilizaban para llevar a cabo sacrificios rituales, pornografía dura e incluso películas snuff, en las que torturaban a la víctima y la mataban lentamente mientras una cámara grababa las escenas en un plano fijo.

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    Una infancia totalmete lúgubre y llena de abusos:

    La infancia de Ottis no fue para nada fácil. Su abuela era satanista y su hermana lo sometió a infinidad de perversiones sexuales desde muy pequeño.

    Desde pequeño, Ottis era un poco retrasado, y a los 7 años ya se vestía como una niña.

    Logró finalmente liberarse de su hermana cuando la metieron en un reformatorio, y a partir de entonces se hizo amante de un vecino.
    Ottis tenía una obsesión con el fuego, pues se dedicaba a incendiar casas y luego de hacerlo se masturbaba.
    Antes de llegar a la edad de 10 años se hizo adicto a las drogas y el alcohol . A los 13 años se ofrecía para hacer felaciones de manera gratuita a los borrachos.
    Con 14 años cometió su primer asesinato, y a los 25 ya tenía en su haber 13 condenas.

    La pareja: Henry Lee y Ottis

    Años mas tarde, Toole se enamoró perdidamente de Henry Lee Lucas, ignorando que los dos compartían la misma perversión necrófila y el asesinato.
    Henry Lee tenía la inteligencia que le faltaba a Otis, mientras que éste poseía la fuerza bruta que Henry no tenía.
    La pareja no era para nada higiénica, pues siempre andaban sucios y descuidados, pero poseían una “simpatía” que les facilitaba acercarse a las personas.
    Juntos cometieron varios asesinatos.
    Su zona de acción era la autopista I-35, donde se dedicaban a matar gente, descuartizarla, y repartir luego los pedazos por todo el país.
    Esta tarea fue la que dificultó la tarea policial de encontrar las pistas necesarias para atraparlos.
    Henry Lucas mataba mayormente a mujeres, utilizando un cuchillo, mientras que Otis elegía a los hombres, a quienes disparaba sin piedad.
    Ambos abusaban de sus víctimas, a quienes después de asesinar, las descuartizaban y las violaban una vez más después de muertas.

    Uno de los peores crímenes de Ottis, fue el de quemar vivo a un anciano en su casa, aún con su piromanía presente, prendió fuego la vivienda mientras observaba como el pobre viejito pedía auxilio asomado desde la ventana.

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    Toole y Henry Lee Lucas

    Trío de asesinos:

    Tiempo después se unió a la pareja una sobrina de Ottis, que a pesar de tener 15 años, aparentaba tener tan sólo 10.
    El trío se dedicaba a llamar a las puertas de las casas usando como señuelo a la niña, que con su inocente aspecto conseguía que le abran las puertas. Una vez lograda esta tarea entraban de golpe los 3 juntos para realizar sus fechorías.
    Con el tiempo, la niña y Henry se enamoraron, lo que hizo que Henry quisiera comportarse como una persona normal y comenzaron los problemas con Ottis.
    Henry dejó de cometer asesinatos para dedicarse a su enamorada, incluso se dedicaron a cuidar durante un tiempo a una anciana, pero este cambio no duró mucho tiempo.
    Volvieron a sus andanzas en la carretera, y tras vivir un tiempo en otro pueblo, la joven quizo ir a visitar a su familia en Florida.
    Esto no le gustó para nada a Henry, pero de todas formas lo aceptó.
    Durante el viaje tuvieron una discusión, que terminó por colmar la paciencia de Henry, quien asesinó a la muchacha de una puñalada en el corazón y posteriormente la violó.
    Más tarde declaró que ese fue el mejor acto sexual con su amada.

    Finalmente dejó una pista:

    Después de este crimen, volvió con la anciana que en un tiempo habia cuidado con su chica, y la asesinó. En esta ocasión dejo pistas tras su paso y finalmente lo agarró la policía. Henry confesó sus crímenes, y junto con el cayó también Ottis.

    A Ottis lo condenaron a cadena perpetua y murió años mas tarde en la cárcel, mientras que a Henry le dieron condena de muerte, la cual fue rechazada y terminó también en prisión.
    Se estima que la pareja cometió cerca de 100 asesinatos juntos.

    Y esto no es todo:

    Además de los asesinatos cometidos, a la pareja se le ha atribuído el hecho de pertenecer a una secta satánica y de dedicarse al tráfico de menores.

    Según una declaraciones de Toole: ” …Hubo una época en que ganábamos dinero vendiendo niños a México, que empleaban para películas porno… otros los vendían directamente a gente rica… teníamos una especie de altar y les rajábamos la garganta, bebíamos la sangre y a veces cocíamos los cadáveres… a veces los nuevos miembros cortaban los cuerpos antes de follárselos… y después follaban a los animales y los mataban… y después había una gran fiesta durante la cual comíamos a alguien y a los animales…”

    Esta cuestión se mantuvo en la duda, pues la policía nunca pudo probar la existencia de este grupo de satanistas que Ottis declaraba como estructura organizada.

    Cayetano Santos Godino: ¨El Petiso Orejudo¨

    25 noviembre 2009 Deja un comentario

    Nació en Buenos Aires el 31 de octubre de 1896, hijo de los inmigrantes calabreses Fiore Godino y Lucía Rufo, Cayetano Santos generó pánico en Argentina años más tarde, bajo el sobrenombre de el “Petiso Orejudo”.

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    Su padre era alcohólico y golpeador. Estaba enfermo de síflilis, por lo que el niño nació con graves problemas de salud y estuvo varias veces al borde de la muerte en sus primeros años de vida.
    Pasó su infancia vagando el la calle. Fue a varias escuelas de las que fue expulsado numerosas veces por su mal comportamiento y falta de interés.

    Una extensa carrera criminal:

    Con tan solo 7 años, Cayetano inició su carrera criminal, cuando llevó a Miguel de Paoli, un niño de 2 años a un baldío, donde lo golpeó y lo arrojó sobre unos espinos. Afortunadamente un policía que estaba por la zona los encontró antes de que llegara a mayores y los niños fueron llevados a la comisaría y devueltos a sus respectivas madres.

    Un año después, fue el turno de su vecina Ana Neri, quien con 18 meses fue engañada por el niño para llevarla a un lugar apartado y luego la golpeó con una piedra en la cabeza. Nuevamente la policía lo descubrió y lo llevó a la comisaría.
    Como era tan solo un niño lo dejaron en libertad.

    En 1906 cometió su primer asesinato, cuando llevó a una niña de 2 años a un baldío sobre la calle Río de Janeiro y después de intentar estrangularla la enterró viva en una zanja, la cual cubrió con latas.
    Este crimen no fue conocido sino hasta ser declarado por Cayetano, pero no pudo corroborarse ya que cuando fueron a buscar el lugar, habían construido un edificio sobre el terreno, pero esta historia fue vinculada con una denuncia por desaparición realizada hacia la fecha del crimen, de una niña de características similares a las declaradas por el asesino.

    Días después de su primer asesinato, Cayetano fue denunciado por su padre, cuando este descubrió que había torturado a algunas aves domésticas y encontró sus cadáveres escondidos en la habitación del niño.

    Esta es la reproducción del acta levantada en aquella ocasión:

    “En la Ciudad de Buenos Aires, a los 5 días del mes de abril del año 1906, compareció una persona ante el infrascripto. Comisario de Investigaciones, la que previo juramento que en legal forma prestó, al solo efecto de justificar su identidad personal dijo llamarse Fiore Godino, ser italiano, de 42 años de edad, con 18 de residencia en el país, casado, farolero y domiciliado en la calle 24 de Noviembre 623. Enseguida expresó: que tenía un hijo llamado Cayetano , argentino, de 9 años y 5 meses, el cual es absolutamente rebelde a la represión paternal, resultando que molesta a todos los vecinos, arrojándoles cascotes o injuriándolos; que deseando corregirlo en alguna forma, recurre a esta Policía para que lo recluya donde crea oportuno y para el tiempo que quiera. Con lo que terminó el acto y previa íntegra lectura, ser ratificó y firmó. Fdos: FRANCISCO LAGUARDA, Comisario. -Fiore Godino”.”Se resolvió detener al menor Cayetano Godino y ser remitió comunicado a la Alcaidía Segunda División, a disposición del señor Jefe de Policía”

    Cayetano estuvo recluído por dos meses y luego regresó a las calles.
    Como no iba a la escuela siguió vagando, sumergido en sus criminales pensamientos.

    El 9 de septiembre de 1908 llevó a Severino González Caló, a una bodega donde lo sumergió en una pileta para caballos, la cual cubrió con una tabla, para ahogar al niño de tan solo 2 años.

    El 15 de septiembre, Cayetano encontró a su próxima víctima: Julio Botte, de 22 meses, a quien le quemó con un cigarrillo los párpados. La madre de Julio lo descubre, pero Cayetano logró huir.

    En diciembre de ese año sus padres lo entregaron a la policía por los constantes problemas que Cayetano traía.
    En esta ocasión fue transladado a la Colonia de Menores Marcos Paz, donde permaneció por los siguientes 3 años.
    Durante su estancia en este lugar, Cayetano aprendió a leer y a escribir, pero lejos de recuperarlo, este lugar lo endureció.

    En 1911 vuelve a su casa por petición de sus padres, quienes le habían conseguido un trabajo en una fábrica en un inútil intento de redimirlo. Este trabajo le duró tan solo 3 meses, y, una vez de vuelta en las calles, Cayetano se había convertido en un criminal frío y tremendamente potenciado.

    Volvió a sus andanzas pero esta vez frecuentando los lugares y personas de más bajo nivel moral de Buenos Aires.
    Cayetano comenzó a sufrir fuertes dolores de cabeza, los cuales le llenaban de ganas de matar, sobre todo después de embriagarse.

    1912. Un año de seguidillas criminales:

    El 17 de enero de 1912 Cayetano, que ya era conocido con el apelativo de ¨Petiso Orejudo¨, se metió en una bodega de la calle Corrientes y la incendió, pues el fuego era otra de sus obsesiones.
    Este incendio fue apagado en 4 horas, y más tarde Cayetano declaró: “…Me gusta ver trabajar a los bomberos… es lindo ver como caen en el fuego…”.

    El 26 de enero de ese mismo año se encotró en una casa en alquiler, el cadáver de Arturo Laurora, de 13 años. El niño fue encontrado golpeado, semidesnudo y ahorcado.
    Si bien las investigaciones no llevaron a ninguna pista, años mas tarde el Petiso Orejudo confesaría ser el autor de este crimen.

    El 7 de marzo, Cayetano prendió fuego las ropas de una niña de 5 años. Reyna Bonita Vaínicoff falleció días después a causa de las quemaduras.

    En los meses posteriores el Petiso causó dos incendios más que fueron controlados fácilmente por los bomberos sin producir víctimas.

    Cayetano consiguió trabajo en una bodega de Paulino Gomez, donde el 24 de septiembre, mató de 3 puñaladas a una yegua. No lo detuvieron por falta de pruebas.

