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José Luis Calva Zepeda: “El Caníbal de la Guerrero”

19 diciembre 2009 7 comentarios

 

“Algún día, todos tendrán que seguir al caminante”
Poema de José Luis Calva Zepeda

José Luis Calva Zepeda nació en la Ciudad de México el 20 de junio de 1969, hijo de Esteban Calva Téllez y Elia Zepeda Camarena. A los dos años, su padre murió en circunstancias trágicas. Desde entonces, José Luis fue maltratado psicológicamente por su madre.

En 1976, un episodio de abuso sexual lo marcó. Al poco tiempo escapó de su casa y vivió mucho tiempo en la calle, entre los niños que utilizaban drogas y se prostituían por unas cuántas monedas. Calva Zepeda aprendió muy pronto a odiar y despreciar a las mujeres. Con el advenimiento de la adolescencia y el descubrimiento de su bisexualidad, la mezcla entre atracción y desprecio hizo crisis en su psique.

José Luis Calva Zepeda de niño

Calva Zepeda consiguió estudiar hasta la educación media superior. Cuando finalmente se casó, procreó a dos hijas. Su matrimonio duró siete años, al término de los cuáles el divorcio se hizo necesario. Solo de nuevo, Calva Zepeda se refugió en la escritura: realizaba poemas y cuentos que reflejaban sus estados anímicos y en los que comunicaba su retorcida visión del mundo.

En 1993, fue arrestado por portar un arma blanca; duró preso poco tiempo. Al conocer a Juan Carlos Monroy Pérez, inició una relación amorosa que pervivió bastante tiempo. La pasión homosexual no apagó su atracción por las mujeres: vivía ambos mundos con desenfado y placer. Empezó entonces a dedicarse a la actuación.

Calva Zepeda en una obra de teatro (imagen tomada del blog Nota Roja: Trauma y Tragedia, de Arturo Sánchez)

También publicó por su cuenta algunos de sus libros; de esta etapa surgieron los títulos Instintos caníbales; Prostituyendo mi alma; Réquiem por un alma perdida; Krish, el aprendiz de mago; Antigua; Caminando ando y La noche anterior. Escribía además historias de terror para cine y teatro. Sus poemas los firmaba con el pseudónimo de “El caminante”: “Algún día todos tendrán que seguir al caminante”, dice un fragmento de una de sus obras.

La portada de su libro Instintos caníbales

Escribió diez novelas, ocho obras de teatro y más de ochocientos poemas. Al inicio de uno de sus volúmenes una línea indicaba: “Dedico estas palabras a la creación más grande del universo (que soy yo)”.

La hoja con uno de sus poemas

Otro de sus textos dice:

“Soy José Zepeda, nací en el 69, tengo pulmones enfermizos, corazón grande, huesos frágiles, nariz profunda hacia fuera al igual que mis recuerdos, boca amplia que alberga diez mil palabras y un clamor, manos marcadas en la fragua de la desesperación y el dolor, endurecido de los pies, imberbe de la piel y ágil de dedos; fumador del tabaco fuerte, bebedor del mezcal sin gusano, gastrónomo de afición, no de degustación sino de elaboración, privativo del frijol, el picante, los tamales y la tortilla de maíz, adicto al café más por necesidad que por gusto al mismo. Estoy viendo en el ojo de una tormenta, me ahogan las niñas de mis ojos mientras lloran. Me arrebata la ira; me dominan mis celos, me desangro, me desgarro, me acorralo. La diferencia entre la vida y la muerte es blanca, se evapora en un instante y pesa solo un gramo. Ahí estaba yo sentado frente a mi única opción. Ahora dime, mi querido lector, ¿tú, estás en la bienaventuranza o en la tribulación? Y… si estás seguro del lugar en donde te encuentras… ¿Estás con el diablo o estás con Dios?”

Calva Zepeda vendía sus poemas en hojas sueltas o en cuadernillos, que ofrecía en las calles y en los cafés de los Colonias Roma y Condesa, en la Ciudad de México, así como en el Tianguis del Chopo.

Otro de sus textos sueltos

En 2004, conoció a Verónica Consuelo Martínez Casarrubia, una chica con la cual sostuvo una relación amorosa.

José Luis Calva Zepeda con su novia, Verónica Consuelo Martínez Casarrubia

Pero las cosas no fueron bien. La madre de Verónica Consuelo se oponía a la relación, le decía a su hija que ese hombre “no le convenía”. Pero ella nunca prestó oídos a los consejos maternos.

Verónica Consuelo Martínez Casarrubia

Sin embargo, los problemas destruyeron a la pareja y, ese mismo año, Calva Zepeda inició su carrera criminal: asesinó a Verónica Consuelo y después la descuartizó. Abandonó el cadáver desmembrado en Chimalhuacán, en el Estado de México. Allí lo encontró la policía el 30 de abril del mismo año. Su madre, Judith Casarrubia, interpuso una denuncia y Calva Zepeda fue desde entonces un prófugo de la justicia.


El cadáver de Verónica Consuelo

Cuando se mudó al departamento 17 de la calle Mosqueta nº 198, en la Colonia Guerrero, convirtió su casa en un escenario peliculesco: conservaba extraños cuchillos, libros de brujería, veladoras y textos de terror, muchos de ellos escritos de su puño y letra. Calva Zepeda practicaba brujería, consumía cocaína y se había vuelto un alcohólico y fumador empedernido. En su ropero guardaba un traje de mallón con un sujetador que, a la altura del pecho, simulaba dos pechos en aluminio; también poseía antifaces multicolores, adecuados para las fiestas de Carnaval. Varios de sus poemas hablaban sobre su obsesión con convertirse en madre y en un cuarto conservaba una cuna con la ropita para bebé que su madre le obsequió, en 1997, para una de sus nietas.

La cuna en uno de los cuartos de su departamento

Según algunas versiones no oficiales, en 2007 Calva Martínez mató y descuartizó a una prostituta conocida como “La Jarocha” o “La Costeña”. Esta vez, dejó el cadáver en Tlatelolco; el cuerpo fue encontrado el 9 de abril. Sin embargo, ese crimen atribuido a Calva Zepeda aún no está comprobado.

El cadáver de “La Jarocha”

Sus vecinos aseguraban que era tranquilo, callado, elegante y hasta “galán”. De su departamento siempre salía con diferentes mujeres. El conserje de su edificio llegó a afirmar: “nunca se comportó de forma extraña; es más, sabíamos que le gustaba cantar en un karaoke”.

Video con un recorrido por la casa de Calva Zepeda

Los colonos informaron que Calva Zepeda llevaba a su departamento mujeres de diversas edades que contactaba en el cybercafé donde trabajaba, sobre la Avenida Guerrero.

El departamento del asesino

Su relación con Alejandra Galeana Garavito duró varias semanas. La chica de treinta años, madre soltera, estaba enamorada del hombre que le escribía poemas y le juraba amor, sin sospechar que se trata de un psicópata. Se trataba de una joven seria, que no socializaba mucho. Alejandra trabajaba en la Farmacia de Genéricos ubicada en la esquina de Guerrero con Orozco y Berra. Al salir, caminaba cuatro cuadras sobre el Eje 1 Poniente y Calva Zepeda la acompañaba. Pegada en la computadora, Alejandra Galeana tenía la fotografía de él. Guardaba en su recámara las cartas y los poemas que su novio le escribió para enamorarla. Uno de esos escritos afirma:“Es la ausencia de tu cuerpo que me falta junto a mí.
El deseo de atraparte entre mi almohada y sus sueños.
Es tu mirada que se clava en mí como lanza de cazador”.

Dedicatoria manuscrita de Calva Zepeda en un ejemplar de su poemario; incluye su teléfono y correo electrónico (cortesía de Arturo Sánchez)

En su poema “Semilla germinal”, dice:“Gracias por dejarte ser parte de este universo,
el tuyo, el mío, el de nosotros dos.
Tuyo, desde el origen hasta la evolución”.
“Me cediste todas tus partes.
Tu aliento, tus uñas y tus ansias.
Me vestiste de ti y fui tu ave.
Canté tu canto que nunca calla”.

Un tercero afirma:

Dos portadas y contraportadas distintas del libro Caminando ando (imágenes tomadas del blog Nota Roja: Trauma y Tragedia, cortesía de Arturo Sánchez)

El 5 de octubre, Alejandra Galeana se fue de su casa para no regresar; dejó de responder las llamadas que le hacía su madre, quien tampoco estaba de acuerdo con su relación con Calva Zepeda.

La madre de Alejandra Galeana

Esa misma noche, Calva Zepeda asesinó a su novia. Pero esta vez fue más allá. Tras el homicidio, Calva Zepeda procedió a descuartizarla como a Verónica Consuelo, utilizando para ello la tina del baño. Pero, no conforme con ello, decidió guardar el cadáver en su departamento. Destazó la pierna y el brazo derecho, le quitó la piel y la carne, y después las guardó en el refrigerador. Puso algunos huesos en una caja de cereal. El tronco del cadáver de su novia lo guardó en el ropero.

El cadáver de Alejandra Galeana

El lunes 8 de octubre, Calva Zepeda se puso a cocinar: los ingredientes principales eran la mano y trozos de la carne del brazo de Alejandra. Hirvió los restos en agua un buen rato; preparó un caldo muy espeso y una vez que la carne estaba cocida, les añadió limón como condimento. Se sirvió los trozos de carne en la mesa de su desayunador, con más limón cortado en un platito.

Pero no contaba con que sus vecinos habían percibido el hedor del cuerpo descompuesto que procedía de su departamento. Llamaron a la policía, que acudió a averiguar qué ocurría.

Cuando los oficiales tocaron a su puerta, Calva Zepeda supo que estaba perdido. Los dejó entrar, pero luego trató de huir saltando desde el balcón de su departamento; pese a la caída aún pudo echar a correr, pero un taxi lo atropelló. La policía lo detuvo y luego revisaron su casa: lo que encontraron los llenó de horror y se convirtió en la noticia sensacionalista del año en México.

Video sobre la captura de Calva Zepeda en el programa Primer Impacto

Los paramédicos acudieron a curarlo, pero su estado ameritaba que lo trasladaran a una clínica. Lo llevaron al Hospital de Xoco, donde permaneció bajo custodia. Mientras estaba internado allí, le dijo a una criminóloga: “De alguna forma agradezco que haya ido la policía, ya que así no me causo daño ni causo daño. Ya quería que terminara este infierno”.

Calva Zepeda, atendido por los paramédicos tras su arresto

Al escuchar por la radio la noticia de la detención, Judith Casarrubia acudió de inmediato ante las autoridades para advertirles que se trataba del presunto asesino de su hija, Verónica Consuelo.

Judith Casarrubia, madre de Verónica Consuelo, muestra una de las cartas del homicida

Noticiero informando sobre el caso de Calva Zepeda

Los medios lo bautizaron como “El Caníbal de la Guerrero”, en alusión a la colonia donde vivía y en la cual cometió sus crímenes. Otros lo llamaban “El Poeta Caníbal”. Se declaró “admirador de Hannibal Lecter”, el personaje de las novelas de Thomas Harris que luego se convirtieron en películas. En una de las paredes de su departamento, tenía una foto de Anthony Hopkins en el papel del famoso asesino en la película El silencio de los inocentes. Pese a todo, él siempre negó la necrofagia, hasta el final siempre dijo que no había comido del cuerpo de su novia, aunque, ¿qué sentido tendría entonces haber cocinado partes del cadáver?

Los titulares

El 22 de octubre, la policía detuvo a su amante y presunto cómplice, Juan Carlos Monroy Pérez. El 24 de octubre, Calva Zepeda fue trasladado al Reclusorio Oriente.

El Reclusorio Oriente

Al ser cuestionado al otro día por el Juez 21 de lo Penal, Juan Jesús Chavarría Sánchez, sobre si rendiría su declaración preparatoria sobre los hechos de los que se le acusaba, “El Caníbal” contestó: “sí quisiera hablar, pero no coordino bien mis ideas”.

“El Caníbal de la Guerrero” en la cárcel

Video de Calva Zepeda tras las rejas

Ante el juez afirmó ser católico, escritor y ganar hasta 400 pesos diarios por la venta de sus textos. “No soy el monstruo que se ha dibujado, soy una persona que cometió un error, que está arrepentida y que tiene el deseo de seguir viviendo, no importa si me voy a quedar cincuenta años aquí encerrado”, concluyó. Su abogado fue Humberto Guerrero Plata, quien alegó que Calva Zepeda “estaba enfermo de sus facultades mentales”. Bajo estos términos, Calva Zepeda se negó a declarar.

Además de acusarlo por los asesinatos de tres mujeres, se le levantaron cargos por profanación de cadáveres y delito contra la paz de los muertos. Igualmente, las autoridades buscaron relacionarlo con los feminicidios cometidos en el área limítrofe entre el Estado de México y el Distrito Federal, donde aparecieron decenas de mujeres mutiladas, parte de cuyos cuerpos, como piernas, brazos y torsos, nunca fueron localizadas.

En la cárcel, Calva Zepeda inició la escritura de una nueva obra: Caníbal, el Poeta Seductor, la cual quedó inconclusa. Uno de sus fragmentos rezaba: “Tienes frente a ti sólo dos opciones: vivir o morir. Morir es sencillo y no es necesario dejar de respirar para hacerlo. Sin embargo, para vivir es necesario morir”.

En esta novela manuscrita, Calva Zepeda narra la historia de un bebé recién nacido que es abandonado por su madre y rescatado por una perra callejera. Posteriormente, el personaje es criado por un bibliotecario, quien le pone el nombre de Dante y lo enseña a leer y escribir, inculcándole el gusto por la poesía. A partir de entonces, Dante comete su primer crimen, dejando en sus víctimas (todas mujeres) un poema escrito sobre su piel. Al final de las hojas aparece una línea que dice: “Nota: No reproducir estas hojas, protegidas por derechos de autor”.

Caricatura sobre Calva Zepeda

En el hospital y en la cárcel lo visitaba una joven, Dolores Mendoza (a quien otras versiones identifican como “Juana”), su nueva novia, quien afirmó ante los medios de comunicación: “Yo nunca conocí a ese caníbal del que hablan; sólo a un hombre bueno”.

Verónica, su ex novia

Entrevista con Verónica, ex novia de Calva Zepeda

Video de la entrevista con la hermana de Calva Zepeda

Pero la historia del homicida tuvo un final extraño. Tras varios días de decirle a su familia que los otros presos “querían asesinarlo y le pedían dinero”, el 11 de diciembre Calva Zepeda aparentemente se suicidó. Apareció ahorcado con un cinturón en su celda. Su muerte ocurrió entre las 6:00 y 6:30 horas. Lo encontraron a las 7:00, cuando se hacía el pase de lista. Esto, pese a que había órdenes de vigilarlo las 24 horas del día.

Videos sobre la muerte de Calva Zepeda

Su hermana, Claudia Calva Zepeda, declaró tras su muerte: “Ahora yo quiero justicia para el caníbal, para ese caníbal al que tanto se acusó, porque él no se mató… él tenía mucho ánimo y sabía que se iba a quedar cincuenta años aquí (en la cárcel), pero no lo dejaron, lo amenazaron y le cumplieron la amenaza”.

Claudia Calva Zepeda tras recibir la noticia del suicidio de su hermano

Calva Zepeda dejó dos notas póstumas. Las líneas escritas para su madre decían: “No sé qué paso por mi vida, pero me perdí, perdí todo lo que tuve y lo que tendría. Deje ir tus palabras de amor y aún más, tus noches en vela por cuidar de mi ser. Mientras llorabas yo, indolente, callaba sin más. Tu consejo no servía ya para mí, era invencible. Sin darme cuenta me rodeé de gente extraña que sólo vino a dañarme más de lo que estaba. Hoy aquí, tras estas rejas que me aprisionan, junto al silencio de estos fríos y largos pasillos, te digo con el corazón entre mis manos: no me dejes de ti y, sobre todo, perdóname, mamá”. Su segunda nota afirmaba: “Estoy resuelto a irme, no soporto más el peso de mi desgracia, intenté perderme en el falso camino y sólo conseguí hundirme más, sólo pido que se conserven mis letras, ya que es lo único bueno que he hecho en la vida, no puedo escribir más, me voy y perdón por el dolor tan grande que les causo”.

Los días finales (click en la imagen para ampliar)

Al funeral llegaron los familiares de las víctimas, exigiendo ver el cadáver en el ataúd para cerciorarse de que estaba muerto. “Queremos ver que está muerto y cerciorarnos de que no le hará más daño a nadie”, espetaron. Su hermana, Claudia, se arrodilló ante ellos y les pidió perdón por los crímenes de su hermano.

José Luis Calva Zepeda, “El Caníbal de la Guerrero”, fue sepultado en la Ciudad de México el 12 de diciembre de 2007, día de la Virgen de Guadalupe, en el panteón San Nicolás Tolentino, en Iztapalapa, a las 14:30 horas. Al sepelio asistió su hermana Claudia, pero no su madre; tampoco fue ningún sacerdote. Sobre la tumba, cubierta de flores, destacaba una corona que la familia colocó y que ostentaba una banda que decía: “Poeta seductor”.

El sepelio del Caníbal

Con su entierro terminó la historia de uno de los asesinos más extraños de la historia mexicana. Su legado literario, considerado deficiente por muchos y genial por otros, incluye una frase que podría servir como su epitafio: “Adentrémonos en el fascinante mundo de la conducta humana y busquemos ese toque extraño dentro de cada uno de nosotros. Sólo así llegaremos al conocimiento de nosotros mismos”.

Video musical “El Caníbal de la Guerrero”, interpretada por David Weber

Fuente: “Escrito con Sangre” (www.escritoconsangre.com.mx)

 

 

 

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“Los asesinos del páramo” Ian Brady & Myra Hindley

26 noviembre 2009 2 comentarios

Estamos en los años 60 , desgraciadamente en esos años una pareja se haría famosa por los terribles asesinatos cometidos.Se les conocerá como “Moors Murderers” o los “Asesinatos del Páramo”,debido a que gran parte de sus víctimas fueron enterradas en la Pradera de Saddleworth, cerca de Oldham en el condado de Lancashire.

Estos aseinos actuaron entre 1963 y 1965. El caso de esta pareja estremeció a toda Gran Bretaña cuando se supo que habían asesinado a 6 niños. Su modus operandi consistía en secuestrar los niños, llevarlos a un páramo, y ahí, Ian los golpeaba, y a veces, Myra abusaba de ellos sexualmente. Finalmente, fueron condenados a cadena perpetua en 1966.

Ian Brady nació en Glasgow y creció en la ciudad escocesa de Gorbals, junto a su madre Margaret (“Peggy”) Stewart. A Margaret se le hizo muy difícil criar a Ian desde muy pequeño, por lo que decidió darlo en adopción a la familia Sloane, quienes lo criaron como si fuera un hijo propio. El padre de Brady nunca fue identificado y según Margaret era un periodista que había muerto poco antes que su hijo naciera.

Desde pequeño sufría ataques de ira incontrolados y solía golpearse la cabeza contra la pared. Su verdadera madre le seguía visitando y llevándole regalos. Con el tiempo Ian se dio cuenta de que Margaret era su madre.Poco a poco se fue convirtiendo en un inadaptado social.

Dicen que era un muchacho realmente guapo y un estudiante brillante, aunque pronto comenzó a decaer en sus estudios , empezó a fumar y desarrolló una fascinación por la ideología y por los símbolos nazis. Cuando jugaba a la guerra con sus amigos, se haría llamar “el alemán”. Comienza a mostrar sus tendencias sádicas, torturando niñas de su escuela mucho más pequeñas a las que molestaba continuamente y también torturando de una manera brutal a animales.
Fue arrestado varias veces durante su adolescencia. En una de esas detenciones un juez decidió que debía salir de Glasgow y vivir con su madre, quien vivía en Manchester con su nuevo esposo irlandés, llamado Patrick Brady. Entonces se refugia en la lectura y en la música, sin salir casi de la habitación. Lee al Marqués de Sade y a Nietzsche. También tenía interés en libros sobre sadomasoquismo, dominación, servidumbre y otras parafilias.
En 1954, dos meses antes de cumplir 17 años, Brady se muda con su madre a Manchester donde adopta como propio el apellido del esposo de su madre.