    Días más tarde prendió fuego la Estación Vail de la compañía de tranvías Anglo- Argentina. El incendio fue nuevamente controlado por los bomberos.

    El 8 de noviembre de 1912, Cayetano convenció a Roberto Russo por medio de engaños, a acompañarlo a una tienda donde supuestament le compraría caramelos.

    Llevó al niño de 2 años hasta un alfalfar, donde lo ató por lo pies y lo ahorcó con una cuerda. Un peón del lugar lo descubrió y lo entregó a la policía.
    Cayetano declaró haber encontrado atado al niño y estarlo rescatando cuando fue descubierto, fue liberado por falta de mérito.

    El 16 de ese mes, golpeó a Carmen Gittone, una niña de 3 años, pero antes de llegar a mayores fue descubierto por un vigilante y Cayetano logró escapar una vez mas.

    El 20 de noviembre, se llevó a Catalina Naulener de 5 años, intentó arrastrarla hasta un baldío pero la niña se resistió a continuar, el petiso, totalmente descontrolado por este desaire, la golpeó, pero el dueño de una casa vecina intervino y Cayetano logró huir.

    Su último crimen es el de Gararde Giordano, un niño de 3 años.
    Este sucedió el 3 de diciembre, día en que Cayetano salió de su casa con una gran determinación de matar.
    Luego de andar un rato por las calles, encuentra al grupo de niños jugando en la calle, al cual se unió sin problemas, pues su aspecto de tonto siempre le ayudaba a ganar la confianza de sus víctimas.
    Entre los niños se encontraba Gerardo, a quien Cayetano convenció para que lo acompañara a comprar unos caramelos.
    Los dos niños se fueron caminando hacia el almacén, donde Cayetano compró 2 centavos en caramelos de chocolate. Le dio algunos al mas pequeño y le prometió el resto a cambio de que lo acompañase a cierto lugar alejado.
    Cuando llegan a la Quinta Moreno, el Gerardo se resistió entrar, por lo que el petiso lo agarró violentamente de los brazos, lo metió en la quinta y lo acorraló contra un horno de ladrillos.
    Tumbó al pequeño con fuerza y lo inmovilizó poniéndole la rodilla sobre el pecho. Se quitó el piolín que usaba para sujetar su pantalón (era un lazo de algodón de los que se usan en albañilería para sostener las plomadas) y comenzó a enroscarlo en el cuello de Gerardo, le dií 13 vueltas y lo estranguló.
    Gerardo intentó levantarse pero el petiso le ató de pies y manos, retomó su intento de asfixiarlo pero el pequeño aún resitía.

    Una terrible idea se cruzó por la mente de Cayetano: atravesarle la cabeza con un clavo
    .

    Decidido a llevar a cabo su idea, el Petiso se fue en busca del material necesario para realizar su tarea.
    Durante su búsqueda, en el exterior del local, se topa con el padre de Gerardo quién le pregunta por el paradero del niño. Cayetano, sin inmutarse, le respondió que no lo había visto y le sugirió ir a la comisaría a realizar la denuncia correspondiente.
    Cayetano encontró un viejo clavo de 4 pulgadas, y volvió con él hasta donde estaba Gerardo.
    Con una piedra a modo de martillo, hundió el clavo en la sien del niño y luego de cubrirlo con una lámina de zinc huyó del lugar.

    Cayetano asistió esa noche al velatorio de Gerardo, donde, tras ver el cadáver del niño huyó llorando.
    La policía logró encadenar los hechos y detuvieron a Cayetano, quien una vez que estuvo detenido confesó sus homicidios y sus intentos de asesinato.

    La condena:

    El Petiso fue declarado irresponsable y encerrado en el Hospicio de las Mercedes, donde atacó a 2 pacientes e intentó huir.
    Lo transladaron a la Penitenciaría Nacional y finalmente en 1923 fue reubicado en la penal de Ushuaia, en la ¨Cárcel del Fin del Mundo¨.
    En 1927 los médicos del penal le hicieron una cirugía estética en las orejas, pues creían que allí radicaba su maldad. Obviamente este tratamiento “radical” no sirvió de nada.
    En 1936 pidió la libertad y se la negaron: de los dictámenes médicos elaborados se concluye que: “Es un imbécil o un degenerado hereditario, perverso instintivo, extremadamente peligroso para quienes lo rodean“.

    De su vida de recluso se sabe poco. En 1933, consiguió detonar la furia de los presos porque mató al gato mascota del penal, arrojándolo junto con los leños al fuego; le dieron una gran golpiza, de la que tardó más de veinte días en salir del hospital.

    Murió el 15 de noviembre de 1944, supuestamente por una hemorragia interna causada por un proceso ulceroso gastroduodenal, pero se sabe que había sido maltratado y, con frecuencia, violentado sexualmente.
    Sobrellevó los largos días de la cárcel, sin amigos, sin visitas y sin cartas. Murió sin confesar remordimientos.
    El penal de Ushuaia fue clausurado en 1947, y cuando el cementerio fue removido sus huesos ya no estaban.

    Gary Ridgway: El asesino de Río Verde

    25 noviembre 2009 Deja un comentario

    20 años tardó la policía en reunir las pistas necesarias para probar quien era el asesino.
    Durante los años 80´s, en Río Verde se dieron una serie de crímenes, más precisamente, asesinatos de mujeres, cuyos cuerpos aparecían semidesnudos y descuartizados entre la maleza del río.

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    Los policías estaban seguros de que el asesino era Gary Leon Ridgway, un pintor al que interrogaron e investigaron numerosas veces y que no arrojaba pruebas de ser el responsable de los hechos.

    El 10 de septiembre de 2001 finalmente reunieron las pruebas necesarias para acusar a Ridgway del asesinato de 4 mujeres, y de ser sospechoso de muchos otros crímenes que se dieron en menos de 4 años.

    La magia del análisis de ADN:

    Las investigaciones arrojaron como resultado que la saliva de una pequeña esponja que Ridgway había mordido en 1987 durante una de sus reiteradas visitas a la comisaría, poseía el ADN coincidente con los restos de semen hallados en tres de las mujeres que presuntamente había asesinado.
    Cuerpos de mujeres blancas y negras, incluso algunas prostitutas, aparecieron en el río, violadas y descuartizadas.

    Ridgway quedó sorprendido cuando salía de la fábrica de camiones en la que trabajaba como pintor y se encontró con un grupo de policías que lo esperaba en la puerta con una orden de detención.
    Los agentes esperaban haber resuelto la sucesión de crímenes en serie más larga en la historia de Estados Unidos, y quizás una de los más terribles, todo gracias a la nueva tecnología de ese entonces, empleada para identificar el ADN de las personas.

    Desde el verano de 1982 a marzo de 1984, se identificaron los cuerpos de 42 víctimas.
    El sherif Reichert, a cargo del caso, sospechaba que pudo haber otras personas, imitadoras, que hubieran matado mujeres y arrojado sus cuerpos en la zona del Río Verde durante este mismo tiempo, y que Ridgway no era el autor de los 49 asesinatos que él y sus colegas habían investigado: “Quizás no ha matado a 49 mujeres, pero sí a muchas de ellas”, aseguró el sherif, lo cual al final quedaría descartado.

    Las otras siete son mujeres cuya desaparición fue denunciada y que la policía creyó asesinadas, aunque no tenían información sobre sus cadáveres.
    Todas ellas aparecieron en el Río Verde y otras en los alrededores de la ciudad de Portland, en Oregón.

    El juicio:

    Gary Leon Ridgway, se declaró culpable el miércoles 05 de noviembre de 2003.
    Confesó haber matado a 48 mujeres en dos décadas, lo que lo convirtió en el mayor Asesino en Serie de la historia de Estados Unidos.

    He asesinado tantas mujeres que me cuesta acordarme de todas ellas“, declaró en una de sus audiencias. “El plan era asesinar a tantas mujeres que yo consideraba prostitutas como pudiera“, dijo Ridgway.
    La mayoría de las víctimas eran prostitutas por lo que “pocas de ellas se reportarían como desaparecidas“, admitió Ridgway. “Elegí a las prostitutas porque creí que podría matar cuantas quisiera sin ser atrapado“, dijo.

    Ridgway admitió los asesinatos ante la Corte Superior del condado King en Seattle, tras acordar con la policía para evitar la pena de muerte en el Estado de Washington.
    El acusado detalló su acuerdo con el fiscal Jeff Baird, ante quien admitió su culpabilidad en los 48 cargos de homicidio agravado.

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    El acuerdo en la Corte puso punto final al misterio que se generó durante años a la ciudad de Seattle.
    Mediante el acuerdo con la fiscalía, Ridgway fue sentenciado a cadena perpetua, sin posibilidad de reducción de la pena.

    Gary Gilmore: Un criminal completo.

    25 noviembre 2009 Deja un comentario

     

    Gary Gilmore nació en McCamey, Texas, el día 4 de diciembre del año 1940.
    Un criminal nato, sin piedad ni escrúpulos.

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    Su infancia:

    Sus progenitores no eran para nada ejemplares: Su padre tenía antecedentes penales por robos, era bebedor y mujeriego y se había casado unas siete veces. Había trabajando en un circo y como actor.
    Su madre era 20 años menor que el padre, era drogadicta y había tenido varias uniones ilegítimas.
    Como todo hijo, Gary quería mucho a su madre, y no soportaba el maltrato que recibía la mujer por parte de su padre.

    Durante su infancia fue muy poco al colegio, pues siempre recibía castigos corporales, razón por la cual a los 10 años lo abandonó y comenzó su carrera criminal.
    Fue un niño solitario, malintencionado e intransigente.

    El comienzo de su carrera criminal:

    Vendía periódicos y entraba en las casas para robar dinero y armas de fuego, a las cuales era muy aficionado.
    Tiempo después comenzó a formar parte de una banda juvenil; con tan sólo 14 años robó un coche, lo que le costo una pena en un correccional en Oregón donde fue sodomizado por dos reclusos.
    Tras 15 meses en el correccional, Gary salió convertido en un peligroso criminal juvenil.

    La cárcel:

    Cuatro meses después de salir cometió un robo por el cual lo detuvieron y lo condenaron a 15 años en prisión, donde se convirtió en un “duro” con todas las características: drogas, palizas, celdas de castigo e incluso dirigió motines dentro de la misma cárcel.

    En 1972 quedó en libertad, pero no retomo el buen camino sino todo lo contrario, cometió otro atraco por el cual se ganó 9 años mas en prisión.

    En 1976 sale en libertad provisional y conoce a Nicole Barrer. Se enamoró de la muchacha por lo que se fue a vivir con ella.
    La bebida, las drogas y las palizas hicieron que al poco tiempo Nicole se marchara de la casa, abandonando Gary.

    El criminal, falto de dinero, decidió robar una gasolinera, acto en el cual mató a Max Jenssen, el encargado del lugar, quien recibió 2 tiros en la cabeza.
    Al día siguiente asaltó el motel en el cual había pasado la noche y una vez más, el encargado, Benny Bushnell, recibió un tiro en la cabeza y murió en el acto.
    La policía detuvo nuevamente a Gary.