Consigue un trabajo como ayudante de carnicero y se interesa por la mutilación. Empieza a beber y a jugar de una manera compulsiva.
Más tarde, Brady volvió a ser arrestado varias veces acusado de embriaguez pública y de otros cargos. Fue condenado a 2 años de reclusión en la prisión de Strangeways.En 1961 conoce a Myra Hindley. Se va a convertir en su compañera sentimental y de fechorías.

Myra estaba fascinada por la belleza de Ian. Era una chica normal de Manchester, que trabajaba de niñera y que se había convertido al catolicismo, hasta que conoció a Ian.
Brady le daba charlas sobre sus obsesiones: Hitler, Marqués de Sade, etc. Y ella se tuvo que leer entre otros libros “Mein Kampf”, “Seis millones de muertos”, “Eichmann.
Sus relaciones sexuales contenían aspectos sadomasoquistas. Myra se tiñe el pelo de rubio y viste con botas de tacón alto. De niñera, pasa a odiar a los niños, la religión, el matrimonio y las reuniones sociales.

Los dos juntos inician su carrera criminal.

Myra pide ayuda a Pauline Ride (16 años) para buscar un guante en la pradera de Saddleworth. Allí, Brady la viola, mata y entierra. La siguiente víctima es un varón, Jaun Kibride (12 años). Brady le viola, intenta apuñalarlo, pero se le rompe el arma. Enfurecido le estrangula.
Vuelven a actuar en junio de 1964. Otro muchacho Keith Bennet (12 años). Siguen el mismo modus operandi: engaño, traslado al páramo, violación y asesinato.
Con Lesley Ann Downey (10 años) suben un peldaño en la crueldad. La secuestran en un parque de atracciones. Brady la fotografía desnuda y Myra graba los desesperados gritos de la niña rogando por su vida. Al día siguiente la entierran.
El 6 de octubre de 1965 cometen su último asesinato. Matan a Edward Evans (17 años) mientras el cuñado de Myra está de visita y lo contempla todo. Brady mata a Edward de un hachazo en la cabeza y pide al cuñado que le ayude a cargar con el cadáver. Este se va de la casa con la promesa de volver, pero en cuanto se ve libre acude a la policía. Lo único que quería era salir con vida de ahí.
Ian y Myra son detenidos y acusados de los asesinatos. Justo dos meses antes se había abolido la pena de muerte en el Reino Unido. La máxima pena era la perpetua y el 6 de mayo de 1966 son condenados a ella.
Las evidencias en el juicio fueron las grabaciones y las fotografías que hicieron a Lesley Ann, la niña de 10 años, el nombre de Jaun Kibride en un cuaderno y una foto de Myra ante el lugar donde estaba enterrado el muchacho.
Brady admitió el asesinato de Edward Evans, pero exculpó a Myra. Con la separación Myra se dio cuenta del lavado de cerebro al que le había sometido su novio y comenzó a echarle la culpa de todo. Ian, dolido por la traición narra con todo lujo de detalles la participación de ella en los crímenes, testimonio que la convirtió en la mujer más odiada de Gran Bretaña de todos los tiempos.
Tras pasar 19 años en la cárcel se le declara a Ina Brady mentalmente enfermo y fue trasladado al hospital psiquiátrico de Broadmoor (Liverpool). Intentó suicidarse un par de veces, incluso inició una huelga de hambre en 1999, pero el juez obligó que se le alimentará con una sonda gástrica. Hace un par de años se debatía entre la vida y la muerte en el “Hospital de Alta Seguridad de Ashworth“, con numerosos problemas de salud que le llevaron a perder la cordura . Desconocemos si aún vive hoy en día, si es así acabará de cumplir 71 años de edad.
A Myra se le denegó la libertad condicional en 1998 ,murió de un ataque del corazón en el año 2002, a los 60 años de edad.
Al contrario de lo que sucede en US con los asesinos en serie y los psicóptas, nunca se estudió a fondo el personaje de Ian Brad, el cual posee una mentalidad sorprendente, digna de pasar a los libros de psiquiatría. Una mente pervertida y oscura capaz de cometer los peores asesinatos sobre las personas más inocentes que existen en este mundo: los niños.
El fotógrafo y director de videoclips, Rusell Young, utilizó las imagenes de Kate Moss y su ex Pete Doherty para encarnar a la asesina de niños, Myra Hindley y a su pareja Ian Brady. El fotógrafo quería combinar en su obra la “fama” de las celebridades y la “verguenza” de los criminales.
fuente : EL INVESTIGADOR
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Marcel Petiot


Desde muy joven demostró un gran sadismo torturando y asesinando

Desde muy joven demostró un gran sadismo torturando y asesinando animales com gatos.  Los psiquiatras que lo examinaron antes del juicio declararon que se trataba de un hombre en su sano juicio. Sin embargo, si nos detenemos a hacer un balance sobre cómo había sido su vida hasta entonces, nos encontramos con claros manifiestos de una mente desequilibrada desde su más tierna infancia.

Nació el 17 de enero de 1897. Su padre murió cuando él tenía tan sólo cinco, su madre murió tres años después, así que el niño fue confiado a los cuidados de varios tíos y tías. Tal vez por esta situación difícil su educación no fue como la de un niño normal ni mucho menos tuvo el afecto que éstos necesitan en esos años tan cruciales de vida.

De pequeño demostró una inteligencia considerable, pero al mismo tiempo revelaba ciertas tendencias sádicas que preocupaban a quienes le rodeaban: desde sumergir las patas de su gato en un cazo de agua hirviendo hasta asfixiar a este mismo animal con sus propias manos, o

torturar a otros animales sacándoles los ojos para divertirse mirando como éstos se golpeaban contra las paredes una vez ciegos.

También tenía la manía de robar todo lo que le pasaba por las manos. A sus compañeros en clase, los medicamentos en el ejército cuando era soldado (para venderlos posteriormente en el mercado negro) e incluso los fondos municipales del alcalde de Villaneuve cuando se presentó a unas elecciones municipales.

Basta con observar su grave afición a la piromanía, su crueldad con los animales, esa ludopatía crónica, además de serios y continuos ataques depresivos, una avanzada paranoia y un crónico estado de melancolía… por no hablar de sus mentiras compulsivas y su actitud de desprecio hacia toda la sociedad o su sangre fría casi carente de sentimientos… sin duda ese carácter nos suena bastante desequilibrado. Sin duda refleja una personalidad muy conocida por todos nosotros: una personalidad psicopática.

Curiosamente, y como suele ser habitual en estos casos, todas estas peligrosas facetas de su vida no le impidieron salir adelante en la vida social. Su encanto personal le ayudó a ganar prestigio en el ámbito profesional como médico y en una carrera política que inició como concejal, aunque ese encanto ocultase un carácter carente de escrúpulos.

El 11 de marzo de 1944 la policía acude a casa del doctor Petiot, alertada por los atemorizados vecinos que observaban salir de la chimenea una grasienta humareda negra y un hedor insoportable. La chimenea corría el riesgo de incendiarse, pues ya se veían las llamas sobresaliendo amenazadoras y no

Se consiguieron demostrar 24 muertes pero pudieron ser muchas mas en realidad. 

tardan en acudir los bomberos, quienes logran entrar en la casa a través del sótano. Allí, descubren sin dar crédito a lo que ven, el espantoso combustible que alimentaba las llamas: un montón de cuerpos desmembrados.

Momentos más tarde acude la policía, y el doctor Marcel Petiot les explica con orgullo que aquellos eran “sus” cadáveres, los restos de alemanes y colaboracionistas pro-nazis que habían sido asesinados por la Resistencia francesa y confiados a su custodia para que se deshiciese de ellos. Los agentes aceptan la explicación y lo dejan ir, no sin antes felicitarlo por tener esas dotes de patriotismo.

Petiot, aseguró que era miembro de la Resistencia y que sus víctimas habían sido 63. Al igual que los 27 cadáveres encontrados en el sótano, los agentes dan por hecho que son más soldados alemanes. Pero cuando se constata que aquellas muertes no tenían que ver con la ejecución de colaboradores nazis, Petiot ya había huido en su bicicleta.

A partir de ahí se llevó a cabo un minucioso registro de la casa, hallando además de los cadáveres despedazados, casi 150 kilos de tejido corporal calcinado y otros muchos cuerpos descomponiéndose en un pozo del garaje que contenía cal viva.

Guillotina en la que fue ejecutado Marcel Petiot.  Al cabo de un tiempo de anonimato, Petiot inició una serie de correspondencia con el periódico Resistance, bajo otro nombre, pero sin modificar su letra (lo que ayudaría a su identificación), diciendo que la Gestapo había metido en su casa los cadáveres. Gracias a eso fue de nuevo detenido el 2 de noviembre de 1944.

Su juicio comenzó en el Tribunal del Sena el 15 de marzo de 1945, ahí se descubrió la verdadera faceta del doctor. No era un luchador clandestino por la libertad, sino un criminal totalmente degenerado.

Se le acusaba de 27 asesinatos por las evidencias de su sótano. Su hermano Maurice, quien le proporcionaba la cal, alegó que Petiot la utilizaba contra las cucarachas, pero el enorme volumen de 400 Kg suministrados sirvió para inculparlo de complicidad criminal.

Mientras se hallaba detenido a la espera del juicio, Petiot en todo momento comentaba jocosamente a los guardianes de su prisión “No dejen de acudir a mi juicio, va a ser maravilloso y se va a reír todo el mundo”… y nada más lejos de la realidad, ese juicio fue uno de los más surrealistas y confusos en la historia de Francia.

A veces, tanto el acusado como el abogado dormitaban plácidamente en sus asientos, e incluso llegó a haber insultos entre la defensa y el acusado cuando el acusado afirmó que era un defensor de traidores y judíos, a lo que éste furioso le amenaza con partirle la boca en la misma sala.

La acusación afirmó que Petiot atraía a ricos judíos a la rue Lesseur con el pretexto que les ayudaría a escapar del acoso de las fuerzas alemanas hacia otros países. Luego, les quitaba la vida por medio de inyecciones letales que les administraba con el pretexto de cumplir con las formalidades sanitarias extranjeras, después los despojaba de todo el dinero y objetos de valor que poseían.