    La condena final:

    Esta vez no hubo piedad para el criminal y fue condenado a muerte.
    El Tribunal Supremo de Estados Unidos fijó fecha definitiva para su ejecución para el 17 de enero de 1977.
    Mientras aguardaba su final, Gary intentó 2 veces suicidarse, pero obtuvo resultados.

    La ejecución:

    La sentencia se ejecutó en la prisión estatal de UTA.
    El día de la fecha fijada ataron a Gary en un sillón, colocaron en su cabeza un paño negro, y recibió una gran cantidad de tiros por parte del pelotón de fusilamiento, integrado por cinco policías ubicados a 6 metros de distancia del criminal.

    Sus órganos fueron donados para transplantes, por expresa voluntad de Gary, mientras que el resto del cuerpo fue incinerado y esparcido sobre varios lugares de Utah desde una avioneta.

    Robert Garrow: Un asesino sin piedad.

    25 noviembre 2009 Deja un comentario

    Robert Garrow era un hombre normal que vivía junto con su familia en Siracusa.
    Su familia estaba compuesta por su esposa Edith, y sus dos hijos, Michelley Robert, de 15 y 14 años respectivamente.
    Robert trabajaba como empleado en una panadería de Millbrook, donde se desempeñaba como maestro mecánico.
    Lo que nadie en el pueblo sabía del buen Robert era que tenía un oscuro pasado.

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    Un pasado turbio: 

    En el año 1961, Robert fue condenado por violación y asalto en Albany. Tras ocho años en prisión cumplió su condena y salió en libertad.
    Sólo su esposa conocía la violenta pesadilla de su marido y su insaciable necesidad de sexo.

    Cuatro años después de quedar en libertad, el nombre de Robert Garrow apareció en los titulares de la prensa de todo Estados Unidos.
    Sus crímenes y el dilema que presentaba a su abogado, Frank Armani, fueron noticia por todas partes.

    Los hechos:

    El 20 de Julio de 1973, Daniel Porter, de 20 años, había sido encontrado acuchillado y muerto, atado a un árbol, en un bosque cerca de Wells.
    Porter estaba acampando con su novia, Susan Petz, quien estaba desaparecida.

    El domingo 29 de julio de 1973, Nick Fiorello, Philip Domblewski, David Freeman y su novia, Carol Ann Malinowski, estaban acampando en un bosque ubicado entre las comunidades de Wells y Speculator.
    Los campings estatales se encontraban llenos por lo que el grupo acampó en un pequeño descampado de la ruta 8.

    Nick y Phil se levantaron temprano y manejaron hasta Wells para conseguir carnada. Mientras estaban en el pueblo, Robert Garrow condujo hasta el camping y se estacionó fuera de la vista de los demás.
    Silenciosamente caminó hasta llegar a una de las carpas y abrió la puerta delantera. En el interior, David y Carol Ann se estaban vistiendo.
    David, sorprendido, sólo pudo susurrar: “¿Qué es lo que quiere?”.
    Robert respondió que necesitaba gasolina y ordenó a la joven pareja que se vistiera.
    Sus órdenes fueron persuasivas, y la pareja asustada le hizo caso, pues Robert llevaba un rifle de caza.

    Mientras David y Carol Ann salían de la carpa, vieron a Phil y Nick pasando con el auto que volvían al campamento.
    Phil pidió exigió explicaciones sobre lo que estaba sucediendo.
    Robert respondió que necesitaba gasolina.
    David y Carol Ann, más conscientes del peligro, aseguraron a Phil que sería mejor que cumpliera con el pedido del extraño.

    Robert Garrow amenazó a los jóvenes con su rifle y los obligó a adentrarse en el bosque.
    Con un rollo de cuerda que llevaba consigo ató a David y a Nick en un árbol.
    A Phil y Carol se los llevó más lejos, obligó a Carol Ann a amarrar a Phil y luego, llevándola más lejos la ató también a ella y se fue a revisar a los otros.

    Robert fue hasta donde se encontraba Phil, quien había sido el más verbal del grupo de cautivos y se enfrentó a la ira del loco.
    Robert, calmada y metódicamente, apuñaló al joven en el pecho hasta que el cuerpo, su cuerpo, ya sin vida, se desvaneció contra las cuerdas que le sujetaban al árbol.
    Carol escuchó los gritos de Phil.
    Los nervios y el miedo la hicieron sudar bastante, por lo que sus muñecas se pusieron tan resbaladizas que pudo liberarse de las cuerdas.
    Silenciosamente, caminó hacia donde estaba Phil, llegó justo en el momento en que Robert recogía su rifle y desaparecía en el bosque.

    Mientras tanto Nick se las había ingeniado para liberarse y correr hasta su auto para ir en busca de ayuda.
    David, liberado por Nick, fue en busca de los otros y tuvo la mala suerte de tropezarse en el camino con Garrow, quien le obligó a ir en busca de Nick, que había escapado.
    Pasó el tiempo. El hombre y el jóven anduvieron en amplios círculos por el bosque.
    Mientras tanto, Nick regresó acompañado de varios policías.

    Cuando David escuchó a su amigo, se apartó de Robert, quién salió corriendo y se adentró en el bosque.
    La policía encontró a Philip, aún atado al árbol. Carol Ann se encontraba de rodillas, llorando ante el cuerpo de su amigo.
    Cuando la policía ya lo tenía acorralado, Robert Garrow logró huir hacia la carretera y se escapó en su propio auto.

    La orden de captura: 

    Rápidamente los tres jóvenes rescatados identificaron la foto de Robert Garrow de entre las que les fueron enseñadas por la policía.
    La orden de captura estaba en marcha. Había cierta urgencia.

    Dos días después, Robert Garrow fue arrestado. Pues había cometido el error de intentar comunicarse con su hermana en Witherbee, y lo encontraron en los bosques cercanos a la casa de su hermana, donde se produjo un  tiroteo en el que Robert recibió varios balazos.
    Robert estaba seriamente herido en la espalda, brazos y piernas, pero se recuperó tras una operación en la cual le extrajeron las balas.

    Tras la acusación por asesinato, Robert pidió ser defendido por el abogado Frank Armani, quién lo había defendido en su caso anterior y era su abogado registrado.
    Como Robert no tenía dinero y expresó su preferencia, la corte asignó a Armani como su abogado.

    La confesión con el abogado:

    Tras la confesión de su cliente, en la que le dejó en claro que había asesinado intencionalmente a Philip Domblewski, Frank Armani llegó a la conclusión de que su defensa basada en la locura del individuo, sería su única esperanza para que cumpliera su condena en un hospital en vez de en la cárcel.

    Durante el interrogatorio, Robert le confesó a Armani que había matado a Daniel Porter y violado y asesinado a Susan Petz, y también que había violado y asesinado a Alicia Hauck.
    Ninguno de los cuerpos había sido hallado hasta el momento.
    Esta información puso al abogado en una situación bastante delicada, pues la confidencialidad entre abogado y cliente es un punto fundamental del proceso de defensa. Si Armani revelaba la confesión del asesino, rompería esta confidencialidad, y esta acción lo podría llevar a la exclusión del colegio de abogados.

    Armani tenía que verificar las declaraciones de su cliente.
    Siguiendo instrucciones de Robert, encontró y fotografió el cadáver de Susan Petz, que estaba escondido y abandonado en una mina.
    Un colega, el abogado Francis Belge, buscó, encontró e hizo fotos del cuerpo de Alicia Hauck, que había quedado enterrada en un cementerio.

    Los dos abogado, leales al código de conducta profesional, no contaron nada acerca de sus terribles hallazgos.

    Mientras tanto, Armani se preparaba para defender a su cliente del único cargo imputado: el asesinato de Philip Domblewski.

    Se complican aún mas las cosas: 

    Meses más tarde, en diciembre de 1973, un estudiante de la Universidad de Siracusa encontró con el cuerpo de Alicia Hauck en el cementerio de Oakwood.
    Dos semanas después, niños de una escuela encontraron el pie de Susan Petz asomando por los escombros de la mina abandonada.

    Robert Garrow era un sospechoso importante de ambos asesinatos, también lo era del de Daniel Porter.

    En mayo de 1974, se llevó a cabo el juicio por el asesinato de Philip Domblewski.
    Los vecinos de la zona odiaban a Garrow, por lo que tuvo que ponerse vigilancia especial las 24 horas del día para protegerse de las agresiones del público.
    Su abogado también necesitó protección policial.

    El juicio:

    Durante el juicio, Robert Garrow admitió el asesinato de Daniel Porter, Susan Petz, Alicia Hauck y Philip Domblewski.

    Tras esta confesión, Francis Belge, declaró que ellos también sabían lo de los asesinatos y sus detalles, pero que la confidencialidad entre ellos y su cliente les había obligado a guardar silencio.
    Ahora que Garrow había confesado, se sentían liberados de tal obligación.

    La noticia del silencio de los dos abogados circularon a través de toda la comunidad legal estadounidense.
    Guiados por la emoción del momento, sus colegas condenaron a los dos hombres.

    Mientras tanto, el juicio continuaba.

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    Garrow, mientras lo transladaban
    a la cárcel en silla de ruedas.

    La sentencia:

    Robert Garrow fue declarado culpable de asesinato y sentenciado a 25 años de prisión.

    Se presentaron cargos en contra Armani y Belge, pero tiempo después fueron absueltos por el gran jurado del Condado de Onondaga y por La Asociación Americana de Abogados.

    Robert Garrow, que se encontraba en silla de ruedas por los resultados de sus heridas, fue encerrado en la prisión Donnemora.
    Cuatro años más tarde, lo transfirieron a las instalaciones del correcional de Fishkill.

    El escape que puso fin al asunto: 

    Robert ejercitó sus piernas hasta que logró volver a caminar.
    Durante la noche del 8 de septiembre de 1978, se subió desde su silla de ruedas y escaló las verjas de alambre de púas que cercaban la cárcel, y quedó en libertad.

    Inmediatamente se dieron cuenta de la desaparición del asesino y se llevó a cabo una búsqueda masiva.

    Tres días más tarde, en los bosques que rodeaban la institución, el funcionario Dominic Arena encontró a Garrow, quien le apuntó y disparó con una pistola que le había pasado de contrabando su hijo en la institución.
    Arena cayó herido, pero los funcionarios que lo acompañaban dispararon contra el criminal quien cayó muerto en el suelo, terminando así con su carrera de crímenes y violaciones.

    Javed Iqbal: “Ojo por ojo, diente por diente”

    25 noviembre 2009 Deja un comentario

    Javed Iqbal se convirtió en el criminal más buscado en los 53 años de historia independiente de Pakistán, un lugar en donde son muy raros los casos de asesinatos en serie.

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    Javed Iqbal
    La historia del crimen:

    Javed Iqval era un ingeniero químico paquistaní de 42 años.

    Este hombre fue detenido en diciembre de 1998 tras enviar una carta a la Policía en la que confesaba haber estrangulado a un centenar de jóvenes.

    En esta carta, el asesino no solo se mofaba de la incapacidad de las autoridades de atraparlo y ponerlo entre rejas, sino que también en ella explicaba cómo había cortado en pedazos los cuerpos de sus víctimas, de las que abusaba sexualmente antes de asesinarlas, para depositar posteriormente los restos en una tinaja con ácido, para hacer desaparecer los cadáveres.

    La carta produjo un total revuelo en las autoridades, y desencadenó una auténtica caza del asesino.
    Tras un mes y medio de búsqueda, el hombre fue detenido.

    El 30 de diciembre, Iqbal se presentó en las oficinas de “The News”, un periódico de la ciudad paquistaní de Lahore.
    En la redacción de este periódico declaró que no sentía remordimientos por haber matado a 100 niños, pero que, si bien podría haber matado a 500 de ellos, si sólo asesinó a 100 fue porque no quiso ir “más allá”.
    Confesó a los periodistas que sus actos fueron en protesta por los malos tratos que sufrió por parte de las Fuerzas de Seguridad, y que temía por su vida si se entregaba directamente a la Policía, pues por ese motivo había acudido al periódico local.

    La investigación:

    La investigación se dirigió directamente a la casa que el ingeniero compartía con sus cómplices.
    Allí se encontraron las fotografías de 100 niños muertos y las ropas que muchos de ellos llevaban cuando desaparecieron.
    También se hallaron algunos restos de cadáveres en una tinaja azul.

    La mayoría de las víctimas eran procedentes de familias muy pobres o eran mendigos, y en algunos casos habían pasado meses de la desaparición hasta que las familias presentaron las denuncias.
    La mayoría de los niños fueron identificadas por sus familias, a las que fueron mostradas las fotografías.
    El asesino afirmó que las fotografías eran tomadas por sus dos cómplices que, según añadió, eran homosexuales, aunque negó que él lo fuera.

    El juicio:

    Durante el juicio, el ingeniero negó la versión de los hechos que el mismo relataba en la carta que había enviado a la policía, y afirmó que había sido detenido por error.
    El juicio fue totalmente en contra del asesino, pues 105 testigos de la acusación prestaron declaración ante el tribunal, mientras que de la defensa no se presentó nadie.

    La sentencia:

    Javed Iqval fue declarado culpable, y su castigo se realizaría de acuerdo con la “Sha’aria”, (tradicional ley islámica, conocida como la ¨Ley del Talión¨).
    El asesino debería ser ejecutado en el parque público más popular de la ciudad, de la misma manera que él ejecutó a sus víctimas.

    La Corte de Lahore declaró: “Morirá estrangulado delante de los padres de los niños a los que ha matado, y su cuerpo será cortado en cien pedazos que serán depositados en ácido, como usted hizo con los niños“.

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    Corte de Lahore

    Sajid Ahmad, uno de los cómplices de Iqbal, de tan solo 17 años fue también condenado a muerte, pues participó en cada uno de los asesinatos.
    Mamad Nadeem, de 15 años, fue declarado culpable de los crímenes de trece de las víctimas a sido condenado a 182 años de prisión (14 por cada uno de ellos) y Mamad Sabir, de 13 años, a 63 años de cárcel.

    Tras oír la sentencia en una sala abarrotada de público, Iqbal juró por su honor que era inocente, posteriormente firmó el fallo y fue conducido a la prisión.

    Su abogado defensor, Najeeb Faisal Chuadhry, declaró a la prensa que pensaba apelar a la sentencia y si fuera necesario llevaría el caso ante el Tribunal Supremo.
    Pues en este caso, la ejecución se podría demorar durante años.

    Si bien la sentencia fue duramente criticada por grupos de derechos humanos, e incluso por el Concilio de Ideología Islámica, la corte de Lahore no dio paso atrás.

    La sentencia nunca llegó a cumplirse:

    La mañana de 8 de octubre de 2001, cuatro días antes de que la Sha’aria rindiera su veredicto final, las autoridades de la prisión de Kot Lakhpat hicieron pública la muerte de Javed Iqbal y su cómplice Sajid Ahmad.
    Ambos fueron encontrados en sus celdas ahorcados, al parecer, con sus sábanas.

    Las autopsias revelaron que ambos habían sido golpeados y algunas declaraciones de guardias y custodios no parecían ser del todo verídicas, pero en definitiva las autoridades dictaminaron el “suicidio” de los acusado.

    Criminal serial en Italia: El asesino del tren.

    25 noviembre 2009 Deja un comentario

    Donato Bilancia era un jugador empedernido, andaba de casino en casino, no sólo en Italia sino también en otros del extranjero.
    A causa del juego, Donato contrajo muchas deudas, lo cual lo llevó a robar y matar a varias personas conocidas para saldar sus deudas.
    También realizó otra serie de crímenes a sueldo de un clan mafioso de “Cosa Nostra”, y por último, una serie de asesinatos aislados, que lo llevaron a manos de la ley.

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    Los hechos:

    Los crímenes que salieron a la luz se dieron a partir del homicidio de una prostituta en el año 1997, un acto que sembró el pánico en toda Liguria mientras el asesino estuvo suelto.
    La mujer apareció muerta en el lavabo de un tren de la zona, arrodillada y con un tiro en la nuca.
    Este caso en un comienzo se tomó como aislado, como una consecuencia de riñas entre las bandas rivales del mundo de la prostitución.

    Pero más adelante aparecerían otras 2 mujeres, muertas de la misma manera, también en los baños de los ferrocarrilies.
    Éstas dos últimas, una enfermera y un ama de casa, ambas de 32 años fueron encontradas en los baños de trenes de la zona, siguiendo las mismas pautas que para la primera, las obligaba a arrodillarse frente al labavo para dispararles un tiro en la nuca… y utilizando la misma arma.

    La psicosis que desataron estos hechos hizo que mucha gente, en especial las mujeres, dejaran de usar los ferrocarriles.
    Incluso el fiscal de Génova llegó a recomendar a las mujeres que viajaran en los trenes “solo lo mínimo necesario y en lo posible acompañadas”.

    La búsqueda:

    Una vez confirmada la búsqueda del asesino, un posible agresor de mujeres (pues las similitudes entre el arma, el lugar y las características de las víctimas), se había unido la tesis, aún sin confirmar, de que el homicida habría dejado una carta impícita en la que amenazaba con volver a actuar, lo que hizo aumentar el terror entre las jóvenes italianas.

    La policía comenzó a distribuir comunicados que decían: “Es mejor que todos los ciudadanos que han acordado citas o encuentros con personas a las que no conocen presten la máxima atención y, en caso de duda, llamen a la Policía“.

    Las pistas:

    Tiempo después aparecieron dos guardias asesinados, que al parecer habían descubierto al asesino intentando matar a un transexual, Julio Castor (llamado Lorena mientras hacía su trabajo), que si bien resultó herido, logró huir del criminal.
    Una vez en el hospital, Lorena brindó a los agentes toda la información necesaria para hacer el identikit del asesino.
    El retrato hablado y las dos primeras letras del coche Mercedes oscuro que utilizaba, que fueron vistos por testigos, cerraron el cerco sobre Bilancia.
    Ahora, con pistas más certeras, la búsqueda se desplegó rápidamente hasta que, el 6 de mayo de 1998, Bilancia fue capturado por la policía italiana.

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    El juicio:

    Una vez prisionero, Bilancia se mantuvo callado durante una semana, apelando al derecho de no declarar, hasta que en el juicio finalmente confesó al juez: “Sí, he sido yo. Las he matado aunque no sé por qué, no estoy bien, ayúdenme a curarme“.

    El asesino declaró detalladamente como había matado a 18 personas desde 1993 hasta ese momento, e incluso, le informó de otro crimen que la policía había considerado un fallecimiento natural.

    Además, la policía tenía en su poder las evidencias que lo comprometían con en el asesinato de una prostituta nigeriana, Evelin Edoghaie, el 29 de marzo de 1998, quien falleció en un pueblo de las cercanías de Génova, luego de recibir dos tiros en la nuca.

    La defensa apeló que el acusado era un enfermo mental, incapaz de entender sus acciones, ante lo cual la fiscalía solicitó que se le aplicaran una serie de análisis psicológicos.

    Los resultados determinaron que Donato Bilancia, lejos de estar loco, se encontraba muy sano mentalmente, que era consciente de todos sus actos y que actuaba con verdadera determinación y frialdad durante sus crímenes.

    La sentencia:

    El 14 de febrero de 2001, el Tribunal de Apelación de Génova sentenció a Bilancia a 13 cadenas perpetuas y 26 años de reclusión, tras confesarse él mismo como autor de 18 homicidios.

    John Reginald Christie.

    25 noviembre 2009 Deja un comentario

    A fines de marzo de 1953, un nuevo inquilino del nº 10 de Rillington Place, se encontraba haciendo las reformas necesarias para poner en condiciones su nuevo hogar, pues éste estaba bastante sucio y desarreglado.
    Al agujerear la pared de la cocina, se dio cuenta que era una falsa pared que escondía un hueco que estaba empapelado.
    Prosiguió a arrancar el resto del papel para comprobar que había en su interior.

    Al mirar hacia adentro del agujero con su linterna, se sobresaltó al encontrar un cuerpo envuelto en una sabana.
    Detrás de este habían dos cadáveres mas.

    Tres mujeres que habían sido estranguladas.
    Inmediatamente llamó a la policía, quien en un registro posterior a la vivienda halló otros dos cuerpos enterrados en el jardín y el cadáver de una tal Señora Christie, sepultado bajo las tablas del suelo de la habitación principal.
    El anterior inquilino había dejado Rillington Place 3 días antes, y su nombre era John Reginald Christie.

    Así comienza esta escalofriante historia de un hombre mentalmente perturbado…

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    Los orígenes:

    John Reginald Halliday Christie nació el 8 de Abril de 1898 en Halifax.
    Su familia estaba compuesta por su madre, su padre y seis hermanos más.
    Podía decirse que era un hogar feliz, pues contaba con el cariño de sus hermanos y de su madre, pero no podía decirse lo mismo de su padre, pues éste era un hombre de carácter severo y autoritario.

    John fue un buen estudiante durante su infancia e incluso llegó a ser monitor de los boy scout.
    Durante su adolescencia sufrió una gran humillación, convirtiéndose en el blanco de los chistes de sus compañeros que se enteraron que Christie era impotente.
    Lo llamaban “Reggie no puede”.

    Con tan sólo 17 fue sorprendido robando dinero mientras trabajaba como oficinista en la policía local. Como consecuencia de este acto, su padre lo echó de su casa.
    A los 18 años fue reclutado para prestar servicio en la Primera Guerra Mundial, allí fue gaseado, lo que le valió recibir posteriormente una pensión por incapacidad.

    En el año 1920 se casa con Ethel Waddington.