Al final de tres semanas de juicio, el jurado lo declaró culpable de 24 de las 27 acusaciones y en cuanto se dictó el veredicto de culpabilidad se establecieron una serie de indemnizaciones a favor de los familiares de las víctimas.

El 26 de mayo de 1946 el Dr. Muerte fue condenado a la guillotina, pero el asesino, lejos de mostrarse asustado en el momento de su muerte dijo con más ironía que nunca a los testigos de la ejecución: “Caballeros, les ruego que no miren. No va a ser bonito.”

 
Guillotina en la que fue ejecutado Marcel

Por: Margarita Bernal

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José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris

 
Su carácter vividor le llevó al faltarle el dinero

Su carácter vividor le llevó al faltarle el dinero a convertirse en un asesino sin escrúpulos. José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris, Un asesino sin escrúpulos

Uno de los crímenes más atroces de la historia española fue, sin duda, el cometido por José María Jarabo. Este individuo acabó con la vida de cuatro personas, una de las cuales era una mujer embarazada. Precisamente, los crímenes de Jarabo fueron los que hicieron que la tirada del periódico El Caso se acercara al medio millón de ejemplares en 1958. Era la primera vez, desde antes de la Guerra Civil, que un medio de comunicación nacional alcanzaba dicha cifra.

Los sonados crímenes de Jarabo salieron a la luz pública el 22 de julio de 1958. El día anterior habían sido descubiertos los cuerpos sin vida de cuatro personas, dos hombres y dos mujeres, muertos por obra de José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris, de 33 años.

El sábado 19 de julio de 1958 España se recupera de la resaca de patria producida por la coincidencia de los actos de conmemoración del “Glorioso Alzamiento Nacional” y la “Fiesta de Exaltación del Trabajo”. Las calles están vacías. El calor es asfixiante.

Un joven bien plantado e impecablemente vestido aprovecha la tranquilidad de la mañana para ojear el ABC en una cafetería de Madrid. Las páginas de deportes hablan de un Bahamontes que acaba de ganar el premio de la montaña en el Tour de Francia.

Se detiene en esta información para enterarse de que Jacques Goddel, director de la carrera, piensa que “si el corredor de Toledo tuviera tanto cerebro como músculo ya hubiera ganado varias veces la vuelta francesa”. También presta atención a las páginas taurinas, que resaltan la presentación en la capital de Curro Romero. Y a las necrológicas, donde destacan las honras fúnebres del ex ministro Cavestany.

El silencioso lector, que se echa al coleto una copa de coñac y pide otra, no es consciente de que está a punto de provocar la saturación de esas mismas páginas cargadas de necrológicas que ahora contempla. Aún no sabe que dentro de muy poco se convertirá en el personaje encargado de enfangar de sangre la posguerra. Ignora que la mano que cierra con un movimiento seco el periódico es la misma que, unas horas después, empuñará la pistola y el cuchillo con que se cometerá uno de los crímenes múltiples más brutales de la historia negra española. No puede imaginar que ese cuádruple asesinato que está a punto de cometer será resuelto por la policía en una de las más rápidas investigaciones jamás realizadas, y que una vuelta de garrote pondrá fin a la amarga recta final de su existencia.

Un tipo viril

El tempranero bebedor se llama José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris. Nació en Madrid hace 35 años y lleva los últimos ocho entregado al alcohol, las drogas y las mujeres. Sus amigos dicen que sabe vivir y divertirse como nadie. Que es un tipo viril capaz de cautivar a señoras y señoritas, poco le importa la condición de las mismas, basándose en su simpatía y en su carácter cosmopolita (fue educado en buenos colegios de Estados Unidos). Aseguran que es un seductor dotado de una gran planta, una enorme labia y un descomunal miembro. Sus enemigos dicen que sólo es un crápula, un despilfarrador, un vago y un enfermo sexual.

Seguramente todos tienen razón. Jarabo es eso y mucho más. Es un señorito en tiempos de crisis, un dandy que disfruta de un tren de vida muy por encima de sus posibilidades. No tiene trabajo, pero se acostumbra a vivir como un rey con el dinero que su madre le envía puntualmente desde Puerto Rico. Poco a poco van aumentando sus ya cuantiosos gastos, y con los giros mensuales de mamá apenas logra sobrevivir quince días: José María se ve obligado a hipotecar el chalé familiar de la calle madrileña de Arturo Soria y se marcha a vivir a una pensión, a un cuartucho con una cama en la que desplomarse cada mañana después de una noche de parranda. Posteriormente Jarabo reconoció que en las juergas de los últimos dos años bien podía haber dilapidado quince millones de pesetas, una cifra muy elevada si tenemos en cuenta que un flamante Seat 600 costaba en 1958 la friolera de 66.000 pesetas.

Cuando Jarabo salió del bar sintió que el peso de los bolsillos de sus pantalones estaba mal repartido. La cartera, vacía, no ofrecía ninguna consistencia. El forro del lado contrario estaba a punto de ceder ante un objeto que parecía de plomo: una pistola Browning FN del calibre 7,65 de fabricación belga. En ese instante recuerda que tiene muchos problemas.

La sortija

Su romance con una mujer inglesa casada llamada Beryl Martin Jones había complicado la vida de ambos. Ella había colocado su matrimonio en el disparadero. El había gastado una fortuna en hoteles, cenas y regalos. Asfixiado por la falta de dinero, Jarabo le había pedido a ella un anillo de brillantes que inmediatamente había empeñado para cubrir alguna noche de pasión y lujo. Ahora ella, la única mujer a quien había querido, le reclamaba la joya, alegando que se trataba de un regalo de su marido.

Desde Inglaterra le envió una carta recordándole por enésima vez que debía devolverle la sortija. En esta ocasión adjuntaba una autorización suya como propietaria, que resultaba imprescindible para desempeñarla, y una comprometedora misiva de amor con diversas confesiones íntimas. Para colmo de males, los familiares de Jarabo amenazaban con regresar de Puerto Rico y levantar la tapa de la alcantarilla en que estaba sumergido.

Jarabo se había acercado con la carta en la mano a la tienda de empeños Jusfer, en la calle Alcalde Sainz de Baranda número 19. Como no tenía las cuatro mil pesetas necesarias para recuperar la joya, que en realidad valía mucho más, enseñó la carta y cometió el fallo de dejarla junto a la deseada sortija. Hoy, 19 de julio del 58, se había propuesto recuperar ambas cosas.

Un golpe certero

Son algo más de las nueve de la noche cuando se encamina con paso firme hacia el número 57 de la calle Lope de Rueda. No es la dirección de la tienda donde tiene empeñadas la sortija y la carta. Es la vivienda de uno de los dueños de ese negocio, un tal Emilio Fernández Díez. Jarabo, que cree que la sortija y la carta pueden estar en casa de éste, pulsa el timbre del cuarto exterior con la uña del dedo pulgar “para no dejar huellas de ninguna clase”.

Paulina, la criada, abre la puerta a Jarabo sólo cuando este dice que es amigo del dueño de la casa. En el primer descuido la agarra por el cuello y la golpea con una plancha que encuentra en una mesa cercana. Forcejean. Jarabo agarra un cuchillo de la cocina y de un certero golpe en el pecho le parte en dos el corazón. La sangre irrumpe por primera vez en su vida, pero no parece impresionarle demasiado: arrastra el cuerpo inerte a una habitación junto a la cocina y se dispone a esperar a Emilio Fernández Díez, “el verdadero culpable” de sus males.

Pasan unos minutos de la diez cuando el dueño de la casa abre la puerta y llama de una voz a la criada. Nadie le contesta. Una necesidad urgente le hace encaminarse hacia el cuarto de baño. Pasa por delante del escondite de Jarabo que, tal y como tiene previsto, salta sobre su espalda como un leopardo, le inmoviliza sujetándole por la chaqueta y le pone el cañón de la pistola en la nuca. Al dueño de la casa no le da tiempo a saber quién le está apuntando. Suena un disparo y el cuerpo del usurero cae al suelo como un fardo, quedando tendido entre la bañera y el bidé.

Aún no se había recuperado de sus dos primeros crímenes cuando escucha que la puerta se abre de nuevo. No ha tenido tiempo de buscar ni la sortija ni la carta. Y ya ha matado a dos personas. Está muy nervioso. Amparo Alonso, la mujer de Emilio Fernández, acaba de entrar y se dirige al salón, donde un Jarabo que no logra aparentar tranquilidad responde a su cara de sorpresa con un “Buenas noches, soy inspector de Hacienda y estoy investigando a su marido”. “Él y la criada están detenidos”, continúa, “y mis compañeros se los han llevado a comisaría”.

La mujer desconfía, trata de huir y chilla con fuerza. Ésa es su sentencia de muerte. El grito se clava en la espina dorsal de Jarabo, que la golpea y arrastra hasta una habitación. Sólo cuando la doblega hasta tumbarla sobre una cama saca la pistola, la encañona en la nuca y aprieta el gatillo. Amparo estaba embarazada. “La suerte estaba echada”, confesó tiempo después Jarabo a la Policía.

Cuando logra relajarse se sienta en un sillón y bebe anís de una botella que encuentra en una mesa. Para confundir a la policía saca varias copas de un armario y mancha algunas con carmín. Tira por el retrete los casquillos. Limpia las posibles huellas. Bebe más anís. Sólo cuando considera que el trabajo está totalmente acabado se tumba en la cama de la única habitación que no está cubierta de sangre. Finalmente se relaja y pasa una noche entre los muertos, durmiendo un sueño incomprensiblemente plácido y profundo.

Errores

A las nueve de la mañana Jarabo abandona el improvisado panteón sin haber encontrado ni la sortija ni la carta. Para solucionar ese problema se encamina a una nueva cita, en este caso con Félix López Robledo, copropietario de la casa de empeños Jusfer. Pero antes desayuna, se toma unos coñacs, ve un par de películas en el cine Carretas, come en un restaurante chino y se echa una siesta en una pensión de la calle Escosura. Rendido por el esfuerzo de matar se toma el domingo libre y alarga el reparador sueño hasta las seis de la mañana. Dos horas después ya está en marcha. Ha desayunado su copa de brandy y comprobado que la Browning del 7,65 está cargada y en su bolsillo. Todo está en orden. Es la mañana del lunes 21 de julio.