    En los años siguientes fue encarcelado reiteradas veces por robo de dinero y en 1924 quedó encerrado varios meses en prisión.
    Como consecuencia de su conducta delictiva, Ethel lo abandona en el año 1929.

    Entonces John se dedicó durante un período de tiempo a llevar una vida de vagabundo y malviviente.
    Tras otras tantas estadías en la cárcel, Christie decidió escribirle a su mujer para que regrese con el, Ethel accedió y así fue como comenzaron otra etapa en su matrimonio.

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    John Christie y su esposa Ethel.

    Una nueva vida:

    En 1938, John y Ethel se mudaron al nº 10 de Rillington Place.
    Un año después, Christie consiguió un trabajo como policía especial gracias a su relación con el ejército.

    En Agosto de 1943, le tocó investigar a un hombre por robo, y allí fue cuando conoció a su primera víctima, Ruth Fuerst, una prostituta de sólo 17 años.
    Aprovechando que Ethel se encontraba fuera de casa, Christie invitó a la joven a tomar el té, y luego de la merienda la estrangula. Enterró el cadáver en el jardín trasero.

    Tras un año dejó su empleo en la policía y comenzó a trabajar en los Ultra Radio Works.
    Allí se hizo amigo de Muriel Eady, de 31 años, quien le comentó que sufría de un catarro tremendo.
    Christie le hizo saber de los conocimientos médicos que había adquirido en la guerra, por lo que Muriel no dudó en acudir a su casa para ver si podía curarla.
    Esta vez Christie planeó el asesinato premeditadamente: fabricó un tarro de cristal con tapadera metálica, ésta tapa tenía dos agujeros de los que salían dos tubos de goma; uno iba conectado a un conducto de gas y el otro a una especie de mascarilla, por la que la víctima debía inhalar para curarse.
    Confiando en el remedio para el catarro, Muriel comenzó a inspirar.
    Al darse cuenta de lo que estaba inhalando no tuvo tiempo de reaccionar, pues Christie la estranguló y abusó de ella. Su cadáver fue enterrado en el jardín.

    Pasaron cinco años de “paz” hasta que Christie decidió volver a actuar.

    De vuelta a la acción:

    En el año 1948, Timothy y Beryl Evans, junto con su hija Geraldine de poco más de un año, se trasladan al nº 10 de Rillington Place.
    El joven matrimonio se llevaba bien con Christie y su mujer, Ethel se encontraba encantada con la niña.
    En 1949 Beryl queda embarazada, el matrimonio no deseaba tener otro hijo, pues los ingresos de Timothy eran muy bajos como para mantener a toda la familia.
    Preocupados, comentaron el problema a los Christie, ante el cual John se ofrece a practicar el aborto, convenciéndolos de que podía realizarse sin salir de casa.

    geraldine.jpg
    Timothy y Beryl Evans, junto a Geraldine.

    El 8 de Noviembre de 1949, Timothy regresa a casa luego de trabajar y recibe la noticia de que Beryl no había sobrevivido a la operación.
    Timothy, trastornado, no sabía que hacer, pues el aborto es ilegal en Inglaterra por lo que se dejó guiar por la única persona que puedía ayudarlo, el señor Christie, quien lo convenció para ocultar el cadáver.
    Timothy, horrorizado y asustado acepta la proposición, convirtiéndose así en cómplice del homicidio de su esposa.
    El señor Christie le sugirió además que abandone la ciudad por un tiempo, y le aseguró que mientras tanto él se encargaría de dar en adopción a la pequeña Geraldine.

    Timothy se fue de la ciudad, pero no pudo olvidar el horrible suceso y sintiéndose culpable se presentó en la comisaría donde confesó haber matado a su esposa.

    Hicieron falta dos registros de la casa para poder encontrar el cadáver de Beryl Evans, el cual estaba doblado bajo el fregadero y enrollado en una manta, ocultado por unos troncos.
    Se encontraba vestida y con una corbata en el cuello, la mujer había sido estrangulada, y a su lado, la pequeña Geraldine se encontraba también muerta de la misma forma.
    Evans es trasladado a Londres el 2 de Diciembre y es acusado del homicidio de su esposa y su hija.

    Desesperado y decepcionado por la “amistad” de su amigo, decide confesar toda la verdad y culpar Christie como único responsable del aborto fallido.

    Durante el juicio se comprobó que Christie había servido a su país durante la primera Guerra Mundial y que había trabajado como policía especial.
    Con esto se ganó la compasión del jurado, y al tiempo que declaraba como testigo negó rotundamente su participación en el aborto.
    Comentó además sobre las continuas peleas del joven matrimonio y de los malos tratos que sufría Beryl (lo cual era obviamente todo falso).

    Inmediatamente el jurado, guiado por la declaración de Christie declaró a Timothy culpable de los asesinatos y fue sentenciado a la horca.
    Timothy no dejó de insistir en que Christie mató a su mujer y a su hija, hasta el día de su muerte, pero nadie le creyó. Murió ahorcado el 9 de Marzo de 1950.

    John Christie había estado muy cerca de ser atrapado; el nº 10 de Rillington Place había sido registrado dos veces y nadie había encontrado otros restos de cuerpos en el lugar.

    El comienzo del fin:

    En Diciembre de 1952, Ethel se despierta sufriendo convulsiones y ataques de tos, ante lo cual Christie decide estrangularla como “un acto de compasión”, por no poder acabar con sus dolores de otra forma.
    Dejó su cadáver varios días en la cama, y luego decidió sepultarlo bajo las tablas del suelo.
    Arruinado, Jhon decide vender todos los muebles y excusa la ausencia de su mujer diciendo que estaba de viaje.

    Tras matar a Ethel, la poca cordura que le quedaba se deteriora notoriamente, y entre Diciembre de 1952 y su detención, en Marzo de 1953, atrae hasta su casa a sus tres últimas víctimas.

    Kathleen Maloney, una prostituta de 26 años que conoció a Christie en un pub de Londres murió gaseada y estrangulada en Enero de 1953.
    El 12 de Enero mata del mismo modo a Rita Nelson, otra prostituta de 25 años.
    El 6 de Marzo conoce en un café a su última víctima, Hectorina McLenna de 26 años, Christie le ofreció alojamiento, y una vez en casa, la mata al igual que a todas las demás.
    Los tres cadáveres fueron escondidos en el hueco de la pared de la cocina, que posteriormente cubrió con papel.

    El 21 de Marzo abandona Rillington Place y empieza a vagabundear por la ciudad,
    El 31 de ese mismo mes es arrestado junto al puente Putney , pues la policía lo buscaba tras el hallazgo de los cadáveres realizados por el nuevo inquilino del Rillington Place.

    El juicio:

    Comienza entonces el juicio en el mismo tribunal que tres años antes había mandado a la horca a un hombre inocente.
    Christie admitió haber cometido siete crímenes entre 1943 y 1953, pero nunca confesó el asesinato de la pequeña Geraldine.

    La sentencia:

    Al cuarto día de juicio el jurado lo declara culpable. John Christie es sentenciado a morir en la horca.
    El 15 de Julio de 1953 es ahorcado.

    La peor paradoja de esta historia es que, 16 años después de ser ahorcado, Timothy Evans recibe el perdón de la justicia.

    Thierry Paulin.

    25 noviembre 2009 Deja un comentario

    thierry_paulin.jpgUn caso de extrema violencia, una sucesión de crímenes sin igual, faltos de piedad y de extrema violencia.

    Un hombre despiadado, quizá  por la falta de afecto que tuvo durante su infancia, quizá por la crueldad con que fue tratado por la vida.

    Es esta la historia de un asesino serial en París.

    Los crímenes:
    El 5 de octubre de 1984, una anciana de 91 años fue atacada por dos hombres, quienes le robaron todos sus ahorros luego de atarla, amordazarla y golpearla.

    Cuando la anciana fue encontrada por la policía, su estado nervioso era tal, que fue incapaz de proporcionar descripción alguna de los agresores.

    Durante ese mismo día, otra mujer de 83 años fue atacada en un distrito vecino, pero esta vez la mujer no tuvo tanta suerte como la anterior, pues la golpearon fuertemente y la asfixiaron luego con una almohada, robándole la pequeña cantidad de 200 francos.
    El cadáver fue encontrado atado con la cuerda de una cortina.

    Un mes después, fue hallada otra anciana, esta vez de 89 años, asfixiada con una bolsa de plástico y a la que le faltaban unos 500 francos y un reloj valorado en 300 francos.

    A partir de entonces, los crímenes se volvieron cada vez más violentos y de una crueldad extrema.

    La siguiente víctima fue una maestra jubilada de 71 años, quien, luego de ser amordazada y maniatada con un cable, fue golpeada con tal fuerza que tenía la nariz y la mandíbula rotas.
    Habían utilizado una bufanda para estrangularla.
    La autopsia revelaría posteriormente que la mayoría de los huesos de la parte derecha del cuerpo estaban destrozados.
    El asesino se llevó en esta ocasión unos 10,000 francos.

    Dos días después se encontró un nuevo cadáver.
    Se trataba de una mujer de 84 años, quien había recibido varios golpes en el rostro, luego le dieron una mortal paliza y la torturaron hasta la muerte.
    Tenía la boca y la garganta quemadas por ácido; la habían obligado a ingerir soda cáustica.
    Se calcula que el botín fue de unos 500 francos.

    Así, durante los días sucesivos continuaron los crímenes hasta alcanzar la terrible cantidad de ocho mujeres brutalmente golpeadas y asesinadas en tan sólo cinco semanas.
    La policía apenas podía inspeccionar el lugar de un crimen cuando ya se le notificaba de otro caso.

    El robo de dinero parecía ser el principal motivo de aquellos crímenes brutales, pero las cantidades eran tan ridículas que la policía pronto desechó la idea.

    Cuando los oficiales intentaron trazar un perfil del asesino de ancianas, les resultó muy complicado, pues aquellos crímenes no encajaban en ningún estereotipo conocido.
    El asesino no tenía móvil sexual, pero sí era desconcertante el sadismo y la brutalidad demostrados en los crímenes.

    Debido a las horas en que se cometieron los asesinatos, los investigadores dedujeron que se trataba de una persona sin empleo fijo, y que tenía una buena presencia física o que era una persona “encantadora” a primera vista, pues nunca se hallaron cerraduras forzadas ni puertas golpeadas.
    Por las heridas de las víctimas, también pensaron que se trataba de alguien joven y robusto, pero estos datos no eran suficientes para atrapar con rapidez al brutal asesino.

    Los asesinatos de las ancianas se convirtieron en el tema central de conversación en todo París, y provocaron las protestas y manifestaciones de la población en contra de los delitos violentos.
    De a poco, el pánico comenzó a extenderse por toda la ciudad y se tomaron medidas de emergencia: un espectacular despliegue de policías procedentes de varios departamentos en las zonas que el asesino acostumbraba frecuentar, teléfonos de socorro por si alguien veía algo extraño, asesoramiento destinado a las personas mayores, etc.

    Para el año 1986, dos años después de su comienzo, el asesino había acabado con la vida de dieciséis ancianas, hasta que llegó un período en el que no se cometió ningún crimen mas de ese tipo en la zona.

    Los agentes no imaginaban que el asesino en serie tan temido se encontraba por aquel entonces entre rejas detenido por venta de cocaína.

    Ese hombre se llamaba Thierry Paulin.

    La historia y su infancia:

    Thierry Paulin nació el 28 de noviembre de 1963 en la isla caribeña de La Martinica, y poco tiempo después de su nacimiento su padre abandona la familia.
    Su madre, de 17 años, lo envió con su abuela quien dirigía un restaurante y no tenía tiempo para atender a su nieto.
    Pasó los primeros años de su vida desprovisto de todo afecto familiar, convirtiéndose en un muchacho difícil y violento.

    Unos años mas tarde, su madre se casó con otro hombre y tuvo 3 hijos con él, pero éste hombre pronto se cansó del carácter de Thierry y lo envió a Francia con su verdadero padre, lejos de la familia.
    Su padre también estaba casado y con dos hijos, por lo que tuvo que aprender a integrarse en una nueva familia, sin tan siquiera conocer a ese señor que decía ser su padre.

    A los 18 años, cuando se encontraba haciendo el servicio militar, entró en un supermercado y luego de amenazar a la propietaria con un cuchillo, huyó con todo el dinero de la caja.
    La mujer logró identificarlo, y Thierry fue detenido, pasando luego una semana en la cárcel.

    Al concluir el servicio militar, Thierry se instaló en París, integrándose rápidamente a la comunidad de homosexuales.
    Consiguió un empleo en un club nocturno especializado en shows travestis.
    Allí conoció a su primer compañero sentimental, Jean Mathurin.
    En ese local Thierry hacía a veces actuaciones travestis, e incluso invitó a su madre a ver el espectáculo, quien impresionada de ver a su hijo con ropas de mujer se retiró antes de que acabase, rechazando así su homosexualidad.

    thierry.jpgMientras tanto, Thierry y su novio decidieron irse a vivir juntos y se instalaron en un hotel.
    En aquella época la pareja vivía con todos los lujos posibles, comían en restaurantes lujosos y se dejaban ver en todas las fiestas y clubes de moda.
    Pero el dinero se les acabó pronto y la buena vida con él, entonces comenzaron las crisis de pareja, las escenas de celos y las discusiones.

    Se vieron obligados a buscar un alojamiento más barato ya que tenían muchas deudas, así que Thierry se vio forzado a cometer pequeñas estafas, a traficar drogas y a robar tarjetas de crédito para buscarse la vida y pagar sus numerosas deudas acumuladas.

    En París vivía de noche en clubes donde a nadie le extrañaba su comportamiento, y allí podía asesinar una y otra vez sin despertar la curiosidad de nadie.

    Su predilección por las mujeres mayores nunca pudo ser explicada.
    Tal vez como su niñez estuvo poblada de ancianas que no cesaban de juzgarlo y corregirlo, quiso liberar a París de aquellas odiosas mujeres.

    Constantemente se ocupaba de llamar la atención de los demás, de estar siempre rodeado de gente e invitarlos a sus fiestas, lo que le proporcionaba gran cantidad de “amigos” de conveniencia, ganados a base de comprarlos con alcohol y cocaína.
    De hecho, una vez en la cárcel, Thierry se dedicaba a recortar las notas de prensa que hablaban de él.
    Siempre narcisista, su aspecto físico continuó siendo su gran obsesión.

    Antes de ser encarcelado, se le habían tomado unas muestras de sus huellas dactilares, pero en esos tiempos, los sistemas informáticos de que disponía la policía eran bastante limitados, y por este motivo eran los mismos agentes los que realizaban la dura y larga tarea de comparar todas las huellas digitales.
    Para empeorar las cosas, Thierry no había sido arrestadoen París, sino en otro distrito, consecuentemente las huellas habían sido guardadas en otros archivos.

    Además, el delito por el que había sido inculpado no requería el cotejo en los mismos archivos con las huellas de los inculpados por delitos de agresión u homicidio; y consecuentemente, por el momento ninguna prueba lo inculpaba, y nadie podía imaginar que ese hombre era el asesino de las dieciséis mujeres.

    Luego de 12 meses en prisión, cuando Thierry obtuvo la libertad reanudó su vida y sus viejas costumbres.
    Una de ellas, fue la de seguir asesinando; mientras, la policía de París seguía investigando los crímenes.

    Un cambio de suerte:

    Pero esta vez los agentes contaban con más información, pues la primera víctima de Thierry, la señora de 91 años a la que había atacado para robarle sus ahorros, se había recuperado del trauma y tres años después les proporcionó una detallada descripción del agresor.

    Inmediatamente se distribuyó su retrato robot por todas las comisarías de París y sus alrededores y al poco tiempo Thierry fue identificado y detenido.

    Tras comprobar que sus huellas correspondían con las tomadas en los lugares de los crímenes, fue interrogado sin interrupción durante cuarenta y tres horas seguidas por la Brigada Criminal, y terminó confesándose autor de más de 20 crímenes.

    Lo que dejó atónitos a los policías, era la indiferencia con la que Thierry describía los mismos, absolutamente incapaz de comprender la terrible gravedad de lo que había hecho.
    Para él, la vida de un ser humano carecía por completo de valor.

    Las razones que llevaron a Thierry a cometer aquellos crímenes continúan siendo un misterio, por lo que los psiquiatras tuvieron que hacer un retroceso a su infancia para tratar de ver más claro.

    Llegaron a la conclusión de que como en realidad jamás tuvo un hogar, ni una familia que le quisiese y se preocupase por él, el joven creció con graves faltas tanto de cariño como de enseñanzas.
    Antes de llegar a la adolescencia ya lo habían custodiado tres personas: su abuela, su madre y luego su padre, pero todos se lo fueron quitando de encima, lo que Thierry interpretó como un rechazo.

    Por otra parte, su inclinación homosexual había despertado un desprecio general en su entorno.
    Privado de todo cariño, no sentía hacia los mayores ningún respeto.
    Se negaba a ser como todos los adultos que conocía, pues eran indignos de su confianza y respeto, y continuó siendo un niño reservado, desafiante y violento.

    La falta de amor le había endurecido hasta el punto de ignorar el sufrimiento, tanto si él era víctima o agresor, no tenía piedad.
    Lo demuestran sus posteriores declaraciones a la policía: “Yo sólo ataco a los débiles”.

    Acabó confesando que no siempre había actuado solo, y que su amante, Jean Mathurin, había tomado parte en los primeros crímenes.

    La sentencia:

    Finalmente, en el juicio se le acusó por asesinato y robo con violencia en dieciocho ocasiones.
    Mientras cumplía condena, el 16 de abril de 1989 fallecía en su celda, enfermo de sida cuando sólo contaba con veintiséis años.

    Charles Cullen.

    25 noviembre 2009 Deja un comentario

    cullen.jpgCharles Cullen es un ex enfermero que ronda los 50 años, y veterano de la Marina.
    Trabajaba en hospitales “cuidando” de los pacientes, pero al parecer, se dedicó a matarlos.
    En el año 2003 compareció ante el juez Paul Armstrong, a quien manifestó que no quería un abogado, y que su intención era declararse culpable.
    En dicho juicio declaró que durante los últimos 16 años, en las instituciones sanitarias donde trabajó, fue el responsable de matar a unas 40 personas.

    Cullen fue acusado de la muerte de Florian Gall, un vicario en el condado de Hunterdon, y de haber intentado matar a una mujer, ambos pacientes del Somerset Medical Center, donde él trabajaba.
    El religioso ingresó en el hospital con un infarto, pero su muerte no se debió a un fallo cardíaco, sino a que recibió una excesiva dosis de un medicamento utilizado en pacientes con problemas del corazón.

    La víctima del segundo crimen imputado, fue Kyung Han, una mujer de 40 años, enferma de cáncer y del corazón, que recibió una sobredosis del mismo medicamento y murió en por causas no relacionadas con su enfermedad, luego de haber sido dada de alta del hospital.

    En ambos casos Cullen resultó ser sospechoso de usar dosis mortales de digoxin, un medicamento para el corazón, que él consiguió manipulando la computadora del hospital.

    Según las primeras investigaciones internas del hospital, Cullen podría ser el denominador común entre unos 16 pacientes muertos en las mismas condiciones que Florian y Kyung Han.

    En el año 2002, enfermeras del hospital del St. Luke’s Hospital in Bethlehem, habían advertido a sus superiores de que podría tratarse de un asesino, y exigieron que Cullen fuera despedido e investigado.
    A esta acusación, los administradores del hospital respondieron negativamente.

    Las autoridades posteriormente iniciaron una investigación sobre la trayectoria completa del enfermero, para quien el juez fijó en un comienzo una fianza de un millón de dólares.

    Las primeras investigaciones indicaron que Cullen era sospechoso de varios asesinatos, siempre por muertes inesperadas, y posteriormente comenzaron a realizar las primeras exhumaciones de cadáveres como parte de la investigación.

    Otras posibles víctimas ya poseen un informe toxicológico donde parece demostrarse la alta presencia de digoxin en la sangre, a pesar de que a los pacientes nunca les habían prescrito este medicamento.

    La vida de Charles Cullen:

    Cullen es el menor de nueve hermanos.
    Su padre era conductor de autobús y su madre ama de casa.
    Charles creció en un vecindario de clase obrera en pleno Nueva Jersey y con una familia profundamente religiosa.
    Su padre murió cuando él todavía era un niño y su madre murió mientras él estudiaba en la escuela secundaria.
    Dos de sus hermanos también murieron, y él estuvo al cuidado de uno de ellos durante el proceso.

    En 1978 ingresó en la marina de los Estados Unidos y cuando salió ingresó en una escuela profesional de enfermería.
    Antes de 1988, encontró su primer empleo en un importante hospital, pero este le duró muy poco tiempo.
    Posteriormente le fueron las cosas bastante bien, se casó, y tuvo dos hijas, pero al poco tiempo se divorció.
    En 1998, se había quedado sin trabajo y estaba lleno de deudas.
    Cullen sentía que la vida no lo había tratado para nada bien, estaba resentido.

    Mientras las deudas se acumulaban, él se movía de hospital en hospital, sus empleos duraban poco, y en St. Luke’s Hospital in Bethlehem, se marchó para evitar una investigación por la muerte de unos 69 pacientes y por una misteriosa caja llena de medicación para el corazón encontrada en su casilla.
    Aunque parece ser que Cullen no es el total culpable de las 69 muertes inesperadas, muchas de esas muertes fueron repasadas nuevamente luego de que la corte escuchara la sorprendente declaración de Cullen.
    Pues hasta ese momento no había habido informes toxicológicos sobre estos pacientes y solamente se les realizó una autopsia.
    La investigación había sido, en su momento, superficial, pues no se había determinado la existencia de sustancias o medicamentos en los cuerpos sin vida, y por esa razón, el siguiente paso fue proceder a la exhumación de dichos cadáveres.