Félix López Robledo siente cómo alguien que le estaba esperando en el portal de su tienda le sujeta por la espalda con una torpe llave de lucha. Es lo último que siente. Jarabo dispara dos tiros en la nuca del prestamista. Después registra sus bolsillos y el local y sale a la calle con las manos vacías y ensangrentadas. Se siente acabado. Ha matado a cuatro personas para nada. Más coñac y algunas drogas: cocaína, morfina… Y demasiados errores.

Sospecha

Aturdido por la matanza, Jarabo deja el traje, empapado en sangre, en una tintorería situada en el número 49 de la calle Orense. Luego se va de copas. Gasta dinero como si el mundo se fuera a terminar esa misma noche y despierta las sospechas de toda la gente que le conoce.

A las doce del mediodía del día siguiente, martes 22 de julio, Jarabo se acerca a la tintorería donde dejó el traje para recogerlo. Cuando llega le está esperando un dispositivo de vigilancia policial especial: el país entero está conmocionado por la noticia y el dueño de la tintorería avisó inmediatamente a la policía nada más ver la ropa. Jarabo se resiste en principio a ser detenido. Lleva un DNI falso, una pulsera y un reloj omega de oro, juegos de llaves de las casas donde cometió los asesinatos y una pistola FN del 7,65 caliente que aún huele a pólvora.

Ya en el despacho del jefe de la Brigada de Investigación Criminal de la Dirección General de Seguridad el sospechoso, muy entero en todo momento, niega los hechos y asegura que hace semanas que no ve a las víctimas. El inspector jefe Sebastián Fernández Rivas y los policías Ramón Monedero Navalón y Pedro Herranz Rosado se encargan de interrogarle. Después de un par de preguntas de trámite le enseñan unas fotos de los cadáveres, y el sospechoso se tambalea y cae desmayado al suelo. Se derrumba. Y confiesa que ha matado por amor, por recuperar una joya y una carta de “la única mujer a la que he logrado querer”. Ingresa por segunda vez en prisión: cuentan que ocupó durante algún tiempo la celda de una cárcel de Estados Unidos acusado de dirigir una casa de citas en Puerto Rico.

España entera se estremece con la orgía de sangre. Y con los detalles que rodean al criminal y a las víctimas. Los periódicos publican coleccionables con la historia del crimen, y le dedican portadas y titulares gloriosos. Los psiquiatras dicen que es “un psicópata desalmado”. La gente se apelotonaba en las largas colas que se formaban en la calle para poder asistir al histórico juicio de “el último carnicero español”.

Un año después, el 5 julio de 1959, todos los periódicos publicaban una lacónica noticia en portada: “En las primeras horas de la mañana de ayer, en el patio principal de la Prisión Provincial de Madrid, ha sido ejecutada, con las formalidades exigidas por la ley en estos casos, la sentencia de pena de muerte dictada contra José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris”.

Condenado a cuatro penas de muerte, Jarabo murió con las vértebras del cuello descoyuntadas por la quinta vuelta de tuerca del último garrote vil que se utilizó en España. Está enterrado en el madrileño cementerio de la Almudena.

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Adolfo de Jesús Constanzo, “El Narcosatánico de Matamoros”

25 noviembre 2009 1 comentario

 
Constanzo era el lider de una banda “satánica” que realizaba rituales con

Constanzo era el lider de una banda “satánica” que realizaba rituales con sacrificios humanos.  Desde el rancho Santa Elena, en la ciudad fronteriza de Matamoros, México, Adolfo de Jesús Constanzo y su banda transportaban semanalmente una tonelada de marihuana al país vecino… pero el lugar no era sólo un centro de distribución de drogas. En 1989 fueron acusados de asesinar a más de una docena de personas durante unos rituales de Palo Mayombe, un culto afroamericano.

Los “narcosatánicos” habían convertido el rancho en una verdadera casa de los horrores. El 9 de abril de 1989, la policía mexicana detiene en un rutinario control la camioneta que conducía David Serna Valdez, de veintidós años, a la altura del kilómetro 39 de la carretera de Matamoros a Reynosa en el rancho Santa Elena. En ella se encuentran restos de marihuana y una pistola calibre 38, por lo que el joven conductor es detenido. Tras unas horas de interrogatorio confiesa que pertenecía a una secta de “magia negra” y que utilizaban el rancho para realizar sus sacrificios rituales con seres humanos, además del narcotráfico.


Uno de los titulares aparecidos en la prensa mexicana, el cerco de su búsqueda se iba estrechando.

Estas sorprendentes confesiones obligan a la policía a registrar el rancho, hallando allí otros ciento diez kilos de marihuana… y algo macabro: un caldero de hierro de hedor pestilente que contenía sangre seca, un cerebro humano, colillas de cigarros, 40 botellas vacías de aguardiente, machetes, ajos y una tortuga asada.

Alrededor de la casa, una fosa común con doce cadáveres descuartizados, a los que les habían extirpado el corazón y el cerebro en algún extraño ritual.

 
Sara Villareal principal complice de

Entre ellos se hallaba el cuerpo de Mark Kilroy, un estudiante de medicina desaparecido en marzo de 1989 al que habían amputado las dos piernas y extirpado el cerebro, y con parte de cuya columna vertebral el líder del grupo se había fabricado un alfiler de corbata que le servía de amuleto.

Los agentes de la policía judicial detienen a un grupo de personas implicadas, quienes confiesan haber matado a esos individuos por orden del Padrino Adolfo de Jesús Constanzo, de veintisiete años de edad e hijo de un americano y una cubana practicante de la Santería y Palo Mayombe, en cuyas artes mágicas había sido iniciado desde que tenía tres años.

En 1980, Constanzo comienza a vender sus servicios como mayombero en Miami, trasladándose posteriormente a México en donde tiene un gran éxito con sus trabajos de magia negra. Su excelente reputación entre las altas esferas le sería debida a los poderes mágicos que le eran atribuidos, al misterio que continuamente le rodeaba y a su carismática personalidad.

Los rituales de purificación o limpias (ceremonias para limpiar malas energías negativas) y de protección, le proporcionan de ocho mil a cuarenta mil dólares entre sus clientes, la mayoría, importantes personalidades americanas.

Uno de los titulares aparecidos en la prensa mexicana, el cerco de su búsqueda se iba estrechando. 

Ávido por obtener más poder comienza a efectuar sacrificios en sus rituales, para dar mayor sensacionalismo y espectáculo, siempre ayudado por una joven divorciada que se convertiría en su musa y amante, la estudiante norteamericana de veinticuatro años Sara Villarreal Aldrete.

Sara se convierte en gran sacerdotisa del culto y participa activamente en todas las sangrientas ceremonias, además de reclutar a nuevos miembros y explicarles las actividades de la secta.

Adolfo convence a los demás adeptos que serán completamente invulnerables a las balas y que tendrán el poder de hacerse invisibles si siguen al pie de la letra sus instrucciones: confeccionar una ganga o caldero mágico con unos ingredientes especiales, además de secretos, en los ritos de Palo Mayombe, como son la sangre y algunos miembros humanos mutilados, preferentemente cerebros de criminales o locos, a ser posible de hombres de raza blanca, pues supuestamente éstos son más influenciables por el verdugo (para el asesino la tortura a la víctima es un factor muy importante, pues el alma de la víctima debe aprender a temer a su verdugo por toda la eternidad con el fin de hallarse para siempre sujeta a él).

Sara Villareal principal complice de Constanzo.  El rito termina cuando los participantes beben la sopa del caldero formada con la sangre de la víctima, su cerebro y los demás elementos que completan la siniestra ganga… lo cual les dará todo el poder que los criminales deseen.

Los detenidos revelaron además la existencia de otras sedes del grupo en otras ciudades mexicanas, en las que se descubrieron más delegaciones y sucedieron una serie de aprehensiones.

A partir de ese momento más de trescientos policías participan activamente en la búsqueda de Constanzo y sus seguidores más próximos: Sara Aldrete, Alvaro de León Valdez, Omar Francisco Orea y Martín Quintana, quienes emprenden una huida durante tres semanas por todo México.

Constanzo intenta negociar con las autoridades mexicanas amenazando con revelar todos los nombres de los personajes conocidos que participan en su culto, pero esto pesa poco comparado con la atrocidad de sus crímenes y la policía se muestra intransigente.

Dichas negociaciones se mantuvieron en secreto durante mucho tiempo, por lo que más tarde saldría a la luz pública: que numerosos policías habrían estado implicados en la secta.

Sintiendo que el fin de sus crímenes estaba cerca, Adolfo y sus cómplices se refugian en una mansión de las más lujosas del Obispado de Monterrey, protegida con un circuito cerrado con seis cámaras que vigilaban el jardín y accesos a la vivienda.

Mientras éstos eran perseguidos, las detenciones en distintas ciudades con narcosatánicos se multiplicaban. Finalmente, el 6 de mayo son descubiertos en el Distrito Federal por algunos agentes de la policía judicial que se hallaban registrando la zona y, sintiéndose acorralados, los cómplices del Padrino comienzan a dispararles desde la ventana de un edificio ubicado en la calle Río Sena de la Ciudad de México.

Al momento se presentan varias patrullas de refuerzo que pueden acercarse y llegar hasta el cuarto piso, desde donde disparaban. Dentro se encontraban Constanzo y los demás, quienes habían hecho un pacto de suicidio mutuo si no lograban deshacerse de los policías.

Al ver Constanzo la gran cantidad de agentes que les rodeaban y ganaban terreno a cada paso, desesperado, ordena a su compañero Valdez que le dispare con una ametralladora que le tiende, y Quintana, fiel a su líder decide suicidarse con él. Ambos se meten en un armario ordenando disparar a Valdez. Instantes después son detenidos sólo tres supervivientes, contabilizándose unos quince seguidores fieles de estos sangrientos cultos.

Según las aterradoras declaraciones de Sara a la policía, desde que conoció a Constanzo mantuvo una doble vida comportándose como una chica normal con sus amigos y familia, y como una fría asesina por otro.