    Lo más sorprendente es que, a pesar de que su expediente laboral estaba manchado y no era nada bueno, Cullen conseguía fácilmente nuevos trabajos, posiblemente debido a la escasez de personal de enfermería.
    Pero la suerte acabó cuando comenzaron a invadirlo con preguntas referentes a la muerte del Reverendo Florian Gall.
    Posteriormente fue investigado en siete condados a través de la fiscalía de los Estados Unidos.

    Los representantes del Centro hospitalario Somerset, aseguran no saber que Cullen había sido investigado en otros condados y sólo comprobaron sus credenciales cuando lo contrataron.
    Fue durante el período que trabajó en éste hospital donde realizó su trabajo más mortal, admitiendo haber matado entre 12 y 15 personas en sólo 13 meses.

    Según sus declaraciones, actuó de esta manera para aliviar el dolor y sufrimiento de los enfermos, pero las investigaciones confirman que muchos de los pacientes no mostraban enfermedades terminales o de gravedad.

    El 2 de marzo del 2006, durante un nuevo juicio, Charles Cullen, considerado uno de los asesinos más prolíficos que ha habido en el sector médico de los Estados Unidos, evitó ser condenado a muerte tras llegar a un acuerdo con la fiscalía mediante el cual él les dirá que pacientes mató usando inyecciones de medicamentos difíciles de detectar.

    Durante le juicio se mostró muy tranquilo ante la presencia de los familiares de las víctimas que mostraron fotografías y calificaron al ex enfermero de “monstruo”.

    “En caso de que haya olvidado cómo se veía mi madre, míreme a los ojos ahorita”, le dijo Richard J. Stoecker, hijo de una paciente fallecida a manos de Cullen, quien permaneció calmado y cruzado de brazos en la corte ante semejante declaración.

    El asesino admitió haber usado dosis letales de medicamentos para matar a sus pacientes. Cuando fue arrestado en diciembre del 2003 dijo que mató a pacientes “muy enfermos”, pero en realidad algunos no estaban enfermos de gravedad.

    Cullen ha dicho a los investigadores que quizá mató hasta 40 personas durante su carrera como enfermero, que empezó en 1987.
    Más adelante sería sentenciado por siete homicidios y tres intentos de asesinato en Pensilvania.

    Finalmente Cullen fue sentenciado a 11 cadenas perpetuas consecutivas durante la tensa audiencia por 22 asesinatos e intento de homicidio de otras tres personas sólo en Nueva Jersey.

    Mary Bell.

    25 noviembre 2009 1 comentario

    _107875_mary_bell_300.jpgPodemos afirmar que Mary Bell tenía problemas desde su infancia, y que sus padres tienen la culpa del comportamiento de su hija.
    Con tan solo 10 años de edad, Mary había matado a dos niños, y en vez de remordimiento, reconoció haber disfrutado cada asesinato.
    Los doctores le diagnosticaron a Mary la enfermedad de “Psicópata”.

    Una infancia poco común:

    La infancia de Mary, es poco comparable con la de cualquier niño, pues sus padres le tenían prohibido hablar de cualquier cosa y menos si había alguna persona de la policía.

    Su papá Billy Bell, siempre había vivido con ellos, pero les había enseñado a sus hijos (Mary, y sus hermanos menores), que siempre lo llamaran “tío”, para que de esa manera su mamá pudiera cobrar la pensión mensual que el gobierno le otorgaba.

    El papá Billy Bell era un ladrón y la mamá Betty Bell era una prostituta; ella misma aceptó: “Yo no quería a mi hija, varias veces la traté de matar, poniéndole drogas revueltas con sus dulces, causándole sobredosis, también la usé como juguete sexual con algunos de mis clientes desde que tenía un año de edad”.

    Mary, una niña que a la edad de 11 años seguía mojando la cama, aceptó que su mamá la ridiculizaba con sus amigos y con todo el vecindario cuando mojaba la cama, colocando de forma vertical el colchón en la ventana para que todos vieran que se había orinado.

    Los asesinatos:

    Mary era una niña de 10 años normal a los ojos de cualquiera.
    Cierto día preguntó a Pat, la hermana mayor de Brian. “¿Estás buscando a Brian?”, sí, ya debería de estar en casa.
    Brian era un niño de tres años, de cabello rubio, y nunca se alejaba mucho de casa cuando salía a jugar.
    Mary y su mejor amiga Norma, se ofrecieron para ayudar a Pat a buscarlo.
    La acompañaron por todo el vecindario, sabiendo perfectamente desde un principio dónde se encontraba Brian.

    Cruzaron las vías del tren, hasta llegar a la zona industrial, en donde normalmente los niños se reunían para jugar entre los materiales de construcción.
    Pat estaba muy preocupada por su hermanito Brian, ya que sólo hacía unas cuantas semanas se había encontrado muerto al pequeño Martin Brown dentro de una casa abandonada.
    Mary, señaló hacia unos largos bloques de cemento y dijo: “Puede que esté jugando entre esos bloques”. “Por supuesto que no, el nunca va para allá”, contestó Norma.

    Brian se encontraba muerto entre esos bloques.
    Mary deseaba que Pat encontrara a su hermano muerto porque quería ver el gesto de conmoción en su cara. Pero Pat decidió irse, y fue la policía quien encontró el cuerpo del pequeño Brian a las 11:10 de esa misma noche.
    Cuando lo encontraron. Brian se hallaba cubierto de pasto.
    Había sido estrangulado; y a su lado se encontraron unas tijeras rotas tiradas en el pasto.
    Tenía marcas en sus muslos y sus genitales habían sido parcialmente desprendidos.
    Trozos de cabello le habían sido cortados, las heridas eran bastante grotescas.
    “Existía una terrible sensación de juego, algo de ternura y de alguna manera, el toque juguetón hacía ver monstruoso aquel asesinato”, dijo el inspector James Dobson.

    Brian, tenía marcada en el vientre la letra “M”, aparentemente inflingida por una navaja de rasurar.
    Esta marca apareció días después, y parecía que lo habían firmado con la letra “N”, pero una cuarta marca fue impresa para convertirla en la letra “M”.

    Durante el verano de 1968, los habitantes de Scotswood se encontraban bastante asustados por los acontencimientos; la policía procedió a entrevistar a todos los niños de entre tres y quince años.
    Los adultos se preguntaban si el accidente de Martin Brown, también se trataba de un asesinato.
    “Estábamos realmente nerviosos”, dijo la tía de Martin, tanto, que en el aire se percibía el olor a miedo.

    Entre los niños sospechosos se encontraban Mary Bell de 10 años y Norma Bell de 13 años. Mary era demasiado evasiva y actuaba de manera bastante extraña, Norma estaba emocionada por el asesinato y se dedicaba a sonreír, como si todo fuera un juego; dijo un policía.

    En la declaración oficial de Mary, ella mencionó las tijeras que se encontraron al lado del cadáver, lo cual era una evidencia confidencial, pues en ese momento ella se incriminó sola, y se podía suponer que tanto Mary como Norma, habían visto morir a Brian y que alguna de las dos o ambas era la asesina.

    Norma fue interrogada por segunda ocasión por el inspector Dobson, y esta vez ella confesó que Mary le dijo que ella había matado a Brian, y que después la llevó a ver el cadáver, advirtiéndole no decírselo a nadie.
    Cuando vio a Brian, Norma sabía que estaba muerto, pues tenía los labios morados.
    En ese momento, Mary pasó sus dedos por los labios de Brian y le dijo que lo había disfrutado. Al concluir su interrogatorio la policía no perdió tiempo y fueron por Mary, pero ella parecía estar muy tranquila y no aceptó nada, Mary reflejaba estar en un juego de policías y ladrones y nada la ponía nerviosa, como si supiera lo que iba a pasar y cuál era el proceso policial.

    Debido a muchas contradicciones las dos niñas fueron acusadas de asesinato y encarceladas en la estación de policía, en espera del juicio.

    Las dos familias que perdieron a sus hijos declararon que luego de la muerte de éstos, habían sido interrogadas por Mary Bell, con preguntas como: “¿Extraña a su hijo?”, “¿Le duele que haya muerto?”, inclusive con un tono de burla.

    En el caso de Martin Brown, quien fue encontrado muerto en el piso, con varios golpes y la cabeza sangrando, confesó Mary Bell, que junto con Norma, llevaron al niño engañado a una construcción, y cuando se encontraba parado en una barda, Mary lo empujó, y el niño quedó inmóvil en el piso, pero consciente.
    En ese momento, Mary y Norma bajaron hasta donde estaba Martin, y al verlo indefenso, pero todavía con vida, Mary dijo: “Puse mis manos alrededor de su cuello y lo apreté muy fuerte, el trató de defenderse, pero yo tenía más fuerza que él, no lo solté hasta que vi que ya no se movía, lo disfrute”.

    Entre otras declaraciones, Mary dijo: “Siento placer lastimando a los seres vivos, animales y personas que fueran más débiles que yo, que no se pudieran defender”.
    Esta declaración conmocionó a todo el pueblo.

    El juicio:

    Mary y Norma fueron llevadas a juicio, el 5 de diciembre de 1968.
    El proceso judicial duró de nueve días, y la Corte estaba abarrotada por la prensa.
    En el juicio se le preguntó a Mary que cómo ella sabía que Martin había sido estrangulado, tomando en cuenta que este dato se mantuvo todo el tiempo como confidencial; también el forense incriminó a Mary al demostrar que se encontraron fibras del vestido de Mary en los cuerpos de las dos víctimas.
    Igualmente se encontraron fibras del vestido de Norma en los zapatos de Brian, pero la duda permanecía, de qué tanta culpa podría tener Norma en los homicidios, se dice que lo que realmente se trataba de averiguar en ese juicio era si Mary era una pequeña niña trastornada o en verdad se trataba de un monstruo, una mala semilla.

    El veredicto:

    Mary obtuvo la pena por homicidio; pero lo que no estaba muy claro era qué tan severo sería el castigo que se le impondría a Norma.
    La defensa tenía que probar que Mary estaba psicológicamente enferma y que no comprendía la magnitud de sus actos.
    Después de los testimonios de las niñas, la corte llamó a los psiquiatras que las examinaron y su opinión fue: “Nosotros creemos que esta niña tiene que ser puesta en manos de una institución mental, ya que padece de una personalidad psicópata, demostrada en la falta de estima y cariño hacia los seres humanos y la propensión a actuar por impulso sin pensar en las consecuencias”.

    Los jueces tardaron un buen rato en deliberar las sentencias, y Norma tembló de emoción cuando la encontraron inocente de los cargos que se le imputaron en ambos homicidios, pero fue puesta bajo supervisión psiquiátrica.
    Sin embargo, Mary fue encontrada culpable de asesinato en ambos casos por: “asesinato, por delegar responsabilidad y buscar complicidad”.
    Su detención sería por tiempo indeterminado.

    mary_bell.jpgUna vida condenada:

    Aparentemente recuperada y rehabilitada, Mary fue liberada a los 23 años, el 14 de mayo de 1980, su primer trabajo fue en la enfermería local para niños, pero determinaron que éste era un trabajo inapropiado para ella.
    Después regresó a casa con su mamá, y conoció a un joven que la dejó embarazada, pero ahora la polémica se trataba de si a la mujer que había matado a dos niños se le debía permitir que se convierta en madre.
    Ella luchó arduamente por su derecho a ser madre, alegó que ahora era otra persona, que se había reformado y que se arrepentía de lo que había hecho en su infancia; su hijo nació en 1984.

    Mary alega que desde el nacimiento de su hijo ha tomado una nueva conciencia acerca de los crímenes que cometió, que de alguna manera ocurrió una transición dentro de ella, debido al tratamiento apropiado que recibió, pasó de ser una niña asesina a una madre cariñosa.

    Eventualmente conoció a un hombre del cual se enamoró, se fue a vivir a un pequeño pueblo, pero los oficiales tenían que avisar a las autoridades locales de su presencia, así es que de inmediato los habitantes de ese pueblo organizaron marchas, exigiéndole a la asesina que se marchara.

    Mary Bell tendrá que vivir por siempre con el temor a ser exhibida.

    Ricky Kasso.

    25 noviembre 2009 Deja un comentario

    Si bien no podemos recordar a éste joven de 17 años como un asesino serial, definitivamente podemos considerar su actuar criminal como un enigma en la historia del crímen.
    Un asesinato relacionado con las drogas y el culto satanista.

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    Ricky Kasso era un joven de 17 años que vivía en Northport, Long Island.
    Sus compañeros de escuela lo apodaban “el Rey del Ácido” debido a su afición a las drogas alucinógenas.

    En el año 1984, la policía de Northport recibió una llamada telefónica, en la cual le informaron que había sido hallado un cuerpo semi- enterrado, en un hoyo en el bosque de Aztakea.
    Inmediatamente, un grupo de oficiales se dirigió al lugar para corroborar la información de la llamada, y efectivamente así fue, pues en el bosque encontraron el cuerpo de Gary Lauwers.

    El cuerpo del joven llebava ahí unas 2 semanas, conclusión a la que llegaron debido al elevado grado de descomposición del cadáver.
    Gary Lauwers había sido apuñalado 32 veces, había recibido 22 puñaladas en la cara y el resto en el cuerpo.
    De todas formas, el cuerpo se encontraba en tal mal estado que los agentes no pudieron determinar el número exacto de heridas, pudiendo haber sido más cortes de los anteriormente precisados.

    La policía no dudó en apuntar su investigación hacia Ricky Kasso y su amigo James Troyano, dos jóvenes bastante conocidos en el mundillo policial por ser habituales consumidores de drogas y cometer actos de vandalismo propios de adolescentes.
    Ambos jovenes habían dejado la escuela secundaria, y se dedicaban entonces, a vagar por las calles.

    Troyano poseía el record de arrestos por robo en el lugar, mientras que Kasso también tenía el porpio, por reunir los cargos más extraños.
    Su arresto más reciente había sido por haber profanado una tumba del siglo 19, de la cual había robado un cráneo y una mano, según declaró después, los iba a utilizar en un rito satánico.

    Al tiempo ambos jovenes fueron puestos bajo custodia, y en un interrogatorio casi de rutina ambos confesaron a los agentes haber cometido aquel asesinato.
    Dijeron que se habían unido a un grupo satánico local conocido como el “Los Caballeros del Círculo Negro”, que tenía alrededor de 20 miembros, y era conocido por sus sacrificios animales a su dios Satán.

    Consecuentemente, en un principio se rotuló el crimen como parte de un rito satánico, en el cual habrían extraído los ojos de la víctima.
    Kasso declaró que estaba en el bosque con Lauwers y dos amigos, Quiñones y Troyano.

    Según declaró Kasso, en determinado momento comenzó a sentirse extremamente agresivo, y fue entonces cuando comenzó a golpear a Lauwers hasta perder el control. Luego reconoció haber sacado un cuchillo de su bolsillo y haberlo apuñalado gritando una y otra vez “Di que amas a Satanás”.
    Como el agredido tan solo balbuceaba “No, yo solo amo a mi madre”, siguió ensañándose con él, preso del ataque de ira, hasta que finalmente terminó con su vida.

    Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, confesó haber sentido miedo, pero también agregó que en ese preciso momento escuchó el graznido de un cuervo que, en su mente, identificó como una señal de Satanás diciéndole que el crimen había sido en su honor y un hecho positivo para él.

    Por su parte, cuando le tocó el turno de declarar a James Troyano, el joven dijo que ni el grupo de satanistas “Los Caballeros del Círculo Negro” ni el satanismo en general habían tenido que ver con el crímen.
    Troyano afirmó haber sido simplemente un testigo del asesinato, junto con Alberto Quiñones.
    También agregó que, si bien el satanismo no había estado mezclado con el asesinato, sabía que Kasso seguía un estilo de heavy metal muy duro relacionado con el satanismo, pero que las drogas habían sido el factor principal del crimen.

    Pues según sus declaraciones, el principal acto que motivó el ensañamiento del asesino con la víctima fue que Lauwers había robado diez papelinas de droga a Kasso.

    Consecuentemente, cuando Kasso se enteró, el 16 de junio, decidió darle una lección a Lauwers.

    Los jóvenes testigos dijeron también que el percance de los ojos ha sido un hecho accidental, pues Kasso se los habría extraído durante el forcejeo que mantuvieron ambos con el cuchillo.

    Finalmente declararon que, hecho el crimen, cubrieron el cadáver con hojas y lo dejaron abandonado en el bosque.

    En el juicio, Troyano mantuvo que él sólo había sido un testigo, y que no había participado en el asesinato.
    El jurado no lo declaró culpable.

    Para enredar más todas estas declaraciones contradictorias, el 7 de julio de 1984, a las 01:00 a.m., Richard Kasso se suicidó colgándose en su propia celda de la prisión de Riverhead, en Nueva York.

    Podemos concluir entonces, que nunca se sabrá la completa verdad de lo ocurrido esa tarde en el bosque de Aztakea.

    LOS ASESINOS DE SATÁN

    25 noviembre 2009 17 comentarios
    daniel y manuela ruda
    Los asesinos de Satán.  

    Este es uno de esos casos que ponen los pelos de punta, una pareja de serial killers alemana realizaba rituales satánicos con personas reales.

     

    El 6 de julio de 2001, Daniel y Manuela Ruda una pareja conocidos posteriormente como los “asesinos de Satán”, llevaron a Frank Hackert a su apartamento, en la localidad de Witten, Alemania.
    Frank Hackert era un compañero del trabajo de Daniel. Una vez en el apartamento, Daniel lo golpeó con un martillo, y acto seguido Manuela comenzó a apuñalarlo.

     

    Cuando Hackert murió, le grabaron en el pecho un pentagrama invertido, conocido como el símblo del Diablo.
    La pareja juntó la sangre de su víctima en un recipiente y la bebieron, posteriormente hicieron el amor dentro de un ataúd que Manuela utilizaba para dormir durante el día.

     

    La madre de Manuela recibió una carta de su hija que decía: “No soy de este mundo. Debo liberar mi alma de la carne mortal, soy un demonio”. Asustada por su hija, y con la sospecha de que esta había hecho algo malo, llamó y avisó a la policía.Tres días después del crimen, la policía llegó al departamento de la pareja.

     

    Manuela RudaAllí encontraron el cadáver de Hackert, con su sangre esparcida por todo el lugar.

     

     

    La escena era temible. Los agentes pudieron observar la decoración del lugar, en donde encotraron imitaciones de cráneos humanos, cuchillos y machetes colgados en las paredes. Hallaron también una colección de objetos de culto satánico y una lista en la que figuraban 15 posibles víctimas con la anotación: “Alegraos, vosotros sois los siguientes“.

     

    Inmediatamente se inició una búsqueda por todo el país de la pareja de criminales, a quienes encontraron 3 días después en una gasolinera, en un pueblo al este de Jena.

     

    Un juicio poco duro

     

    El juicio se inició a comienzos del 2002. La pareja declaró el asesinato de su amigo, pero negaron cualquier responsabilidad, ya que según las declaraciones de Manuela, lo hicieron siguiendo las órdenes de Satán: “No fue un asesinato, sino una ejecución. Satán nos lo ordenó. Debíamos obedecer, Teníamos que matar. No podríamos ir al infierno a menos que lo hiciéramos“. Y añadió friamente: “Queríamos asegurarnos de que la víctima sufriera“.
    Estábamos sentados en el sofá y de pronto, Daniel se puso de pie. Golpeó con el Martillo a Frank. Mi cuchillo brillaba y escuché una voz que decía: “Apuñálale en el corazón”. Entonces se lo clavé. Vi una luz a su alrededor. Era su alma, que había salido del cuerpo. En ese momento recitamos una letanía satánica“.

     

    El veredicto del tribunal fue bastante más leve de lo que exigía la familia de Hackert: Manuela fue sentenciada a trece años de prisión y su marido recibió una condena de quince.

     

    El juez Arnjo Kersting-Tombroke decidió que antes de entrar en prisión la pareja debería recibir tratamiento psiquiátrico.

     

    daniel ruda

     

    Actuaron motivados por la ira, la ira de sus mentes atrofiadas contra el sano. No se trata de mística o magia, sino de un crimen deplorable. Los acusados se han agarrado al satanismo para huir de sí mismos. No han tenido una vida feliz. ¿A quién le gustaría estar en su piel?“, señaló el juez Kersting-Tombroke, en la argumentación de la condena, superior a la petición del fiscal.

     

    El diagnostico de los médicos hizo que la pareja recibiera una condena menor a la estipulada: “su responsabilidad estaba notablemente disminuida”, los definieron como“individuos profundamente perturbados“.

     

    A lo largo del juicio surgieron numerosos datos que apoyaban el carácter ritual del crimen. Los asesinos se habían casado el 6 de junio (el 6 del sexto mes), y llevaron a cabo su sacrificio el 6 de julio.
    Estas fechas configuran una conocida cifra: 666, el número de la bestia en el Apocalipsis de San Juan.

     

    Daniel y Manuela aparecieron en el juicio con una apariencia siniestra: ropas negras, botas militares, cruces invertidas y peinados llamativos.
    La joven explicó que se había iniciado en el satanismo en el ambiente metalero del Reino Unido. “Allí frecuento locales de este tipo, e incluso llego a realizar prácticas de vampirismo”.

     

    Manuela mostraba una gran repulsa hacia la luz del Sol. y había reemplazado dos de sus dientes por colmillos de animal para parecerse más a un vampiro.
    Ante la atenta mirada de los presentes, Manuela Ruda reconoció haber bebido sangre de voluntarios que había conocido por Internet y que junto a un grupo de personas con gustos similares, había frecuentado cementerios.
    Incluso relato como se había echo enterrar en una sepultura “para saber que se sentía “.