Ella misma llegó a torturar a algunas víctimas, entre ellas Gilbert Sosa, un traficante de drogas.

 

Constanzo y Quintana, ambos se suicidaron antes de ser detenidos.

Delante de los demás miembros del culto ordenó que se le colgase del cuello, con las manos libres para que pudiese sobrevivir agarrándose a la cuerda. Luego lo sumergió en un barril de agua hirviendo, mientras le arrancaba los pezones con unas tijeras.

Confesaría además otros crímenes brutales, como en el que uno de los miembros de la secta mantiene a la víctima con vida después de haberle cortado el pene, las piernas y los dedos de las manos. Le abre el pecho de un machetazo y le agarra el corazón sin desprenderlo, lo muerde a dentelladas mientras el moribundo lo mira agonizante.

Más tarde negaría su participación en los desquiciados rituales, asegurando que el Padrino la retuvo contra su voluntad al haberse descubierto la matanza de Matamoros.

En la actualidad Sara Aldrete Villarreal purga una pena de cincuenta años por homicidio, sin siquiera sabe que su historia ha inspirado la “Perdita Durango” de Alex de la Iglesia, película estrenada en septiembre de 1997.

Por: Margarita Bernal

Fuente: Archivo del Crimen

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Jack el destripador: misterio de 100 años

25 noviembre 2009 1 comentario

Los avances que ha hecho la ciencia forense hasta el día de la fecha, hacen creer que sea casi imposible que un asesino despiadado se escape de las manos de la ley, y en algunos casos puede que eso sea cierto…

Pero si nos remontamos más de 100 años atrás, más exactamente hacia el año 1888, cuando todavía se desconocía completamente el ADN y las huellas dactilares (su primer uso en las ciencias forenses fue recién en 1917), la policía sólo contaba con su astucia y la de los testigos oculares y con los resultados obtenidos tras los interrogatorios.

Fotografia tomada por la policia en el asesinato de MARY JANE KELLYEn ese mismo año, fue cuando ocurrieron una serie de asesinatos increíblemente salvajes y crueles en Whitechapel, Londres, a manos de un asesino que NUNCA fue descubierto, a quién las autoridades y el periodismo apodaron Jack el destripador.
Los crímenes, fueron realizados entre agosto y noviembre de 1888, y se conocen tan sólo 5 víctimas hasta el momento, aunque se cree que han sido muchas más.

 

Las cinco víctimas de Jack el destripador conocidas fueron:

  • Mary Ann Nichols, quién fue asesinada el viernes 31 de agosto de 1888 a la edad de 43 años.
  • Annie Chapman, asesinada el sábado 8 de septiembre de 1888 a la edad de 47 años.
  • Elizabeth Stride, asesinada el domingo 30 septiembre de 1888 a la edad de 45 años.
  • Catherine Eddowes, a quién asesinó el domingo 30 de septiembre de 1888 a la edad de 46 años.
  • Mary Jane Kelly, asesinada el viernes 9 de noviembre de 1888 a la edad de 25 años.
  • Lo primero que se debe hacer cuando se trata con asesinos seriales, es buscar la relación entre las víctimas. En este caso, podemos observar que todas las víctimas excepto la última son mayores de 40 años. Pero no sólo eso…Jack el destripador siempre fue conocido en todo el mundo como el asesino de prostitutas, debido a que todas las mujeres a quienes victimizaba, eran prostitutas ocasionales.

    Los asesinatos se llevaban a cabo en lugares públicos, y los cuerpos aparecían con un corte en la garganta, realizado de izquierda a derecha (por lo que Jack era diestro), y con mutilaciones en la zona del abdomen y a veces en otras partes. En todos los cuerpos faltaban órganos (que se cree que Jack se los llevaba consigo), como el riño y el útero.
    Extirpar órganos en cadáveres, no es tarea fácil para un civil normal, por lo que se creía que Jack tenía conocimientos de anatomía, y que se podía tratar de un cirujano, o incluso de un carnicero.

    Pero los hechos mas interesantes ocurrirían el 25 de septiembre y el 16 de octubre de ese mismo año, cuando Jack le enviaría dos cartas, una a la agencia estatal de noticias y la segunda al presidente del comité de vigilancia de Whitechapel, George Lusk.
    La primera carta decía:

    Carta enviada por Jack a George Lusk“Querido Jefe, desde hace días oigo que la policía me ha capturado, pero en realidad todavía no me han encontrado. No soporto a cierto tipo de mujeres y no dejaré de destriparlas hasta que haya terminado con ellas. El último es un magnífico trabajo, a la dama en cuestión no le dio tiempo a gritar. Me gusta mi trabajo y estoy ansioso de empezar de nuevo, pronto tendrá noticias mías y de mi gracioso jueguecito…”
    Jack el Destripador

    Pero aún asi, siempre se dudó de la veracidad de esta carta, llegando a creer que no se trataba del verdadero asesino.
    El 16 de octubre, no obstante, se recibió una carta que sí se creyó auténtica, que decía lo siguiente:

    “Desde el infierno. Señor Lusk. Señor le adjunto la mitad de un riñón que tomé de una mujer y que he conservado para usted, la otra parte la freí y me la comí, estaba muy rica. Puedo enviarle el cuchillo ensangrentado con que se extrajo, si se espera usted un poco.
    Atrápeme cuando pueda, señor Lusk”

    Durante 100 años, Jack ha puesto en jaque a las autoridades y ha demostrado una increíble debilidad en el sistema de su país en aquella época.

    Sin embargo, los avances de la ciencia, han desempolvado vieja evidencia y han obtenido nuevos resultados. Durante 2006 varias hipótesis azotaron a la comunidad. Según documentos de Scotland Yard, se cree que Jack el destripador, podría ser un peluquero cuyo nombre era Aaron Kosminski.

    Pero la hipótesis más desconcertante, surge de los análisis de las cartas enviadas por Jack en 1888. Según científicos expertos, se ha encontrado ADN femenino en los papeles de las cartas, lo que hace que tal vez, 100 años de hipótesis se hayan tirado a la basura y que quizás debamos referirnos al asesino más correctamente como Jackie la destripadora.

    Las cartas muestran un odio desenfrenado por el asesino hacia las prostitutas, y si ponemos la situación bajo el microscopio de la lógica, no sería tan errado decir que es más probable que una mujer haya desarrollado semejante odio, antes que un hombre, ya que la prostitución siempre ha sido vista como degradante para las mujeres…
    Pero también sería válido decir que Jack pudiera haber obligado a una mujer a escribir dichas cartas para no dejar rastros.

    De todos modos, al parecer, la teoría de la mujer no ha sido tomada muy en cuenta, por razones que sólo sabe la policía local…ya que han hecho un identikit que según las autoridades es lo que más se asemeja al célebre criminal. Aqui está el retrato:

    Retrato de Jack el destripador hecho en 2006

    Aún así, las autoridades nunca han develado el misterio totalmente….cuánto tiempo pasará antes de que se descubra la verdadera identidad de Jack el destripador…o peor aún…se descubrirá alguna vez?

    LA HISTORIA

    Se trata de un personaje bastante conocido por el público, pues el recuerdo de Jack “El Destripador” nunca se ha desvanecido desde el otoño de 1888.
    En ese año comenzó de forma tajante su carrera criminal: asesinó a cinco prostitutas entre el 31 de agosto y el 9 de noviembre.

    Jack_el_destripador.jpg

    Para tener una mejor comprensión del fenómeno que fue Jack, el Destripador, es necesario conocer algunas de las condiciones que existían en Londres en la época de sus crímenes.

    El área de “The Whitechapel” fue la escena de sus crímenes, y entonces era el caldo de cultivo de Europa.
    Las condiciones de vida eran deplorables, el alcoholismo una forma de vida.

    Teniendo en cuenta que más de 100.000 personas vivían en los correccionales del lugar se estima que había unas 75.000 prostitutas andando por las calles, entre más de 200.000 desempleados.
    La serie de crímenes de Jack, tal vez, más que ningún otro factor, trajo a la luz la horrible situación socio-económicas de Whitechapel.

    whitechapel.jpg
    Ciudad de Whitechapel en la época de los crímenes.

    Las víctimas:

    La primera víctima de Jack fue Mary Ann Nicholls.
    Se trataba de una prostituta hecha y derecha, de 42 años.
    Mary no podía considerarse una mujer bonita, pues era bastante gordita, baja y le faltaban los cuatro dientes de adelante.
    El último día de su vida, fue evacuada del nido de ratas en donde vivía porque no podía pagar los cuatro centavos de estadía por noche.

    Luego de perder su hogar, Mary consiguió vender su cuerpo por cuatro centavos, pero no logró resistirse a gastarlos en ginebra.
    A altas horas de esa misma noche, su compañera, Nelly Holland, vio a Mary dando tumbos por las calles, apenas capaz de caminar.

    A las 3:15 a.m., un oficial de policía cumplía su ronda caminando por la calle Bucks Row, pero no notó nada extraño.

    Media hora después, dos vagabundos vieron lo que ellos creyeron que era un pedazo de tela útil, hecho un rollo en el costado del camino.
    Cuando se acercaron al objeto, vieron sangre saliendo del paquete.
    No tardaron en salir corriendo en busca de un policía.

    El oficial de policía se encontró con el cuerpo de Mary.
    El momento de la muerte se estableció, entonces, entre las 3:15 y las 3:45 a.m.
    La garganta de Mary había sido cortada de oreja a oreja y ella había sido destripada.

    En el momento se supuso que el atacante de Mary le había tapado la boca con una mano y cortado la garganta desde atrás con la otra, y que luego procedió a mutilar el cuerpo.

    Las cortaduras en el abdomen eran de una naturaleza tan distintiva que cuando los siguientes cuerpos fueron examinados, inmediatamente fueron atribuídos a un mismo hombre, quien a partir de entonces, siempre sería conocido como Jack, el Destripador.

    Tras ésta primera muerte, corrió a través de todo Whitechapel el rumor de que Mary había sido “amigable” con un fabricante de zapatos, quien habitualmente vestía un delantal de cuero.
    En base a algunas investigaciones, arrestaron al inmigrante polaco John Pizer por considerarlo culpable del asesinato de la prostituta.
    Posteriormente la investigación de un coronel libró completamente a Pizer de todo cargo y fue liberado.

    Ocho días después del primer asesinato, Annie Chapman, otra prostituta desamparada, se convirtió en la segunda víctima del Destripador.
    Annie, al igual que Mary, había sido echada de su casa en Dorset St. porque no podía pagar la renta.
    El cuerpo de Annie fue hallado a las 6 a.m. por John Davis, quien vivía en el edificio a las puertas del cual fue cometido el crimen.

    Esta segunda locación se encontraba a sólo 180 metros del lugar en donde había sido hallado el cadáver de Mary.
    Si bien las mutilaciones al cuerpo de Annie eran peores que las del asesinato previo, las cortaduras en su abdomen no dejaban duda de que se trataba del mismo asesino.

    Los rumores de los dos asesinatos en tán solo 8 días, corrieron a través de todo Whitechapel.
    Sin embargo las calles todavía eran recorridas por bastantes personas a esas horas de la madrugada y nadie vio al asesino, aunque sería fácilmente identificable porque debería de estar cubierto de sangre.
    En ambas ocasiones, encontraron gente alrededor de los asesinatos en las horas en que fueron llevados a cabo, y sin embargo, nadie había oído nada.

    La policía estaba completamente desorientada e indefensa.
    Esto hizo que se formaran comités de vigilancia, compuestos por patrullas que trataban de proteger a la gente, al mismo tiempo que trataban de dar con el asesino.

    El 30 de septiembre, el Destripador volvió a la acción.
    Esta vez el crimen fue por partida doble, pues asesinó a dos prostitutas en la misma noche: Elizabeth Stride y Catherine Eddowes.
    En ésta ocasión, Peddler Louis Diemshutz llevaba su caballo y su carro a sus respectivas caballerizas cuando el caballo se asustó.
    Louis saltó del carro y para ver que era lo que había alarmado al animal, y allí fue cuando vio el cuerpo de Liz Stride.
    Su garganta había sido cortada de oreja a oreja, pero no había mutilaciones en el abdomen.
    El Destripador había sido interrumpido.

    45 minutos más tarde, en una calle aledaña, Catherine Eddowes se convirtió en la cuarta víctima de Jack.
    Y ésta vez la víctima recibió el habitual trato del asesino: el corte en la garganta y el abdomen destripado.

    No es cierto que Jack el Destripador nunca fue visto por nadie.
    Pues varios testigos declararon haber visto a las dos últimas víctimas con un hombre antes de haber sido asesinadas.

    A partir de las descripciones otorgadas por los testigos, la policía determinó que el Destripador andaba por las calles mucho mejor vestido que el habitante promedio de Whitechapel.
    Probablemente, tenía alrededor de 30 años y medía cerca de 1,75 metros de estatura, era de complexión oscura y llevaba bigote.
    Era probable que Jack tuviera alguna experiencia médica o de carnicero, no sólo por los cortes distintivos, sino por la forma quirúrgica en que quitó el riñón del cuerpo de Catherine Eddowes.

    En un acto demasiado osado, Jack escribió a los editores del “Central News Agency” dos días antes del doble asesinato. Éste fue el texto de la carta:

    “Estimado jefe, continúo oyendo que la policía me ha apresado, pero aún no me tienen. Me he reído cuando se veían tan inteligentes y hablaban de estar tras la pista correcta. La broma sobre el delantal de cuero me hizo reír en serio.
    Estoy matando prostitutas y no dejaré de hacerlo hasta que me agarren. Buen trabajo, el último. No le di a la dama tiempo para gemir. ¿Cómo pueden atraparme ahora? Amo mi trabajo y quiero comenzar nuevamente. Pronto oirán de mí y mis pequeños juegos.
    He guardado un poco del buen líquido rojo en una botella de cerveza de jengibre durante el último trabajo, para usarlo para escribir, pero se puso duro como goma y no puedo utilizarlo. Tinta roja es igual de bueno, espero. ¡Ja! ¡Ja!
    En el próximo trabajo cortaré las orejas de la mujer para enviarlas a la policía, sólo para divertirlos. Guarde esta carta hasta que haga un poco más de trabajo, luego entréguela tal cual. Mi cuchillo es lindo y afilado y quiero ponerme a trabajar ahora mismo si tengo la oportunidad.
    Buena suerte. Sinceramente, Jack el Destripador”.

    Pocas horas después del doble asesinato, se recibió otra carta:

    “No estaba jugando, querido y viejo jefe, cuando le di la pista. Escuchará sobre el trabajo de Jack mañana. Doble evento esta vez. La número uno se quejó un poco. No pude terminar del todo. No tuve tiempo de cortarle las orejas para la policía. Gracias por guardar la carta hasta que hubiera hecho más trabajo. Jack el Destripador”.

    Estas dos cartas se creen verdaderas, pero llegaría una más.
    A los pocos días de la publicación de las dos cartas, George Lux, el presidente del Comité de Vigilancia de Whitechapel, recibió una pequeña caja de cartón, junto con una nota.
    Esta decía:

    “Sr. Lusk, le envío la mitad del riñón que tomé de una mujer y que guardé para usted, tomé otra parte, la freí y me la comí. Tal vez le envíe el sangriento cuchillo que usé si tan sólo espera un poco más. Agárrenme si pueden”.

    Dentro de la caja encontraron, efectivamente, el riñón de la mujer.
    Luego de examinarlo, comprobaron que había sido extraído de una mujer, de unos 45 años.
    El riñón estaba empapado en ginebra y tenía un avanzado estado de la enfermedad de Bright.

    Catherine Eddowes tenía 43. La ginebra había sido su bebida favorita y sufría la enfermedad de Bright.
    Ya no cabían dudas de que el auténtico “Jack, el Destripador” había sido el autor de la carta y había enviado el riñón.

    Durante la noche del 9 de noviembre, la última y más atractiva de las víctimas de Jack cayó bajo su cuchillo.
    Mary Kelly, de 25 años, llevó al asesino a su habitación rentada.
    A las 10:45 p.m, John Bowyer, un simple mensajero, fue enviado a la habitación de Mary para cobrar la renta.
    Fue él quien descubrió su cuerpo horriblemente mutilado.
    Por primera vez, Jack no había estado apurado para completar su trabajo.

    Tiempo después las matanzas cesaron.

    La mayoría de los criminólogos creen que Jack sólo dejaría de matar si era aprehendido o moría.
    Hay demasiadas teorías con respecto a la verdadera identidad del Destripador.

    El médico canadiense Neil Cream, quien dijo “Soy Jack el…”, al tiempo que se lanzaba al cadalso en 1892, siempre ha sido el primer sospechoso de la lista, en la cual encontramos también al Duque de Clarence, nieto de la Reina Victoria.

    Pero por desgracia, cada una de las teorías tiene sus fallas.

    Pues el doctor Cream estaba en la prisión de Illinois cuando el Destripador merodeaba las calles de Whitechapel, mientras que el Duque de Clarence estuvo en Sandringham desde el 3 al 12 de noviembre, y definitivamente, no estaba en Londres cuando Mary Kelly fue asesinada.

    La verdadera identidad de Jack el Destripador sigue siendo hoy en día un verdadero misterio en la historia de la criminología.

    Con la historia de Jack, nace la rippeología:

    Durante muchos años los investigadores dedicados a develar el misterio de Jack el destripador sólo contaron con las dos cartas anteriormente descritas.

    La falta de pruebas fehacientes fue la principal causa de la explosión de novelas, ensayos, seriales televisivos y películas que han tratado de explicar el misterio de Whitechapel.

    Fue así como nació la “ripperología” y los “ripperologistas”, términos utilizados para designar la ciencia y los expertos en este asunto.
    Su acuñador fue Colin Wilson, historiador del crimen y uno de los máximos especialistas en la materia, desde que en agosto de 1960 publicara su primer artículo sobre el tema, “My Search for Jack the Ripper”, en el “Evening Standard”.

    Pese a que en 1988 se microfilmaron todos los expedientes relativos al caso, guardados durante un siglo en los archivos de Scotland Yard, y se pusieron a disposición del público y de los estudiosos, las teorías siguen surgiendo por doquier.
    La aparición de nuevos documentos, en manos de coleccionistas y anticuarios, extiende la lista de sospechosos hasta el infinito.

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    historia de un canibal: Issey Sagawa

    25 noviembre 2009 2 comentarios

    La historia verídica de un hombre que hizo realidad el canibalismo. Lo que comenzó con un inocente sueño en su niñez fue llevado de una extraña manera a la vida real.

    Esta es la historia de Issey Sagawa, el canibal japonés (que vive actualmente libre).

    Sagawa.jpg

    Issey Sagawa: sus inicios.

    Un hombrecillo extraño que nació en Japon. Un hombre con manos y pies pequeños, poseedor de un inconfundible caminar cojo, y una peculiar voz de mujer. Un hombre particularmente tímido.
    Hijo de un multimillonario, Akira Sagawa, presidente de Kurita Water Industries en Tokio, era consciente de no ser atractivo para los ojos de las mujeres.
    Inteligente, obsesionado con las femmes altas de rasgos occidentales, quería tener consigo a “la mujer perfecta”.
    Mientras estudiaba Literatura Inglesa en la Universidad de Wako, comenzó a relacionarse con una alemana que daba clases de idiomas. “…Cuando me encontré a esa mujer en la calle, me pregunté si podría comerla…” confesó Sagawa en una entrevista.
    Un día de verano, la siguió hasta su apartamento, se metió por la ventana e intentó matarla. La mujer se encontraba dormida, y con poca ropa, lo que despertó aún mas el deseo de Sagawa, quien busco desesperadamente algo para apuñalarla o golpearla, hasta que finalmente encontró un paraguas.
    Antes de poder hacer algo, la mujer despertó, gritó de manera desesperada provocando la huida del individuo.
    Issei no olvidó esta experiencia, pues pensó que había sido muy fácil estar cerca de una mujer atractiva y, si hubiera sido mas cuidadoso en su ataque, podría haber cumplido su fantasía.
    Empezó a investigar y vigilar a sus posibles víctimas para planear cuidadosamente sus ataques y así evitar que escapen (como había pasado la primera vez).

    El hallazgo de su presa:

    Al viajar a París, encontró a la mujer que nunca pudo sacar de su mente. Su piel blanca, la forma carnosa de sus nalgas y sus bonitos senos le hicieron perder la cordura. Sagawa, equívoco, estaba convencido de que una forma de demostrar el amor que sentía por las mujeres que le gustaban, era comérselas, para de esta forma llevarlas siempre consigo.
    1981 En el Censier Institute de Paris, Sagawa conoce a la alemana Renee Hartevelt, era alta, rubia y bonita. Tenía 25 años, políglota y dueña de un futuro prominente: su objetivo era un Ph.D. en literatura francesa.
    Sagawa declaró que al sentarse a su lado en la clase, se enamoró inmediatamente de ella. Era la mujer perfecta para sus planes, pero esta vez tendría que ser cuidadoso y preparar minuciosamente su plan.

    Así comenzó su plan:

    Sagawa le pidió que le enseñara alemán, puesto que su padre, multimillonario, podría pagarle cualquier remuneración que ella gustara. Al comentarle a Renee, ella aceptó sin dudarlo.
    A Sagawa le gustó la inteligencia de la muchacha, su conocimiento de pintura y literatura europea, y hasta incluso le escribió cartas de amor y la invitó a conciertos y exposiciones de arte.
    Salían frecuentemente y en algunas ocasiones hasta lo invitaba a su apartamento a tomar el té. Estas salidas asiduas despertaron aún mas las macabras fantasías del oriental, quien un día invitó a Renee a cenar a su apartamento y le pidió que le leyera un poema de un escritor alemán. Al retirarse Renee, Sagawa olió y lamió el lugar donde ella se había sentado y juró que se la comería para poder poseerla por siempre.

    Hasta que halló la oportunidad:

    Insistió nuevamente con invitarla a cenar, ella accedió, como también accedió a ser grabada recitando el poema favorito del oriental con su equipo de reproducción. Nada más exitante que la lectura de su poema preferido con la voz de Renee.

    El 11 de julio de 1981 decidió hacer realidad su mayor fantasía, con la ayuda de un rifle calibre 22.
    Cuando Renee llegó, la hizo sentar en el suelo al estilo japonés para tomar el té, aquel en el cual mezcló un poco de whisky, para volver a la muchacha poco a poco más accesible. Conversaron por varias horas, mientras Sagawa esperaba que el licor en el té surtiera su efecto. Cuando la muchacha por fin demostró estar un poco alterada por los efectos del whisky, Sagawa le declaró su a amor y trató de llevarla a la cama. Ella lo rechazó, explicandole que no quería ser mas que su amiga.
    Sagawa se levantó desconcertado y mientras Renee se sentaba en una silla, él rapidamente buscó un libro de poemas para que ella se lo leyera.

    El crimen:

    El japonés grabó las últimas palabras de la muchacha y luego le disparó con su rifle en el cuello. Renee cayó de la silla, Issey le siguió hablando como si nada hubiera pasado… pero ella ya estaba muerta. Al ver la cantidad de sangre que fluía de la herida, Sagawa se asustó y en un principio intentó limpiarla, desistiendo finalmente de esta tarea cuando optó por desvestirla para hacerla suya.

    Su sueño. El canibalismo hecho realidad:

    Como carnicero nato, tomó un cuchillo y comenzó cortando el pezón izquierdo y un pedazo de nariz, los que se comió inmediatamente.
    “Yo corte su cadera”, escribió mas tarde en “En la Niebla” su propia obra literaria.

    Se preguntó a sí mismo donde debería morder primero, mal seleccionando primero las nalgas, ya que las encontró difícil de morder.
    Lo más espeluznante es como él describe paso a paso su ritual: La apariencia de grasas, músculos y el sabor de cada cosa. “…Cuando la grasa sale por los cortes hechos con el cuchillo, posee la consistencia y apariencia del maíz amarillo…” declaró el caníbal.
    Continuó cortando hasta hallar la carne mas profunda, una vez que la encontró, cortó más fuerte y puso dos filetes en su boca “…su sabor es de un rico pescado crudo similar al sushi, no he comido nada mas delicioso…”, estaba completamente feliz por haber cumplido su fantasía.

    Al ver que su fuerza no lo ayudaba, seleccionó un cuchillo eléctrico, con el que cortó a Renee en más pedazos para comer crudos. El resto lo puso en la nevera.

    Puso a prueba sus dotes de chef cocinando carne humana frita con mostaza, la que feliz saboreaba mientras escuchaba la grabación del poema que le hizo leer a Renee y  limpiaba su boca con la ropa interior de su presa.

    Intentó también cocinar sus senos, pero la apariencia grasosa de los mismos le dio asco (?), así fue como descubrió que los muslos eran más deliciosos.

    Tomó fotografías del cuerpo mutilado y hasta tuvo relaciones sexuales con lo que quedaba de la muchacha.
    En una cinta de audio grabó: “… cuando yo la abrazo, ella suspira y le digo que la amo…”.

    Exhausto finalmente del banquete humano, tomó lo que quedaba del cuerpo, lo llevó a su cama y durmió con el.

    neverasagawa.jpg

    Al día siguiente, cuando se despertó descubrió que el cuerpo aún no había tomado mal olor, entonces decidió seguir comiendo. Descubrió que el brazo era, definitivamente, la parte que mas le gustaba. Intentó comer el ano, pero su olor era muy fuerte, lo puso a freir en aceite, pero finalmente desistió.
    Varias moscas llegaron para disfrutar también del banquete, y allí Sagawa reaccionó y se dio cuenta que había perdido definitivamente a Renee.

    Decidió librarse de la evidencia el cuerpo en pedazos pequeños con la ayuda de un hacha, y lo puso en una valija (que había comprado específicamente para eso). Mientras desmembraba el cadáver se excitó y decidió masturbarse con la mano del cadáver. Se guardó pedazos de nariz, labios y lengua para posteriores fantasías.

    Cuando exploró los órganos interiores, estos quemaron sus manos por los ácidos digestivos que contenían. Con el hacha, cortó la cabeza, la tomó de los cabellos y observó su imagen en un espejo. En ese momento comprendió que se había convertido en un verdadero caníbal.

    Durante la noche del segundo día, terminó de armar su maleta fúnebre, llamó un taxi y con el fue hasta Bois de Boulogne. Una vez en el parque, intentó arrojar la maleta en el lago, pero le resultaba muy difícil de maniobrar debido a que era muy pesada, y su contextura física muy pequeña.
    Se asustó al notar que mucha gente lo estaba observando así que se deshizo de la valija rapidamente y huyó.
    Una pareja que se encontraba en el lugar vio una mano de mujer llena de sangre que se asomaba por la valija y llamó a la policía.

    Sagawa, de regreso en su apartamento se dispuso a disfrutar nuevamente de la carne de Renee que había en su nevera.
    Repitió este rito cada uno de los días que estuvo en libertad.

    La sentencia:

    Dos días después del asesinato, la policía llegó a su apartamento con una orden de captura. Sagawa los dejó entrar sin intentos de huír. Ellos abrieron el refrigerador y encontraron los pedazos del cuerpo de Renee, labios incluídos.
    Sagawa confesó todo y alegó que tenía una historia medica por una enfermedad mental. Sus descripciones fueron sumamente contundentes, específicas y detalladas.
    El juez decidió que él no era competente para juzgarlo: Estaba realmente loco.

    Issei Sagawa era dueño de una lujuria sexual extrema. Declaró a un periodista británico que su canibalismo probablemente  habia sido originado en su niñez, cuando en un sueño él se encontraba en una olla hirviendo junto con su hermano, pues serían la comida de alguien más. Comenzando desde allí sus fantasías caníbales  pasando de ser “la comida” a quien “se la comería”.
    Su apetito era exclusivamente por mujeres altas, rubias y de piel muy blanca. Sabía que no tendría otra opción mas que la que eligió para estar con una mujer de estas.
    En Tokio visitó a un psiquiatra a quien confesó sus oscuros deseos, el profesional lo calificó de persona muy peligrosa. Su padre encubrió el problema y lo envió a otro país. Otros profesionales de salud mental lo evaluaron posteriormente y notaron las mismas tendencias peligrosas en este hombrecillo.

    Sagawa fue condenado a un período indefinido de prisión en el asilo Paul Guiraud. Los psiquiatras que lo evaluaron dijeron nunca se curaría.
    Su multimillonario padre hizo, en el año 1984, un trato para que su hijo fuera transferido al hospital psiquiátrico Matsuzawa en Japón.

    El fiscal creyó que allí estaría preso de por vida, pero solo permaneció allí por 15 meses quedando libre en agosto de 1985, una vez más, gracias a su padre. El temible caníbal libre, viajó a Alemania.

    Su libertad le permitió dar entrevistas en las que declaraba que la carne humana era uno de los mejores alimentos e incluso accedió a apariciones en películas pornográficas japonesas.
    Escribió cuatro novelas describiendo los detalles de su asesinato. Vendió más de 200,000 copias.
    Gracias a su padre, había quedado libre tras un asesinato, y se sentía muy orgulloso de él.

    La fama de un asesino suelto:

    Actualmente Sagawa disfruta de la popularidad en los medios de comunicación. El hecho de ser el centro de atención le divierte y cree que lo que hizo no es extravagante.
    “…El público me ha hecho el padrino de canibalismo…” declaró, “…y estoy contento feliz con eso…”.

    Los Rolling Stones grabaron “Too much Blood” (Demasiada Sangre) en su homenaje.
    También incursionó en el mundo del comic, escribiendo una columna semanal para un periódico. Editó también una antología sobre fantasías caníbales, la que fue portada de una revista gastrónoma japonesa.

    Trató también de formar parte del mundo del streaper bajo un seudónimo.

    En su web oficial, pueden encontrarse mas detalles sobre su crimen. Allí defiende al canibalismo asegurando que no es un acto horrendo, exhibe también ejemplos de sus pinturas y esculturas con las nalgas carnosas de hembras blancas.

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    En un artículo de una revista, dijo que espera ser comido por una joven mujer occidental, porque, sólo un acto como ese lo salvara.

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